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23 Nov, 2020

Parasha Vayetze 5780

Parashá Vaietzé (Bereshit 28:10-32:2)

Najmánides cita un dicho muy conocido: “Los eventos de los ancestros son una señal para sus descendientes”. (1) y en el caso particular de los patriarcas este adagio se cumple en una buena parte. Por ejemplo y lo más resaltable en el caso de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob es que salieron de sus “zonas de confort” los tres tuvieron que abandonar sus tierras o alejarse un poco del centro geográfico donde habían asentado, los tres recibieron promesas de bendición, y los tres tuvieron que luchar con la esterilidad de sus mujeres; y así podemos seguir enumerando eventos que se cumplieron en cada de los patriarcas, a saber: 

  • Abraham salió de su tierra natal, y luego tuvo que salir de la tierra de Canaán y cuando estaba en Canaán hubo hambre y descendió a Egipto (Bereshit 12:10)
  • Isaac: en su caso también hubo hambre en la tierra, la Torá narra que la hambruna fue similar a la de los días de Abraham, solo que, a diferencia del primero, el Eterno no permitió que Isaac descendiera a Egipto, sino que se quedó en Gerar (Ibid. 22:1-2)
  • Jacob: de igual manera tiene que huir de su tierra, en su caso no por el hambre o escasez, sino porque su hermano Esaú lo quiere matar. Su madre Rebeca le aconseja que se vaya a la tierra de sus parientes en Harán (Ibid. 27:43).

    A demás de abandonar la tierra en donde se habían asentado, también recibieron una promesa de bendición y ser de bendición, y esto se cumpliría en una gran descendencia que será bendición a las familias de la tierra:

  • La promesa de Abraham: “Te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar… Y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Bereshit 22:17-18 LBLA)
  • La promesa que recibió Isaac: “Te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras… Y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Ibíd. 26:3-4)
  • La promesa que recibió Jacob: “Yo soy el SEÑOR, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. También tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra.” (Ibíd. 28:13-14)

    Las esposas de los tres patriarcas tuvieron que lidiar con el mismo problema de esterilidad, tanto Sara, Rebeca y Raquel tuvieron que esperar que un milagro abriera sus vientres y concebir de una manera milagrosa. Y eso ha llevado a los sabios a preguntarse: ¿Por qué las matriarcas eran estériles? Porque Dios desea sus plegarias y anhela sus pedidos… Dios dijo: Son hermosas, son ricas; si tienen hijos, ¿cuándo escucharé sobre ellas? (2)

  • Abraham y Sara tuvieron que esperar mucho tiempo, desde la promesa hasta su cumplimiento fueron 25 años.
  • Isaac y Rebeca esperaron 20 años, para poder ver a sus hijos nacer: Jacob y Esaú.
  • Jacob y Raquel no sabemos cuánto tiempo pasó para poder ver el fruto de su amor y el cumplimiento de la promesa de una descendencia.

Y es precisamente aquí donde comienza el estudio de esta semana, el inicio de la vida de Jacob, que huye de su hermano y guiado por la mano de Dios llega a Harán y allí comenzaría su historia: De fugitivo e indefenso, se convierte en un hombre poderoso. Y la Torá comienza su narración de la siguiente manera:

“Y salió Jacob de Beerseba, y fue para Harán. Y llegó a cierto lugar y pasó la noche allí, porque el sol se había puesto; tomó una de las piedras del lugar, la puso de cabecera y se acostó en aquel lugar. Y tuvo un sueño, y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.” (Bereshit 28:10-12 LBLA)

    El patriarca Jacob tuvo un sueño que le impactó bastante, cuando en la biblia hay un sueño y una persona que lo interprete, las Escrituras nos revelan el significado del sueño, pero cuando no hay profeta y la Escritura guarda silencio, entonces nos da libertad de interpretar los sueños, tal es el caso de los sueños de Jacob. La Torá narra el sueño de Jacob en el cual vio: “una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella” 

    Muchas son las interpretaciones que se han dado a este sueño, y a continuación citaremos algunas:

  1. Los cuatro exilios: “ahora, ¡sube tú también a la escalera!” Pero Jacob repentinamente tuvo temor. “Quizás,” él dijo, “del mismo modo como estos ángeles descienden después de haber subido la escalera, también, Dios no lo quiera, tendré yo que descender si la subo.” Entonces Dios lo tranquilizó y le dijo: “no tengas miedo, porque si subes la escalera nunca descenderás de ella.” Pero esto no fue suficiente para tranquilizar a Jacob, y en algún punto profundo de su personalidad no se apoyó por completo en la promesa divina y él no subió… Así estudiamos que el versículo: “Sin embargo, pecaron nuevamente y no creyeron en las maravillas de Dios” (Salmo 78:32) se refiere a nuestro antepasado Jacob, que no subió a la escalera. Por este motivo, el Creador le amonestó y le dijo: “Puesto que no has tenido fe en Mí, tus hijos tendrán que experimentar cuatro exilios en este mundo, durante los cuales estarán sometidos al capricho de las naciones…” (3).
  2. Maimónides cita un pasaje del Midrash Tanhumá, según el cual la escalera constaba de cuatro peldaños, correspondientes a los cuatro espíritus que salen de delante de Dios para que hayan ciertos cambios en la creación: ¿Cuántos peldaños había en la escalera de Jacob? Cuatro. Al describir Zacarías la visión alegórica de los “cuatro carros que salían de entre las dos montañas, que eran montañas de bronce”, explica: son los cuatro espíritus de los cielos que salen de donde están, delante del Señor de toda la tierra. (Zacarías 6:5). (4)
  3. Matán Torá: La escalera simboliza Har Sinai, con llamas que alcanzaban el cielo y presagiaba que sus descendientes permanecerían al pie de este para recibir la Torá. En esta visión, los ángeles representaban a Moshé y a Aarón quienes ascenderían al Har Sinai, Aarón permanecería en la montaña y Moshé ascendería al cielo para recibir las Lujot (Tablas de la Ley) de Hashem. (6)
  4. La escalera representa a las oraciones: la escalera que vio en sueños representa la ascensión de la oración hacia las esferas celestiales. Los ángeles se elevan, desde la tierra, y llevan las súplicas de los hombres hasta el trono de Dios; luego vuelven a bajar hacia ellos, cargados de bendiciones celestiales. (7)

Esta última postura es muy interesante ya que los rabinos encuentran una alusión en la palabra que la torá usa al describir el encuentro de Jacob con el lugar. La palabra “Vayifgá” (se encontró) es la utilizada por la torá al decir que Jacob se encontró o se topó con el lugar. La misma palabra se utiliza en Jeremías en el contexto de la oración. Jeremías 7:16 dice: “No insistas en tus oraciones (Vayifgá) cerca de mí.” De lo cual los sabios entienden y deducen, por similitud de expresiones, que Jacob oró en aquel lugar.

    Con este entendimiento podríamos traducir el verso de la siguiente manera: Cuando se encontró o cuando llego (Vayifgá) a cierto lugar (Bamakon). Jacob se acercó a Dios o se encontró con Dios. Uno de los nombres de Dios es: Makon (Lugar). Con este entender, los sabios de Israel extraen la tradición que fue Jacob quien instituyó la oración de la noche: Arvìt. Según la tradición recogida por el Talmud (8), el oficio de la mañana fue instituido por Abraham, el de la tarde por Isaac y el del anochecer por Jacob.

    En conclusión, creo que el sueño de Jacob, en realidad idealiza y a manera de parábola nos hace entender que su sueño era el resultado de la oración, la cual sube como el incienso de la tarde, como lo dijera el salmista (Salmo 141:2). Todas nuestras oraciones y suplicas suben delante del Eterno y son como incienso y no solamente lo dice el salmista, sino que también los Escritos Apostólicos comparan las oraciones de los santos con el incienso, y nos da un detalle adicional que puede unir lo que hemos dicho hasta aquí:

“Otro ángel vino y se paró ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para que lo añadiera a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió ante Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.” (Apocalipsis 8:3-4 LBLA)

    Que el Eterno nos conceda la gracia suficiente para que nuestras oraciones sean llevadas por los ángeles a los más altos cielos y que de allá nos envíen la respuesta y el cumplimiento.

    Notas:

  1. AishLatino.com
  2. Midrash Bereshit Rabá 45:4
  3. Midrash Vayikra Raba 29:2
  4. Maimónides, Guía de los descarriados II, X
  5. Midrash Bereshit Rabá 68:16
  6. Rab Elí Munk, Comentario a la Parashá Vaietze
  7. Berajot 26b
  8. HaMakom: es una manera tradicional para referirse a Dios, pues Él es el Makom (Lugar) del universo, pero el universo no tiene lugar para contenerlo (Midrash Tehilim 90) Como expresaría el sabio Salomón: “Pero, ¿morará verdaderamente Dios sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo he edificado.” (1 Reyes 8:27)

Bajo las alas del Dios de Israel

                                                Francisco Hidalgo

03 Nov, 2020

Parasha Vayera

Bereshit 18:1-22:24

    El Eterno había establecido un pacto con Abraham Avinu como lo leímos en la Parashá pasada (Lej Lejá); este pacto implicaba por lo menos dos cosas, a saber:

  1. La Tierra: El Eterno había dicho a Abraham que saliera de su tierra y que Él le revelaría a donde tendría que dirigirse. Es muy probable que cuando Dios dice a Abraham que vaya a la tierra que Él le mostrara aun no le había revelado el destino, la ubicación y/o el nombre de la tierra a la cual lo llevaría; pero más adelante la Torá dice que cuando Abraham llegó a la tierra de Canaán, el Eterno se le apareció al patriarca y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra” (Bereshit 12:7).    El Eterno fue muy claro y no había nada más que cuestionar, la tierra que daría por heredad al linaje de Abraham seria la tierra de Canaán. Esa tierra pertenece por decreto Divino a todos los hijos de Abraham; a todos aquellos que tienen la señal del pacto en su carne y que pertenecen al linaje de Abraham, Isaac y Jacob; esto es: la tierra pertenece a todo hijo de Israel tanto al natural como converso (prosélito).  
  2. Una descendencia. Abraham había salido de su tierra y de su parentela a una tierra que el Eterno mostraría y revelaría. La tierra de Canaán seria  la elegida para ser la herencia de la descendencia que el Eterno daría a Abraham. La descendencia hasta este momento histórico era algo que aún no se vislumbraba en el horizonte, solamente había una promesa. A pesar de muchos años de espera, la espera seguía siendo muy incierta, a pesar que en reiteradas ocasiones el Eterno había dicho que vendría.  Y mientras se concretizaba la promesa de un hijo que heredaría el linaje escogido de Abraham; el Eterno había sellado en la carne de Abraham y los suyos la “señal del pacto” entre el Dios Altísimo y la nación que saldría de los lomos del padre de la fe.

        A pesar de ciertas dudas que minaban los pensamientos del patriarca, Dios cumpliría la promesa. A pesar que Abraham fue muy claro al decirle al Eterno que su heredero sería Eliezer el damasceno. El Eterno le dijo que no; no sería un siervo quien heredaría, sino que – Dijo el Eterno – un hijo tuyo será el quien te herede. (Bereshit 15:4)

    Y en todo este contexto el Eterno establece el pacto de la circuncisión (Brit Milá), cambia el nombre de Abram a Abraham, cambia el nombre de su esposa de Sarai a Sara y da la promesa del nacimiento de Isaac. La Parashá pasada finaliza precisamente cuando Abraham es circuncidado junto a toda su casa. Y en este contexto da inicio nuestro estudio de esta semana.


“Y el Señor se le apareció en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día. Cuando alzó los ojos y miró, he aquí, tres hombres estaban parados frente a él; y al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor mío, si ahora he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo.” (Bereshit 18:1-3 LBLA)

    En esta Parashá podemos ver un acto de hospitalidad sin igual. La descripción de la hospitalidad sería conocida y recordada por su bondad (Jesed); como lo menciona el profeta: “otorgaras la verdad a Jacob y bondad a Abraham” (Miqueas 7:20). Y esta bondad es puesta en práctica cuando tres desconocidos visitan a Abraham Avinu.

    Según la tradición el relato de la Torá comienza en el tercer día después del Brit Milá (1) ahora bien, en este inicio de la porción de esta semana comienza diciendo que Abraham fue visitado por tres ángeles. Según los sabios de Israel, estos tres ángeles eran: Miguel, Gabriel y Rafael. Miguel informo, a Abraham que Sara iba a tener un hijo (v. 14); Gabriel, que destruiría a Sodoma (19:25); y Rafael que curaría a Abraham y salvaría a Lot. (2)

La hospitalidad sin precedentes del patriarca es descrita por la Torá, cuando les ofrece hospedaje y un banquete a los tres forasteros. Pero la Torá no solo describe la hospitalidad y la bondad de Abraham, sino que también; las Escrituras enfatizan: la prontitud y la diligencia, con la cual atiende a sus huéspedes. Abraham se apresuró a saludar sus huéspedes. Como lo describe la Torá: “salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos” (Bereshit 18:2); y con esta diligencia apresuró a Sara: “se apresuró a ir a la tienda, cerca de Sara, y dijo: ¡Toma pronto tres medidas de flor de harina, amásalas y haz tortas!” (Ibíd. 18:6) y también a sus criados: “En seguida, corriendo hacia la vacada, Abraham tomó un becerro tierno y bueno, y se lo dio al mozo, y éste se apresuró a aderezarlo.”  (Ibíd. 18:7).

    Toda esta diligencia por atender a sus huéspedes hizo que se ganara en todo el mundo ser el paradigma de bondad. Como dicen los sabios en el Midrash: “¿Quién hizo Jesed con quienes no lo necesitaban? Fue Abraham Avinu, quien les dio a los ángeles” (Vaikrá Rabá 34:8). Si quisiéramos exponer en orden sistemática la bondad de Abraham podríamos hacerlo en tres puntos:

  1. Había diligencia en su bondad: Corre a saludar y a dar la bienvenida a sus huéspedes, ofrece un banquete a extraños; pero así como corre a saludarlos, así también apresura a su esposa y a sus criados para que se apresuren a preparar todo lo que ha ofrecido.
  2. Ofreció poco y dio mucho. Según los sabios esta es una cualidad única de los tsadikim (justos), como es descrita en el Talmud: “Los justos prometen poco y dan mucho, mientras los malvados prometen mucho y no cumplen ni con lo mínimo.” (3)
  3. Su bondad no solamente era expresada a personas, sino también a pueblos enteros. Es por esa razón que el Eterno lo llama: “Av Hamon Goyim” (Padre de muchas naciones)

Y este tercer punto marcará la partida a un tópico muy interesante, Abraham no solamente se preocupaba por el bienestar de las personas sino también de los pueblos y las naciones. Por ejemplo, cuando el Eterno le dijo que destruiría a las naciones de: Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Zoar, Abraham comienza a interceder y a mediar por ellas, a pesar de que estas ciudades tenían fama de estar lejos de Dios y su comportamiento las había hecho dignas del juicio Divino. Aun así, Abraham intercedió y rogó por ellas. Como un padre intercede por su hijo.

    En la Parashá pasada (Lej Lejá) dijo el Eterno a Abram, que su nombre ya no sería “Abram” sino: Abraham. Porque él sería: “Av Hamon Goyim” (Padre de muchas naciones Bereshit 17:5). En un sentido biológico y de pacto, Abraham es padre de la nación de Israel; pero también es padre de los Ismaelitas (Ibíd. 25:12); y también de los Madianitas (Ibíd. 25:1). En el sentido estricto de pacto, Abraham es el padre de todo judío que este bajo el pacto de la circuncisión:

“Dijo además Dios a Abraham: Tú, pues, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, por sus generaciones. Este es mi pacto que guardaréis, entre yo y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. Seréis circuncidados en la carne de vuestro prepucio, y esto será la señal de mi pacto con vosotros. A la edad de ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón por vuestras generaciones; asimismo el siervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia.”  (Bereshit 17:9-12 LBLA)

    Dios cambió el nombre de Abram a Abraham, explicando que este nuevo nombre indica su nueva identidad y misión. El nombre Abraham  significa: Padre de multitudes. Como bien lo describe la Torá, cuando cambia su nombre: “Ya no será tu nombre Abram, sino que tu nombre será Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Bereshit 17:5 RV95) La frase que ha sido traducida como: padre de muchedumbre de gentes, en hebreo es la siguiente: Av Hamom Goyim, que literalmente se podría traducir, como: padre de muchas naciones.

Y en un sentido más amplio no solamente es el padre de muchas naciones, sino el padre de todo el mundo. Como lo interpreta uno de los rabinos de la edad media que hasta nuestros días tiene mucha influencia en la exegesis de la Torá: “Abram indica que solo era padre de Aram, su lugar de origen, aun cuando ahora había pasado a ser padre de todo el mundo.” (4)

    La Torá entonces declara que Abraham es: “Av Hamon Goyim”, el padre de muchas naciones. Los Sabios convirtieron el significado del nombre de Abraham en un acróstico (5). Escribieron cada una de las seis letras hebreas de Av Hamon que indica un aspecto diferente de la posición e influencia de Abraham en el mundo.

        א (Alef) – te he hecho un padre (Av) a las naciones;

        ב (Bet) – Te he hecho elegido (Bachur) entre las naciones;

        ה (Hei) – te he hecho amado (Haviv) entre las naciones;

        מ (Mem) – te tengo un rey (Melekh) para las naciones;

      ו (Vav) – te he hecho ejemplar (Vatik) entre las naciones;

      ן  (Nun) – Te he hecho fiel (Ne’eman) entre las naciones.

Abraham  ocupa  un  lugar  fundamental  en  la  historia  de  toda la humanidad, como los sabios lo han dicho, él es padre de las naciones y ese fue su llamado y el significado de su nombre: ser padre de muchas naciones o como lo menciona Rashí: padre del mundo. Desde la perspectiva apostólica todo creyente en el Dios de Israel que ha sido regenerado por el sacrificio de Yeshua nuestro Mesías es hijo de Abraham según la promesa; hoy en día, en cada nación y pueblo hay creyentes en el Dios de Israel y tienen la misma fe de Abraham: creemos y adoramos al único Dios verdadero, el creador de los cielos y la tierra.

    Abraham es nuestro padre por la fe que hemos depositado en el sacrificio vicario de Yeshúa. Pablo declara que Abraham no solamente es padre de los de la circuncisión (el pueblo judío), sino también padre de “los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia.” (Romanos 4:11 RV95) y sigue diciendo:

“Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Yeshúa, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Ibíd. 4:23-25 RV95)

     La fe que tuvo Abraham no solamente era en la promesa que recibiría un hijo y de ese hijo una descendencia tan grande como las estrellas de los cielos y la arena del mar, sino que también “su fe le fue contada por justicia” (Bereshit 15:6; Romanos 4.22). ¿Cuál es la fe que nos justifica delante de Dios? Según lo que acabamos de leer, seria creer:

“en aquel que levantó de los muertos a Yeshúa,  Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos 4:25)

    Las escrituras dicen que hemos sido justificados por fe: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios.” (Ibíd. 5:1). Un escritor protestante lo ejemplifica así “Nuestra paz con Dios no es como la que se hace ente dos naciones que antes habían estado en guerra, sino como aquella que se hace entre un rey y sus súbditos rebeldes y culpables. Si nuestros corazones llegan por fin a descansar, es porque Dios, en contra de quien pecamos, ha sido plenamente satisfecho en la cruz.” (6)

   La paz que ahora experimentamos ha sido gracias al sacrificio de Yeshúa quien se entregó por amor a nosotros, él nunca pecó; el no merecía morir. Nosotros nos habíamos revelado en contra de nuestro creador, habíamos pecado en contra de Él y merecíamos la muerte, pues escrito está: “La paga del pecado es muerte” – pero bendito sea el nombre de nuestro buen Dios y padre que habita en las alturas, porque el versículo no termina con esa condena funesta, sino que finaliza con esperanza y con lo que hemos recibido por fe, como sigue diciendo la Escritura – “Pero la dádiva de Dios es vida eterna en el Mesías Yeshúa, Señor nuestro”  (7).   

Notas:

  1. Midrash HaGadol 18:1
  2. Rashí, Comentario a la Parashá Vayerá
  3. Babá Metsia 87ª
  4. Rashí, comentario de Bereshit 17:5
  5. Shabat 105ª
  6. William R. Newell, Romanos versículo por versículo, Pág. 133
  7. Romanos 6:23

 

13 May, 2020

Parasha Behar

Levítico 25:1-26:2

Haftara: Jeremías 32:6-27

Shemitá y Yovel: Reposo, libertad y restauración

¿Quién no ha oído la frase “Año sabático”? “Necesito un año sabático” decimos algunos, aludiendo a necesitar un descanso largo para restablecer plenamente todas nuestras fuerzas. Esta noción de un descanso largo, completo, duradero está basado en la parashá de esta semana, en donde vemos los dos años más importantes de la nación de Israel: El año de Shemitá y el año de Yovel (Jubileo).

