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13 May, 2020

Parasha Behar

Levítico 25:1-26:2

Haftara: Jeremías 32:6-27

Shemitá y Yovel: Reposo, libertad y restauración

¿Quién no ha oído la frase “Año sabático”? “Necesito un año sabático” decimos algunos, aludiendo a necesitar un descanso largo para restablecer plenamente todas nuestras fuerzas. Esta noción de un descanso largo, completo, duradero está basado en la parashá de esta semana, en donde vemos los dos años más importantes de la nación de Israel: El año de Shemitá y el año de Yovel (Jubileo).

La parashá de esta semana, únicamente consiste de 57 versos y su tema más relevante es el descanso de la tierra en un ciclo de 7 años, y el año de jubileo, donde habría proclamación de libertad a personas sometidas a servidumbre, recuperación de tierras de patrimonio ancestral y descanso. El año de Shemitá y el año de Yovel, son dos aspectos de mucho interés en la Torá. Pretendemos en este breve comentario, abordar los aspectos más básicos de ellos y su mensaje para nuestras vidas.

La Torá introduce estos años diciendo:

“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para El Eterno. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para El Eterno; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer. Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años. Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra. Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.” (Levítico 25:2-10)

La Torá nos habla de dos años importantísimos para el pueblo judío: El año conocido como “Shemitá”, el cual es de reposo para la tierra donde no se siembra ni se siega, y el año de Yovel. El año de Yovel consiste en libertad a personas que habían caído en servidumbre, la recuperación de casas o terrenos que alguien había vendido por una situación adversa, todo esto, agregado al reposo de  la tierra. Estas leyes deberían de ser observadas dentro de la tierra de Israel únicamente y por eso la Torá declara al introducir estas leyes:

“Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy” (25:2)

Desde un punto de visto agrario, la Torá procuraba tener normas de equidad entre los hijos de Israel, no fomentando la esclavitud perpetua sino reduciéndola a siete años (Exodo 21:1-2). Si había un año de Jubileo dentro de esos siete años, el que se había vendido como esclavo, salía libre. Además intentaba una norma de balance social y económico en la sociedad, al permitir a personas que vendían sus propiedades por motivos adversos, recuperarlas. En una sociedad agrícola, nadie vendería su heredad, salvo por causas de emergencia y de adversidad; en este aspecto, la Torá permitía tiempos para redimir la heredad, y de no darse, salía en el jubileo y retornaba a su dueño original, tal como está escrito:

“Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión otorgaréis rescate a la tierra. Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido. Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y consiguiere lo suficiente para el rescate, entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión. Mas si no consiguiere lo suficiente para que se la devuelvan, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo; y al jubileo saldrá, y él volverá a su posesión.” (Levítico 25:24-28)

La justica, benevolencia, equidad, bondad son reflejadas en estas leyes como en pocos lugares al mismo tiempo. Además de ello, algo más era requerido de la nación para poder vivir en semejantes estándares de observancia y bendición: Total fe y confianza en El Eterno.

Se necesitaba tener total confianza en El Eterno para poder dejar de hacer trabajos agrícolas todo un año con la plena certeza que El Eterno bendeciría a la nación. Si Israel vivía en estos estándares de santidad, la tierra sería lo más cercano a un paraíso edénico.

Toda la evidencia señala que los años de Shemitá y Yovel no fueron observados en su gran mayoría, incluso se nos afirma en el libro de Crónicas, que en gran medida el exilio babilónico vino por la falta de observancia de estos años y la terrible injusticia que imperó en la antigüedad, tal como está escrito:

“Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia; y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los Persas; Para que se cumpliese la palabra de El Eterno por la boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.” (2 Crónicas 36:20-21)

Para El Eterno estos años eran de suma importancia, pues le permitían glorificar su nombre en Israel, dando provisión en abundancia, al ver que la nación cumplía con sus obligaciones de pacto y nación sacerdotal. Lastimosamente, las leyes no fueron observadas.

Los años de Shemitá y de Yovel aluden a la era mesiánica de igual manera que el Shabbat Semanal. Como el talmud nos dice: “El shabbat es una sexagésima parte del mundo por venir” (Berajot 57b). El Shabbat semanal, con su reposo, dedicación al estudio de la Torá, alabanza a Dios y sentido de paz es una sombra del milenio, la era mesiánica, el reino de los cielos.

De igual manera, el año de Shemitá presagia al reino mesiánico: Tal como en el año de Shemitá, la tierra misma daba a comer a todos, en la era mesiánica, gran prosperidad de la tierra habrá para saciar el hambre de todos, tal como se dice:

“En aquel día, dice El Señor de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera.” (Zacarías 3:10).

La tierra volverá al estado optimo y no se necesitarán grandes trabajos para hacerla producir; en un sentido “lo que nazca de si”, nos alimentará a todos ¡Qué gran bendición ha preparado El Eterno en su reino! ¡Cuán agradecidos y ansiosos debemos estar para alcanzar los días del Mesías y la renovación de la tierra!

Como podemos ver, cada “Shabbat” señala un aspecto de la era mesiánica y añade más información a esos días tan gloriosos que todo creyente debe añorar diciendo: “¡Venga tu reino!”. Debe de ser nuestro ardiente deseo, poder adelantar el establecimiento de su reino, haciendo buenas acciones, llevando las buenas nuevas de redención del Eterno en Yeshúa y amando verdaderamente al Eterno y nuestro prójimo.

El año de Jubileo también retiene otro aspecto de la era Mesiánica: En la era mesiánica, la servidumbre de Israel y el dominio de los pueblos gentiles terminará. Israel será nuevamente una nación soberana con la teocracia más justa que se haya visto sobre la tierra. El Rey Mesías gobernará con equidad, justicia y bondad a todas las naciones desde Jerusalén. Jerusalén y el templo se convertirán en el anhelo de todas las naciones para aprender los caminos del Dios de Israel, tal como se nos dice:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de El Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de El Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la Torá, y de Jerusalén la palabra de El Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.”(Isaías 2:2-4)

“Yo publicaré el decreto; El Eterno me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra.” (Salmo 2:7-8).

Además de esto, el pueblo judío como un todo, volverá a su tierra ancestral, de la misma manera que la persona que vendía su propiedad, volvía en el año de Jubileo, tal como se nos dice:

“Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.” (Isaías 11:12)

“No obstante, he aquí vienen días, dice El Eterno, en que no se dirá más: Vive El Eterno, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino: Vive El Eterno, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.” (Jeremías 16:14-15)

“Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios. Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre. Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones.” (Ezequiel 36:28-30).

