Haftará Toldot

Malají(Malaquías) 1:1-2:7




Veinte años de espera ahora eran una realidad, pero a pesar de la alegría por haber concebido, las cosas no andaban bien, según la tradición Judía, Rebeca la esposa de Isaac fue a pedir explicaciones donde Shem hijo de Noaj y esta fue la respuesta que recibió:

"Serás la madre de dos grandes naciones. Las llevas a las dos juntas, pero una vez que hayan nacido, ni el mundo entero podrá albergarlos juntos en paz. ¿Cómo esperas que coexistan en paz dentro de tu vientre?" (El Midrash Dice, Parashá Toldot)

El antagonismo de estas dos naciones que estaban dentro del vientre de Rebeca ha dejado una estela de acontecimientos, tanto en las escrituras como en la historia universal. Jacob y Esaú serían los padres de dos pueblos que saldrían del mismo vientre, pero que tendrían historias completamente distantes y diferentes, marcadas por las penurias de uno y la crueldad del otro, pero al final de los tiempos solamente quedaría uno.

Ese sería un pueblo, una nación que a pesar de sus vicisitudes se ha extendido a lo largo del tiempo, no porque sea la más grande de todas las naciones, sino por amor a sus padres Abraham, Isaac y Jacob.


"Profecía de la palabra del SEñOR a Israel por medio de Malaquías. Yo os he amado--dice el SEñOR--. Pero vosotros decís: ¿En qué nos has amado? ¿No era Esaú hermano de Jacob?--declara el SEñOR--. Sin embargo, yo amé a Jacob, y aborrecí a Esaú, e hice de sus montes desolación, y di su heredad a los chacales del desierto. Aunque Edom dice: Hemos sido destruidos, pero volveremos y edificaremos las ruinas, el SEñOR de los ejércitos dice así: Ellos edificarán, pero yo destruiré. Y los llamarán territorio impío y pueblo contra quien el SEñOR está indignado para siempre. Vuestros ojos lo verán, y vosotros diréis: Sea engrandecido el SEñOR más allá de la frontera de Israel." (Malaquías 1:15 LBLA)

Malaquías es el último de los profetas escritores. Su ministerio se desarrolló en el siglo V (465-432 Aprox.) antes del Mesías, fue el tercer profeta post-exílico, junto con Hageo y Zacarías.

Mientras Hageo y Zacarías dieron mensajes de aliento al pueblo para recobrar los ánimos de la nación, para la reanudación de los trabajos del templo, Malaquías dirigió su vaticinio de exhortación al sacerdocio, a los líderes y a la nación completa.

Su mensaje estaba dirigido al pueblo judío que había salido de un cautiverio, y sobre todo a una nación que recientemente había comenzado nuevamente el servicio de adoración en el templo.

El pueblo Judío tenía apenas unas cuantas décadas de haber vuelto del cautiverio en la tierra de los caldeos y ahora después de haber estado lejos de sus fronteras, regresaba a la estabilidad que tenían en su tierra. Después de la construcción del templo, todo parecía volver a la normalidad. Esta normalidad lastimosamente implicó también el desdén por lo divino, y es en este contexto que se levanta el profeta Malaquías con su mensaje.

El libro de Malaquías tiene un estilo único entre los libros bíblicos. Sus pensamientos están conformados en forma de pequeños argumentos dialécticos y retóricos. En uno de estos argumentos, el profeta dice al pueblo: Yo os he amado--dice el SEñOR--. Pero vosotros decís: ¿En qué nos has amado? ¿No era Esaú hermano de Jacob?--declara el SEñOR--. (1:2)

Parece que entre los pensamientos nacionales existía una queja en contra del Eterno, y probablemente esta inconformidad había dado paso al desdén por lo sagrado y consecuentemente, las ofrendas que presentaban delante del Eterno no eran adecuadas (1:8).

En el texto de la Haftará existen muchas preguntas retoricas y a todas ellas el profeta por inspiración divina da una respuesta. Entre las primeras cuestiones esta: el amor de Dios. El pueblo cuestiona al Eterno y pregunta: ¿En qué nos has amado?

La respuesta más sencilla sería: "te he amado tanto que tuve misericordia de ti, cuando no permite que el babilonio te destruyera, te he regresado a tu tierra y he permitido que vuelvas a edificar lo destruido."