La parashá de esta semana, únicamente consiste de 57 versos y su tema más relevante es el descanso de la tierra en un ciclo de 7 años, y el año de jubileo, donde habría proclamación de libertad a personas sometidas a servidumbre, recuperación de tierras de patrimonio ancestral y descanso. El año de Shemitá y el año de Yovel, son dos aspectos de mucho interés en la Torá. Pretendemos en este breve comentario, abordar los aspectos más básicos de ellos y su mensaje para nuestras vidas.

La Torá introduce estos años diciendo:

“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para El Eterno. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para El Eterno; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer. Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años. Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra. Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.” (Levítico 25:2-10)

La Torá nos habla de dos años importantísimos para el pueblo judío: El año conocido como “Shemitá”, el cual es de reposo para la tierra donde no se siembra ni se siega, y el año de Yovel. El año de Yovel consiste en libertad a personas que habían caído en servidumbre, la recuperación de casas o terrenos que alguien había vendido por una situación adversa, todo esto, agregado al reposo de  la tierra. Estas leyes deberían de ser observadas dentro de la tierra de Israel únicamente y por eso la Torá declara al introducir estas leyes:

“Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy” (25:2)

Desde un punto de visto agrario, la Torá procuraba tener normas de equidad entre los hijos de Israel, no fomentando la esclavitud perpetua sino reduciéndola a siete años (Exodo 21:1-2). Si había un año de Jubileo dentro de esos siete años, el que se había vendido como esclavo, salía libre. Además intentaba una norma de balance social y económico en la sociedad, al permitir a personas que vendían sus propiedades por motivos adversos, recuperarlas. En una sociedad agrícola, nadie vendería su heredad, salvo por causas de emergencia y de adversidad; en este aspecto, la Torá permitía tiempos para redimir la heredad, y de no darse, salía en el jubileo y retornaba a su dueño original, tal como está escrito:

“Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión otorgaréis rescate a la tierra. Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido. Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y consiguiere lo suficiente para el rescate, entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión. Mas si no consiguiere lo suficiente para que se la devuelvan, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo saldrá, y él volverá a su posesión.” (Levítico 25:24-28)

La justica, benevolencia, equidad, bondad son reflejadas en estas leyes como en pocos lugares al mismo tiempo. Además de ello, algo más era requerido de la nación para poder vivir en semejantes estándares de observancia y bendición: Total fe y confianza en El Eterno.

Se necesitaba tener total confianza en El Eterno para poder dejar de hacer trabajos agrícolas todo un año con la plena certeza que El Eterno bendeciría a la nación. Si Israel vivía en estos estándares de santidad, la tierra sería lo más cercano a un paraíso edénico.

Toda la evidencia señala que los años de Shemitá y Yovel no fueron observados en su gran mayoría, incluso se nos afirma en el libro de Crónicas, que en gran medida el exilio babilónico vino por la falta de observancia de estos años y la terrible injusticia que imperó en la antigüedad, tal como está escrito:

“Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los Persas; Para que se cumpliese la palabra de El Eterno por la boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.” (2 Crónicas 36:20-21)

Para El Eterno estos años eran de suma importancia, pues le permitían glorificar su nombre en Israel, dando provisión en abundancia, al ver que la nación cumplía con sus obligaciones de pacto y nación sacerdotal. Lastimosamente, las leyes no fueron observadas.

Los años de Shemitá y de Yovel aluden a la era mesiánica de igual manera que el Shabbat Semanal. Como el talmud nos dice: “El shabbat es una sexagésima parte del mundo por venir” (Berajot 57b). El Shabbat semanal, con su reposo, dedicación al estudio de la Torá, alabanza a Dios y sentido de paz es una sombra del milenio, la era mesiánica, el reino de los cielos.

De igual manera, el año de Shemitá presagia al reino mesiánico: Tal como en el año de Shemitá, la tierra misma daba a comer a todos, en la era mesiánica, gran prosperidad de la tierra habrá para saciar el hambre de todos, tal como se dice:

“En aquel día, dice El Señor de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera.” (Zacarías 3:10).

La tierra volverá al estado optimo y no se necesitarán grandes trabajos para hacerla producir; en un sentido “lo que nazca de si”, nos alimentará a todos ¡Qué gran bendición ha preparado El Eterno en su reino! ¡Cuán agradecidos y ansiosos debemos estar para alcanzar los días del Mesías y la renovación de la tierra!

Como podemos ver, cada “Shabbat” señala un aspecto de la era mesiánica y añade más información a esos días tan gloriosos que todo creyente debe añorar diciendo: “¡Venga tu reino!”. Debe de ser nuestro ardiente deseo, poder adelantar el establecimiento de su reino, haciendo buenas acciones, llevando las buenas nuevas de redención del Eterno en Yeshúa y amando verdaderamente al Eterno y nuestro prójimo.

El año de Jubileo también retiene otro aspecto de la era Mesiánica: En la era mesiánica, la servidumbre de Israel y el dominio de los pueblos gentiles terminará. Israel será nuevamente una nación soberana con la teocracia más justa que se haya visto sobre la tierra. El Rey Mesías gobernará con equidad, justicia y bondad a todas las naciones desde Jerusalén. Jerusalén y el templo se convertirán en el anhelo de todas las naciones para aprender los caminos del Dios de Israel, tal como se nos dice:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de El Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de El Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la Torá, y de Jerusalén la palabra de El Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.”(Isaías 2:2-4)

“Yo publicaré el decreto; El Eterno me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.” (Salmo 2:7-8).

Además de esto, el pueblo judío como un todo, volverá a su tierra ancestral, de la misma manera que la persona que vendía su propiedad, volvía en el año de Jubileo, tal como se nos dice:

“Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.” (Isaías 11:12)

“No obstante, he aquí vienen días, dice El Eterno, en que no se dirá más: Vive El Eterno, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino: Vive El Eterno, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.” (Jeremías 16:14-15)

“Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios. Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre. Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones.” (Ezequiel 36:28-30).

La era mesiánica será el periodo de tiempo más glorioso de todos, el rey Mesías enseñará la palabra del Eterno a Israel, y este al mundo entero, la paz perdurará, habrá prosperidad de la tierra y una profunda santidad, justicia y equidad.

¡Quiera El Eterno que añoremos ese tiempo y lo haga venir prontamente y en nuestros días!

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

22 Nov, 2019

Parasha Jayei Sara 5780

Bereshit 23:1-25:18

     Pocos son los humanos que pueden alcanzar el nivel de carisma; un amor claro y sincero por las personas, como lo expresaron Abraham y Sara. Según la tradición judía, eran personas dedicadas a hacer el bien al prójimo. Los midrashim cuentan como su tienda fue construida con cuatro entradas que estaban abiertas para atraer invitados de todas partes, cualquier viajante cansado era bienvenido, (1) esto dando a entender, que eran tsadikim (justos) que siempre estaban pendientes de los demás para ayudar en lo que estuviera a su alcance.

La recompensa de su justicia haría de ellos los padres de una multitud de personas. Abraham es el padre del pueblo judío y de los justos de las naciones; por otro lado, Sara es la matriarca por excelencia, y una de las mujeres más grandes dentro de la historia bíblica, una mujer que a pesar de todo siempre estuvo con su esposo y lo acompañó a cada uno de sus viajes y aventuras a través de toda la vida del patriarca.

Abraham dejó su tierra y Sara también, él abandonó la idolatría de su pueblo y ella también, Abraham fue a la tierra de Canaán y también Sara. En sus días hubo hambre y Abraham descendió a Egipto y allí vivió una de las pruebas más grandes cuando el faraón secuestró a Sara, pero eso no la privó de seguir el camino de fe que su esposo había emprendido. Y como si eso no hubiera sido poco, fue secuestrada una segunda vez y en esta segunda ocasión sería Abimelec rey de Gerar.

Después de “la prueba de fuego” que sería la décima de las pruebas a las cuales fue sometido el patriarca, llegamos al momento de la muerte de Sara, y allí es donde vemos solo a Abraham después de años de estar juntos. Ahora había llegado el momento de decir hasta pronto a la vida de aquel matrimonio de Justos (tsadikim). Hoy la Torá nos narra la muerte de Sara al inicio de la Parashá y finaliza con la muerte de Abraham Avinu.  Y son esos dos acontecimientos que marcaran el rumbo del estudio de esta semana.


“Y vivió Sara ciento veintisiete años; estos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y Abraham fue a hacer duelo por Sara y a llorar por ella.” (Bereshit 23:1-2 LBLA)

En esta Parashá la Torá comienza hablándonos de la vida de una mujer que ha muerto, una gran paradoja. La Torá comienza diciendo los años que vivió Sara, luego y sin mayores detalles dice: Y murió Sara. Pero a pesar de todo hay algo maravilloso en este relato, ya que hay más vida que muerte. Si somos acuciosos notaremos que, en el primer versículo de esta porción semanal de la Torá, encontramos en dos ocasiones la frase: Jayei Sara (Las vidas de Sara). Esto es muy interesante porque la Torá da más realce a la vida de Sara, que a su muerte.

Y aún más interesante es que, es la primera vez que se menciona la edad en la cual muere una mujer, en su caso más preciso: Sara. Y es por la forma como la Torá enumera sus años de vida que los sabios han extraído valiosa información para nosotros. Esta sección de la Torá comienza de la siguiente manera:

“Vayihyú Jayei Sará, mea shaná, veesrim shaná, vesheva shanim, shenei Jayei Sará.” Si el texto hebreo lo traducimos de manera literal quedaría de la siguiente manera: “Los días de las vidas de Sara fueron, cien año, y veinte año, y siete años, los años de las vidas de Sara”

Llama mucho la atención que el texto mencione tres veces: shaná “año” (dos veces en singular y uno en plural [años “shanim”]; y un cuarto de manera compuesta: Shenei “los años de”) siendo honestos con la Escritura esto no es nada novedoso, ya que esta manera de hablar es parte del estilo bíblico y lo mismo sucede cuando la Torá narra la muerte de Ismael (Bereshit 25:17). En el caso particular de Sara, esta fragmentación de los años de su vida ha generado ciertos comentarios para elogiar la vida de la matriarca. Por ejemplo:

Rabí Iosef Dov Soloveitchik Z”L explica que la grandeza de Sara y su rol dentro del pacto de la comunidad puede ser entendido por las palabras de Rashí: ella tenía 100 años, ella tenía 20 años, ella tenía 7 años.  La mayoría de las personas pasan de un período de su vida a otro, dejando atrás el período anterior, quizás llevando con ellas algunas memorias.  Cada una de estas edades – 100, 20, 7 – tienen algo único.  La edad de 7 tiene inocencia; la edad de 20 tiene fuerza; la edad de 100 tiene sabiduría.  El secreto de la grandeza de Sara era que a través de toda su vida ella tuvo 100 y 20 y 7.  (2)

Y fue a los 127 años de la vida de Sara que llegó el momento, que le llega a todo hijo de Adam: la muerte. Fue una vida de muchos desafíos, desaciertos, pero al final tuvo el regalo más grande que el cielo le dio: un hijo. Sara una mujer estéril (Bereshit 11:30) y si queremos añadir amarillismo, la Torá dice que ya le había cesado la costumbre de las mujeres (Ibíd. 18:11), y todo esto generó una amalgama de emociones que generaron dudas, pero a pesar de todo; esto hizo que el milagro de la concepción de Isaac fuera más grande y de mayor gloria.

A los noventa años de su vida dio a luz a Isaac y este sería el mayor regalo del cielo, el milagro más grandioso y su vida quedaría marcada desde allí en adelante. A pesar de esto, Sara tuvo luchas espirituales a lo largo de su vida y la escritura no los esconde para que nosotros podamos aprender de ellos; hoy hablaremos de dos de ellos: Agar y la duda.

Una persona y un sentimiento serian lo que pondrían un toque gris a la vida de la matriarca, quizás la duda sería un factor que generó desesperación por ser madre y tomó la idea de darle a Abraham a su sierva Agar y que posteriormente seria su “talón de Aquiles”. Ya que ella misma noto que Agar “la miraba con desprecio” (Bereshit 16:5) y reconoció que no fue la mejor decisión.

Más adelante en su historia la duda minó una vez más su corazón y no creyó a la palabra del ángel quien llegó para anunciar el nacimiento de Isaac, ella se rio y cuestionó los factores humanos: la edad de su esposo y su “menopausia”; serian gigantes que se levantaban en su contra, pero la palabra tenía que cumplirse y a pesar de esos pensamientos que minaban su mente, el poder del mensaje de los ángeles cambió su perspectiva de lo Divino: “Acaso habrá algo imposible para Dios?” (Ibíd. 18:14).

Como hemos visto hasta aquí Sara tuvo una vida llena de emociones y de retos que confrontaron su fe, pero que al final todo rindió frutos para bien, fue la esposa que estuvo en cada momento con Abraham, y sobre todo se convirtió en la madre de Isaac, el hijo de la promesa; el hijo que sería el epitome de su fe.

Sara experimentó muchos acontecimientos tristes en su vida, pero no se dejó vencer por ellos, a pesar de un par de decisiones con las cuales tuvo que lidiar en su vida, la gran mayoría los aceptó con alegría, tanto lo bueno como lo malo. Es por eso que Rashí dice que todos sus años fueron iguales en bondad: “shavim letová” (iguales en bondad) significa que, aun cuando se enfrentaba a situaciones difíciles y poco placenteras, siempre decía: “Gam zu letová” (esto también es para bien). (3)

Y esta frase quizás nos recuerde lo que dijera un Rabino del primer siglo, para animar a los creyentes de la comunidad de Roma, a todos aquellos que habían reconocido la gracia que se había derramado a través del Mesías. Es la misma palabra para los creyentes de nuestro siglo, el mismo poder y el mismo ánimo que dio a los creyentes del primer siglo es la misma palabra que tenemos que recibir para llenarnos de confianza a los que amamos a Dios como está escrito:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Romanos 8.28 RV95)

Todo ayudó para bien en la vida de la matriarca como bien lo dice Rabí Hirsch: “La mudanza desde su terruño hacia Canaán, los años de esterilidad, las veces que fue raptada, la guerra, la mala conducta de Agar e Ismael y en particular, el desafío de recibir huéspedes diariamente en su hogar en forma sostenida. ¿Cuál sería la homilía indicada? Solamente la que cuenta la propia Torá: “Cien años, veinte años y siete años” en cada etapa de su vida, Sara hizo lo que debía hacer en cada aquella etapa. No necesito hacer nada especial para ser recordada. Los justos no necesitan monolitos ni pirámides, pues sus acciones son el medio por el cual son recordados.” (4)

La muerte de Abraham

En esta Parashá no solamente encontramos la muerte de Sara, sino también las Escrituras nos narran el deceso del patriarca. Según lo descrito por la misma Torá: “Abraham era viejo, bien avanzado en años; y el Eterno había bendecido en todo a Abraham” (Bereshit 24:1 RV95). Que epitafio más hermoso seria que en cada una de nuestras tumbas se escribiera: “El Eterno lo bendijo en todo.”

Abraham había recibido bendición de todo tipo, en todo y de todo; quizás no había ningún rubro en el cual la bendición del Eteno no haya llegado. Las mismas Escrituras dan testimonio de su riqueza, cuando declaran que era muy rico, en ganado, plata y oro (Bereshit 13:2). Y a pesar de su condición económica y su estatus dentro de la sociedad era una persona bondadosa.

Como dicen los sabios de Israel: “Hubieron justos que poseyeron riquezas en este mundo por las cuales no se les privo de su recompensa en el  Olam Habá (mundo venidero), porque utilizaron lo que poseían  leshem shamayim (en nombre del cielo)” (5)

Este sano equilibrio entre riquezas y bondad; entre fortuna y humildad; entre prosperidad y fe. Fue lo que hizo la diferencia y lo catapultó al reconocimiento mundial como un hombre justo (Tsadik). Su fe y amor al Eterno quedo demostrado, pues a cada lugar que Abraham llegaba edificaba un altar, además de todo lo dicho con antelación, Abraham era un adorador. Las riquezas y la prosperidad no lo privaban de adorar al Eterno, y eso -y otras cualidades- lo hicieron grande, entre todos los protagonistas de la Biblia. He aquí algunos calificativos dados a Él, en la escritura:

  • Profeta (Bereshit 20:7)
  • Príncipe de Dios (Ibíd. 23:6)
  • Amigo de Dios (Isaías 41:8)
  • Padre del pueblo de Israel (Isaías 51:2; Juan 8:56)
  • Padre de todos los creyentes en Yeshúa (Romanos 4:11; Gálatas 3:29)

Esto y mucho más fue lo que hizo de Abraham un gigante de la fe, y mejor aún como todos lo conocemos: el padre de la fe. Pero también sabemos que no fue fácil llegar hasta el pódium en donde ahora está su nombre. El camino no fue fácil, pero pudo andar en el cómo lo dice el profeta: “los camino del Eterno son rectos, por ellos andarán los justos.” (Oseas 14:9)

Antes de morir, Abraham se apresura como es su costumbre (hacerlo todo con diligencia) a buscar esposa para su hijo Isaac. Y después del relato en donde Isaac encuentra esposa la Torá narra que Abraham toma otra mujer con quien concibe seis hijos; pero a pesar de todo, es a Isaac a quien hereda todos sus bienes.

Es aquí donde llegamos al final de la vida del patriarca y las Escrituras narran su final:

“Los días que vivió Abraham fueron ciento setenta y cinco años. Exhaló, pues, el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años; y fue reunido a su pueblo.” (Bereshit 25:7-8 RV95)

Que el Eterno permita que nuestras vidas tengan un propósito y un sentido y que acabemos nuestra carrera en buena vejez y llenos de vida como fueron los últimos días de Abraham, nuestro padre en la fe. Y se cumpla lo que está escrito:

“Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos.” (Salmo 116:15)

Notas:

  1. Midrash Bereshit Rabá 48:9
  2. Rabí Ari Kahn, Comentario a la Parashá jayei Sara
  3. Rabí Moshé Bogomilsky, Hablaras de Torá, Pág. 83
  4. Rabí Shimshom Rafael Hirsch, Comentario a la Parashá Jayei Sara
  5. Tiferet Tzion
    
    

    Bajo las alas del Dios de Israel

    Francisco Hidalgo

31 Oct, 2018

Yitzjak Lichtenstein: Judío ortodoxo, talmudista y creyente en Yeshúa hasta la muerte.

La idea común en nuestro mundo concerniente al pueblo judío es simplemente: “Los judíos no creen en Jesús”, más que diferenciar al pueblo judío por el Shabbat o por la torah, la distinción más rápida, fuerte e inmediata es la no creencia en Jesús.

Al mismo tiempo, ser cristiano es reconocer la mesianidad de Jesús y su rol suficiente en la salvación eterna. De ahí que, en la opinión popular no se puede creer en Yeshua (Jesús) sin ser cristiano y no se puede creer en él sin dejar de ser judío. ¿Será posible creer en Yeshua (Jesús) sin ser cristiano y siendo judío? Dos palabras nos dan la respuesta: Isaac Lichtenstein.Isaac Lichtenstein nació el 9 de Abril de 1825, un séptimo día de panes sin levadura en Nikolsburg en una familia judía ortodoxa, en 1850 se convirtió en un rabino de distrito en Tapiószele, Hungría. Era un celoso rabino ortodoxo amado por su congregación. El Rabino tuvo su primer encuentro con el nuevo testamento cuando un maestro judío le acercó una biblia con el Nuevo testamento incluido. Lichtenstein lo reprendió y le quitó el libro confinándolo por aproximadamente treinta años a la esquina de su librera.

En 1882 un escándalo tocó profundamente a la comunidad judía en Hungría. Una niña de 14 años desapareció de su villa en Tiszaeszlar, días antes de Pesaj. Un rumor comenzó a circular: “Los judíos la secuestraron, la mataron ritualmente y usaron su sangre para comer matzah”. Además de ser uno de los rumores más ridículos de la historia, era un mito común en esas épocas.

Una gran campaña antisemita estalló contra los judíos en Hungría, en el parlamento se hablaba de expulsarlos a todos. Incluso un niño judío de 5 años fue sobornado y obligado a declarar sobre el asesinato de la niña. Los cristianos que guardaban antisemitismo en su corazón destaparon lo peor de su interior.

El cargo se debilitó cuando un rio exhibió el cuerpo de Ester (la niña de 14 años que había desaparecido) sin señales de violencia. Lichtenstein había sido víctima de antisemitismo en su niñez cuando un hombre golpeó a su padre por no hacerle espacio para pasar; además de eso fue víctima de pedradas en más de una vez al dejar la sinagoga. El escándalo de Tiszaeszlar parecía ser la confirmación del odio y antisemitismo de Jesús y los cristianos. Lichtenstein diría en un libro:

“¿Qué impresión puede un judío formarse de una religión cuyos confesores sostienen tal decadente sospecha?” (Two letters. Citado de “The everlasting Jew”, Jordan Levy y Daniel Lancaster, ffoz, 800-775-4807, www.ffoz.org, pág. 11. Traducción libre).