La era mesiánica será el periodo de tiempo más glorioso de todos, el rey Mesías enseñará la palabra del Eterno a Israel, y este al mundo entero, la paz perdurará, habrá prosperidad de la tierra y una profunda santidad, justicia y equidad.

¡Quiera El Eterno que añoremos ese tiempo y lo haga venir prontamente y en nuestros días!

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

06 Dic, 2019

Parasha Vayetze 5780

Parashá Vaietzé (Bereshit 28:10-32:2)

Najmánides cita un dicho muy conocido: “Los eventos de los ancestros son una señal para sus descendientes”. (1) y en el caso particular de los patriarcas este adagio se cumple en una buena parte. Por ejemplo y lo más resaltable en el caso de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob es que salieron de sus “zonas de confort” los tres tuvieron que abandonar sus tierras o alejarse un poco del centro geográfico donde habían asentado, los tres recibieron promesas de bendición, y los tres tuvieron que luchar con la esterilidad de sus mujeres; y así podemos seguir enumerando eventos que se cumplieron en cada de los patriarcas, a saber: 

  • Abraham salió de su tierra natal, y luego tuvo que salir de la tierra de Canaán y cuando estaba en Canaán hubo hambre y descendió a Egipto (Bereshit 12:10)
  • Isaac: en su caso también hubo hambre en la tierra, la Torá narra que la hambruna fue similar a la de los días de Abraham, solo que, a diferencia del primero, el Eterno no permitió que Isaac descendiera a Egipto, sino que se quedó en Gerar (Ibid. 22:1-2)
  • Jacob: de igual manera tiene que huir de su tierra, en su caso no por el hambre o escasez, sino porque su hermano Esaú lo quiere matar. Su madre Rebeca le aconseja que se vaya a la tierra de sus parientes en Harán (Ibid. 27:43).

    A demás de abandonar la tierra en donde se habían asentado, también recibieron una promesa de bendición y ser de bendición, y esto se cumpliría en una gran descendencia que será bendición a las familias de la tierra:

  • La promesa de Abraham: “Te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar… Y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Bereshit 22:17-18 LBLA)
  • La promesa que recibió Isaac: “Te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras… Y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Ibíd. 26:3-4)
  • La promesa que recibió Jacob: “Yo soy el SEÑOR, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. También tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra.” (Ibíd. 28:13-14)

    Las esposas de los tres patriarcas tuvieron que lidiar con el mismo problema de esterilidad, tanto Sara, Rebeca y Raquel tuvieron que esperar que un milagro abriera sus vientres y concebir de una manera milagrosa. Y eso ha llevado a los sabios a preguntarse: ¿Por qué las matriarcas eran estériles? Porque Dios desea sus plegarias y anhela sus pedidos… Dios dijo: Son hermosas, son ricas; si tienen hijos, ¿cuándo escucharé sobre ellas? (2)

  • Abraham y Sara tuvieron que esperar mucho tiempo, desde la promesa hasta su cumplimiento fueron 25 años.
  • Isaac y Rebeca esperaron 20 años, para poder ver a sus hijos nacer: Jacob y Esaú.
  • Jacob y Raquel no sabemos cuánto tiempo pasó para poder ver el fruto de su amor y el cumplimiento de la promesa de una descendencia.

Y es precisamente aquí donde comienza el estudio de esta semana, el inicio de la vida de Jacob, que huye de su hermano y guiado por la mano de Dios llega a Harán y allí comenzaría su historia: De fugitivo e indefenso, se convierte en un hombre poderoso. Y la Torá comienza su narración de la siguiente manera:

“Y salió Jacob de Beerseba, y fue para Harán. Y llegó a cierto lugar y pasó la noche allí, porque el sol se había puesto; tomó una de las piedras del lugar, la puso de cabecera y se acostó en aquel lugar. Y tuvo un sueño, y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.” (Bereshit 28:10-12 LBLA)

    El patriarca Jacob tuvo un sueño que le impactó bastante, cuando en la biblia hay un sueño y una persona que lo interprete, las Escrituras nos revelan el significado del sueño, pero cuando no hay profeta y la Escritura guarda silencio, entonces nos da libertad de interpretar los sueños, tal es el caso de los sueños de Jacob. La Torá narra el sueño de Jacob en el cual vio: “una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios subían y bajaban por ella” 

    Muchas son las interpretaciones que se han dado a este sueño, y a continuación citaremos algunas:

  1. Los cuatro exilios: “ahora, ¡sube tú también a la escalera!” Pero Jacob repentinamente tuvo temor. “Quizás,” él dijo, “del mismo modo como estos ángeles descienden después de haber subido la escalera, también, Dios no lo quiera, tendré yo que descender si la subo.” Entonces Dios lo tranquilizó y le dijo: “no tengas miedo, porque si subes la escalera nunca descenderás de ella.” Pero esto no fue suficiente para tranquilizar a Jacob, y en algún punto profundo de su personalidad no se apoyó por completo en la promesa divina y él no subió… Así estudiamos que el versículo: “Sin embargo, pecaron nuevamente y no creyeron en las maravillas de Dios” (Salmo 78:32) se refiere a nuestro antepasado Jacob, que no subió a la escalera. Por este motivo, el Creador le amonestó y le dijo: “Puesto que no has tenido fe en Mí, tus hijos tendrán que experimentar cuatro exilios en este mundo, durante los cuales estarán sometidos al capricho de las naciones…” (3).
  2. Maimónides cita un pasaje del Midrash Tanhumá, según el cual la escalera constaba de cuatro peldaños, correspondientes a los cuatro espíritus que salen de delante de Dios para que hayan ciertos cambios en la creación: ¿Cuántos peldaños había en la escalera de Jacob? Cuatro. Al describir Zacarías la visión alegórica de los “cuatro carros que salían de entre las dos montañas, que eran montañas de bronce”, explica: son los cuatro espíritus de los cielos que salen de donde están, delante del Señor de toda la tierra. (Zacarías 6:5). (4)
  3. Matán Torá: La escalera simboliza Har Sinai, con llamas que alcanzaban el cielo y presagiaba que sus descendientes permanecerían al pie de este para recibir la Torá. En esta visión, los ángeles representaban a Moshé y a Aarón quienes ascenderían al Har Sinai, Aarón permanecería en la montaña y Moshé ascendería al cielo para recibir las Lujot (Tablas de la Ley) de Hashem. (6)
  4. La escalera representa a las oraciones: la escalera que vio en sueños representa la ascensión de la oración hacia las esferas celestiales. Los ángeles se elevan, desde la tierra, y llevan las súplicas de los hombres hasta el trono de Dios; luego vuelven a bajar hacia ellos, cargados de bendiciones celestiales. (7)

