Haftará Vayetsé

Hoshea(Oseas) 12:13 - 14:9


"De los tres patriarcas, el único que se enojaba era el patriarca Jacob; varias veces encontramos esta situación, con Raquel y con Labán su suegro, y todo eso porque Jacob es el símbolo de la verdad y un hombre que aprecia la verdad, no puede ir por el mundo con indiferencia y tranquilidad y no siempre puede evitar la irritación y el enojo. Pero para enojarse, hay que saber hacerlo." (Rabino Dr. Simón Moguilevsky, Anécdotas talmúdicas y de Rabinos famosos, Pág. 153)

No es la primera ni la última vez que vemos que a Jacob se le da un calificativo: Jacob símbolo de la verdad. La torá lo describe como un "hombre íntegro" (Bereshit 25:27), ¿De un hombre íntegro, puede salir una nación que se había desviado de la verdad y esto lo había llevado a la idolatría? ¿De un hombre que es el símbolo de la verdad puede salir un pueblo que amaba la injusticia? Con estas y más preguntas tuvo que lidiar el profeta Oseas, y no solamente lidiar, sino hablar al reino del norte (Efraín), y recordarles que su padre Jacob, después de tener algunas experiencias con el Eterno se convirtió en un hombre que confiaba plenamente en su hacedor. Ellos de igual manera tenían que volver a la fe de su padre, como nación.


"Mas Jacob huyó a la tierra de Aram, e Israel sirvió por una mujer, y por una mujer cuidó rebaños. Por un profeta el SEñOR hizo subir a Israel de Egipto, y por un profeta fue guardado. Efraín le ha irritado amargamente; por eso su Señor dejará sobre él su culpa de sangre, y le devolverá su oprobio." (Oseas 12:12-14 LBLA)

El ministerio del profeta Oseas (Hb. Hoshea: El Salva) inició en el reinado de Jeroboam II (793-753 AEC no confundir con Jeroboam I hijo de Nabat (930-909 AEC), el primer rey de Israel después que el reino se dividió). Oseas, era contemporáneo de Isaías, Miqueas y Amós.

"Puesto que Jeroboam II murió en el año 753 A. de C., y Uzías comenzó a reinar solo el 767, la fecha en que Oseas comenzó su ministerio hubo de caer entre el 767 y el 753, probablemente hacia el 760 A. de C. Y como continuó su ministerio por lo menos hasta el tiempo que Ezequías comenzó a reinar solo, lo que ocurrió en el 715 A. de C., se sigue que tuvo un ministerio relativamente largo, entre cuarenta y cincuenta años." (León J. Wood, Los profetas de Israel, Pág. 286)

El reino de Jeroboam II fue durante un tiempo de prosperidad, poder y paz. Las fronteras de Israel se extendieron desde Lebo-hamat hasta el mar de Arabá (2 Reyes 14:25). El mar de Arabá es el mismo mar Muerto que marcó la frontera con Judá en el sur. Hamat es un reino situado al norte de Aram (Damasco). El período de su reinado es conocido por su prosperidad, esplendor e idolatría.

Y en este contexto lleno de esplendor y riqueza es que el país de Israel (el reino del norte [Efraín]), se ve hundido en la injusticia y en la decadencia religiosa, moral y espiritual. Encontramos el mensaje del profeta Oseas, llamando al arrepentimiento a través de la odisea de su padre Jacob, aquel que fue fugitivo, casi esclavizado en casa de Labán y que a pesar de sus vicisitudes, nunca abandonó al Eterno Dios de su padre Isaac y su abuelo Abraham. Desde los mismos comienzos de la historia de Israel, la acción prodigiosa de Dios se manifiesta sobre el pueblo. Jacob solitario y fugitivo, llega al campo de Aram donde únicamente con la ayuda de Dios puede superar sufrimientos y escollos.

Quien no conoce el pasado esta propenso a perderse en el presente y en el futuro. Es muy probable que el profeta quisiera llevar al pueblo a un viaje en el tiempo hasta la vida de su padre Jacob.

La historia de Jacob tiene altos y bajos, muchos buscan sus errores para no ser como él, pero el profeta comienza su historia desde el momento que el patriarca huye a la tierra de Aram. Es a partir de ese momento, que el patriarca comienza una relación con el Eterno, el Dios de sus padres.