La verdad salió a la luz y el caso fue cerrado como muerte natural. Algo que llamó profundamente la atención de Lichtenstein fue la tenaz defensa, que algunos cristianos hicieron de los judíos. El erudito Franz Delitzsch por ejemplo, citando el nuevo testamento, llamaba a un cambio de actitud hacia los judíos.

Lichtenstein profundamente impactado, decidió averiguar por si mismo ¿Quién era el verdadero Jesús? El Rabí Húngaro tomó el mismo nuevo testamento que había decomisado hace más de treinta años y su vida jamás fue la misma. Hasta el día de hoy recordamos sus impresiones al leer los registros apostólicos: “Buscaba espinas y encontré rosas; descubrí perlas en lugar de guijarros, en lugar de odio amor, en lugar de venganza perdón” (judaism and Cristianity. Citada de “The everlasting Jew”, Jordan Levy y Daniel Lancaster, ffoz, 800-775-4807, www.ffoz.org, pág. 13. Traducción libre).

Poco tiempo después, Lichtenstein privadamente hizo inmersión en nombre de Yeshua él solo. Desde ahí se consideró discípulo del gran rabí galileo.

A pesar de mantener su creencia oculta, en un Shabbat Lichtenstein menciona la frase “sepulcros blanqueados” y finalmente anuncia públicamente su fe en Yeshua. El escándalo estalló por esa declaración.

Nuestro buen Rabino es llamado a Budapest y se presenta ante un Bet Din, los integrantes son: Rabbi Samuel Kohn, Rabí Meyer Kayserling Y Rabí Samuel L’w Brill. Los tres al unisonó le decían ¡Retráctate! Lichtenstein respondía: “Caballeros, con mucho gusto me retractaré si me convencen que estoy equivocado”. Kohn respondió: “No es cuestión de convencimiento, sino todo lo que debes hacer es retractarte”.

Lichtenstein no se retractó y al ver que no podían doblegarlo, Kohn le sugirió bautizarse y unirse a una iglesia y declararse cristiano. Lichtenstein le respondió: “No tengo intención de unirme a ninguna iglesia”, el había encontrado en Yeshua “El verdadero judaísmo” y no la razón para abandonar a su pueblo

Toda su vida rechazó el bautismo cristiano y murió como judío ortodoxo, nadie le quito su puesto de rabino, su gente lo siguió amando y renunció a su oficio de rabino por su avanzada edad y su salud; sin embargo siguió manteniendo su titulo con la comunidad aunque ya no era su encargado.

El papa oyó de él y le envió su representante ofreciéndole grandes cosas, él rehusó esta y todas las demás ofertas de unirse al cristianismo y dejar de ser judío, él dijo: “Me mantendré en mi nación, amo a Cristo y creo en el Nuevo Testamento; pero no me uniré a la cristiandad. Así como el profeta Jeremías, después de la destrucción del templo, a pesar de las generosas ofertas de Nabucodonosor y el capitán de su ejército, escogió en su lugar mantenerse y lamentar entre las ruinas de la santa ciudad y con el despreciado remanente de sus hermanos” (Ibíd., pág. 24).

Nuestro incansable Rabí enfrentó valientemente toda la persecución por su fe y su familia (su esposa e hijos) vinieron a creer en Yeshua también. El murió en 1908 en un Hoshana Raba, su tumba está en el cementerio judío de Budapest. Su inscripción dice: “Aquí yace y también se levantará, nuestro maestro el rabí Yitzjak Lichtenstein (pueda su recuerdo ser bendito) que dejó este mundo en el día de Hoshana Raba y fue enterrado en Simjat Torah 5669”.

Lichtenstein no conoció en sus días ninguna congregación de judíos creyentes en Yeshua, él se sentiría muy feliz al ver el rápido crecimiento del movimiento que él impulsó. Todos los judíos creyentes en Yeshua, recuerdan al célebre y sabio Rabí Lichtenstein.

Hay ciertas cosas que debemos destacar sobre Él, las cuales son grandes enseñanzas para todo el cuerpo del Mesías.

  1. Su positivo concepto de los registros apostólicosA menudo escucho en círculos mesiánicos que cuentan con teologías superficiales, frases que tienden a socavar la confiabilidad de los registros apostólicos (conocidos como Nuevo testamento). El hecho que la critica textual e histórica ha revelado que hay fragmentos pequeños que son añadidos tardíos que no formaban parte de los manuscritos originales, ha creado una fobia en estos círculos. Algunos tienden a ver con menosprecio a dichos escritos y los ven con una confiabilidad reservada. Por otro lado, están los anti-misioneros que indican que ningún judío que lea el “Nuevo testamento” por si solo encontrará judaísmo. Lichtenstein es un testimonio de la ingenuidad de ambas cosas, él siendo un rabino leyó los escritos apostólicos sin la influencia cristiana antisemita que lo rodeaba e hizo la siguiente descripción de ellos:“Había pensado que el Nuevo testamento era impuro, una fuente de orgullo, de egoísmo arrogante, de odio, de la peor clase de violencia. Pero mientas lo abría, me sentí particular y maravillosamente. Una repentina gloria, una luz, resplandeció en mi alma. Buscaba espinas y encontré rosas” (Judaism and christianity Citado de “The everlasting Jew”, Jordan Levy y Daniel Lancaster, ffoz, 800-775-4807, www.ffoz.org, pág. 13)
  2. Su noción de que un judío creyente en Yeshua, no debe dejar de ser judíoUn error muy popular entre los judíos que no creen en el mesiazgo de Yeshua, es que todos los judíos creyentes en él y los no judíos que los siguen en el movimiento mesiánico, desean que los judíos dejen de ser judíos y se conviertan a otra religión. Esto es entendible por el pasado, en donde el judío fue sometido a un esfuerzo constante de “des-judaización”. Sin embargo, el miedo es simplemente eso: miedo infundado. A pesar de que algunos judíos tristemente han dejado de practicar la torá que es parte fundamental del pacto ancestral con Dios, esto no significa que sea lo deseado ni la universalidad en el movimiento. Esta no fue la intención ni de Yeshua ni de sus emisarios.Creo que Isaac Lichtenstein no pudo expresar mejor esto. Cuando a él se le dio la opción en múltiples oportunidades de bautizarse y unirse al cristianismo y dejar de ser judío, la rechazó siempre. En uno de sus libros él dice:“¿Israel cesará de ser una nación cuando al final reconozcamos en el Mesías a nuestro redentor y Rey? ¿Debemos entonces nosotros ser absorbidos en la cristiandad, y habrá un fin a nuestro pueblo divinamente santificado? ¡De ninguna manera!” (ibíd. 85)

    Lichtenstein entendió perfectamente el mesianismo de Yeshua: El judío debe de seguir siendo judío, debe de observar la torah más celosamente que nunca, el no judío no debe de guardar todo lo que el judío hace, sino los aspectos universales de la Tora. El férreo testimonio del rabí talmudista hasta la muerte, rechazando el bautismo cristiano y quedándose en el seno del judaísmo, es un testigo al mundo del verdadero mensaje de Yeshua para judíos y gentiles.

  3. Su defensa de los jajamim del talmudEn algunos círculos cristianos y mesiánicos se trata a la tradición de Israel legada por los rabinos como “la levadura farisaica”. El concepto negativo se basa en malinterpretaciones del talmud, por la generalización de opiniones particulares y otros errores a la hora de arribar al talmud. Lichtenstein hizo un libro llamado “The talmud on trial” en donde explica algunos pasajes talmúdicos malinterpretados y defiende a la viva tradición de Israel. Su ejemplo es un testimonio de la relación que debe de haber con el talmud en los creyentes en Yeshua, y de lo falso que es el cargo anti misionero que dice que los discípulos de Yeshua buscan destruir el judaísmo.
  4. Su defensa de los “verdaderos cristianos”En nuestros días, hay muchos creyentes criados en iglesias cristianas que se desencantan con el cristianismo por las creencias erróneas que pululan por los aires de las iglesias (teología del reemplazo, antinomianismo, teología de la prosperidad, emocionalismos frenéticos, sentimientos anti-Israel, etc). Estas personas se atraen por el movimiento mesiánico y automáticamente convierten al cristianismo en su blanco de ataques. Absolutamente todo lo que tenga que ver con los cristianos es “pagano”, “cristiano”, “algo de roma” y quien sabe cuántas cosas más.Aunque es cierto que el cristianismo tiene fallas históricas que recientemente se empiezan a corregir, tampoco es cierto que sea un sistema totalmente corrompido por el error. Muchos cristianos son creyentes en Dios, con una sinceridad y santidad muy altas. No es sano que se arremeta tan intensamente contra un movimiento que ha sido usado por El Eterno para diseminar su palabra en el mundo. ¿Hay muchos cristianos hipócritas? Pues sí, virtualmente en cada movimiento humano hay personas que no viven por el estándar que dicen vivir. Sin embargo, también están los que no son hipócritas, los que representan lo mejor del cristianismo y que son personas sinceras con las que se puede dialogar en un ambiente serio y de respeto.Lichtenstein entendió perfectamente que el cristianismo tenía ciertas cosas malas y que en el pasado había hecho muchas cosas malas. Al mismo tiempo entendió que había personas entre los no judíos que estaban en el cristianismo, en donde el amor, la bondad y la santidad eran innegables. En los días de Lichtenstein habían judíos ateos y no por ello el condenaría al sistema llamado judaísmo por individuos que no daban el ancho. El compara a esos judíos “de nombre solamente” con los cristianos que son únicamente “de nombre”.

    El rab dice: “Pero les digo sobre la autoridad del pleno sentido del Nuevo testamento, que los cristianos que no aman a cada uno, aquellos cuyos corazones no palpitan el amor y hermandad por su prójimo, sin importar su clase o raza, que son vengativos o hacen mal de cualquier clase, son cristianos en nombre solamente” (ibíd. 84)

    Lichtenstein recuerda a sus hermanos judíos los orfanatos, instituciones benéficas sin ningún lucro, hospitales con fines sociales, obras de beneficencia, etc. Todo el bien que ha sido hecho por esos cristianos que en realidad viven la parte ética de la torah y de la enseñanza de Yeshua. El pregunta ¿De dónde salió esto? ¿De dónde salió esto en el mundo gentil?, esto no se conocía en la Grecia ni en la Roma previa a Yeshua. El legado positivo de Yeshua en el mundo gentil es innegable. Cada vez que un cristiano hace algo mal, no es porque Yeshua lo mandó, es porque él no es consistente con su Maestro. La ética, la moral, las altas enseñanzas de Yeshua han tenido un impacto en el cristianismo que no se puede ignorar.

    Lichtenstein tenía claro que el cristianismo no es para judíos, el judío debe de seguir observando el estilo de vida de la torah y la comunidad de Israel. Sin embargo, si consideraba que el cristianismo (una vez purificado de los errores históricos) podría ser un movimiento sano entre los no judíos.

    Nuestra misión no es sepultar al cristianismo, sino ensenar a todo creyente no judío, a cumplir nuestro rol juntamente con Israel en compañerismo y no en rivalidad, en complemento y no en reemplazo, en amor y no en odio, en confianza y no recelo.

Conclusión

La vida del rabí Yitzjak Lichtenstein es un ejemplo de múltiples cosas: entrega, coraje, sinceridad, fidelidad a la Torah y a Israel, el amor a Yeshua, mente equilibrada, bondad, auto sacrificio. Sería bueno que en cada Hoshana Raba (el séptimo día de la fiesta de Sukot) todos los creyentes judíos y no judíos recordaran un momento a aquel gran hombre, pionero incansable de la fe en Yeshua dentro del judaísmo. Aquel que hizo posible que hoy haya un movimiento que lo respeta y sigue con más fuerza que nunca.

Gracias a El Eterno nos regocijamos en Hoshana Raba junto al rabí Húngaro que sacó “aguas con alegría de las fuentes de Yeshua (salvación)” (Isaías 12:3)

Con bendición
Isaac Bonilla

17 Nov, 2020

Parashá Toldot 5780

Bereshit 25:19-28:9

Esperar y tener paciencia se vuelven una virtud en un mundo tan instantáneo. En nuestros días y por la tecnología (para bien o para mal) la paciencia y la espera es casi un suplicio, todos queremos las cosas para “ayer”, nos resulta incómodo y tedioso tener que hacer un alto en el camino de nuestra cotidianidad que está envuelto entre trabajo, compromisos y demás cosas en las cuales nuestro día se esfuma en el tiempo.

Esto pareciera la hoja de vida de un mortal común, pero no es así, es a veces también nuestro sentir cuando clamamos, oramos y suplicamos un favor del cielo y este guarda silencio ante nuestras palabras que se elevan una y otra vez; y hasta parece que se ha convertido en nuestro monologo diario. Pero sabemos y esa es nuestra fe: ninguna de nuestras palabras queda sin respuesta. Toda oración que elevamos al cielo es oída y atendida por el Dios de los cielos.

El Eterno sabe lo que necesitamos y queremos antes de hablar ¿Por qué entonces tarda tanto la respuesta? Esta es una excelente pregunta que es muy probable que nosotros la hayamos formulado en más de alguna ocasión; la respuesta a veces satisface nuestras “demandas de fe” y en otras decimos lo mismo que dijo el salmista: “Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia” (Salmo 37:7 NVI)

Como dijimos al inicio la paciencia no es algo que está naturalmente en nuestro equipaje; pero esperar pacientemente en las promesas del Eterno es una virtud que afirma y sustenta nuestra fe. Abraham esperó veinticinco años para poder ver cumplida la promesa de un hijo, veinticinco años se dicen fáciles, pero no lo es; no es fácil esperar 25 años por el cumplimiento de una promesa. Y como si la historia se volviera a repetir, su hijo Isaac está en el mismo crisol; esperando año tras año para poder ver el fruto de su amor entre él y su amada Rivká (Rebeca) y el cumplimiento fiel de la promesa que fue dada a su padre: “Por mí mismo he jurado, declara el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos.” (Bereshit 22:16-17 LBLA)

La promesa de una descendencia era el ancla donde giraba la fe del patriarca, después de la Akedá, la promesa era más sólida y palpable, ahora había llegado el momento de conocer la transición entre Abraham y su hijo Isaac. Y es en esta porción de la Torá donde comienza la historia del heredero de la promesa.

“Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac. Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, arameo de Padán-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac al SEÑOR en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó el SEÑOR, y Rebeca su mujer concibió.” (Bereshit 25:19-21 LBLA)

Para los que, por primera vez, quizás leen la historia de Isaac y Rebeca, la Torá nos sorprende con el texto con el cual iniciamos; parece que la Torá resume el tiempo en unas cuantas frases. El escritor sagrado dice que Isaac oró por su esposa, pues ella era estéril y Rebeca su mujer concibió. Si la Torá finalizara aquí, diríamos que la vida del heredero de la promesa fue “fácil”, no tuvo que esperar más de dos décadas para ver y palpar el cumplimiento de la promesa de Dios, no tuvo que lidiar con hambruna en la tierra, no tuvo que lidiar con hombres de desearan su mujer; y los “no tuvo” pueden seguir; sin embargo, Isaac tuvo que lidiar con todo esto y más.

Pero comencemos donde tenemos que poner el inicio de la historia del heredero de la promesa. Isaac, al parecer, no tenía muchas cosas de las cuales preocuparse; el patriarca poseía muchas cosas que, bajo la lógica del mundo, lograrían darle una vida fácil, por ejemplo:

  • Abraham dio todo, todas sus riquezas pasaron a manos de Isaac.
  • Cuando su madre murió, encontró consuelo en su esposa.
  • Al final de los días de su padre, hubo una “reconciliación” con su hermano Ismael.

Y así podemos seguir enumerando las cosas buenas que le pasaron a Isaac y casi podríamos concluir que era el hijo de una bendición y que nació en una cuna bendita y consecuentemente su vida no tendría ningún inconveniente. No tendría que luchar por nada en la vida pues ya lo tenía todo.  Pero de aquí en adelante Isaac nos ensañará que en la vida de un justo también hay tención, hay luchas; hay enemigos que vencer y sobre todo hay que saber esperar en las promesas del Eterno.

El texto que leemos al inicio de esta Parashá, nos puede llevar a pensar que Isaac oró hoy por su esposa que era estéril, y que un día después ella quedó embarazada y nueve meses después había un recién nacido en su cuna, en el cuarto que ellos habían preparado. Parece hasta una historia sacada de otro lugar y no de las Escrituras, pues si somos honestos con la Torá; el asunto no fue tan fácil. Leemos en el texto antes citado que Isaac oró, pero la pregunta inmediata seria ¿Cuánto tiempo oró? Y una segunda pregunta sería ¿Durante todo el tiempo que oró Isaac por su esposa que había en la mente de Rebeca? Y una última pregunta sería ¿Este tiempo de espera afectó la relación entre ellos y su fe en Dios?

La Torá nos responde la primera de las tres preguntas ¿Cuánto tiempo oró Isaac para que su esposa concibiera? La Tora comienza diciendo que Isaac tenía cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca (Bereshit 25:19) y más adelante las Escrituras nos dicen que cuando nacieron sus hijos Isaac tenía sesenta años (Ibid. 25:26). Esto nos lleva a la conclusión: Isaac oró veinte años por su mujer, y a los veinte años él recibió respuesta a su oración.

En primer lugar, la Torá nos dice que Isaac oró, la palabra que se ha traducido como oró, suplicó, o rogó en muchas versiones es la palabra hebrea: vayetar que viene de una raíz que significa abundancia, como lo menciona Rashí: El verbo “Atar” (implorar) implica insistencia y repetición del mismo acto (1); como también comenta Abarbanel: Quiere decir que oró insistentemente ante Dios, frente a su mujer, para poder tener hijos de ella y no de otra mujer. (2)

Quizás por esa razón es que cuando leemos en algunas versiones: Isaac oró, nuestra mente proyecta una imagen espontanea: Isaac oró y su esposa concibió, en cuestión de horas, a lo sumo días el Eterno ya había contestado; pero no fue así. Isaac imploró, suplicó, rogó, oró insistentemente al Eterno para que su esposa pudiera concebir. Fue una súplica insistente, un ruego constante lo que llevo a la respuesta Divina.

Yeshúa nos enseñó a orar siempre y a no desmayar, él contó la parábola de una viuda y un juez injusto. La viuda iba todos los días delante del juez a pedir justicia, y al ver la insistencia de la mujer el juez dijo: porque esta viuda me molesta, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia. Y esta fue la conclusión y aplicación que enseñó nuestro Santo Maestro de la parábola:

“Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.”  (Lucas 18:1-8 RV95)

La conclusión de este primer punto sería: podemos decir que nuestra oración debe ser insistente, de día y de noche; no desmayar. Tenemos a un Dios que se ha comprometido a cumplir nuestras peticiones (si estas tienen un fin santo, y un propósito que no está en contra de su voluntad), pero no debemos de sentir la oración como una carga, sino que debemos de orar con insistencia y con alegría a sabiendas que Él contestará nuestras peticiones, como bien nos enseñó nuestro Santo Maestro Yeshúa, cuando dijo:

“Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21:22 RV95)

En segundo lugar, debemos de orar, pero debemos de creer. No debemos de atar las bendiciones del cielo con frases como: “quizás”, “tal vez”, “algún día”. No debe de haber una contradicción entre lo que expreso con mi boca hacia el cielo; y lo que contesto con mis labios cuando me cuestiono o me cuestionan. Debemos de confiar en las promesas de Dios; Debemos de pedir creyendo que lo recibiremos, debemos de clamar con la seguridad que lo tendremos. Como lo dijera Jacobo el hermano de nuestro Santo Maestro:

“Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a una ola del mar, impelida y zarandeada por el viento.” (Santiago 1:6 BTX)

Isaac sabía que él tendría hijos, porque Dios ya había prometido que el destino de Abraham se cumpliría a través de la descendencia de Isaac (Bereshit 17:19); no obstante, le rogó a Dios que la bendición se hiciera realidad a través de la mujer tan meritoria que estaba parada frente a él. (3) Isaac sabía a perfección que él era el hijo de la promesa y que esa promesa implicaba entre muchas cosas una descendencia. Consecuentemente esa descendencia tenía que salir de su esposa Rebeca y de él, ellos tenían que ser los padres de aquella casta.

Es muy probable que después de la Akedá, cuando el ángel habla con Abraham, Isaac escuchara las palabras del mensajero Divino cuando dijo: “multiplicare tu descendencia como las estrellas de los cielos y como la arena del mar.” (Bereshit 22:17). Entonces Isaac no oraba por un hijo, sino para que su cumpliera la promesa de un hijo.