Esta última postura es muy interesante ya que los rabinos encuentran una alusión en la palabra que la torá usa al describir el encuentro de Jacob con el lugar. La palabra “Vayifgá” (se encontró) es la utilizada por la torá al decir que Jacob se encontró o se topó con el lugar. La misma palabra se utiliza en Jeremías en el contexto de la oración. Jeremías 7:16 dice: “No insistas en tus oraciones (Vayifgá) cerca de mí.” De lo cual los sabios entienden y deducen, por similitud de expresiones, que Jacob oró en aquel lugar.

    Con este entendimiento podríamos traducir el verso de la siguiente manera: Cuando se encontró o cuando llego (Vayifgá) a cierto lugar (Bamakon). Jacob se acercó a Dios o se encontró con Dios. Uno de los nombres de Dios es: Makon (Lugar). Con este entender, los sabios de Israel extraen la tradición que fue Jacob quien instituyó la oración de la noche: Arvìt. Según la tradición recogida por el Talmud (8), el oficio de la mañana fue instituido por Abraham, el de la tarde por Isaac y el del anochecer por Jacob.

    En conclusión, creo que el sueño de Jacob, en realidad idealiza y a manera de parábola nos hace entender que su sueño era el resultado de la oración, la cual sube como el incienso de la tarde, como lo dijera el salmista (Salmo 141:2). Todas nuestras oraciones y suplicas suben delante del Eterno y son como incienso y no solamente lo dice el salmista, sino que también los Escritos Apostólicos comparan las oraciones de los santos con el incienso, y nos da un detalle adicional que puede unir lo que hemos dicho hasta aquí:

“Otro ángel vino y se paró ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para que lo añadiera a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió ante Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.” (Apocalipsis 8:3-4 LBLA)

    Que el Eterno nos conceda la gracia suficiente para que nuestras oraciones sean llevadas por los ángeles a los más altos cielos y que de allá nos envíen la respuesta y el cumplimiento.

    Notas:

  1. AishLatino.com
  2. Midrash Bereshit Rabá 45:4
  3. Midrash Vayikra Raba 29:2
  4. Maimónides, Guía de los descarriados II, X
  5. Midrash Bereshit Rabá 68:16
  6. Rab Elí Munk, Comentario a la Parashá Vaietze
  7. Berajot 26b
  8. HaMakom: es una manera tradicional para referirse a Dios, pues Él es el Makom (Lugar) del universo, pero el universo no tiene lugar para contenerlo (Midrash Tehilim 90) Como expresaría el sabio Salomón: “Pero, ¿morará verdaderamente Dios sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo he edificado.” (1 Reyes 8:27)

Bajo las alas del Dios de Israel

                                                Francisco Hidalgo

29 Nov, 2019

Parashá Toldot 5780

Bereshit 25:19-28:9

Esperar y tener paciencia se vuelven una virtud en un mundo tan instantáneo. En nuestros días y por la tecnología (para bien o para mal) la paciencia y la espera es casi un suplicio, todos queremos las cosas para “ayer”, nos resulta incómodo y tedioso tener que hacer un alto en el camino de nuestra cotidianidad que está envuelto entre trabajo, compromisos y demás cosas en las cuales nuestro día se esfuma en el tiempo.

Esto pareciera la hoja de vida de un mortal común, pero no es así, es a veces también nuestro sentir cuando clamamos, oramos y suplicamos un favor del cielo y este guarda silencio ante nuestras palabras que se elevan una y otra vez; y hasta parece que se ha convertido en nuestro monologo diario. Pero sabemos y esa es nuestra fe: ninguna de nuestras palabras queda sin respuesta. Toda oración que elevamos al cielo es oída y atendida por el Dios de los cielos.

El Eterno sabe lo que necesitamos y queremos antes de hablar ¿Por qué entonces tarda tanto la respuesta? Esta es una excelente pregunta que es muy probable que nosotros la hayamos formulado en más de alguna ocasión; la respuesta a veces satisface nuestras “demandas de fe” y en otras decimos lo mismo que dijo el salmista: “Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia” (Salmo 37:7 NVI)

Como dijimos al inicio la paciencia no es algo que está naturalmente en nuestro equipaje; pero esperar pacientemente en las promesas del Eterno es una virtud que afirma y sustenta nuestra fe. Abraham esperó veinticinco años para poder ver cumplida la promesa de un hijo, veinticinco años se dicen fáciles, pero no lo es; no es fácil esperar 25 años por el cumplimiento de una promesa. Y como si la historia se volviera a repetir, su hijo Isaac está en el mismo crisol; esperando año tras año para poder ver el fruto de su amor entre él y su amada Rivká (Rebeca) y el cumplimiento fiel de la promesa que fue dada a su padre: “Por mí mismo he jurado, declara el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos.” (Bereshit 22:16-17 LBLA)

La promesa de una descendencia era el ancla donde giraba la fe del patriarca, después de la Akedá, la promesa era más sólida y palpable, ahora había llegado el momento de conocer la transición entre Abraham y su hijo Isaac. Y es en esta porción de la Torá donde comienza la historia del heredero de la promesa.

“Estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac. Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, arameo de Padán-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac al SEÑOR en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó el SEÑOR, y Rebeca su mujer concibió.” (Bereshit 25:19-21 LBLA)

Para los que, por primera vez, quizás leen la historia de Isaac y Rebeca, la Torá nos sorprende con el texto con el cual iniciamos; parece que la Torá resume el tiempo en unas cuantas frases. El escritor sagrado dice que Isaac oró por su esposa, pues ella era estéril y Rebeca su mujer concibió. Si la Torá finalizara aquí, diríamos que la vida del heredero de la promesa fue “fácil”, no tuvo que esperar más de dos décadas para ver y palpar el cumplimiento de la promesa de Dios, no tuvo que lidiar con hambruna en la tierra, no tuvo que lidiar con hombres de desearan su mujer; y los “no tuvo” pueden seguir; sin embargo, Isaac tuvo que lidiar con todo esto y más.