El amor por Israel no era nada nuevo: Desde la elección de los patriarcas, y por amor a ellos, y por el pacto que el Eterno hizo con cada uno de los padres, el amor de Dios por Israel es intenso e inquebrantable. Tal como lo registra la Torá:

"El SEñOR no puso su amor en vosotros ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el SEñOR os amó y guardó el juramento que hizo a vuestros padres, el SEñOR os sacó con mano fuerte y os redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto." (Devarim 7:8 LBLA)

Con salir del exilio babilónico no era la primera vez en la cual el Eterno demostraba su amor por Israel, confirmándola como una nación especial. Pero el contexto del profeta nos lleva a especular que dentro del corazón del pueblo había una duda con respecto a su amor, y es muy probable que ésta fuera la siguiente: ¿Por qué permitiste que Edom se burlara de nuestra desgracia?

En la primera redención, cuando el Eterno sacó a su pueblo de Egipto, Edom no permitió que ellos pasaran por su territorio (Bamidbar 20:14-21) esto confirmaría un resentimiento y hasta cierto punto odio por el pueblo Judío por parte de su hermano Edom. Pero la rabia y el odio hacia Israel llegó al máximo cuando los edomitas se alegraron de la caída de Jerusalem (586/7 a.M.), mataron a los que huían y saquearon el país devastado. (Abdías 1:10-14; Lamentaciones 4:21-22).

Edom siempre había sido hostil con sus hermanos los hijos de Israel, a pesar que el pueblo siempre mantuvo su distancia y respeto por el territorio Edomita, esto quedó demostrado en dos episodios de la torá y del libro de Josué. En primer lugar cuando los hijos de Israel iban a pasar su territorio, Edom no lo permitió (Bamidbar 20:14-21), y Moshé con todo el pueblo rodearon su tierra para respetar la soberanía de la nación; posteriormente.

Cuando Josué repartió la tierra prometida, de igual manera respetó su soberanía, al no dar tierra más allá de sus límites. Josué asignó el territorio de Judá hasta los linderos con Edom (Josué 15:1), pero no usurpó sus tierras. Pero a pesar del respeto de Israel, los Idumeos (Edom) siempre buscaban hacer mal a su hermano. El episodio que más refleja su odio hacia el pueblo Judío fue en la caída de Judá (Salmos 137:7). Pero todo el odio y mal que Edom manifestaba por Judá no quedaría sin castigo y los profetas vaticinaron el juicio contra esta nación. (Jeremías 49:7-22; Ezequiel 25:12-14; 35:15; Joel 3:19; Abdías 1:10)

La justicia divina no se hizo esperar y así como los Idumeos se habían alegrado en el día malo de Judá, ellos mismos serian la vara de juicio contra los hijos de Esaú. Al final de su historia serian subyugados por Israel, tal como lo declara el profeta Ezequiel y lo evidencia la historia: "Por medio de mi pueblo Israel me vengaré de Edom. Mi pueblo hará con Edom lo que le dicten mi ira y mi furor. Así conocerán lo que es mi venganza. Lo afirma el Señor omnipotente." (25:14 LBLA)

Judas Macabeo sería el cumplimiento de la profecía de Ezequiel, al derrotarlos en batalla: "Judas y sus hermanos llevaron a cabo una expedición contra los hijos de Esaú, en la región del sur; se apoderó de Hebrón y de las aldeas circunvecinas, derribó las fortificaciones y prendió fuego a las torres de defensa." (1 Macabeos 5:65 BLA).

Posteriormente Juan Hircano I (134-104 a.M.) los obligó a circuncidarse y a incorporarse al pueblo judío. "Hircano se apoderó de las poblaciones de Idumea, Adora y Marisa, y sometió a todos los Idumeos, a los cuales permitió que se quedaran en su país, con tal que se circuncidaran y observaran las leyes de los Judíos. Por amor a su país se circuncidaron y adoptaron las leyes de los Judíos." (Flavio Josefo, Antig├╝edades 13:9).

A pesar que los hijos de Esaú siempre guardaron rencor por los hijos de Jacob, y quedó evidenciado en toda la historia, al final su odio fue castigado por el Eterno. Edom dejó de ser una nación como lo mencionaron los profetas: "Porque mi espada está embriagada en el cielo, he aquí, descenderá para hacer juicio sobre Edom y sobre el pueblo que yo he dedicado a la destrucción." (Isaías 34:5 LBLA)

Bajo las alas de Dios de Israel
Francisco Hidalgo