Esto nos puede llevar a concluir que Isaac no pedía solo por pedir, sino que él pedía para que se cumpliera la promesa que pesaba sobre sus hombros; esta promesa lo llevo a suplicar y rogar para que se cumpliera en él y en su esposa; para ver un linaje que siguiera la herencia de su padre Abraham; volcó toda su fe para creer a pesar de la esterilidad de su esposa. La fe lo llevó a ver más allá de lo que sus ojos y sus sentidos veían y percibían. Como está escrito: “andamos por fe y no por vista” (2 Corintios 5:7)

Esto es algo poderoso, nuestra fe en Dios debe de ser genuina y no actuar por lo que vemos sino por lo que creemos y muchas veces no obtenemos lo que pedimos porque no pedimos con fe. Y está escrito que sin fe es imposible a gradar a Dios (hebreos 11:6), pero no solamente debemos de creer en Dios, creer en su existencia, su realidad y de su poder creador; sino que también debemos de creer: Que recompensa a los que lo buscan (Ibid.)

Debemos de creer en sus promesas y sobre todo debemos de confiar plenamente que Él las cumplirá. Dios cumplirá cada una de las promesas que nos ha dicho, tal como está escrito: “porque todas las promesas de Dios son en él “sí”, y en él “Amén”, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (1 Corintios 1:20 RV95) En el Mesías todas las promesas de Dios son “Amén”, si Dios lo ha dicho se cumplirán en su tiempo, y su tiempo es perfecto y es por eso que el salmista escribió: “porque en tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15).

En tercer lugar, no solo basta con orar y esperar, hay que actuar. Las Escrituras no nos relatan lo que pasó durante los veinte años de espera, sabemos por lo que hemos dicho, que fueron veinte años de oración insistente y constante. Pero los sabios añaden información para llenar esos veinte años de vacío que no narra la Torá. A pesar de que el Midrash no necesariamente es una narración exacta históricamente de lo que sucedió, busca dar una idea de cómo pudieron darse las cosas. Algunas enseñanzas de los sabios son las siguientes:

  • Rabí Eliezer comenta que Isaac llevó a su esposa estéril a orar con él al monte Moriá, el sitio de la Akedá. (4)
  • El Midrash nos da más información de lo que paso en monte Moriá: Tanto Isaac como Rebeca rezaron y ofrecieron un sacrificio. Isaac oró permite que los hijos que me darás nazcan de esta mujer justa. Rebeca oró permite que los hijos que me darás sean de este Justo. (5)

El patriarca enfrentó más problemas: los hombres de Gerar desearon a su mujer y en especial Abimelec. El nombre de Isaac quedó en la memoria de la historia por cosechar en aquel año al ciento por uno (Bereshit 26:12) y esto le generó una lluvia de problemas, a saber: esta prosperidad hizo que tuvieran envidia de él, hubo una riña por el agua de algunos pozos, lo expulsaron de la tierra, y todo por envidia al ver su prosperidad.

En medio de este huracán él nunca desistió y nunca perdió su fe y consecuentemente el Eterno estaba con él en cada uno de esos momentos cuando quizás él pensaba que estaba solo, quizás se cuestionaba por la realidad que estaba viviendo. Y en ese momento el Eterno se le aparece para confirmar que Él era el Dios de su padre Abraham como está escrito:

“Y el SEÑOR se le apareció aquella misma noche, y le dijo: Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque yo estoy contigo. Y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia, por amor de mi siervo Abraham.” (Bereshit 26:24 LBLA)

Quizás tenemos peticiones que aún no sean cumplido, quizás hemos orado por muchos años y aún no vemos la respuesta; quizás estamos pasando un momento desagradable y hay personas que sienten envidia por lo que el Eterno nos ha dado y bendecido, estamos en un punto de transición de la fe y la duda, hoy el Dios de Abraham y de Isaac nos dice:

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes,  porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;  siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:10 RV95)

Notas:

  1. Rashí, Cementerio a la Parashá Toldot
  2. Isaac Abarbanel, Comentario a la Parashá Toldot
  3. Rabí Ovadiah ben Jacob Sforno, comentario a la Parashá Toldot
  4. Pirkei de Rabí Eliezer 32
  5. Bereshit Rabá 63:5  
    
    

    Bajo las alas del Dios de Israel

    Francisco Hidalgo

16 Nov, 2020

Parasha Toldot

Bereshit (Génesis) 25:19-28:9

Haftara: Shemuel Alef (1a Samuel) 20:18-42

Resumen de la parashá: Yitsjak (Isaac) tiene 40 años cuando toma por mujer a Rivka (Rebeca) hija de Betuel que vivía en Padam Aram. Rivka es estéril por lo que Yitsjak ora por ella, Hashem concede su petición y Rivka concibe dos mellizos, el primero es como una pelliza por ser muy velludo y el segundo es lampiño, sus nombres son Esav y Jacob. Los niños crecen y Esav es diestro en la caza mientras que Jacob es un hombre íntegro que mora en tiendas. Esav vuelve cansado del campo y vende su primogenitura por un plato de lentejas menospreciándola. Yitsjak mora en Gerar y es inmensamente prosperado, los filisteos lo echan de sus contornos y el comienza a abrir pozos en el valle, lo filisteos contienden con él dos veces, más a la tercera dejan de tener discordia. Los filisteos van donde Yitsjak reconociendo su bendición y hacen con él un pacto de paz. Los días de la muerte de Yitsjak se avecinan y este manda a su hijo Esav para que le traiga caza y poder transferirle la bendición Abrahamica, Rivka instruye a Jacob sobre como suplantar a Esav y tomar la bendición, Jacob suplanta exitosamente a Esav y obtiene la bendición de Yitsjak. Esav muy enojado se consuela con matarlo después que su padre muera. Rivka se entera y manda a Ya’akov donde Labán su hermano con la justificante de buscar mujer. Yitsjak despide a su hijo Ya’akov en paz y confirma la bendición de Abraham a su hijo quien sale hacia Harán.

Menospreciando a Hashem.

La sección de la Torah que todo el pueblo judío lee alrededor del mundo esta semana contiene muchísimas enseñanzas y se puede invertir mucho tiempo y espacio hablando de ellas. En primer lugar, leemos la historia de los padres de dos grandes naciones antiguas; una aun existente, y la otra no rastreable más como nación conjunta y continua en la historia: Israel (hijos de Jacob/Israel) y Edom (Hijos de Esav/Edom).

En segundo lugar, podemos hablar sobre la envidia, necesidad de tomar una mujer virtuosa, etc. En este estudio trataremos el tema del menosprecio de las cosas sagradas y de Dios mismo.

La historia de Esav y Jacob es frecuentemente vista con parcialidad cuando se lee superficialmente y no se mantiene el enfoque en la narración como un todo. Es muy común, que se diga que el malo de la película es Jacob pues, como todos sabemos, “robó” el derecho de la primogenitura y engañó a su propio padre Yitsjak (Isaac) haciéndose pasar por su hermano mayor, ciertamente un no muy buen ejemplo a seguir.

Sin embargo, se olvida o se pasa por alto el inicio de la historia, que a pesar de que no justifica las acciones de Jacob, nos llevan a entender el origen del problema. Preguntémonos: ¿Qué originó todo esto? ¿Fue el ansia de poder de Jacob? No, el origen del problema fue el menosprecio que Esav tuvo de su primogenitura.

Leemos en la Torah: “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.” (Génesis 25:29-34).

Lo que causó todo el problema entre Jacob y Esav fue la actitud mundana de Esav. Esav era un hombre que únicamente estaba interesado en cuestiones físicas como la caza y saciar sus placeres, para él, una primogenitura no valía nada, o, mejor dicho, una primogenitura valía muy poco.

Esav refleja lo siguiente en la narración de la Torah:

• Un total menosprecio de las cosas espirituales: En la antigüedad el primogénito era el encargado del servicio divino de la familia, como presentar sacrificios. Para Esav el servicio a Dios no valía más que un plato de lentejas. Además de esto, juró en vano sin vacilación.
• Negaba por completo la resurrección de los muertos: Él dijo: “Yo me voy a morir, de que me importa algo como la primogenitura”. Podríamos decir que su dicho predilecto era “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Corintios 15:32).
• Su concepto de justicia o equidad estaba tan viciado que no podía diferenciar entre algo malo o bueno; para él lo bueno era si le convenía o no, independientemente de la justicia del acto mismo. Por ejemplo, él dijo: “Bien llamaron su nombre Ya’akov, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición.” (Génesis 27:36). Esav no diferenció entre un acto totalmente cristalino y justo como el primero (la venta de su primogenitura) y un acto oscuro y con suplantación como el segundo (el engaño de Jacob a Esav fingiendo ser este último). En el primero, no hubo letra pequeña, publicidad engañosa o clausulas escondidas, fue una venta clara y explícita (Se ha encontrado en un texto de Nuzi, la venta de una primogenitura por tres ovejas comprobando que era algo practicado en aquellos días). ¿Cómo define esto Esav? Lo describe como apoderamiento, olvidó totalmente su consentimiento porque no le convenía.

¿Justifica esto la conducta de Jacob? En ninguna manera, Jacob tuvo que hacer valer su primogenitura adquirida ante Isaac y dejar que Hashem hiciera el resto. Esto podría haber sido inviable pues conociendo a Esav, lo negaría todo por completo. Hashem actuó a pesar del engaño de Ya’akov para dar un merecido al menosprecio de Esav. Jacob fue castigado posteriormente con otro engaño hecho con un cabrito (la supuesta muerte de su hijo José, ver Génesis 37:31-34).

Esav no merecía ser el líder espiritual de la familia, para él, el servicio a Hashem era totalmente absurdo, el menospreciaba totalmente todo lo espiritual. Él era un hombre totalmente llevado por sus instintos carnales y despreciaba todo lo que tenía que ver con espiritualidad e integridad. Por otro lado, se dice que Ya’akov era un varón integro (en Hebreo: “Ish Tam”) que moraba en tiendas.

Esto es enfatizado en los escritos apostólicos donde leemos:
“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.” (Hebreos 12:16).

Esav y su actitud materialista hacían una fuerte profanación del nombre de Dios en su vida y en su casa. En él, no había un nivel saludable de temor al cielo y la justicia y equidad eran cosas absurdas. De personas como él, Pablo dijo: “cuyo dios es el vientre, y su gloria es en confusión; que sienten lo terreno.” (Filipenses 3:19).

Rabí Shelomo Yitsjaki (Rashi) en su comentario dice: “Jacob quería la primogenitura porque el servicio sacrificial de las ofrendas recaía sobre los primogénitos. Jacob dijo: Este malvado no es digno de ofrecer ofrendas al Santo, Bendito es” (Rashi sobre Génesis 25:31).

El mundo actual es muy similar a Esav, agobiado siempre por la materialidad y por la meta de la sola satisfacción de sus deseos; vivimos en un mundo mundano, que considera lo espiritual
como algo ridículo. Lo que se ve, prevalece sobre lo que no se ve, que es lo Eterno, lo trascendente, lo no vano.

Como creyentes debemos de cuidarnos de no imitar los caminos de Esav y menospreciar las cosas del Eterno. La escritura nos advierte:

“Entonces abandonó al Dios que lo hizo, y menospreció la roca de su salvación” (Deuteronomio 32:15).

“Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.” (Levítico 26:14-16).

Nosotros estamos rodeados de gente como Esav y podemos convertirnos en alguien como él. Así como los niños peleaban en el vientre de Rebeca, una lucha se genera en cada creyente: Seguir a la carne (Como Esav) o andar en el espíritu (Ya’akov). Hemos recibido el poder de lo alto para vencer el poder del pecado en cada oportunidad que la tentación venga a nosotros, tal como está escrito:

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación” (Romanos 6:22).

“Porque la ley del Espíritu de vida en Yeshua El Mesías me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:2).

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7).

Cada vez que valoramos las actividades materiales por sobre las espirituales, cada vez que pensamos que lo espiritual al final únicamente debe hacerse a la vista de otros, cuando pensamos que lo que la escritura dice no es relevante para nuestro diario vivir, entonces hemos dado pie a nuestro Esav interno.

Nosotros hemos muerto al viejo hombre y por tanto tenemos que vivir en el poder de la ruaj HaKodesh (espíritu santo) que se nos dio cuando recibimos la regeneración y nuevo nacimiento en Yeshúa nuestro Mesías.

Nosotros no tenemos que suplantar para triunfar sobre Esav, todo lo contrario, asirnos a la verdad de la escritura y de Hashem, es la base de nuestra lucha; además tenemos el espíritu de Dios para guiarnos y andar en su poder.

Así que pregúntate ¿Quién triunfará la próxima vez en la disyuntiva carne vs espíritu? Nuestra oración es que todos los creyentes puedan andar en el espíritu para cumplir nuestro propósito y llegar a la altura del varón perfecto

¡Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

02 Nov, 2020

Parasha Vayera

Bereshit (Génesis) 18:1-22:24

Haftara: Melajim Bet (2 Reyes) 4:1-37

Resumen de la parasha:El Eterno aparece a Hashem en el encinar de Mamre para anunciarle sobre el nacimiento de su hijo Isaac, quien nacería el año siguiente, a pesar de la incredulidad momentánea de Sara. Abraham intercede por Sodoma y Gomorra para evitar que sea destruida diciendo que tal vez se encuentren ahí 50 justos, Hashem perdonará a la ciudad si hubiese 50 justos, Abraham sigue intercediendo hasta llegar a 10 justos (en el judaísmo 10 representa la totalidad de algo y es por ello que Abraham para en esa cifra. Un grupo de diez hombres se conoce en el judaísmo como “Minian”). Los malajim (ángeles) llegan a Sedom (Sodoma) y Amorra (Gomorra) para destruirla y son hospedados por Lot, Lot tiene problemas por hospedar a los ángeles y estos tienen que herir a los hombres de Sedom con ceguera total (en hebreo literalmente “cegueras”). Los ángeles destruyen Sedom después de sacar a Lot, a su mujer y a sus dos hijas. La mujer de Lot vuelve atrás y es convertida en un montón de sal, Lot mora en Zoar pero al tener miedo sube a un monte donde habita en una cueva. Sus hijas dan de beber vino a Lot y cometen incesto con él, de esta unión vienen los moabitas y los amonitas. Al morar Abraham en Gerar, Sara es tomada cautiva por Abimelec, El Eterno interviene y Sara es liberada, Isaac nace y es circuncidado al octavo día conforme al mandamiento dado por Hashem; sin embargo al crecer Isaac recibe burlas de parte de Ishmael, este y es expulsado juntamente con su madre, la sierva Hagar. Abraham recibe el mandamiento de sacrificar a su hijo Yitzjak en el monte Moriah, Abraham se levanta temprano a cumplir con la orden de Hashem creyendo firmemente en la resurrección de los muertos y que Hashem cumpliría su promesa de darle descendencia a través de Yitzjak. Antes de sacrificar a Yitzjak, el ángel del Eterno habla a Abraham impidiéndole llevar a cabo la orden y señalándole un carnero en lugar de su hijo. El Eterno jura por sí mismo dar todas las promesas a Abraham después de la prueba de el sacrificio de su hijo amado.


Sara y Hagar en Gálatas 4 ¿Qué significa la alegoría?

En la parasha de esta semana vemos como con gran gozo Abraham recibe la esperada promesa de su hijo Yitzjak. Por fin Sara, su amada esposa, concibe y da a luz contra todo pronóstico un hijo para Abraham Avinu quien da mucha alegría a ambos como su nombre lo dice. El nombre Yitzjak viene de la raíz para “Risa” o “Alegría” y habla en primer lugar de la risa de incredulidad mostrada por Sara y finalmente de la risa de gozo que causó en ella al ver un hijo en su vejez. El Eterno transforma nuestra incredulidad por lo increíble de sus promesas en alegría insuperable hasta el día de hoy; como hizo por Sara él sigue causando la misma alegría en cada uno de nosotros quienes estamos atónitos de su inmenso amor y bondad y por ello lo bendecimos con todo nuestro ser. ¡Bendito sea su nombre!

Hay algo muy curioso, como podemos ver en la palabra “Yitzjak”, su raíz sirve para describir tres tipos de risa en esta parasha:

  • La risa de Sara mostrando incredulidad, tal como está escrito: “Se rió (Vatitzjak), pues, Sara entre sí diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” (Bereshit [Génesis] 18:12).
  • La risa de Alegría de Sara, tal como se dice: “Elohim me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo (Yitzajak li)” (Bereshit [Génesis] 21:5).
  • La risa de Ismael burlándose de Isaac, como está escrito: “Y Sara vio al hijo de la egipcia Hagar, que esta había dado luz a Abraham, se burlaba (Metzajek)” (Bereshit [Génesis] 21:5).

¿No habéis oído la Torah?

En la analogía, Pablo pregunta a los que están coqueteando con la circuncisión, y por tanto la conversión a judíos, como medio de justificación: ¿No habéis oído la Torah? Luego procede a decir lo que la Torah dice:

“Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa.” (Gálatas 4:22-23)

Pablo se propone a hacer una alegoría entre los dos hijos de Abraham y sus madres, Abraham tuvo dos hijos; sin embargo uno era el producto de querer agradar al Eterno según el esfuerzo humano desligado de su voluntad perfecta (Ismael); y el otro era el producto de la promesa milagrosa del Eterno (Isaac).

Si leemos la Torah, sabemos que Ismael era hijo de una esclava (Hagar) egipcia y nació producto de tratar de cumplir las promesas de Hashem bajo el esfuerzo humano, ignorando la voluntad de Hashem. Isaac, por otro lado, nació como cumplimiento de una promesa del pacto Abrahamico pues era la “Zera” o “semilla” que Hashem prometió a Abraham.

En la interpretación cristiana convencional e histórica, la analogía significa algo muy simple: Hagar es la Torah o el judaísmo y produce hijos esclavos, esto es el pueblo judío. Sara, por otro lado, es el evangelio o el cristianismo y produce hijos libres, esto es los cristianos. Esta es la interpretación de virtualmente todo el cristianismo desde los días de los padres de la iglesia. Esto tiende a reforzarse cuando se introduce el factor de los dos pactos. Pablo escribe:

“Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar.” (Gálatas 4:24)

De esto verso, se asume que Hagar representa a la Torah la cual es esclavitud y el antiguo pacto y Sara, el evangelio y el nuevo Pacto. ¿Es cierto esto? ¿Cuál es el punto de la alegoría? ¿Por qué Pablo únicamente identifica el pacto que representa Hagar? ¿Por qué no dice el que representa Sara?

Debemos de clarificar varias cosas para entender lo que Pablo está tratando de enseñar. En primer lugar, debemos de tener muy presente que lo que Pablo introducirá es una alegoría, tomar literal o demasiado literal una alegoría puede ser peligroso; generalmente la alegoría busca ilustrar o fortalecer un punto previamente aceptado. Extraer verdades entendiendo la alegoría literalmente lleva a la distorsión o tergiversación.

En segundo lugar, es bueno considerar el contexto general de la carta de Gálatas y el contexto inmediato de la alegoría del capítulo 4. Como mencionamos en la parasha Lej Leja (ver Parasha Lej Leja aquí http://mikdashmeat.com/archivos/parasha/lej%20leja.html) el propósito general de Gálatas en el siguiente mensaje de Pablo: La salvación viene por medio de la justificación en Yeshua y no por ser judío. Algunos creyentes en Yeshua, mayoritariamente prosélitos (es decir ex gentiles que se habían circuncidado adultos haciéndose legalmente en judíos) enseñaban a los gentiles creyentes que debían circuncidarse para poder recibir la justificación. Mismo tema fue el causante del concilio de Hechos 15, tal como se dice: “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.”(Hechos 15:1).

Pablo explica en los capítulos 2 y 3 que la justificación no viene por ser judío o por guardar mandamientos como medio de salvación. Por lo tanto, no debemos de leer la carta pensando que Pablo tiene en mente que la Ley esta abolida, o que la Torah no sirve para nada ya, o que Pablo está diciendo que “la iglesia” ha sustituido al pueblo judío. El tema es: ¿Cómo se recibe la justificación? ¿Por fe en Yeshua o por conversión a judío? (recordar que Pablo está escribiendo a no judíos). Es en este contexto que debemos de leer Gálatas 4 y la alegoría entre Sara y Hagar.

En tercer lugar, debemos diferir de aquellos que piensan que los dos pactos que representan Sara y Hagar en la alegoría, sean “El antiguo pacto” en Sinaí y “El nuevo pacto” en Yerushalaim (Jerusalén).

Los dos pactos a los que Pablo hace referencia son precisamente los dos de los cuales viene hablando desde el capítulo 3 de su carta: El pacto Abrahamico y el pacto en Sinaí. Pablo nos dice que pacto representa Hagar en la alegoría; sin embargo nunca dice cual es el pacto que Sara representa. Se asume frecuentemente que es “el nuevo pacto” pero Pablo nunca menciona este pacto en toda la carta de Gálatas, y es el pacto Abrahamico el que el contrasta con Sinaí en el contexto inmediato, únicamente un capitulo después.

Además, hubiese sido contraproducente para Pablo mencionar el “nuevo pacto” anunciado por Jeremías, porque ahí se dice que este pacto sería: “con la casa de Israel y con la casa de Judá.” (Jeremías 31:31). Si Pablo citaba este pacto como prueba de que no se requería ser del pueblo de Israel vía circuncisión para ser salvo, sus instigadores habrían apuntado que los destinatarios de ese pacto son las doce tribus de Israel.