Pero comencemos donde tenemos que poner el inicio de la historia del heredero de la promesa. Isaac, al parecer, no tenía muchas cosas de las cuales preocuparse; el patriarca poseía muchas cosas que, bajo la lógica del mundo, lograrían darle una vida fácil, por ejemplo:

  • Abraham dio todo, todas sus riquezas pasaron a manos de Isaac.
  • Cuando su madre murió, encontró consuelo en su esposa.
  • Al final de los días de su padre, hubo una “reconciliación” con su hermano Ismael.

Y así podemos seguir enumerando las cosas buenas que le pasaron a Isaac y casi podríamos concluir que era el hijo de una bendición y que nació en una cuna bendita y consecuentemente su vida no tendría ningún inconveniente. No tendría que luchar por nada en la vida pues ya lo tenía todo.  Pero de aquí en adelante Isaac nos ensañará que en la vida de un justo también hay tención, hay luchas; hay enemigos que vencer y sobre todo hay que saber esperar en las promesas del Eterno.

El texto que leemos al inicio de esta Parashá, nos puede llevar a pensar que Isaac oró hoy por su esposa que era estéril, y que un día después ella quedó embarazada y nueve meses después había un recién nacido en su cuna, en el cuarto que ellos habían preparado. Parece hasta una historia sacada de otro lugar y no de las Escrituras, pues si somos honestos con la Torá; el asunto no fue tan fácil. Leemos en el texto antes citado que Isaac oró, pero la pregunta inmediata seria ¿Cuánto tiempo oró? Y una segunda pregunta sería ¿Durante todo el tiempo que oró Isaac por su esposa que había en la mente de Rebeca? Y una última pregunta sería ¿Este tiempo de espera afectó la relación entre ellos y su fe en Dios?

La Torá nos responde la primera de las tres preguntas ¿Cuánto tiempo oró Isaac para que su esposa concibiera? La Tora comienza diciendo que Isaac tenía cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca (Bereshit 25:19) y más adelante las Escrituras nos dicen que cuando nacieron sus hijos Isaac tenía sesenta años (Ibid. 25:26). Esto nos lleva a la conclusión: Isaac oró veinte años por su mujer, y a los veinte años él recibió respuesta a su oración.

En primer lugar, la Torá nos dice que Isaac oró, la palabra que se ha traducido como oró, suplicó, o rogó en muchas versiones es la palabra hebrea: vayetar que viene de una raíz que significa abundancia, como lo menciona Rashí: El verbo “Atar” (implorar) implica insistencia y repetición del mismo acto (1); como también comenta Abarbanel: Quiere decir que oró insistentemente ante Dios, frente a su mujer, para poder tener hijos de ella y no de otra mujer. (2)

Quizás por esa razón es que cuando leemos en algunas versiones: Isaac oró, nuestra mente proyecta una imagen espontanea: Isaac oró y su esposa concibió, en cuestión de horas, a lo sumo días el Eterno ya había contestado; pero no fue así. Isaac imploró, suplicó, rogó, oró insistentemente al Eterno para que su esposa pudiera concebir. Fue una súplica insistente, un ruego constante lo que llevo a la respuesta Divina.

Yeshúa nos enseñó a orar siempre y a no desmayar, él contó la parábola de una viuda y un juez injusto. La viuda iba todos los días delante del juez a pedir justicia, y al ver la insistencia de la mujer el juez dijo: porque esta viuda me molesta, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia. Y esta fue la conclusión y aplicación que enseñó nuestro Santo Maestro de la parábola:

“Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.”  (Lucas 18:1-8 RV95)

La conclusión de este primer punto sería: podemos decir que nuestra oración debe ser insistente, de día y de noche; no desmayar. Tenemos a un Dios que se ha comprometido a cumplir nuestras peticiones (si estas tienen un fin santo, y un propósito que no está en contra de su voluntad), pero no debemos de sentir la oración como una carga, sino que debemos de orar con insistencia y con alegría a sabiendas que Él contestará nuestras peticiones, como bien nos enseñó nuestro Santo Maestro Yeshúa, cuando dijo:

“Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21:22 RV95)

En segundo lugar, debemos de orar, pero debemos de creer. No debemos de atar las bendiciones del cielo con frases como: “quizás”, “tal vez”, “algún día”. No debe de haber una contradicción entre lo que expreso con mi boca hacia el cielo; y lo que contesto con mis labios cuando me cuestiono o me cuestionan. Debemos de confiar en las promesas de Dios; Debemos de pedir creyendo que lo recibiremos, debemos de clamar con la seguridad que lo tendremos. Como lo dijera Jacobo el hermano de nuestro Santo Maestro:

“Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a una ola del mar, impelida y zarandeada por el viento.” (Santiago 1:6 BTX)

Isaac sabía que él tendría hijos, porque Dios ya había prometido que el destino de Abraham se cumpliría a través de la descendencia de Isaac (Bereshit 17:19); no obstante, le rogó a Dios que la bendición se hiciera realidad a través de la mujer tan meritoria que estaba parada frente a él. (3) Isaac sabía a perfección que él era el hijo de la promesa y que esa promesa implicaba entre muchas cosas una descendencia. Consecuentemente esa descendencia tenía que salir de su esposa Rebeca y de él, ellos tenían que ser los padres de aquella casta.

Es muy probable que después de la Akedá, cuando el ángel habla con Abraham, Isaac escuchara las palabras del mensajero Divino cuando dijo: “multiplicare tu descendencia como las estrellas de los cielos y como la arena del mar.” (Bereshit 22:17). Entonces Isaac no oraba por un hijo, sino para que su cumpliera la promesa de un hijo.

Esto nos puede llevar a concluir que Isaac no pedía solo por pedir, sino que él pedía para que se cumpliera la promesa que pesaba sobre sus hombros; esta promesa lo llevo a suplicar y rogar para que se cumpliera en él y en su esposa; para ver un linaje que siguiera la herencia de su padre Abraham; volcó toda su fe para creer a pesar de la esterilidad de su esposa. La fe lo llevó a ver más allá de lo que sus ojos y sus sentidos veían y percibían. Como está escrito: “andamos por fe y no por vista” (2 Corintios 5:7)

Esto es algo poderoso, nuestra fe en Dios debe de ser genuina y no actuar por lo que vemos sino por lo que creemos y muchas veces no obtenemos lo que pedimos porque no pedimos con fe. Y está escrito que sin fe es imposible a gradar a Dios (hebreos 11:6), pero no solamente debemos de creer en Dios, creer en su existencia, su realidad y de su poder creador; sino que también debemos de creer: Que recompensa a los que lo buscan (Ibid.)