La historia de la vida de Jacob fue la de un hombre que creció en el conocimiento y servicio a Dios. Sin embargo, en su vida con Dios, Jacob tuvo muchas pruebas y luchas. Entre estas están cuando se enfrentó a su castigo por engañar a su padre, recibiendo el mismo castigo siendo engañado por Labán (Bereshit 29:15-30); esto fortaleció su carácter hasta convertirse en un hombre que forjó su fe en el Dios de los cielos.

La vida no siempre parecía que estaba llena de bendiciones para él; pero eso parecía no importarle al patriarca ya que creció en su fidelidad a Dios de todos modos. Llegó al punto de luchar con un ángel y asirse de él hasta obtener la bendición del cielo. (Bereshit 32:22-30, Oseas 12:4)

Oseas quería que la gente recordara la fidelidad de Dios. Dios ayudó a Jacob durante los momentos difíciles de su vida. Cuando leemos la Parashá de esta semana (VaYetze), nos damos cuenta de la inmensa fidelidad del Eterno hacia Jacob: Labán lo engaña y después que el patriarca ha servido durante veinte años, Labán lo persigue y el Eterno aparece en sueño a Labán y le advierte de no tocar a Jacob (Bereshit 31:19). De la misma manera, Dios recordaría la miseria de los descendientes de Jacob mientras eran esclavos en Egipto y los sacó, al realizar grandes milagros en medio de ellos. Oseas quería comunicar a su pueblo que si decidían seguir a este mismo Dios, él haría lo mismo por ellos: él sería tan fiel para librarlos de sus enemigos como lo hizo por sus antepasados en Egipto.

Ahora era tiempo de reflexionar, después de un pequeño bosquejo de la vida del patriarca. Dios había provisto seguridad y prosperidad a Jacob, fue el Eterno quien lo guardó, sostuvo y enriqueció; así también, quien había dado seguridad y prosperidad a la casa de Efraín (El reino del norte) no eran las políticas de Jeroboam II, ni su majestuoso ejército, ni el ensanchamiento de sus fronteras, sino simplemente la mano misericordiosa del Eterno. Trágicamente ellos no reconocieron que su seguridad y prosperidad venían del Dios de su padre Jacob (Oseas 2:5-9)

El profeta los llama a la reflexión, porque si no se volvían de sus malos caminos el juicio caería sobre ellos, como está escrito:

"No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir. La espada caerá sobre sus ciudades y consumirá sus aldeas; las consumirá a causa de sus propios consejos." (Oseas 11:5-6 RV95)

Si consideramos que el ministerio de Oseas inicio a mediados del reinado de Jeroboam II, y finalizó cerca del 715 AEC. el profeta sería testigo ocular de este oráculo. Tiglat-Pileser (745-727 AEC) comenzaría el camino de la destrucción del reino del norte, y como la historia y las escrituras testifican quien finalizaría y completaría el juicio seria: Sargón II (722-705 AEC) quien destruiría Samaria (capital del reino del norte) y quien se llevaría 27, 290 Israelitas como botín de guerra. (2 Reyes 17:6)

Después de una advertencia para reflexionar, era el turno para meditar en el arrepentimiento (teshuvá). El profeta no solamente tenía un mensaje de advertencia al pueblo, sino que, como todos los profetas, tenía la intención de hacer volver al pueblo al arrepentimiento. Maimónides escribe: "Todos los profetas demandaron el arrepentimiento, e Israel solo será redimido a través del arrepentimiento. La Torá promete que todo el pueblo de Israel está destinado a arrepentirse finalmente y entonces será inmediatamente redimido, como declara el versículo (Deuteronomio 30:1): Y será que cuando todos estos acontecimientos te sucedan… retornarás a Dios, tu Señor, hará regresar a tu remanente, se apiadará de ti y te reunirá de entre todos los pueblos donde él te ha dispersado. " (Leyes de Teshuvá 7:7)

Oseas llama al pueblo al arrepentimiento: "Vuelve, oh Israel, al SEñOR tu Dios, pues has tropezado a causa de tu iniquidad. Tomad con vosotros palabras, y volveos al SEñOR. Decidle: Quita toda iniquidad, y acéptanos bondadosamente, para que podamos presentar el fruto de nuestros labios." (Oseas 14:1-2 LBLA).

El mensaje del Eterno para nuestros días es el mismo: el arrepentimiento. El Eterno está dispuesto a perdonarnos si nos arrepentimos, como los sabios han dicho: "Los portales de la plegaria a veces están abiertos y a veces cerrados, pero los portones del arrepentimiento siempre permanecen abiertos." (Devarim Rabá 2)

Bajo las alas de Dios de Israel
Francisco Hidalgo