Esto no sucede con el pacto Abrahamico, que tiene una promesa para la gran nación que saldría de Abraham (Génesis 12:2, 18:18) y para toda la humanidad que sería bendecida en Abraham y en su simiente, esto es el Mesías (Génesis 12:13, 18:18, 22:18, Gálatas 3:16). Es debido a esto que los dos pactos de la alegoría son el pacto con Abraham y el pacto en Sinaí.

Habiendo mencionado esto podemos ver cuál es el contraste, a quien se contrasta y cuál es el punto de Pablo.

Uno según la carne y el otro según la promesa.

El contraste que Pablo hace en Gálatas 4 no es como se piensa, no es entre el judaísmo y el cristianismo, o entre la Torah y el evangelio, o entre judíos y gentiles. Pablo contrasta a dos tipos de creyentes nacidos gentiles y su manera de querer justificarse ante Elohim.

Ismael era un hijo de una esclava, el fue circuncidado siendo adulto y fue nacido bajo el intento humano de agradar a Elohim (según la carne). Isaac por otro lado, fue nacido producto de un milagro, producto del pacto Abrahamico y la promesa de la descendencia, su manera de reclamar su herencia no era por medio de una circuncisión hecha adulto, sino por simplemente ser el cumplimiento de la promesa (por ello Pablo llama a Isaac el hijo “según la promesa”).

Hagar representa al pacto Sinaí en Arabia pues ella era egipcia y madre de los Ismaelitas. Sara representa al pacto Abrahamico al ser la receptora de la promesa y al dar a luz a ese hijo. Ahora no nos perdamos aquí. No hay nada de malo en el pacto en Sinaí, no hay nada malo en la Torah, lo incorrecto radica en tomar la circuncisión y la conversión al pueblo judío como medio de justificación eterna ante Elohim.

Derek Leman acertadamente apunta: “La Torah no es esclavitud, pero tratar de ser salvo por guardar Torah y conversión es esclavitud” (Derek Leman, “Paul didn’t eat Pork”, pág. 52. Traducción libre).

Daniel Lancaster expone en su excepcional comentario a Gálatas lo siguiente: “Nacidos según la carne son gentiles creyentes en Galacia, que como Ismael, pasaron por la circuncisión siendo adultos” (“The holy epistle to the Galatians”, Daniel Lancaster, pág. 226 First fruit of Zion, 1-800-775-4807, www.ffoz.org. Traducción libre).

Hagar representa el monte Sinaí porque al igual que Hagar era esclava, aquellos que trataban de justificarse por medio de la circuncisión convertían a la Torah en un yugo de esclavitud. La torah no lo es y no es la intención de Pablo decir que el pacto en Sinaí es esclavitud, eran ellos los que lo convertían en esclavitud.

En los días de Pablo una creencia popular en torno a la salvación eterna era: “La salvación viene por ser judío, todo judío debe de permanecer dentro del pacto siendo un creyente promedio y tendrá parte en el mundo venidero”. Ver la torah o la judeidad como medios de justificación es convertir a la Torah en un yugo de esclavitud y perder el propósito (o propósitos) por el que fue dada. Es por ello que Pablo dice:

“Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud.”(Gálatas 4:25).

“Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;” (Romanos 10:3).

Pablo veía esta visión de convertir la Torah en un sistema acumulativo de créditos para tener parte en el mundo venidero, como un sistema de esclavitud. Es por ello que alegóricamente el monte Sinaí representa a estos prosélitos que trataban de justificarse por medio de la conversión a judíos e inquietaban a los gentiles de Galacia.

Pablo añade: “Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de las desolada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.” (Gálatas 4:26-28).

Pablo equipara, tal como los rabinos, a la Jerusalén mesiánica con Sara, él cita Isaías 54 como una alusión a Sara de quien se dirá que tiene más hijos. Todos los creyentes gentiles que han sido justificados por la fe en Mashiaj, son hijos espirituales de Abraham y Sara. En ellos se cumple la promesa del pacto Abrahamico que dice: “En tu simiente serán benditas todas las naciones (goim) de la tierra” (Génesis 22:18).

De manera que la alegoría no es acerca de judíos y cristianos o de Torah versus evangelio, o cristianismo contra judaísmo. El punto de Pablo es dos maneras de cómo creyentes de origen gentil buscaban la justificación: Los prosélitos, que se circuncidaron siendo adultos, buscaban la justificación por ser judíos vía circuncisión, como se habían circuncidado siendo adultos, son como Ismael; por otro lado, los gentiles que recibían la justificación por la fe en Yeshua entraban en la promesa del pacto Abrahamico, como Isaac y eran hijos de la promesa.

Es bueno recordar lo que dijimos al principio: es solo una alegoría ¡Cuidado con tomarla literalmente y llevarla a extremos que Pablo nunca buscó!

La persecución de Ismael.

Pablo finalmente añade:

“Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.” (Gálatas 4:29-31)

En ningún lugar de la Torah leemos sobre una persecución hecha por Ismael a Isaac, simplemente leemos que se burlaba de él. Sara percibió que Ismael claramente quería heredar con su hijo Yitzjak en esa burla, pero la Torah no nos dice en qué consistía. La tradición judía preserva una opinión conocida en los días de Pablo:

“Ismael dijo a Isaac, ‘yo soy más amado que tu porque fui circuncidado a la edad de trece años’. Isaac replicó, ‘yo soy más amado que tu pues fui circuncidado a los ocho días’. Ismael se burló: ‘Eso es lo que me hace más amado que tu porque fui circuncidado a la edad de trece años, pero tú fuiste circuncidado siendo un bebe y no tuviste opción en el asunto'” (Bereshit Raba 55:4).

“Y fue después de estas cosas que Ishmael y Yitzjak contendieron; e Ishmael dijo: ‘Es justo para mí que sea el heredero de lo que es de mi Padre pues yo soy su hijo primogénito’. Yitzjak le dijo: ‘es justo que sea el heredero de lo que es de mi padre, porque soy el hijo de Sara su esposa, en cambio tu eres el hijo de Agar la sierva de mi madre’. Ishmael respondió y dijo: Yo soy más justo que tu, porque fue circuncidado a los trece años. ” (Targum seudo Jonathan. Bereshit 22)

La persecución era sobre un tema según la tradición: El hecho del porqué uno debía de ser el heredero. Isaac apelaba a su madre Sara, para él, la fuente de su bendición y elección era la promesa del pacto Abrahamico. Ishmael por su parte se jactaba de su circuncisión hecha cuando era adulto.

¿Se nota el obvio paralelismo? Esto era exactamente lo que pasaba en Galacia: Los creyentes gentiles clamaban ser justificados e hijos de Abraham por la promesa del pacto hecho con él y su simiente. Por la sangre de la simiente de Abraham (Yeshua) los gentiles son injertados en la familia de Abraham y reciben perdón de pecados y vida eterna por las riquezas de su gracia. No es lo que los gentiles hicieran, sino cuanto hizo Yeshua por ellos. Su forma de justificación era la promesa del pacto Abrahamico.

Por otra parte, el medio de justificación de los creyentes prosélitos (un gentil que hace conversión legal a judío) era la circuncisión. Al igual que Ismael, habían llegado a creer que su circuncisión de adulto era la clave para la herencia.

¿Cuál fue el resultado dirá Pablo? Así como la sierva y el hijo fueron echados, los creyentes de Galacia debían dejar de escuchar a estos instigadores pues ellos tanto como Pablo eran “hijos de la promesa”.

Nuestra salvación depende de la gracia otorgada por la sangre del justo de justos, es su sangre lo que nos da vida y perdón de pecados, no obras de justicia que podamos hacer (tito 3:5). Es en su bendita sangre que Hashem nos da vida pues el cargó en él, el pecado de todos nosotros (Isaías 53:1-11). Los creyentes en Galacia experimentaban un peligro: basar su justificación en métodos de esfuerzo humano, y no en la gracia de Elohim mostrada en su ungido e hijo unigénito.

El peligro no era la Torah, no era el judaísmo, sino convertir esto en medio de justificación y caer de la gracia al asumir que la sangre de Yeshua no era suficiente. Su sangre es más que suficiente, es su sangre la que nos tiene dónde estamos y por medio de la que tenemos acceso espiritual intimo con Hashem. El es el medio de nuestro perdón y jamás debemos alejarnos de aquel hombre que nos amó y se entregó gustosa y voluntariamente por nosotros. Ante él se doblará toda rodilla en reverencia como Rey de reyes y Señor de Señores.

Conclusión

Hemos visto como la interpretación tradicional sobre Gálatas es deficiente pues hace que Pablo contradiga a Yeshua quien dijo que no había venido abrogar la Torah (Mateo 5:17).Pablo mismo andaba ordenadamente guardando la Torah como se nota en Hechos (Hechos 21:17-24). El Pablo que dice que Sinaí es literalmente esclavitud y que por tanto la Torah no es más válida para nadie, no es el pablo de Hechos ni de las epístolas; es un Pablo tergiversado. El punto de la alegoría es uno solo: Los gentiles no deben de circuncidarse para ser salvos o justificados por Dios, la entrada por el pacto Abrahamico en Yeshua es para ellos una seguridad firme para su salvación. Querer buscar justificación por el esfuerzo humano (según la carne) es ser un hijo de Esclavitud, como Ismael.

Todos nosotros fuimos llamados a libertad por el que nos dijo: “Si el hijo os libertare seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Que Hashem lo envíe prontamente en nuestros días a establecer su trono en Jerusalén para reverenciarle por su soberanía, la cual la recibió, por causa de su muerte y resurrección por nosotros.

¡MARANATA!

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

27 Oct, 2020

Parasha Lej Lejá

Hace casi cuatro mil años Dios le dijo a un hombre que saliera de su tienda y que contara las estrellas del cielo (si es que podía contarlas) con una mirada triste miró el firmamento y vio que era una empresa imposible. Entonces Dios le dijo: así como no puedes contar las estrellas del firmamento así será tu descendencia, como las estrellas de los cielos y como las arenas del mar así serán de numerosos tus descendientes, los cuales nadie podrá contar.

    Se necesitaba un nivel de fe enorme para poder creer en esa promesa, a sabiendas que era imposible humanamente hablando, ya que “el padre de Aram” (1) no tenía ni un tan solo hijo porque su esposa era estéril. Si salir de su tierra y de su parentela hacia un lugar inhóspito era difícil, ¿cuánto más difícil, habrá sido creer en la promesa de un hijo que se convertiría en una gran nación? No en vano es conocido como el padre de la fe.

    En esta Parashá entra al escenario de la historia: Abraham Avinu (Abraham nuestro padre). Siendo el primero en su tierra y quizás de su generación en reconocer y proclamar a Dios como Creador del Universo. Desde Noaj hasta Abraham transcurrieron 10 generaciones. Abraham vivió 175 años y tuvo dos hijos (sin tomar en cuenta a los hijos con Ketura, mencionados en Bereshit 25:1-4) que serían protagonistas de la historia: Ishmael (Ismael) e Yitsjak (Isaac).

    Dios le ordenó a Abraham que salga de su tierra y que vaya a una tierra que Él le mostraría y este acto de fe es el que define y da inicio a su historia. Su historia resuena en todo el mundo y a partir de ahora comenzaremos a estudiar un poco de su vida. La vida de Abraham Avinu.


“Y el SEÑOR dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra. Entonces Abram se fue tal como el SEÑOR le había dicho; y Lot fue con él. Y Abram tenía setenta y cinco años cuando partió de Harán.” (Bereshit 12:1-4 LBLA)

    Este relato bíblico es el inicio de la gran historia de Abraham, quien nació en la cuna de la civilización, en una de las ciudades más antiguas y ricas en su historia. Ur de los caldeos (Babilonia y/o Mesopotamia). Sin lugar a duda, referente del inicio de la historia de la humanidad, de la religión, y también sinónimo de idolatría. 

    Por casi dos mil años, Babilonia fue una de las ciudades más importantes del mundo, era el centro comercial y financiero de toda Mesopotamia, el centro de una “X” geográfica que unía al Oriente con el Mediterráneo y Egipto con Persia. Sus escribas y sacerdotes esparcieron su herencia cultural a través del mundo conocido. Las artes de adivinación, astronomía, contabilidad, y ley comercial privada, todo surgió de Babilonia. (2)  Y es precisamente de esa región de donde surgiría Abraham el padre de la fe en un solo Dios, incorpóreo y personal; esta fe era contraria a la de sus conciudadanos e incluso contraria a la de su padre Téraj (Taré).

    La historia de Abraham y su padre Téraj está ampliamente comentada en la literatura judía, los sabios de Israel han vertido páginas y enormes comentarios que buscan arrojar luz y llenan los vacíos que la Torá deja en la biografía de Abraham. En primer lugar, veremos su nacimiento y luego analizaremos un poco la basta información que los sabios han vertido con respecto a la conversión al monoteísmo y como Abraham abandonó el sistema idolátrico de su país.

  • El nacimiento de Abraham

    Como dijimos al inicio, la Torá no narra muchos detalles de la vida de Abraham. La tradición judía, ha transmitido numerosas historias sobre la vida temprana de Abraham. Los midrashim no son necesariamente factualmente ciertos, sino que dan una idea de cómo las cosas pudieron haberse desarrollado. Leemos, por ejemplo, sobre el nacimiento de Abraham:

“Y fue en la noche en que Avram nació, que todos los sirvientes de Téraj, y todos los hombres sabios de Nimrod, y sus magos vinieron y comieron y bebieron en la casa de Téraj, y ellos se regocijaron con él esa noche. Y cuando todos los hombres sabios y los magos salieron de la casa de Téraj, ellos levantaron su mirada a los cielos para ver las estrellas, y ellos vieron, y he aquí una grande estrella que venía del este, y corría en los cielos, y se tragó a cuatro estrellas en los cuatro lados de los cielos. Y todos los hombres sabios y los magos del rey estaban estupefactos con la visión, y los sabios entendieron este asunto, y ellos conocían su importancia. Y ellos se dijeron uno al otro: Esto sólo se traduce al niño que ha nacido a Téraj esta noche, quien crecerá y será fructífero y se multiplicará, y poseerá la tierra, él y sus hijos para siempre, y él y su semilla matarán grandes reyes, y heredarán sus tierras”. (Libro de Yashar [Jaser] 8:1-4)

    Prácticamente toda la erudición considera que este no es el libro mencionado en Josué 10:13 y en 2 Samuel 1, sino que constituye una agrupación de midrashim que se desarrollaron en muchos siglos. Como tal provee de una fuente interesante para enseñarnos como los sabios de Israel entrelazaron la historia real (descrita en la Torá) y una historia alegórica para enseñarnos la importancia del nacimiento del padre de la fe.

  • La conversión de Abraham Avinu

En esta ocasión citaremos dos Midrashim los cuales nos arrojarán luz para entender cómo es que los sabios de Israel entienden y/o sugieren cual fue el proceso de su conversión al monoteísmo. Abraham llegó a una deducción lógica de la existencia de un Dios único y creador de todo; a partir del diseño de la creación, lo cual lo llevó a concluir que hay un solo Dios creador y sustentador del universo.

“Dijo R. Itzjak: Esto puede ser comparado a un hombre que estaba viajando de lugar en lugar cuando vio un edificio en llamas.  “¿Es posible que este edificio no tenga una persona que lo cuide?”, se preguntó.  El dueño del edificio miró y dijo: “Yo soy el dueño del edificio”.  Similarmente, porque nuestro padre Abraham dijo: “¿Es concebible que el mundo no tenga un conductor?”.  El Santo, Bendito es Él, miró y le dijo: “Yo soy el Conductor, el Soberano del Universo”…por eso “Dijo Dios a Abraham: Sal de tu país y de tu lugar natal y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré…”” (5).  

 

“Se crio en una cueva, lejos del mundo cruel que lo circundaba. Con su mente fenomenal reconoció a Su Creador desde que tuvo tres años, habiendo llegado a esta conclusión observando y razonando. -Quizás debería adorar a la tierra, pensó, porque es debido a lo que ella produce que nos mantenemos. Pero en realidad la tierra no es todopoderosa porque depende del cielo para la lluvia. ¿Debo entonces inclinarme ante el firmamento? El poder que domina al firmamento es por cierto el sol que mantiene al mundo con vida por su calor y su luz. El sol debe ser el dios poderoso que me creó a mí y a todo el universo que me rodea. Avram se postró ante el sol. Pero cuando cayó la noche y el sol desapareció dando lugar a la luna, Avram pensó que la luna debía ser divina. Pero abandonó la idea cuando se dio cuenta que la luna brillaba sólo de noche. Finalmente, al observar el ritmo habitual del día y la noche, de las estaciones y todas las leyes de la naturaleza, Avram dedujo que existe la presencia de un Creador sabio y omnipotente. Avram se preguntó – ¿Cómo es que los cuerpos celestiales salen y se ocultan a una hora determinada? Debe haber una inteligencia superior que los dirige.” (6)

    Estos Midrashim describen el desarrollo teológico de Abraham y acentúan que él llegó a su conclusión por sí mismo; no tuvo maestro. Él razonó que debía haber alguna gran fuerza en este mundo; Lo que aprendemos o lo que deberíamos aprender de estos relatos, es que Abraham llegó por deducción lógica a una verdad teológica: Dios es el creador de todo; Debe haber una Primera Causa, debe haber un Dios. Si comenzamos a analizar la tierra y el universo veremos que existe un diseño único y que nada está aquí por azar.

Abraham llegó al pleno convencimiento que debía haber un Creador al contemplar la creación. Todo ser humano puede hacer lo mismo según la biblia. A la revelación que El Eterno ha dado en la observación misma de la creación se le conoce teológicamente como revelación general. A la serie de argumentos que se han elaborado para dar evidencia de la existencia de Dios a partir de la revelación general se le conoce como teología natural. El argumento más popular de la teología natural es el famoso argumento a partir del diseño. Veremos esto a continuación.

La Revelación General:

    Algunas definiciones:

  1. “La revelación de Dios en la naturaleza, en la historia providencial, y en la ley moral dentro del corazón, por lo que todas las personas en todos los tiempos y lugares adquieren un conocimiento rudimentario del Creador y sus exigencias morales.” (7)
  2. La revelación general es la que Dios hace de sí mismo a todas las personas, en todos los lugares y en todos los tiempos. Dios se revela a sí mismo de modo general a través de la naturaleza, o sea, de su creación. La revelación general es una revelación de Dios a través de sus obras de creación y providencia de un modo natural, universal, e indirectamente. Esta revelación es general tanto por su accesibilidad universal como por la generalidad del contenido de su mensaje.

    Los textos utilizados para para exponer esta revelación desde su contexto escritural son los siguientes:

  • “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” (Salmos 19:1 RV95). El salmista apela a la vasta e ilimitada inmensidad de la bóveda celeste, la precisión de los astros en su desplazamiento orbital a través del espacio, la perfección de cada una de las estaciones, la armonía del movimiento de nuestro planeta en su mismo eje y del movimiento de traslación, el número impresionante de galaxias que la ciencia nos ha revelado a través de potentes telescopios y la cantidad incontable de estrellas que las conforman poblando el espacio, hablan elocuentemente de la grandeza, la sabiduría y el poder de Dios.
  • “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó: Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto, no tienen excusa.” (Romanos 1:19-20 RV95). El eterno poder y la naturaleza Divina de Dios son “claramente visibles” y “entendidas” por medio de las cosas hechas, ¡no hay excusa para negar estos hechos! Con estos textos en mente, podemos decir que: “La revelación general, medida a través de la naturaleza, la conciencia y el orden providencial de la historia, que tradicionalmente se ha entendido como un testigo universal a la existencia y el carácter de Dios.” (8)

El Argumento Teleológico:

    El argumento toma su nombre de la palabra griega “telos”, que significa: propósito u objetivo. La idea es que se necesita un diseñador para producir un diseño, y así, cuando vemos cosas destinadas obviamente para un propósito, podemos asumir que esas cosas fueron hechas por una razón. El argumento teleológico es también conocido como el “argumento del diseño.” Este declara que un diseñador debe existir ya que el universo y las cosas vivientes exhiben marcas de diseño en el orden, consistencia, unidad y modelo de cada uno de ellos. En otras palabras, un diseño implica un diseñador. Intuitivamente hacemos estas conexiones todo el tiempo.

    El argumento teleológico aplica este principio a todo el universo. Si el diseño implica un diseñador, y el universo muestra las marcas de un diseño, entonces el universo fue diseñado.  “Una analogía típica de éste, es el “argumento del relojero” (Watchmaker Argument), el cual fue dado por William Paley (1743-1805). El argumento es el siguiente: Si Ud. encuentra un reloj en un campo vacío, lógicamente concluirá que este fue diseñado y que no es el producto de una formación al azar. De igual manera, cuando miramos la vida y el universo, es natural concluir que existe un diseñador y que vemos cómo la forma del universo y de la vida, operan perfectamente. El ojo es usado típicamente como un ejemplo de diseño. Este tiene un desarrollo maravilloso; pero para que cumpla su función, deben existir muchas partes convergentes que de forma individual no tendrían función, sino que tienen valor sólo en el todo del diseño. Sólo en la total combinación es que éstos exhiben su función completa y esta función se debe al diseño.” (9)

    Además de demostrar la existencia de Dios, el argumento teleológico expone las deficiencias en el neodarwinismo. El movimiento del diseño Inteligente en la ciencia aplica la teoría de la información a los sistemas de vida y muestra que la casualidad no puede ni aún comenzar a explicar la complejidad de la vida.