Debemos de creer en sus promesas y sobre todo debemos de confiar plenamente que Él las cumplirá. Dios cumplirá cada una de las promesas que nos ha dicho, tal como está escrito: “porque todas las promesas de Dios son en él “sí”, y en él “Amén”, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (1 Corintios 1:20 RV95) En el Mesías todas las promesas de Dios son “Amén”, si Dios lo ha dicho se cumplirán en su tiempo, y su tiempo es perfecto y es por eso que el salmista escribió: “porque en tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15).

En tercer lugar, no solo basta con orar y esperar, hay que actuar. Las Escrituras no nos relatan lo que pasó durante los veinte años de espera, sabemos por lo que hemos dicho, que fueron veinte años de oración insistente y constante. Pero los sabios añaden información para llenar esos veinte años de vacío que no narra la Torá. A pesar de que el Midrash no necesariamente es una narración exacta históricamente de lo que sucedió, busca dar una idea de cómo pudieron darse las cosas. Algunas enseñanzas de los sabios son las siguientes:

  • Rabí Eliezer comenta que Isaac llevó a su esposa estéril a orar con él al monte Moriá, el sitio de la Akedá. (4)
  • El Midrash nos da más información de lo que paso en monte Moriá: Tanto Isaac como Rebeca rezaron y ofrecieron un sacrificio. Isaac oró permite que los hijos que me darás nazcan de esta mujer justa. Rebeca oró permite que los hijos que me darás sean de este Justo. (5)

El patriarca enfrentó más problemas: los hombres de Gerar desearon a su mujer y en especial Abimelec. El nombre de Isaac quedó en la memoria de la historia por cosechar en aquel año al ciento por uno (Bereshit 26:12) y esto le generó una lluvia de problemas, a saber: esta prosperidad hizo que tuvieran envidia de él, hubo una riña por el agua de algunos pozos, lo expulsaron de la tierra, y todo por envidia al ver su prosperidad.

En medio de este huracán él nunca desistió y nunca perdió su fe y consecuentemente el Eterno estaba con él en cada uno de esos momentos cuando quizás él pensaba que estaba solo, quizás se cuestionaba por la realidad que estaba viviendo. Y en ese momento el Eterno se le aparece para confirmar que Él era el Dios de su padre Abraham como está escrito:

“Y el SEÑOR se le apareció aquella misma noche, y le dijo: Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque yo estoy contigo. Y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia, por amor de mi siervo Abraham.” (Bereshit 26:24 LBLA)

Quizás tenemos peticiones que aún no sean cumplido, quizás hemos orado por muchos años y aún no vemos la respuesta; quizás estamos pasando un momento desagradable y hay personas que sienten envidia por lo que el Eterno nos ha dado y bendecido, estamos en un punto de transición de la fe y la duda, hoy el Dios de Abraham y de Isaac nos dice:

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes,  porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;  siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:10 RV95)

Notas:

  1. Rashí, Cementerio a la Parashá Toldot
  2. Isaac Abarbanel, Comentario a la Parashá Toldot
  3. Rabí Ovadiah ben Jacob Sforno, comentario a la Parashá Toldot
  4. Pirkei de Rabí Eliezer 32
  5. Bereshit Rabá 63:5  
    
    

    Bajo las alas del Dios de Israel

    Francisco Hidalgo

22 Nov, 2019

Parasha Jayei Sara 5780

Bereshit 23:1-25:18

     Pocos son los humanos que pueden alcanzar el nivel de carisma; un amor claro y sincero por las personas, como lo expresaron Abraham y Sara. Según la tradición judía, eran personas dedicadas a hacer el bien al prójimo. Los midrashim cuentan como su tienda fue construida con cuatro entradas que estaban abiertas para atraer invitados de todas partes, cualquier viajante cansado era bienvenido, (1) esto dando a entender, que eran tsadikim (justos) que siempre estaban pendientes de los demás para ayudar en lo que estuviera a su alcance.

La recompensa de su justicia haría de ellos los padres de una multitud de personas. Abraham es el padre del pueblo judío y de los justos de las naciones; por otro lado, Sara es la matriarca por excelencia, y una de las mujeres más grandes dentro de la historia bíblica, una mujer que a pesar de todo siempre estuvo con su esposo y lo acompañó a cada uno de sus viajes y aventuras a través de toda la vida del patriarca.

Abraham dejó su tierra y Sara también, él abandonó la idolatría de su pueblo y ella también, Abraham fue a la tierra de Canaán y también Sara. En sus días hubo hambre y Abraham descendió a Egipto y allí vivió una de las pruebas más grandes cuando el faraón secuestró a Sara, pero eso no la privó de seguir el camino de fe que su esposo había emprendido. Y como si eso no hubiera sido poco, fue secuestrada una segunda vez y en esta segunda ocasión sería Abimelec rey de Gerar.

Después de “la prueba de fuego” que sería la décima de las pruebas a las cuales fue sometido el patriarca, llegamos al momento de la muerte de Sara, y allí es donde vemos solo a Abraham después de años de estar juntos. Ahora había llegado el momento de decir hasta pronto a la vida de aquel matrimonio de Justos (tsadikim). Hoy la Torá nos narra la muerte de Sara al inicio de la Parashá y finaliza con la muerte de Abraham Avinu.  Y son esos dos acontecimientos que marcaran el rumbo del estudio de esta semana.


“Y vivió Sara ciento veintisiete años; estos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y Abraham fue a hacer duelo por Sara y a llorar por ella.” (Bereshit 23:1-2 LBLA)

En esta Parashá la Torá comienza hablándonos de la vida de una mujer que ha muerto, una gran paradoja. La Torá comienza diciendo los años que vivió Sara, luego y sin mayores detalles dice: Y murió Sara. Pero a pesar de todo hay algo maravilloso en este relato, ya que hay más vida que muerte. Si somos acuciosos notaremos que, en el primer versículo de esta porción semanal de la Torá, encontramos en dos ocasiones la frase: Jayei Sara (Las vidas de Sara). Esto es muy interesante porque la Torá da más realce a la vida de Sara, que a su muerte.

