Haftará Vayera

2 Reyes 4:1-23




Dos escenarios se abrirán frente a nuestros ojos, los personajes son completamente opuestos, como opuestas sus realidades, sus contextos, sus estatus dentro de la sociedad. Pero se unirán cuando la mano del Dios de Israel interfiera en esta naturaleza y se produzca un milagro, que seguirá confirmando el poder heredado de su maestro a su discípulo.

El telón del teatro se abre frente a una mujer viuda, con sus hijos a punto de convertirse en esclavos hasta cancelar una deuda, que para ella es una fortuna. Su acreedor toca la puerta y amenaza. La siguiente escena es completamente diferente, una mujer y su esposo, que tiene todas las facilidades económicas para suplir sus necesidades, pero que no puede llenar el vacío que existe en su casa: un hijo.

Las dos historias son distintas pero iguales, distintas dentro del prejuicio social, dentro de sus clases y roles, pero iguales por la necesidad del don divino, por el hambre de Dios siendo generada por la debilidad mortal. Y fue la necesidad de lo sobrenatural y divino que las unió y las puso en la biografía del profeta Eliseo.


"Y una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al SEñOR; y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Y ella respondió: Tu sierva no tiene en casa más que una vasija de aceite. Entonces él le dijo: Ve, pide vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas. Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echa el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas." (2 Reyes 4:1-4 LBLA)

El profeta Eliseo, al igual que su maestro Elías, fue reconocido no sólo por su liderazgo profético y moral, sino también por su capacidad de realizar milagros.

La Haftará narra dos episodios en los que Eliseo usó sus habilidades milagrosas para rescatar a la desafortunada de su amargo destino.

En la primera historia, Eliseo está llamado a salvar a una pobre viuda que se enfrenta al desafío de perder a sus dos hijos de no cancelar una deuda pendiente con su acreedor. Eliseo pide a Dios para que milagrosamente pueda proveer aceite a esta viuda y así pueda liquidar sus deudas y proveer para el sustento de su familia.

En la segunda historia, Eliseo profetiza milagrosamente el nacimiento de un hijo a una mujer sunamita. Un día después de que el niño ha crecido, se aventura a visitar a su padre en los campos. Estando en el campo, sufre un dolor en la cabeza, su padre lo lleva de regreso a su madre, donde muere en sus brazos. Ella toma al niño muerto y lo lleva hasta el aposento que en su casa ha reservado para Eliseo, donde permanecía en su visita a la ciudad. Ella coloca el cuerpo del niño en la cama, cierra la puerta y rápidamente comienza a buscar a Eliseo para rogarle que interceda en nombre del niño.

En las dos historias podemos ver evidencia del poder del Eterno obrando milagros a través del profeta Eliseo. En el primer caso por la palabra del profeta se salva a una viuda que iba a perder a sus hijos por no poder pagar a su acreedor y de manera milagrosa El Eterno provee de aceite para cancelar su deuda y suplir sus necesidades básicas.

En el segundo caso la historia es más dramática: Tenemos a una pareja que tienen posibilidades económicas, pero no tiene hijos. El profeta considerando la hospitalidad que recibe de ellos, anuncia el nacimiento de un hijo. Sin embargo, a una corta edad el niño muere y es entonces donde nuevamente la mano del Eterno obra vigorosamente, y a través del profeta el niño vuelve a la vida.

Son dos historias en donde la mano del Eterno se manifiesta en diferentes ocasiones y de manera diferente: En la primera hace fluir el aceite y en la segunda da vida a un niño. Dos historias diferentes y una misma conclusión: El poder de Dios para obrar milagros.

La biblia contiene un gran número de eventos milagrosos, desde sus primeras páginas hasta el final. Vemos grandes hombres con el poder del Eterno realizando grandes milagros, desde convertir el agua en sangre hasta partir un mar; desde sanar una enfermedad hasta resucitar personas. La lista puede ser muy grande, pero ¿Qué es un milagro? Y en nuestros días llenos de tecnología, materialismo y escepticismo ¿Son posibles los milagros?

¿Qué es un milagro?

En primer lugar una cantidad de palabras hebreas, y griegas se usan en la Biblia para hacer referencia a la actividad del Dios vivo en la naturaleza y en la historia. Se traducen diversamente como "milagros", "maravillas", "señales". Por ejemplo, la palabra hebrea "mofét" (מוֹפֵת mofét: milagro, portento, presagio, prodigio, señal. Strong H4159), se traduce en la Versión de Reina Valera 1960, como "milagro" (Shemot 7.9)

En segundo lugar, son muchas las definiciones que se dan para describir un milagro, entre las definiciones más aceptadas y apegadas a la realidad escritural podríamos citar las siguientes:

  • "Hecho difícil e insólito que rebasa las fuerzas de la naturaleza y la expectación del que lo contempla." (Tomás Aquino, Suma teológica I, 105:7).
  • "Un fenómeno observable efectuado por el poder de Dios, una desviación aguda del orden de la naturaleza, una desviación calculada para producir una fe que produzca reverencia, es Dios que prorrumpe para respaldar a un agente que le revela."

Por tanto un milagro es una acción sobrenatural, en la cual no hay ninguna posibilidad de explicación natural. En palabras de C. S. Lewis, un milagro es:

"Una interferencia en la naturaleza por un poder sobrenatural". Y en este contexto encontramos la opinión de Ramjal: "Está en la voluntad de Dios, alterar el orden de la creación cuando así decida, realizando milagros y maravillas que El considera necesarias para el beneficio de la creación, de acuerdo al momento y las circunstancias." (Rabí Moshé Jaim Luzzatto, Derej HaShem Secc. 2, Cáp.5:6)

¿Son posibles milagro?

La respuesta a esta pregunta ha divido a la humanidad, por un lado están aquellos que tienen una fe inquebrantable, que dirán: "Al que cree todo le es posible". (Marcos 9:23 RV60). Y por otra parte están aquellas personas escépticas que han formulado en el devenir de los tiempos, argumentos para no creer y anular la creencia en los milagros.

Dentro del segundo grupo citado, encontramos a David Hume, el cual argumenta en contra de los milagros y esta es su lógica: "Un milagro es una violación de las leyes de la naturaleza pues contradice lo que la experiencia nos demuestra: que las leyes de la naturaleza están establecidas, firmes e inalterables". (Miracles, p. 136.)

Pablo Hoff, nos brinda un análisis lógico para presentar defensa contra el argumento de David Hume: "La verdad es que los milagros no son violaciones o transgresiones de las leyes naturales, porque estas leyes no son prescriptivas sino descriptivas. Es decir, las leyes de la naturaleza describen lo que ocurrirá dado un conjunto de condiciones; cuando esas condiciones no se dan, la ley no se aplica. Cuando ocurre un milagro, las condiciones iniciales son diferentes debido a que la actividad especial de Dios es parte de esas condiciones. Por lo tanto, la ley no ha sido violada". (Defensa de la fe, Pág. 132-133)

Los milagros no sólo son posibles, sino reales. Dado que Dios es el Señor del universo y lo creó (El milagro más grande ya ocurrió: Creatio ex nihilo) El puede hacer que los acontecimientos suceden. También los milagros son parte del plan eterno de Dios para confirmar su mensaje, y a veces para confirmar al mensajero. (Shemot 4:1-9)

Bajo las alas de Dios de Israel
Francisco Hidalgo