    Para probar la existencia de Dios, los teístas frecuentemente usan el argumento teleológico. Por ende, este argumento sugiere que donde hay diseño, debe haber un diseñador. En una forma lógica, el gran PhD Norman Geisler, presenta el argumento de la siguiente manera:

  1. Todo diseño implica un diseñador.
  2. Hay un gran diseño en el universo.
  3. Por lo tanto, debe haber un gran diseñador del universo.

    Cada vez que vemos un diseño complejo sabemos, por experiencia, que provino de la mente de un diseñador… A demás, mientras mayor el diseño, mayor su diseñador. (10)

    Hace aproximadamente 2,750 años, el profeta Isaías declaro que el Eterno había hecho los cielos y la tierra y no solamente dice que es el creador, sino que también, esta creación tiene un propósito, como esta está escrito:

“Porque así dice el Señor, que creó los cielos. Él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso. No la creó en vano, sino para que fuera habitada la creó: Yo soy el Eterno y no hay otro.” (Isaías 45:18 RV95)

    Este texto es muy interesante y nos ayuda a entender que el Eterno no solamente es el creador (Creó los cielos), sino que también Él es el gran diseñador (formó, hizo y compuso), y no solamente nos revela, que el Eterno es el creador y diseñador del universo, sino que también la creación y ese diseño de nuestro planeta “no es en vano” sino que tiene un propósito: “para ser habitada” (N.V.I.) 

Según la tradición judía, el claro entendimiento de Abraham lo llevó a enfrentar un juicio severo a manos de Nimrod:

“Entonces Téraj lo agarró y lo llevó ante Nimrod.”

  • “¡Adoremos al fuego!”, propuso Nimrod.  
  • “Mejor adoremos al agua, que extingue al fuego”, respondió Abraham.
  • “¡Entonces adoremos al agua!”  
  • “Adoremos mejor las nubes que traen al agua”.  
  • “¡Entonces adoremos las nubes!”  
  • “Mejor adoremos los vientos que dispersan a las nubes”.  
  • “¡Entonces adoremos al viento!”  
  • “¡Mejor adoremos a los seres humanos, que resisten al viento!”  
  • “Tú sólo estás jugando y cambiando palabras”, él exclamó; “¡nosotros vamos a adorar sólo al fuego!  Y he aquí, que te arrojaré a él y que tu Dios, el que tú adoras venga y te salve de él” (12).

    En los siguientes estudios continuaremos meditando sobre los desafíos, las pruebas y la fe de Abraham hasta llegar a ser: padre del pueblo judío y padre de los de la fe en Yeshúa, como lo mencionan los Escritos apostólicos.

Bajo las alas del Dios de Israel

Francisco Hidalgo

 

Notas:

  1. Para algunos sabios, Rashí entre ellos, “Abram” puede significar: padre de Aram. Otra posible definición es: padre enaltecido.
  2. Antonio Caballero, “Rebuilding Babylon”, World Press Review, febrero de 1990, P. 74
  3. Kotez Mamarim del R. Eljanán Waserman pág. 11-16
  4. Rav Ari Kahn, Comentario a la Parashá Lej Lejá
  5. Midrash Rabá Bereshit 39:1
  6. Midrash HaGadol 12:1
  7. Demarest, BA y Lewis, GR, integrativa Teología: Conociendo la Realidad Última, el Dios de estar, 3 vols., Zondervan, Grand Rapids, MI, vol. 1, p. 61, 1987.
  8. Demarest, BA, la revelación general: Vistas históricos y temas contemporáneos, Zondervan, Grand Rapids, MI, p. 14, 1982.
  9. (Matt Slick, www.miapic.com/el-argumento-teleologico)
  10. Norman Geisler, Ron Brooks, Apologética, Pág. 24-25
  11. Midrash Rabá Bereshit 38:13

26 Oct, 2020

Parasha Lej Leja

Bereshit (Génesis) 12:1-17:27

Haftara: Yeshayahu (Isaías) 40:27-41:16

Resumen de la parasha: Hashem había dicho a Abram que dejara su tierra, su parentela y la casa de su padre y que fuera a la tierra de Canaán. Abram finalmente sale de Harán, donde había llegado con su padre, su mujer y Lot para morar en la tierra de Canaán. Estando en Harán Hashem promete a Abraham bendiciones increíbles como”serás bendición”, “engrandeceré tu nombre” y da una bendición acerca de una gran nación que procedería de Abraham. A parte de la bendición de la nación que descendería de Abram (Israel) hay una bendición universal sin precedentes hasta ese momento: En Abraham serían bendecidas todas las familias de la tierra.

Abram y su sobrino Lot se separan por problemas entre sus pastores, Lot escoge la llanura del Jordán y Abram permanece en Canaán. Sucede una guerra donde Lot es tomado cautivo y Abram oye de ello y va a rescatarlo, derrotando a Quedorlaomer y los reyes que con él estaban; Melquisedec sale a Recibirlo con pan y vino y bendice a Abram y al Elohim Altísimo. Pasado eso, El Eterno hace un pacto con Abraham el cual es un pacto incondicional que da los descendientes de Abraham la tierra de Canaán por pertenencia perpetua (Este pacto se conoce como el “Pacto entre las partes”). Abram tiene un hijo con Hagar esperando cumplir con la promesa de Hashem según sus pensamientos y producto de esa unión viene Ismael quien sería un hombre salvaje (En hebreo: Pere Adam). A sus 99 años Hashem le dice a Abraham cual será la señal de pacto entre él y su descendencia física para ser el pueblo de Elohim: La circuncisión en la carne será el pacto requerido para ser considerado parte del pueblo de Elohim, Abram se circuncida y también lo hace a su hijo Ishmael. Abram recibe el nombre Abraham y su esposa Saraí recibe el nombre de Sara. Tanto el nacido del linaje de Abraham como el adoptado que se compra a un extranjero deben de ser circuncidados. Hashem promete a Abram un hijo por medio de Sara su mujer quien se llamará Yitzjak (Risa, alegría).


Abram: El padre de la fe y el argumento teleológico.

“Pero El Eterno había dicho a Abram: Vete de tu tierra”. (Génesis 6:9)

Judaísmo, Cristianismo, Islam ¿Se podría haber imaginado Abram hace casi 4000 años que las tres religiones más importantes y grandes del mundo lo reclamarían como Padre de su fe? Difícilmente. Aquel humilde pastor debió de quedar atónito cuando escucho que su nombre sería engrandecido y que toda la humanidad sería bendecida “en él”.

Al estar en el siglo XXI podemos ver el literal cumplimiento de la bendición que dice: “Engrandeceré tu nombre”. El nombre de Abram ha sido engrandecido por todos los confines de la tierra. Abram ostenta sin competidores cercanos el título de “padre de la fe”. Abram es un sinónimo de obediencia, de fe, de esperanza, de temor al cielo y de muchos valores en todo el mundo.

Te has preguntado ¿Cómo llego a la fe el llamado “Padre de la fe”? La biblia no menciona explícitamente como el padre Abraham llegó a la fe en un único Elohim viviendo en una de las ciudades más politeístas e idolatras de su tiempo: Ur de los caldeos. La escritura nos habla de una aparición que Hashem hizo a Abram estando en Ur pero no nos dice nada de cómo Abram había llegado al monoteísmo.

La tradición judía indica que Abram llegó a la fe monoteísta a partir del razonamiento al observar el increíble orden de la naturaleza. Leemos un famoso Midrash por ejemplo:

“Cuando él vio al sol salir en el oriente, Abraham pensó: “Seguramente, este es un gran poder. Debe ser el Creador”. Ese día entero él le oró al sol. Al atardecer, sin embargo, el sol se puso y la luna salió. Abraham dijo: “Seguramente esta reina sobre el sol, porque ya no está brillando”. Así que le oró a la luna toda la noche. Pero la mañana siguiente, el vio al sol salir y la oscuridad pasar. El dijo: “seguramente todos estos tienen un Rey más excelso y Amo que los dirige en sus cursos”. Entonces Dios vio a Abraham buscando por él, así que apareció a Abraham y habló con él” (Zohar 1:86a).

En síntesis, Abram vio el orden de toda la naturaleza y vio que funcionaba con un propósito y mostraba un increíble diseño, por lo tanto concluyó que tenía que existir algo más allá de todas estas cosas que las diseñó y las dirigía: Esto es un único Elohim (Dios) verdadero. A este sencillo razonamiento se le conoce en filosofía como “Argumento teleológico” o “Argumento a partir del diseño (del griego “Telos” que significa “propósito”)”.

El argumento teleológico es quizás el argumento más poderoso a favor de la existencia de Dios, expresado en forma de silogismo va de la siguiente manera:

1. Todo diseño tiene un diseñador.
2. El universo tiene un diseño altamente complejo.
3. Por lo tanto el universo tiene un diseñador, este es Dios.

Considera por un momento que vas por la calle y te encuentras un papel con algo escrito: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. ¿Pensarías que ese mensaje se creó el mismo? ¿Quizás una explosión al azar creó todo el mensaje? ¿Reacciones químicas, viento, o la gravedad? Tonterías, sabes que todo mensaje implica inteligencia pues tiene un diseño y un propósito, si un mensaje tan fácil como una oración requiere de un diseñador, imagínate una enciclopedia o un edificio ¿sería concebible pensar que se crearon al azar o hablando en el lenguaje de los ateos “por selección natural” o “evolución”? Claro que no, lo más lógico es creer que alguien lo diseño.

No estás solo si piensas así, Isaac Newton pensaba lo mismo, ya que escribió:

“Este hermoso sistema del sol, planetas y cometas, pudo solo proceder del consejo y dominio de un ser poderoso e inteligente”.

William Paley (1743-1805) popularizó el argumento teleológico cuando dijo la famosa ilustración sobre el reloj: el dice que así como un reloj implica un relojero, este universo que es increíblemente más complejo que un reloj implica también un diseñador. El gran filósofo judío Maimonides también utilizó el argumento teleológico como una de las pruebas para un creador.

Probablemente habrás oído el mito que la teoría de la evolución está probada más allá de toda duda y que todos los científicos creen en ella. Ese es el mito más infantil en círculos de ciencia por las siguientes razones:

  1. Isaac Newton, Albert Einstein, Pascal, Luis Pasteur, Faraday, Boyle, Johannes Kepler, Lord Kelvin, Carlos Linneo, Gregor Mendel y más científicos legendarios creyeron en el creacionismo, es decir la creencia en la existencia de Dios y no en la evolución ni ninguna teoría alternativa.
  2. Hay muchísimos científicos modernos que son creacionistas y creen en Dios rechazando la teoría de la evolución por sus múltiples falencias.
  3. La teoría de la evolución sigue siendo una teoría con más problemas que cuando surgió. El ADN y los descubrimientos genéticos hacen imposible la evolución, aquellos fósiles que Darwin pensaba eran formas de transición no lo eran y la probabilidad de que todo haya surgido por azar, evolución o selección natural es increíblemente ínfima: ¡es de 1 en 10^138!

¿Qué tanto diseño tiene el universo? ¿Cómo sabemos que esta tan milimétricamente diseñado? Lo sabemos por lo que se llaman: Constantes antropicas.

No te dejes intimidar con los términos científicos, constantes antropicas son constantes en la naturaleza que son necesarias para que la vida se dé. Si una de esas constantes cambia mínimamente, la vida se acaba, así de sencillo. Veamos solo algunas de ellas:

  • El nivel de oxigeno en la atmosfera es del 21%, si fuera 25% llamas de fuego se generarían automáticamente; si fuera menor, por ejemplo del 15%, los seres humanos nos sofocaríamos.
  • El nivel de Dióxido de carbono es exactamente el necesario en la atmosfera. Si fuera mayor nos quemaríamos todos; si fuera menor las plantas no realizarían la fotosíntesis.
  • La interacción de la luna y la tierra es perfecta. Si fuera mayor, las mareas serían demasiado fuertes; si fuera menor, las inestabilidades climáticas harían imposible la vida.
  • La fuerza gravitacional es exactamente la adecuada para la vida en este sistema solar. Si fuera 0.00000000000000000000000000000000000001 menor ¡El sol dejaría de existir!
  • Si la atmósfera fuera menos transparente, no tendríamos suficiente radiación solar para nuestro planeta. Si fuera más tranparente habría demasiada radiación solar, misma que haría imposible la vida.

La precisión del universo es tan asombrosa que la probabilidad que 122 constantes antropicas hubieran surgido por casualidad es de 1 en 10138 según el astro físico Hugh Ross (Geisler y Turek, “I don’t have enough faith to be an atheist”, pág. 106).

Así que según el dato es virtualmente imposible que el universo haya surgido sin diseño inteligente. De hecho nosotros creemos que no es únicamente virtualmente imposible; sino realmente imposible. Sólo podemos adorar fervorosamente al creador omnipotente y lleno de sabiduría que creó todo, al considerar el increíble diseño del universo.

Hace miles de años, el rey David expresó (Salmo 19:1) el argumento teleológico antes que Paley en los siguientes términos: “Hashamayim mesaperim kebod el uma’ase yadav maguid harakia” (Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento declara la obra de sus manos).

Abraham quizás fue el primer hombre que consideró el diseño del universo y concluyó la idea más lógica, debe de haber un Creador de todo esto. Pablo quizás teniendo a Abraham en mente escribió:

“Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:19-20)

Cualquier persona puede saber sobre la unicidad, el poder y la existencia de Dios con solo considerar el increíble universo que nos rodea. Si Abraham pudo, todos pueden. Es por ello que él merece el título de “El padre de la fe”


El pacto Abrahamico: Promesas y su importancia

En esta parasha Abraham recibe promesas increíbles, los rabinos contabilizan hasta 7 promesas en Génesis 12:2-3. Podemos destacar por motivos de estudios dos promesas: “Haré de ti una gran nación” y “en ti serán benditas todas las familias de la tierra”.

Muchas veces, la gente malinterpreta las cartas de Pablo por el desconocimiento del pacto Abrahamico y del entendimiento de Pablo sobre él. Para entender mejor el contenido de las cartas de Pablo quisiera indicar como se relacionan los principales pactos que Hashem ha registrado en la escritura:

  • Pacto con Noaj (Incondicional): Hashem promete no destruir al mundo de nuevo por agua y da ciertas leyes a Noé y sus descendientes.
  • Pacto con Abraham (Incondicional): Hashem promete muchas cosas a Abraham, entre ellas podemos mencionar las más importantes: Abraham sería el padre de una gran nación (Génesis 12:2) y además de tener una gran nación con descendientes físicos, Abraham y su simiente serían bendición para todos los pueblos (goyim) de la tierra (Génesis 12:3, 22:18). Dentro de la promesa de la gran nación, Hashem da la señal del pacto de esa nación, la circuncisión, (Génesis 17:7-8), Hashem promete para la descendencia física de Abraham la tierra de Canaán como pertenencia perpetua (Génesis 12:7, 15:18, 17:8).
  • Pacto Sinaitico o Mosaico (Condicional): Israel (La nación grande del pacto Abrahamico) es llamado a ser una nación sacerdotal entre Hashem y los demás pueblos y el especial tesoro de Hashem (Exodo 19:5-6). Si Israel guarda la Torah entonces disfrutará de un paraíso en la tierra, Hashem dará muchísimas bendiciones a la tierra y habrá mucha prosperidad, los enemigos de Israel serían sojuzgados e Israel gozaría de una permanencia continua en la tierra (Levítico 26:3-13, Deuteronomio 28:1-14). Sin embargo, si Israel no guardaba la Torah y se volvía a dioses ajenos, Hashem castigaría a la nación e incluso podrían experimentar un exilio y dispersión de la tierra (Levítico 26:31-35); en otras palabras perderían la permanencia en la tierra (Aunque no la pertenencia garantizada por la promesa incondicional del Pacto Abrahamico).
  • Pacto Davídico (Incondicional): Hashem promete a David que siempre tendrá un descendiente que se siente en su trono para siempre (2 Samuel 7). El final Rey de Israel, esto es el Mashiaj, traería una era de paz y seguridad donde los esparcidos de Judá e Israel serían reunidos y él sería levantado por pendón a las naciones (Isaías 11:1-13).

Como podemos observar, ninguno de los pactos anula a los que vinieron antes, el nuevo pacto anunciado por Jeremías y Ezequiel no es la excepción. En ese pacto se menciona la Torah implantada en el corazón y a un hijo de David reinando y levitas ofreciendo ofrendas a Hashem (Jeremías 31:33, 33:20-26). Los pactos de Hashem no funcionan anulando a los que vinieron previamente sino edificando sobre ellos, Pablo dirá: “Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida,} ni le añade.” (Gálatas 3:16). El pacto Abrahamico no anula el pacto con Noé, el pacto en Sinaí no anula el pacto Abrahamico, el nuevo pacto no anula a ninguno de los previos, todos forman un edificio en lugar de derribarse.

Ahora que hemos visto la relación entre pactos estamos en capacidad de estudiar Gálatas 3 donde Pablo habla mucho sobre el pacto Abrahamico y el pacto en Sinaí.


Gálatas 3:1-18. La importancia del pacto Abrahamico.

Aunque está más allá de los alcances de este comentario hacer una introducción exhaustiva a Gálatas podemos describir la situación de las comunidades de Galacia de esta manera: Ellos habitaban en la región de Galacia donde Pablo había predicado el mensaje de salvación y perdón de pecados por medio de Yeshua El Mesías. Los gentiles de Antioquía de Pisidia, Iconio y otras ciudades de Galacia recibieron su mensaje de salvación gozosos en Hechos 13 y 14. Tiempo después, personas (muy probablemente creyentes prosélitos) decían a los discípulos no judíos: “Debéis de convertiros en judíos si queréis ser salvos” y “Pablo ni siquiera es un verdadero Apóstol, mira a Pedro, Jacobo y Juan, ellos predican la circuncisión en Jerusalén”. Comentarios como estos generaron la justa indignación de Pablo por el peligro que representaban.

Pablo hace una sencilla pregunta a los creyentes de las comunidades de Galacia: “¿Recibisteis el espíritu por las obras de la Torah o por el oír por fe?” (Gálatas 3:2).

En el contexto de la pregunta “obras de la ley” no es honrar a padre y madre sino la circuncisión. En el judaísmo, la circuncisión no es simplemente uno de tantos mandamientos; es lo que marca la conversión a ser judío. Si alguien quiere convertirse en parte de la nación, debe de ser circuncidado (Exodo 12:48). En otras palabras, hablar de circuncisión es hablar de convertirse legalmente en judío.

Parafraseando lo que Pablo estaba diciendo, quedaría de la siguiente manera: “¿Recibieron ustedes el espíritu y el nuevo nacimiento por convertirse en judíos o por creer en Yeshua?”. El mensaje era claro: La conversión al judaísmo o tomar la Torah y sus mandamientos como medio de salvación no es correcto ni fue el objeto de la Torah.

¿De dónde Pablo puede saber esto? ¿Qué le hace creer que el creyente no judío no debe de convertirse en judío, como afirmaban sus oponentes? ¿Por qué el judío debe de ser judío y el gentil por regla general no debe de circuncidarse convirtiéndose en judío? La respuesta está en un lugar: El pacto Abrahamico.

Benditos e injertados

Pablo hace su punto a partir del pacto Abrahamico para demostrar que los gentiles son pueblo de Elohim por medio de Mashiaj sin tener que ser judíos y miembros de la nación física de Israel. El dice:

“Y la escritura, previendo que Elohim había de justificar a los gentiles por la fe, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones”(Gálatas 3:8).

Pablo observa en el pacto Abrahamico algo sumamente importante: hay dos promesas en torno a la humanidad en dicho pacto: La primera es una descendencia física que será una gran nación (Israel) y la segunda es una promesa universal: Todas las familias de la tierra serán benditas en Abraham (Génesis 12:3) y en su simiente (Génesis 22:18). El Eterno prometió ambas cosas a Abraham y el pacto con él es incondicional, no hay un “Si, entonces” en las promesas al padre de la fe. Por lo tanto, ambas promesas deben de cumplirse sin anularse mutuamente.

Es decir, la descendencia física de Abraham no anularía el hecho de que en la Simiente de Abraham, habría una bendición para todo el mundo. Nada que venga después puede anular esto y debe de edificar sobre este fundamento en lugar de echarlo abajo.

La simiente de Abraham en el máximo de los sentidos es Mashiaj, por ello pablo dirá aplicando un Drash a la palabra “Simiente”:

“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno. Y a tu simiente, la cual es Mashiaj” (Gálatas 3:16).