Y aún más interesante es que, es la primera vez que se menciona la edad en la cual muere una mujer, en su caso más preciso: Sara. Y es por la forma como la Torá enumera sus años de vida que los sabios han extraído valiosa información para nosotros. Esta sección de la Torá comienza de la siguiente manera:

“Vayihyú Jayei Sará, mea shaná, veesrim shaná, vesheva shanim, shenei Jayei Sará.” Si el texto hebreo lo traducimos de manera literal quedaría de la siguiente manera: “Los días de las vidas de Sara fueron, cien año, y veinte año, y siete años, los años de las vidas de Sara”

Llama mucho la atención que el texto mencione tres veces: shaná “año” (dos veces en singular y uno en plural [años “shanim”]; y un cuarto de manera compuesta: Shenei “los años de”) siendo honestos con la Escritura esto no es nada novedoso, ya que esta manera de hablar es parte del estilo bíblico y lo mismo sucede cuando la Torá narra la muerte de Ismael (Bereshit 25:17). En el caso particular de Sara, esta fragmentación de los años de su vida ha generado ciertos comentarios para elogiar la vida de la matriarca. Por ejemplo:

Rabí Iosef Dov Soloveitchik Z”L explica que la grandeza de Sara y su rol dentro del pacto de la comunidad puede ser entendido por las palabras de Rashí: ella tenía 100 años, ella tenía 20 años, ella tenía 7 años.  La mayoría de las personas pasan de un período de su vida a otro, dejando atrás el período anterior, quizás llevando con ellas algunas memorias.  Cada una de estas edades – 100, 20, 7 – tienen algo único.  La edad de 7 tiene inocencia; la edad de 20 tiene fuerza; la edad de 100 tiene sabiduría.  El secreto de la grandeza de Sara era que a través de toda su vida ella tuvo 100 y 20 y 7.  (2)

Y fue a los 127 años de la vida de Sara que llegó el momento, que le llega a todo hijo de Adam: la muerte. Fue una vida de muchos desafíos, desaciertos, pero al final tuvo el regalo más grande que el cielo le dio: un hijo. Sara una mujer estéril (Bereshit 11:30) y si queremos añadir amarillismo, la Torá dice que ya le había cesado la costumbre de las mujeres (Ibíd. 18:11), y todo esto generó una amalgama de emociones que generaron dudas, pero a pesar de todo; esto hizo que el milagro de la concepción de Isaac fuera más grande y de mayor gloria.

A los noventa años de su vida dio a luz a Isaac y este sería el mayor regalo del cielo, el milagro más grandioso y su vida quedaría marcada desde allí en adelante. A pesar de esto, Sara tuvo luchas espirituales a lo largo de su vida y la escritura no los esconde para que nosotros podamos aprender de ellos; hoy hablaremos de dos de ellos: Agar y la duda.

Una persona y un sentimiento serian lo que pondrían un toque gris a la vida de la matriarca, quizás la duda sería un factor que generó desesperación por ser madre y tomó la idea de darle a Abraham a su sierva Agar y que posteriormente seria su “talón de Aquiles”. Ya que ella misma noto que Agar “la miraba con desprecio” (Bereshit 16:5) y reconoció que no fue la mejor decisión.

Más adelante en su historia la duda minó una vez más su corazón y no creyó a la palabra del ángel quien llegó para anunciar el nacimiento de Isaac, ella se rio y cuestionó los factores humanos: la edad de su esposo y su “menopausia”; serian gigantes que se levantaban en su contra, pero la palabra tenía que cumplirse y a pesar de esos pensamientos que minaban su mente, el poder del mensaje de los ángeles cambió su perspectiva de lo Divino: “Acaso habrá algo imposible para Dios?” (Ibíd. 18:14).

Como hemos visto hasta aquí Sara tuvo una vida llena de emociones y de retos que confrontaron su fe, pero que al final todo rindió frutos para bien, fue la esposa que estuvo en cada momento con Abraham, y sobre todo se convirtió en la madre de Isaac, el hijo de la promesa; el hijo que sería el epitome de su fe.

Sara experimentó muchos acontecimientos tristes en su vida, pero no se dejó vencer por ellos, a pesar de un par de decisiones con las cuales tuvo que lidiar en su vida, la gran mayoría los aceptó con alegría, tanto lo bueno como lo malo. Es por eso que Rashí dice que todos sus años fueron iguales en bondad: “shavim letová” (iguales en bondad) significa que, aun cuando se enfrentaba a situaciones difíciles y poco placenteras, siempre decía: “Gam zu letová” (esto también es para bien). (3)

Y esta frase quizás nos recuerde lo que dijera un Rabino del primer siglo, para animar a los creyentes de la comunidad de Roma, a todos aquellos que habían reconocido la gracia que se había derramado a través del Mesías. Es la misma palabra para los creyentes de nuestro siglo, el mismo poder y el mismo ánimo que dio a los creyentes del primer siglo es la misma palabra que tenemos que recibir para llenarnos de confianza a los que amamos a Dios como está escrito:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Romanos 8.28 RV95)

Todo ayudó para bien en la vida de la matriarca como bien lo dice Rabí Hirsch: “La mudanza desde su terruño hacia Canaán, los años de esterilidad, las veces que fue raptada, la guerra, la mala conducta de Agar e Ismael y en particular, el desafío de recibir huéspedes diariamente en su hogar en forma sostenida. ¿Cuál sería la homilía indicada? Solamente la que cuenta la propia Torá: “Cien años, veinte años y siete años” en cada etapa de su vida, Sara hizo lo que debía hacer en cada aquella etapa. No necesito hacer nada especial para ser recordada. Los justos no necesitan monolitos ni pirámides, pues sus acciones son el medio por el cual son recordados.” (4)

La muerte de Abraham

En esta Parashá no solamente encontramos la muerte de Sara, sino también las Escrituras nos narran el deceso del patriarca. Según lo descrito por la misma Torá: “Abraham era viejo, bien avanzado en años; y el Eterno había bendecido en todo a Abraham” (Bereshit 24:1 RV95). Que epitafio más hermoso seria que en cada una de nuestras tumbas se escribiera: “El Eterno lo bendijo en todo.”

Abraham había recibido bendición de todo tipo, en todo y de todo; quizás no había ningún rubro en el cual la bendición del Eteno no haya llegado. Las mismas Escrituras dan testimonio de su riqueza, cuando declaran que era muy rico, en ganado, plata y oro (Bereshit 13:2). Y a pesar de su condición económica y su estatus dentro de la sociedad era una persona bondadosa.

Como dicen los sabios de Israel: “Hubieron justos que poseyeron riquezas en este mundo por las cuales no se les privo de su recompensa en el  Olam Habá (mundo venidero), porque utilizaron lo que poseían  leshem shamayim (en nombre del cielo)” (5)

Este sano equilibrio entre riquezas y bondad; entre fortuna y humildad; entre prosperidad y fe. Fue lo que hizo la diferencia y lo catapultó al reconocimiento mundial como un hombre justo (Tsadik). Su fe y amor al Eterno quedo demostrado, pues a cada lugar que Abraham llegaba edificaba un altar, además de todo lo dicho con antelación, Abraham era un adorador. Las riquezas y la prosperidad no lo privaban de adorar al Eterno, y eso -y otras cualidades- lo hicieron grande, entre todos los protagonistas de la Biblia. He aquí algunos calificativos dados a Él, en la escritura:

  • Profeta (Bereshit 20:7)
  • Príncipe de Dios (Ibíd. 23:6)
  • Amigo de Dios (Isaías 41:8)
  • Padre del pueblo de Israel (Isaías 51:2; Juan 8:56)
  • Padre de todos los creyentes en Yeshúa (Romanos 4:11; Gálatas 3:29)

Esto y mucho más fue lo que hizo de Abraham un gigante de la fe, y mejor aún como todos lo conocemos: el padre de la fe. Pero también sabemos que no fue fácil llegar hasta el pódium en donde ahora está su nombre. El camino no fue fácil, pero pudo andar en el cómo lo dice el profeta: “los camino del Eterno son rectos, por ellos andarán los justos.” (Oseas 14:9)

Antes de morir, Abraham se apresura como es su costumbre (hacerlo todo con diligencia) a buscar esposa para su hijo Isaac. Y después del relato en donde Isaac encuentra esposa la Torá narra que Abraham toma otra mujer con quien concibe seis hijos; pero a pesar de todo, es a Isaac a quien hereda todos sus bienes.

Es aquí donde llegamos al final de la vida del patriarca y las Escrituras narran su final:

“Los días que vivió Abraham fueron ciento setenta y cinco años. Exhaló, pues, el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años; y fue reunido a su pueblo.” (Bereshit 25:7-8 RV95)

Que el Eterno permita que nuestras vidas tengan un propósito y un sentido y que acabemos nuestra carrera en buena vejez y llenos de vida como fueron los últimos días de Abraham, nuestro padre en la fe. Y se cumpla lo que está escrito:

“Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos.” (Salmo 116:15)

Notas:

  1. Midrash Bereshit Rabá 48:9
  2. Rabí Ari Kahn, Comentario a la Parashá jayei Sara
  3. Rabí Moshé Bogomilsky, Hablaras de Torá, Pág. 83
  4. Rabí Shimshom Rafael Hirsch, Comentario a la Parashá Jayei Sara
  5. Tiferet Tzion
    
    

    Bajo las alas del Dios de Israel

    Francisco Hidalgo

15 Nov, 2019

Parasha Vaiera 5780

Bereshit 18:1-22:24

    El Eterno había establecido un pacto con Abraham Avinu como lo leímos en la Parashá pasada (Lej Lejá); este pacto implicaba por lo menos dos cosas, a saber:

  1. La Tierra: El Eterno había dicho a Abraham que saliera de su tierra y que Él le revelaría a donde tendría que dirigirse. Es muy probable que cuando Dios dice a Abraham que vaya a la tierra que Él le mostrara aun no le había revelado el destino, la ubicación y/o el nombre de la tierra a la cual lo llevaría; pero más adelante la Torá dice que cuando Abraham llegó a la tierra de Canaán, el Eterno se le apareció al patriarca y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra” (Bereshit 12:7).    El Eterno fue muy claro y no había nada más que cuestionar, la tierra que daría por heredad al linaje de Abraham seria la tierra de Canaán. Esa tierra pertenece por decreto Divino a todos los hijos de Abraham; a todos aquellos que tienen la señal del pacto en su carne y que pertenecen al linaje de Abraham, Isaac y Jacob; esto es: la tierra pertenece a todo hijo de Israel tanto al natural como converso (prosélito).  
  2. Una descendencia. Abraham había salido de su tierra y de su parentela a una tierra que el Eterno mostraría y revelaría. La tierra de Canaán seria  la elegida para ser la herencia de la descendencia que el Eterno daría a Abraham. La descendencia hasta este momento histórico era algo que aún no se vislumbraba en el horizonte, solamente había una promesa. A pesar de muchos años de espera, la espera seguía siendo muy incierta, a pesar que en reiteradas ocasiones el Eterno había dicho que vendría.  Y mientras se concretizaba la promesa de un hijo que heredaría el linaje escogido de Abraham; el Eterno había sellado en la carne de Abraham y los suyos la “señal del pacto” entre el Dios Altísimo y la nación que saldría de los lomos del padre de la fe.

        A pesar de ciertas dudas que minaban los pensamientos del patriarca, Dios cumpliría la promesa. A pesar que Abraham fue muy claro al decirle al Eterno que su heredero sería Eliezer el damasceno. El Eterno le dijo que no; no sería un siervo quien heredaría, sino que – Dijo el Eterno – un hijo tuyo será el quien te herede. (Bereshit 15:4)

    Y en todo este contexto el Eterno establece el pacto de la circuncisión (Brit Milá), cambia el nombre de Abram a Abraham, cambia el nombre de su esposa de Sarai a Sara y da la promesa del nacimiento de Isaac. La Parashá pasada finaliza precisamente cuando Abraham es circuncidado junto a toda su casa. Y en este contexto da inicio nuestro estudio de esta semana.


“Y el Señor se le apareció en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día. Cuando alzó los ojos y miró, he aquí, tres hombres estaban parados frente a él; y al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor mío, si ahora he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo.” (Bereshit 18:1-3 LBLA)

    En esta Parashá podemos ver un acto de hospitalidad sin igual. La descripción de la hospitalidad sería conocida y recordada por su bondad (Jesed); como lo menciona el profeta: “otorgaras la verdad a Jacob y bondad a Abraham” (Miqueas 7:20). Y esta bondad es puesta en práctica cuando tres desconocidos visitan a Abraham Avinu.