Del Mesías se dice que levantará “Pendón a las naciones” y que sería buscado por los gentiles (Isaías 11:10). Los pueblos se congregarían a él (Génesis 49:10). En sus días, muchos pueblos se unirían a El Eterno acompañando al pueblo judío (Zacarías 2:10-11), en el esperarían los gentiles (Isaías 42:1-4) y sería luz de las naciones (Isaías 42:6). El Mesías, es la simiente de Abraham en quien todos los no judíos serían bendecidos espiritualmente. ¡Que más bendición que purificación, salvación y perdón de pecados!

Esto no quiere decir que el pueblo judío quede desplazado, la descendencia física de Abraham sigue jugando un papel importantísima, sigue siendo la nación primogénita del Eterno (Exodo 4:22), sigue siendo la nación sacerdotal y por medio de quien El Eterno hace un propósito único.

En la doctrina apostólica, para que el pacto Abrahamico tenga un cumplimiento ninguna de las dos cosas tiene que anularse: El judío no debe de perder su identidad judía pues una promesa (“Haré de ti una gran nación”) estaría en riesgo; de igual manera, los no judíos en su inmensa mayoría, deben de seguir siendo no judíos para no anular la otra (“En tu simiente serán bendecidas todas las naciones”). Si un no judío se circuncida haciendo conversión, pues ¡Deja de ser de las naciones y pasa a ser judío! Es este el riesgo que Pablo ve: La judaización del gentil que virtualmente llevaría a hacer del mundo un gran Israel, sin más naciones (Algo que obviamente no es la voluntad del Eterno).

De esta manera dirá Pablo, la salvación no puede venir por ser judío o por guardar la Torah. ¿Por qué? Porque ello estaría anulando la promesa hecha a las naciones en el pacto Abrahamico. Si la torah tiene un rol relacionado con la salvación, dirá Pablo, debe de ser algo más pero no impartir salvación. Por eso el dirá:

“Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.” (Gálatas 3:15).

“Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con el Mesías (En el pacto Abrahamico), la ley (Torah) que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.” (Gálatas 3:17).

El punto de Pablo es fácil: Si la salvación viniera por ser judío, la promesa hecha a las naciones en el pacto Abrahamico fue anulada quedando solamente “Haré de ti una gran nación”. Este no puede ser el caso, pues el pacto no puede ser anulado por algo que venga después.

Es por ello que Pablo hablara duramente contra aquellos que piensan que la circuncisión (conversión a judío) daba salvación (Gálatas 5:3-4) y contra la idea de que cumplir los mandamientos es una forma de recibir justificación (Gálatas 3:10. Para más información sobre este verso ver
http://mikdashmeat.com/archivos/continuidad%20de%20la%20torah/galatas3.html

Los no judíos tienen una promesa grande en Abraham y en su simiente, en Mashiaj ellos reciben salvación al creer como Abraham creyó sin ser circuncidado, siendo un prototipo del creyente gentil. El gentil no debe de convertirse en judío para sentirse importante, para tener identidad, para poder sentirse aceptado por El Eterno, el te acepta por lo que la simiente de Abraham, Yeshua, hizo por ti. Debes de estar muy agradecido, pues compartes de las bendiciones espirituales de Abraham por el Mashiaj.

Incluso una curiosa similitud lingüística da más poder a esto. La palabra hebrea (v’nivrahu) que significa “Serán bendecidas” está relacionada al termino hebreo “Mavrij” que significa “injertar”. Este juego de palabras, bien pudo dar paso a la analogía que Pablo hace sobre dos olivos en Romanos 11. Por lo menos, dio pie a una analogía similar en el talmud, ahí leemos:

“Rabí Eleazar dijo: ¿Qué significa el verso, Y todas las familias de la tierra serán benditas a través de ti? El Santo Bendito sea, dijo a Abraham: ‘tengo dos vástagos para injertar en ti: Rut la moabita y Naamah la amonita’ ” (Talmud Yevamot 63a)

Pablo podría estar de acuerdo con Rabí Eleazar en su interpretación de lo que implica la bendición del pacto Abrahamico en las personas de las naciones: ser injertado en Abraham. Es la mejor analogía para describir como las naciones (ramas) pueden participar de las bendiciones (savia) del olivo (Abraham). Todo eso es gracias a aquel que se entregó por Israel y por el mundo, aquel que es el vástago de David y la vara que salió del tronco de Isaí (Isaías 11:1).

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

22 Oct, 2020

Parasha Noaj

Bereshit (Génesis) 6:8 – 11:32

Haftara: Isaías 54:1 – 55:5

Resumen de la parasha:

Noaj es un varón justo que camina con Elohim, El Eterno decide traer el diluvio sobre toda la tierra y empezar de nuevo el mundo con 8 personas (Noaj y su mujer y sus tres hijos y sus mujeres). Noaj construye un arca para escapar del juicio inminente, El Eterno trae el diluvio sobre toda carne y todo lo que está en la tierra perece. Noaj aguarda pacientemente en el arca y finalmente sale de ella cuando la tierra termina de secarse por completo. El Eterno establece un pacto con Noaj y da leyes para él y su descendencia (toda la humanidad) para que vivan rectamente delante de él. Los descendientes de Noaj se multiplican y poblan la tierra y se forman las naciones que se conocieron en el judaísmo como “las setenta naciones”. Nimrod se levanta y funda Babel y Nínive, una gran rebelión se da en Babel y ángeles deben de intervenir para confundir sus lenguas. La torah le da mucho énfasis a la línea de Shem el hijo de Noaj del cual viene Abraham, el padre del pueblo judío y en cuya simiente “todas las naciones (goim) de la tierra serán benditas”.


Noaj: El varón Tzadik contra la mundanidad

“Noé, varón Tzadik (justo), era perfecto en sus generaciones” (Génesis 6:9)

La parasha de esta semana lleva por nombre Noaj, el cual es el padre de toda la humanidad, el conocido personaje bíblico que construyó un arca para escapar del juicio inminente y quien se convirtió en el elegido de Hashem para dar un nuevo inicio. En la biblia, el numero 8 simboliza un nuevo inicio, después de 7 días de la semana, hay un “octavo día” el cual marca el inicio de una nueva semana, la circuncisión hecha en el octavo día indica que el niño ha nacido otra vez, ya no a la humanidad, sino al pueblo judío (Génesis 17:7,14).

Con 8 personas Hashem daría luz a un nuevo inicio con un hombre justo llamado “Noaj” (Noé) cuyo nombre viene de la raíz para alivio o consuelo. ¿Por qué fue necesario este nuevo inicio? Leemos en la Torah:

“Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.”(Génesis 6:11-12)

La tierra había corrompido su camino delante de Hashem, una gran perversión moral había acontecido por causa de la maldad del hombre, el robo, el homicidio y la fornicación abundaban según los rabinos. Rashi dice que la palabra corrompida se refiere a fornicación y a idolatría. Hashem estaba decidido, el mazo del juez había caído: La tierra sería purificada por agua de toda la maldad; pero ¿Sería total la destrucción? ¿Acaso no quedaba un remanente fiel?

A estas preguntas la torah responde: “Eleh Toldot Noaj, Noaj Ish Tzadik tamim haya v’Dorotav Et HaElohim hithalej Noaj” (Génesis 6:9) que traducido es “Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé.”

Noaj tiene un gran mensaje para nuestra generación, él pudo mantenerse puro, recto e integro en una generación corrompida. El pudo ser espiritual en una sociedad mundana, él estuvo dispuesto a ser llamado “radical”, “fanático”, “loco”, “inadaptado” (¡Y quizás hasta anticuado aunque la humanidad tenía poco tiempo!), él estuvo dispuesto a ser el diferente, el raro, el que no era como los demás, Noaj se paró ante una sociedad corrompida sin corromperse, estuvo delante de una humanidad sin integridad, andando en integridad.

La Torah no nos lo dice claramente, pero una tradición en el judaísmo indica que Noaj predicó a su generación sobre el inminente castigo, Shimon Kefa (El apóstol Pedro) registra esto cuando nos dice:

“y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;” (2 Pedro 2:5)

Noaj es llamado “pregonero de justicia” con meritos suficientes, el varón recto, integro merece tener ese título y merece ser el padre de todos los “Temeroso de Elohim”, “Bene Noaj” o “gentiles justos”, aquellos no judíos que se refugian bajo las alas del Dios de Israel sin hacerse judíos vía circuncisión.

Noaj debe de ser un paradigma para todos los discípulos del Maestro en esta sociedad. Compartimos mucho con Noaj y su generación: La corrupción galopante, la violencia de nuestros días y algo gravísimo incluso en “creyentes” en Dios: La mundanidad.

El rey David dice: “Libra mi alma de los malos con tu espada, De los hombres con tu mano, oh Eterno, De los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida, Y cuyo vientre está lleno de tu tesoro. Sacian a sus hijos” (Salmo 17:13-14)

El rey David menciona a hombres mundanos cuya porción está “en esta vida”, el se refiere a personas que no tienen ninguna esperanza mas allá de la muerte, su fin es comer y beber porque mañana morirán.

La generación de Noaj estaba sumida en una indolencia completa ante Hashem, no tenían la más ínfima sensibilidad a su palabra, ¡ni siquiera una gran y enorme arca los despertó de su sueño espiritual!

La última generación de nuestra era será como la generación de Noaj, Yeshua nos dice:

“Mas como en los días de Noaj, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (Mateo 24:37-39)

La generación de Noaj vivía una vida “normal”, habían decidido hacer a un lado a Dios y ocuparse en sus quehaceres, si bien es cierto no tiene nada de malo comer y casarse (como tampoco jugar football, por ejemplo) el problema es que era eso lo que le daba significado a su vida, era eso lo más importante para ellos y no Dios; por ello no les importaba tener una sociedad tan abominable y corrupta.

Nosotros estamos viviendo en una sociedad “postmodernista” que se aleja más y más de Hashem y que lo ha excluido de sus escuelas, colegios, vidas, legislaciones, constituciones, etc. Cada vez conceptos como santidad, pureza y justicia son vistas como una utopía o como algo santurrón o “legalista”.

Esto es así, incluso en personas que profesan una creencia en Dios pero que a diferencia de Noaj solo son creyentes con la boca pues no andan rectamente delante de Elohim. Los llamados a Santidad escasean en nuestro mundo. Hashem hizo al hombre a su imagen, ahora los seudo creyentes deciden hacer un dios a su imagen conforme a sus caprichos, nadie quiere oír reprensiones contra su estilo de vida. Todo está listo para que el hijo del hombre venga prontamente para juzgar a este mundo ya no con agua, sino que con fuego, tal como se dice:

“pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.” (2 Pedro 3:7)

En esta parasha Noaj debemos de reflexionar: ¿Estamos haciendo lo mismo que hacía Noaj? ¿Somos personas que caminan con él? ¿Andamos en integridad en nuestra vida? ¿Somos pregoneros de justicia como Noaj? ¿O somos como los que lo rodeaban simplemente criticando a los que si lo hacen? ¿Nuestra vida es espiritual o mundana? ¿Cuál es el objeto de nuestro supremo deseo? ¿Hashem o este mundo y lo que hay en él?

Así como Noaj camino delante de Elohim a pesar de las circunstancias, somos llamados a vivir en santidad a pesar de este mundo, tal como está escrito:

“Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha (tamim) en medio de una generación maligna y perversa (como la de Noaj), en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;”(Filipenses 2:15, paráfrasis y paréntesis añadidos)


El diluvio y la misericordia de Hashem: La muerte de Matusalén.

“Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”. (Génesis 8:4)

Generalmente se habla del diluvio como relacionado con la justicia de Elohim en la mayoría de disertaciones sobre el tema. Esto es adecuado debido a que el diluvio es uno de los temas más relacionados con la justicia; al fin y al cabo, fue uno de los juicios más severos de Dios sobre una humanidad pérdida que lo merecía. De hecho, Noaj escapo de ese juicio porque era “Tzadik” (justo) e integro (tamim) en sus generaciones (Génesis 6:9); en otras palabras fue la justicia de Noaj lo que le permitió escapar del juicio divino; por tanto la asociación entre la justicia de Elohim y el diluvio es totalmente acertada.

Sin embargo, para la sorpresa de muchos, también podemos ver la misericordia de Elohim en la historia del diluvio; muchos quizás pensaran con esto que nos referimos a el hecho de que Noaj y su casa escaparon, pero no es así. Estamos hablando de misericordia que Hashem mostró a toda la generación de Noaj, hablamos de gracia mostrada al mundo entero. Aprendemos de esto en la tradición judía al considerar la vida del personaje más longevo en la historia Bíblica: Metushelaj o Matusalén en español.

¿Qué tiene que ver Matusalén con la misericordia de Dios a la humanidad del diluvio? Bien, según la tradición judía, Janoj (Enoc) el padre de Matusalén tuvo la revelación de Hashem que el juzgaría al mundo entero por su maldad al morir su hijo primogénito, esto es Matusalén. Hay tres cosas que dan fuerza a esta tradición:

  1. Se nos dice que Enoc caminó con Hashem y tuvo una relación increíblemente cercana, a tal grado fue esto, que la Torah dice que Hashem lo tomó y él desapareció. (Génesis 5:24). De ahí que dicha revelación es perfectamente posible.
  2. El nombre de Matusalén en hebreo es “Metushelaj” que significa: “Su muerte envía”. Esto alude a que su muerte haría que Elohim enviara el diluvio, el juicio sobre la humanidad.
  3. Si contamos los años de Matusalén veremos que murió exactamente en el año en que vino el diluvio. El diluvio vino en el año 600 de la vida de Noé (Génesis 7:6). Matusalén engendró a su hijo Lamec cuando tenía 187 años (5:25). Lamec engendró a Noé cuando tenía 182 años (5:28). Si sumamos 187(años de Matusalén al engendrar a Lamec) +182 (años de Lamec al engendrar a Noé) + 600 (años que tenía Noé cuando vino el diluvio) nos da como resultado 969 años. Estos son los años que Matusalén vivió, tal como está escrito: “Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió.” (Génesis 5:27). Por lo tanto Matusalén murió en el año del diluvio.

Los sabios nos enseñan que siete días después de la muerte de Matusalén el diluvio vino. Matusalén murió y Hashem permitió que su luto se guardara por siete días y luego envió el diluvio.

Rashi (Rabí Shelomo Yitzjaki), unos de los sabios más prominentes de la edad media, dice: “Pues en otros siete días: Estos siete días se refieren a los siete días de luto por el justo Metushelaj, pues el Hakadosh Baruj Hu (Santo Bendito sea) fue sensible a su honor y por respeto a él demoró el castigo. Cuenta los años de Metushelaj y verás que terminan justamente en el año seiscientos de la vida Noaj” (Rashi sobre Génesis 7:4)

Esta es la razón por la que Hashem dio tanta vida a Matusalén: Como su muerte desencadenaría el diluvio si no había arrepentimiento de parte de la generación del diluvio, entonces El Eterno le alargó la vida hasta que llego el punto en donde el castigo no podía esperar. De manera que el dicho: “esa persona es más vieja que Matusalén” es un testimonio de la gran misericordia de Hashem esperando hasta el último momento a una generación perversa.

El Eterno sigue siendo el mismo Dios “tardo para la ira y grande en bondad” (Génesis 34:6), el sigue esperando que los hijos del hombre regresen a él y lo busquen como su único soberano, lo reconozcan en todos sus caminos y sean salvos de todos sus pecados. El ha dado mucho tiempo para que el mundo entero venga a sus pies y a los de su ungido, el cual se entregó por el pecado de muchos para dar liberación todas nuestras iniquidades, tal como está escrito:

“Pero Elohim (Dios), habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;” (Hechos 17:30)

“Diles: Vivo yo, dice El Eterno el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezequiel 33:11).

“les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Mesías padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” (Lucas 24:26-27)

“Porque de tal manera amó Elohim (Dios) al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9).

El deseo de Hashem para todo el mundo, judíos y gentiles, es que nos volvamos a él, en arrepentimiento, que dejemos de jugar a ser los dueños de nuestra vida cuando es EL, el juez y dueño de nuestro ser, que dejemos de vivir como si no existe un juicio venidero para todo el mundo y que nos apeguemos a él.

Para todo aquel que aun no ha reconocido a Yeshua como el sacrificio que puede darle vida eterna, hay una urgencia aun mayor. La sangre del cordero perfecto que quita el pecado del mundo (Juan 1:29) aguarda a todo aquel pecador para recibirla y obtener la liberación del pecado y ser declarado hijo de Elohim. Si aun no lo haces ¿Qué esperas? Retírate un tiempo y pide a Hashem que en virtud de la sangre de su ungido te dé el regalo de la vida eterna.

“Que si confesares con tu boca que Yeshua es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. (Romanos 10:9)

Para los que somos discípulos del maestro y hemos experimentado el nuevo nacimiento por el espíritu de El Eterno, también el arrepentimiento es una constante. Debemos de recordar que nada menos que la perfección es la meta final, llegar a la estatura del varón perfecto es la meta final. Si bien es cierto esto se alcanzará hasta la resurrección en un sentido absoluto, debemos de irnos perfeccionando, por medio de la palabra de Hashem y su espíritu, tal como está escrito:

“Estando persuadido de esto: El que comenzó en vosotros la buena obra, la ira perfeccionando hasta el día de Yeshua el Mesías” (Filipenses 1:6 versión Textual).

¿Estamos siendo perfeccionados día a día? ¿Somos ahora mejores que hace un mes o un año? Es tiempo de saber que los hijos de Elohim debemos de perseverar en la santidad de Elohim y volvernos a él para llevar su reino como nunca antes. La creación aguarda la manifestación del reino de Dios en su máximo esplendor.

Que aquel que nos guarda de todo mal, nos haga volver a él para que ningún juicio caiga sobre nuestras vidas por desobediencia.

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

22 Oct, 2020

Parasha Noaj

La Parashá de la semana pasada (Bereshit) finaliza diciendo: “Noaj halló gracia delante del Eterno” (Bereshit 6:8) ¿Qué es gracia? Y ¿Quién es Noaj? Son preguntas que darán rumbo al estudio de esta semana. La primera pregunta será la introducción de nuestra Parashá; y la segunda pregunta será contestada en el desarrollo del estudio de esta semana.

Entonces comencemos dándole repuesta a las preguntas: ¿Qué es gracia? Y ¿Qué es hallar gracia delante del Eterno? En primer lugar, la palabra que traducimos como “gracia” viene de la palabra hebrea “jen” que puede significar: “favor” o “bondad”, la encontramos con más frecuencia traducida como “gracia” en la famosa frase “Si he hallado gracia a tus ojos”:

“Si he hallado gracia a tus ojos” (Bereshit 30:27)

“Si he hallado gracia ante tus ojos” (Shemot 33:13)

En los dos ejemplos que hemos expuesto podemos ver un factor común, ambos buscan el favor del otro. Labán buscaba el favor de Jacob y Moshé buscaba el favor del Eterno. Esta podría ser la definición etimológica de la palabra hebrea “Jen” o de la palabra griega “Járis”. Esta definición tiene una figura que se expresa y ejemplifica, y esto es cuando un rey extiende el cetro y  hallamos gracia o favor delante de sus ojos, y concede nuestra petición; por ejemplo, cuando Ester encontró gracia delante del rey y este le extendió el cetro: “Y cuando el rey vio a la reina Ester de pie en el atrio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió hacia Ester el cetro de oro que estaba en su mano…  el rey le dijo: ¿Qué te preocupa, reina Ester? ¿Y cuál es tu petición?” (Ester 5:2-3 LBLA; ver también Nehemías 2:5-9)

Entonces la gracia expresa el concepto de la bondad o el favor dado a alguien, por ende, la gracia es el favor que encontramos o recibimos, y este favor puede ser dado por una persona o por el Dios de los cielos. Con este concepto en mente podemos entender lo dicho por Rabí Shaúl: “Por gracia sois salvos” (Efesios 2:8).

Entonces la gracia es el favor que encontramos delante del rey del universo el cual nos perdona, nos acepta, nos da vida y nos salva de la ira venidera (Romanos 5:10). La Torá dice que Noaj halló gracia delante del Eterno y en la porción de esta semana vemos como él y su familia fueron salvos del castigo que el Eterno envió a todo el mundo, y solamente él y su familia hallaron gracia delante de Dios y fueron salvas del juicio que se derramó sobre toda la creación; todo ser el cual había aliento de vida pereció, porque la tierra se había contaminado y el castigo fue derramado.


“Estas son las generaciones de Noé. Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios. Y Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.” (Bereshit 6:9-13 LBLA)

Como cuestionamos al principio del estudio ¿Quién es Noaj? La Torá lo presenta con los elogios más grandes, los rabinos notan que es uno de los pocos personajes a los cuales las Escrituras dan tantos halagos, como lo menciona el inicio de nuestra Parashá: Noaj ish tsadik tamim (Noaj varón justo y perfecto). La Torá hace un recuento de las generaciones desde Adam hasta Noaj, las cuales fueron diez. Este varón llamado Noaj, es catalogado por la Torá misma como “Justo y perfecto”, el cual, por causa de esta rectitud, fue salvo en medio de su generación perversa. El Eterno decide borrar de la faz de la tierra a esta generación, por medio del diluvio, pero Noaj halló gracia delante de Él y Noaj y su familia son salvos del juicio.

La historia de Noaj es bien conocida, pero aun así Noaj es una personalidad difícil de comprender.  ¿Cuál fue la naturaleza de la rectitud de Noaj?  La descripción de Noaj como un hombre recto e íntegro en su generación, ha suscitado muchos comentarios. ¿Por qué la limitación “en su generación”? esta “limitación” ha hecho que los sabios (jajamim) adopten dos posturas con respecto a la justicia de Noaj. Para algunos rabinos esto significa que Noaj únicamente era justo en comparación con su generación (en otras palabras, en otra generación más justa, Noaj no hubiera sido tan elogiado), para otros rabinos, esta frase significa que Noaj era justo a pesar de la generación, esto es, que en otra generación hubiese sido incluso más justo.

Veamos los comentarios de los rabinos:

Comentarios que consideran a Noaj siendo justo a pesar de su generación:

  • “Noaj era un hombre extraordinario, un tsadik (justo) cuya rectitud sostenía al mundo entero. Tres tsadikim (justos) constituían la formación del mundo entero: Adam, Noaj y Abraham.” (Midrash shojer tov 34:1)
  • “Estas son las generaciones de Noaj: Noaj fue un hombre justo, y perfecto en su generación.  Yohanán dijo: En su generación, pero no en otra generación.  Resh Lakish sostenía: (Aún) en su generación – cuánto más en otra generación.” (Talmud babli Sanedrín 108a)
  • “A Noaj es posible aplicarle el texto (Tehilim [Salmos] 1:1) “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, no se detuvo en camino de pecadores, ni se ha sentado en silla de escarnecedores”.  A pesar de la permisividad prevaleciente en el comportamiento ético y moral, sus propios antecedentes eran impecables. No se permitía a sí mismo ser influenciado por sus pares. Se sometió a la humillación de parecer como ridículo ante las tres generaciones en las que vivió- la Generación de Enoc, la Generación del Diluvio y la Generación de la Dispersión- y se mantuvo inmutable en su servicio a Hashem. El respetó fielmente las seis mitzvot que Hashem le ordenó a Adam.” (Midrash Bereshit Raba 26:1)

Comentarios que consideran a Noaj siendo justo solo comparado con su generación:

  • “¿Qué es lo que Dios le contestó a Noaj cuando él dejó el arca y vio el mundo destruido?  Él (Noaj) comenzó a llorar ante Dios y dijo: “Señor del universo, Tu eres llamado misericordioso. Tu tendrías que haber sido misericordioso con Tu creación”.  Dios le respondió diciendo: “Tu eres un pastor tonto.  Ahora dices eso.  ¿Por qué no has dicho esto en el momento que Yo te dije que veía que eras recto en tu generación, o luego cuando Yo dije que traería un diluvio sobre las personas, o luego cuando ordené construir un arca? Permanentemente iba demorándome y dije: ¿Cuándo es que él (Noaj) pedirá misericordia para el mundo? ¿Y ahora que el mundo está destruido, tu abres la boca para llorar frente a Mí y suplicarme?”” (Zohar Hashmatot, edición Margaliot Bereshit 254b)
  • “La Torá describe a Noaj como un tsadik, (5:9) “perfecto en su generación”. ¿Qué nos sugiere este último agregado? Nos enseña que Noaj era justo únicamente en relación con los de su generación. Si hubiese vivido en los tiempos de Moshé o de Samuel no habría sido considerado virtuoso. “En el país de los ciegos el tuerto es rey”.  Un hombre tenía una bodega de vinos. Un día bajó hacia allí para llevarse un poco de vino y descubrió que su vino se había transformado en vinagre. Caramba- murmuró mientras abría un barril tras otro y los encontraba ácidos. – Se echó todo a perder. Al final descubrió un barril que estaba sólo medio ácido. Este está sensacional- exclamó – comparando con el resto, podía considerárselo bueno. De la misma forma, Noaj es llamado tsadik comparado con su generación perversa.” (Midrash Bereshit Raba 30:10)

Estas son los diferentes comentarios que los rabinos dan sobre Noaj. El Eterno a través del profeta Ezequiel lista a Noaj como un hombre muy justo, junto a Daniel y Job:

 “Y aunque estos tres hombres, Noé, Daniel y Job, estuvieran en medio de ese país, ellos, por su justicia, sólo se salvarían a sí mismos–declara el Señor DIOS.  Si yo hiciera pasar por la tierra fieras y ellas la despoblaran, y se volviera desolada sin que nadie pasara por ella a causa de las fieras, aunque estos tres hombres estuvieran en medio de ella, vivo yo–declara el Señor DIOS–, ni a sus hijos ni a sus hijas podrían salvar; sólo ellos se salvarían, pero el país quedaría desolado.” (Ezequiel 14:14-16 LBLA)

Esto nos da pie a concluir que no solamente en su generación Noaj era justo, sino que también en el tiempo de los profetas Daniel y Ezequiel (605-539 AEC Aprox.) Noaj hubiera seguido brillando como un hombre justo. Sin embargo, es bueno señalar que por su justicia no hubiera librado a su familia de haber vivido en la generación del exilio babilónico.

Los escritos apostólicos también nos señalan que Noaj pregonó sobre el juicio venidero, tal como está escrito:

“Tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, y trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos” 2ª Pedro 2:5 RV95)

Noaj anunció el juicio venidero a sus contemporáneos, sin embargo, por alguna razón careció de la influencia necesaria para hacer un impacto, además de esto, no vemos a Noaj intercediendo por su generación al estilo de Abraham y de Moisés. Noaj era un gran justo, pero por alguna razón le faltó liderazgo. Este nuevo nivel tendría que esperar a Abraham avinu.

Sería bueno que nos preguntáramos: ¿Qué estoy haciendo por mi generación, estoy anunciando las buenas nuevas de salvación o simplemente veo con tristeza y desdén como este mundo se va al precipicio de su concupiscencia?

Para finalizar es interesante ver que la palabra “teváh” es usada únicamente en dos ocasiones: en la narración del diluvio, cuando el Eterno ordena a Noaj construir el arca (Tevá o Teváh) y en Shemot 2:3 para designar la “cesta” (tevá) que la madre de Moshé utilizo para ponerlo en el rio y evitar que se hundiera en las aguas del Nilo. Si somos acuciosos notaremos que, en los dos casos, la tevá cumple la misma función: En el primero, salva de la muerte a Noaj y a su familia de una muerte segura bajo las aguas del diluvio; y, en el segundo, salva al que sería el redentor del pueblo de Israel.

El término hebreo que se ha traducido como: arca (Bereshit 6:14) y cesta o canasta (Shemot 2:3) es la palabra: tevá o teváh. Tevá también puede ser traducido también como: “palabra”. Esto nos puede enseñar que para la salvación del mundo en el tiempo de Noaj se necesitó una “tevá”; en los tiempos de la opresión de Egipto se necesitó otra “tevá” para salvar al redentor del pueblo de Israel. En nuestros tiempos también necesitamos de la “Tevá” la palabra de Dios que se hizo hombre, nuestro Santo Maestro Yeshúa en quien tenemos redención, perdón de pecados y salvación.

Yeshúa es la palabra de Dios (“Logos” en griego; “Dabar” en hebreo; y “Memra” en arameo), las Escrituras lo llaman así: La Palabra.  Por Ejemplo, Juan lo llama: La palabra de Vida (1 Juan 1:1). Solo en Yeshúa podemos encontrar vida, por nuestra fe puesta en su sacrificio nosotros pasamos de muerte a vida; pasamos de estar muertos en delitos y pecados a ser limpios por la sangre de Yeshúa (1 Juan 1:7).

Así está escrito, no podemos tener salvación en ningún otro nombre, solamente en “La Memra Hashem” (la palabra de Dios) que se manifestó para que seamos salvos de la ira venidera, como bien lo dijo Pedro: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.”  (Hechos 4:12)

Nuestra fe y esperanza va más allá de nuestra salvación personal, también en el tiempo futuro Yeshúa vendrá con poder y gloria y vencerá al reinado del mal y su manifestación será gloriosa; cuando de inicio a la redención final, como lo describen las Escrituras:

“Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco.  El que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, en su cabeza tenía muchas diademas y tenía escrito un nombre que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, lo seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro. Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:11-16 RV95, énfasis añadido)

Esta es nuestra fe y en Él esperamos, en la Palabra de Dios que vino y vendrá a reclamar el trono de David y reinará durante mil años, sobre todas las naciones. Esta es nuestra fe y nuestra esperanza y esta esperanza no avergüenza. Amén

Bajo las alas del Dios de Israel

Francisco Hidalgo

 

12 Oct, 2020

Parasha Bereshit

Bereshit (Génesis) 1:1-6:8

Probablemente corrían los años 168 – 167 AEC cuando el tirano Antíoco Epífanes IV llegó a Jerusalén con el propósito de erradicar la fe una vez dada a los santos. Tenía como menester que los hijos de Israel apostataran de fe, abandonaran las buenas leyes que habían guardado durante toda su vida como nación libre; su misión principal era erradicar el Judaísmo desde sus cimientos, e imponer un nuevo sistema filosófico-religioso: el helenismo.

Dentro de las costumbres a erradicar estaban: el Shabat, la circuncisión, la luna nueva, etc. La Torá estaba en riesgo. A pesar de que había grupos que habían aceptado la cultura helénica, también es cierto que había personas piadosas y celosas por la Torá y por el verdadero culto al Dios Israel. Esto daría como resultado el levantamiento de los Macabeos. Un sacerdote judío rural, llamado Matatías, encendió la chispa contra el Imperio seléucida al rechazar la adoración de los dioses griegos. Después de su muerte lo sucedió su hijo Judas “el Macabeo” quien finalmente llevó a Israel a una de las victorias más icónicas de la historia del pueblo judío. Victoria que se conmemora hasta el día de hoy en la fiesta de Janucá.

Pero antes del grito de victoria ocurrieron grandes atropellos en la dignidad y la fe de muchos judíos que se negaban a aceptar la adoración pagana y la erradicación de la fe judía. Pero hay un relato en particular que nos ayudara a entender una de las doctrinas fundamentales de nuestra fe. Nos referimos al relato de los siete hermanos y su madre.

El rey Antíoco IV quería obligar a fuerza de látigo y castigos atroces,  que el pueblo apostatara de su fe y comieran carne de cerdo, pero todos se negaron, mientras esto sucedía la madre dijo a uno de sus hijos menores una verdad fundamental, de las Escrituras, y de la cosmovisión judeo-cristiana, y esto fue lo que ella dijo: “Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra, que veas todo lo que hay en ellos y entiendas que de la nada Dios lo hizo todo; y que de la misma manera creó el género humano.” (II Macabeos 7:28)

Esta es una de las doctrinas fundamentales de nuestra fe: Dios creó todo lo que nosotros vemos y lo que nuestros sentidos perciben, e incluso los ámbitos espirituales que no podemos ver; fueron creados por su gran sabiduría e infinito poder. Esta verdad fundamental lo encontramos en el primer versículo de la Torá y es con esta afirmación que damos inicio al estudio de la Torá.


“Bereshit bará Elohim et hashamáyim ve’et ha’árets.”

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Bereshit 1:1)

La Torá comienza declarando que en el principio el Eterno creó los cielos y la tierra de la nada (creatio ex nihilo). Dios crea al mundo a partir de la nada. Esto quiere decir que antes de la creación no había ni materia ni tiempo. Únicamente existía Dios. Al crear el mundo, Dios, crea también el espacio y el tiempo. Las ideas eternas existentes en Dios constituyen los factores que constituyen el mundo y son la materia, el tiempo y la forma. A partir de sus propias ideas, Dios, creó una parte de los seres ya en su forma perfecta e inmutable (esto es que no pueden cambiar la forma como fueron creadas, por ejemplo: los ángeles.). Otra parte de las criaturas está sujeta al cambio como, por ejemplo, sucede con el cuerpo de los seres vivos (los animales y nosotros podemos cambiar dependiendo el lugar en donde vivamos o nos múdenos a otro tipo de clima, ambiente, etc. Lo que se conoce como: adaptación y/o micro evolución).

A la acción de Dios creando todo lo que existe a partir de a nada se le da el nombre de: Creatio ex nihilo es una locución latina que significa: creación de la nada. Esta expresión se usa en oposición a creatio ex materia, que significa: creación a partir de materia preexistente, una expresión de pensamiento que enseñaba que el mundo fue creado por uno o varios dioses a partir de materia preexistente. Y es claro que la Palabra de Dios no enseña esto. Dios no creó el universo a partir de materia preexistente.

Dios creó todo a partir de la nada. En el principio Dios y sólo Dios creó todo el universo. Como lo encontramos a lo largo y ancho de la revelación de Dios al hombre, esto es: La Biblia.  En donde se declara que por su palabra fue creado todo:

  • “Por la palabra del Eterno fueron hechos los cielos… porque él dijo, y fue hecho; él mandó,  y existió.”(Salmo 33:6,9)
  • “En el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos y también la tierra” (2 Pedro 3:5 RV95)

Todas las Escrituras declaran que el Eterno hizo los cielos y la tierra, pero como dijimos al inicio, la grandeza de nuestro Dios es, que Él hizo todo, creó todo de la nada. Antes de la creación no había materia, no había nada; tan es así, que no había ni tiempo. Solo eternidad. “Al principio solo había Dios, y ninguna otra cosa, ni ángeles, ni esferas, ni las cosas en ellas contenidas. El produjo todo de la nada, tal como ahora es, por su voluntad y deseo. Hasta el tiempo se cuenta entre las cosas creadas” (1)

La palabra que se utiliza la mayoría de las veces para expresar la acción creativa del Eterno es el hebreo “Bara”. La mayoría de las ocasiones se usa para describir la acción de Dios trayendo a existencia una o mas cosas. Es bueno aclarar que la palabra en si misma, no implica necesariamente, creatio ex nihilo (por ejemplo es usada en la creación del hombre, quien fue creado a partir de materia preexistente, esto es, el polvo) sino que puede significar creación a partir de componentes previamente creados por El Eterno. Otras palabras en hebreo son usadas para describir el accionar del Eterno y es el contexto el que nos informa si estamos delante de una creación de la nada, o Dios utiliza componentes previamente creados por Él. La doctrina de la creatio ex nihilo no significa que todo fue creado por El Eterno a partir de la nada, sino que enseña que:

  • El Eterno existía antes de cualquier cosa creada y no había una materia co-existente con Él.
  • El Eterno no creó el mundo tomando una porción de si mismo.
  • El Eterno creó los componentes primordiales de los cielos y la tierra (átomos, materia, espacio, etc) partir de la nada, por medio de su gran poder. Luego, Él creó más cosas a partir de esto.

¿Qué significa que El Eterno creó algo a partir de la nada? ¿Qué queremos decir con esto? Aquí el gran comentarista, Ph.D Norman Geisler lo expresado magistralmente:

“Entonces hubo un tiempo en que el  universo no existía y luego existió, después de que Dios lo creara. Esto es lo que significa la creación “de la nada” (en latín, ex nihilo). No significa que Dios tomara un «puñado de nada» e hiciera algo, como si la «nada» fuera algo a partir de lo que se pudiera hacer el mundo. Lo único que había era Dios y nada más. Dios hizo que existiera algo que hasta ese momento no había existido… El mundo provino de Dios pero no es de Dios. Él fue su causa pero no su sustancia. Dio origen a la existencia del mundo, por él, pero no está hecho con partes de él, no es de él en ese sentido. Sin embargo, si el mundo no fue creado a partir de Dios (ex Deo) ni a partir de ninguna otra cosa (ex materia) co-existente con él, el mundo debió haber sido creado de la nada (ex nihilo). No hay otra alternativa. Dios creó una cosa que antes de que la creara no existía, ni en él ni en ninguna otra parte.”  (2)

Y con esta luz podemos entender mejor la Escritura cunado dice: “Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Hebreos 11:3 RV95)

En segundo lugar veremos que Dios no solamente creó todo, sino que también sostiene a todo lo creado, por medio de aquel que es el propósito de la creación. Así que, no tan solo el mundo fue creado por la palabra, sino que se sostiene por la palabra.

Todo el universo fue creado por el Eterno, y nada de todo lo que hay en él puede subsistir sin su cuidado y sustento. Esto es como una máquina que alguien crea, sino le da mantenimiento esta se arruina y se vuelve inútil. El Eterno cuida a toda la creación e interviene en ella. Es decir, Él está constantemente involucrado en sostener lo que ha creado.

Nuestra visión como Teístas Bíblicos (esto es creemos en un Dios, uno y único, el Dios de la Biblia)  discrepa con la cosmovisión Deísta. A pesar que ellos también creen en Dios, su manera de ver a Dios es diferente. El deísmo es una corriente de la filosofía que admite, mediante el raciocinio y la experiencia, la existencia de Dios como creador del universo. La doctrina, sin embargo, no acepta otros elementos característicos de las religiones en su relación con la divinidad.

Para los deístas, no existen los milagros. El deísmo reconoce que Dios ha creado el universo aunque no cree en su intervención posterior para orquestar su destino. En general el deísmo acepta que hay un Dios creador, pero que abandono a su creación; ya que no interviene en ella. La creó y la abandonó.

Nosotros como Teístas Bíblicos creemos que el Eterno creó el universo, interviene en su creación (a través de milagros y otras manifestaciones espirituales) y que sostiene todo lo creado. Nada en el universo existe independientemente de Dios. Él creó todo lo que fue creado y lo sostiene para que el universo se mantenga y sostenga en un equilibrio perfecto y armonioso. Como lo comenta Ramjal:

    “Es sabido y evidente, que todo lo que existe, tanto lo superior como lo inferior, fue creado pues la Divina Inteligencia lo consideró necesario y útil para el propósito de la creación. Asimismo, las leyes naturales como las propiedades que rigen todo lo creado fueron instituidas de acuerdo a lo que la Divina Sabiduría decretó, en función de lo apropiado para cada elemento de la creación. Y la misma razón que impulsó su creación determina que continúen existiendo en tanto produzcan un beneficio a la existencia en general, como lo citamos. Por ello, Dios Todopoderoso, Creador de todo lo existente, continúa supervisando a sus criaturas y manteniéndolas en el estado deseado por El.” (3)

Este mismo pensamiento encontramos en varios lugares de los Escritos Apostólicos, en donde encontramos dos verdades fundamentales, a saber. 1) Todo fue creado por Dios por causa del Mesías; y 2) todo es sostenido por él. Estos conceptos lo encontramos en los escritos de un Rabino del primer siglo, quien dice del Mesías:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles: tronos, dominios, principados, potestades; todo fue creado por Él y para Él, y Él es antes de todas las cosas, y todo subsiste en Él” (Colosenses 1:15-18 BTX )

Esta manera de pensar es parte de la cosmovisión de los sabios de Israel. En sus escritos podemos ver como ellos afirman que el mundo fue creado para el Mesías, tal como lo encontramos en el Talmud: “Rabí Yojanán dijo: El mundo fue creado por causa del Mesías, ¿cuál es el nombre de este Mesías? La escuela de Rabí Shila dijo, “su nombre es Shiloh, porque está escrito, hasta que venga Siloh. (Génesis 49:10)” (4)

Hablar, escribir y predicar de la creación, de los inicios de todo es algo apasionante y que nos puede llevar a descubrir cientos de comentarios, explicaciones y conclusiones de los orígenes del universo, del creador de los cielos y la tierra. Y a la vez nos puede llevar a la conclusión que delante de su sabiduría y poder es poco lo que conocemos de Él. Es necesario pedir humildad para que nuestras mentes no se envanezcan y pretendiendo ser sabios nos hagamos necios (Romanos 1:22) y también sabiduría para comprender todos sus misterios y propósitos como lo está escrito en el libro de Sabiduría:

“Dios de mis antepasados, Señor misericordioso, que por tu palabra has hecho todas las cosas, que con tu sabiduría has formado al hombre para que domine sobre toda tu creación, para que gobierne el mundo con santidad y rectitud y administre justicia con recto corazón: dame la sabiduría, que reina junto a ti, y no me excluyas del número de tus hijos, porque soy tu siervo, hijo de tu sierva, hombre débil, de breve existencia, incapaz de entender la justicia y las leyes.” (Sabiduría 9:1-5 DHH)

Notas:
    1.Maimónides, Guia de los descarriados, Libro 2, capitulo XIII   
    2.Ravi Zacharias, Norman Geisler, ¿Quién creo a Dios?, Pág. 28-29
    3.Rabí Moshé Jaim Luzzatto, Derej Hashem, sección 2, capitulo 1
    4.Sanedrín 98b

Bajo las alas del Dios de Israel

Francisco Hidalgo

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