    Según la tradición el relato de la Torá comienza en el tercer día después del Brit Milá (1) ahora bien, en este inicio de la porción de esta semana comienza diciendo que Abraham fue visitado por tres ángeles. Según los sabios de Israel, estos tres ángeles eran: Miguel, Gabriel y Rafael. Miguel informo, a Abraham que Sara iba a tener un hijo (v. 14); Gabriel, que destruiría a Sodoma (19:25); y Rafael que curaría a Abraham y salvaría a Lot. (2)

La hospitalidad sin precedentes del patriarca es descrita por la Torá, cuando les ofrece hospedaje y un banquete a los tres forasteros. Pero la Torá no solo describe la hospitalidad y la bondad de Abraham, sino que también; las Escrituras enfatizan: la prontitud y la diligencia, con la cual atiende a sus huéspedes. Abraham se apresuró a saludar sus huéspedes. Como lo describe la Torá: “salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos” (Bereshit 18:2); y con esta diligencia apresuró a Sara: “se apresuró a ir a la tienda, cerca de Sara, y dijo: ¡Toma pronto tres medidas de flor de harina, amásalas y haz tortas!” (Ibíd. 18:6) y también a sus criados: “En seguida, corriendo hacia la vacada, Abraham tomó un becerro tierno y bueno, y se lo dio al mozo, y éste se apresuró a aderezarlo.”  (Ibíd. 18:7).

    Toda esta diligencia por atender a sus huéspedes hizo que se ganara en todo el mundo ser el paradigma de bondad. Como dicen los sabios en el Midrash: “¿Quién hizo Jesed con quienes no lo necesitaban? Fue Abraham Avinu, quien les dio a los ángeles” (Vaikrá Rabá 34:8). Si quisiéramos exponer en orden sistemática la bondad de Abraham podríamos hacerlo en tres puntos:

  1. Había diligencia en su bondad: Corre a saludar y a dar la bienvenida a sus huéspedes, ofrece un banquete a extraños; pero así como corre a saludarlos, así también apresura a su esposa y a sus criados para que se apresuren a preparar todo lo que ha ofrecido.
  2. Ofreció poco y dio mucho. Según los sabios esta es una cualidad única de los tsadikim (justos), como es descrita en el Talmud: “Los justos prometen poco y dan mucho, mientras los malvados prometen mucho y no cumplen ni con lo mínimo.” (3)
  3. Su bondad no solamente era expresada a personas, sino también a pueblos enteros. Es por esa razón que el Eterno lo llama: “Av Hamon Goyim” (Padre de muchas naciones)

Y este tercer punto marcará la partida a un tópico muy interesante, Abraham no solamente se preocupaba por el bienestar de las personas sino también de los pueblos y las naciones. Por ejemplo, cuando el Eterno le dijo que destruiría a las naciones de: Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Zoar, Abraham comienza a interceder y a mediar por ellas, a pesar de que estas ciudades tenían fama de estar lejos de Dios y su comportamiento las había hecho dignas del juicio Divino. Aun así, Abraham intercedió y rogó por ellas. Como un padre intercede por su hijo.

    En la Parashá pasada (Lej Lejá) dijo el Eterno a Abram, que su nombre ya no sería “Abram” sino: Abraham. Porque él sería: “Av Hamon Goyim” (Padre de muchas naciones Bereshit 17:5). En un sentido biológico y de pacto, Abraham es padre de la nación de Israel; pero también es padre de los Ismaelitas (Ibíd. 25:12); y también de los Madianitas (Ibíd. 25:1). En el sentido estricto de pacto, Abraham es el padre de todo judío que este bajo el pacto de la circuncisión:

“Dijo además Dios a Abraham: Tú, pues, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, por sus generaciones. Este es mi pacto que guardaréis, entre yo y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. Seréis circuncidados en la carne de vuestro prepucio, y esto será la señal de mi pacto con vosotros. A la edad de ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón por vuestras generaciones; asimismo el siervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia.”  (Bereshit 17:9-12 LBLA)

    Dios cambió el nombre de Abram a Abraham, explicando que este nuevo nombre indica su nueva identidad y misión. El nombre Abraham  significa: Padre de multitudes. Como bien lo describe la Torá, cuando cambia su nombre: “Ya no será tu nombre Abram, sino que tu nombre será Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Bereshit 17:5 RV95) La frase que ha sido traducida como: padre de muchedumbre de gentes, en hebreo es la siguiente: Av Hamom Goyim, que literalmente se podría traducir, como: padre de muchas naciones.

Y en un sentido más amplio no solamente es el padre de muchas naciones, sino el padre de todo el mundo. Como lo interpreta uno de los rabinos de la edad media que hasta nuestros días tiene mucha influencia en la exegesis de la Torá: “Abram indica que solo era padre de Aram, su lugar de origen, aun cuando ahora había pasado a ser padre de todo el mundo.” (4)

    La Torá entonces declara que Abraham es: “Av Hamon Goyim”, el padre de muchas naciones. Los Sabios convirtieron el significado del nombre de Abraham en un acróstico (5). Escribieron cada una de las seis letras hebreas de Av Hamon que indica un aspecto diferente de la posición e influencia de Abraham en el mundo.

        א (Alef) – te he hecho un padre (Av) a las naciones;

        ב (Bet) – Te he hecho elegido (Bachur) entre las naciones;

        ה (Hei) – te he hecho amado (Haviv) entre las naciones;

        מ (Mem) – te tengo un rey (Melekh) para las naciones;

      ו (Vav) – te he hecho ejemplar (Vatik) entre las naciones;

      ן  (Nun) – Te he hecho fiel (Ne’eman) entre las naciones.

Abraham  ocupa  un  lugar  fundamental  en  la  historia  de  toda la humanidad, como los sabios lo han dicho, él es padre de las naciones y ese fue su llamado y el significado de su nombre: ser padre de muchas naciones o como lo menciona Rashí: padre del mundo. Desde la perspectiva apostólica todo creyente en el Dios de Israel que ha sido regenerado por el sacrificio de Yeshua nuestro Mesías es hijo de Abraham según la promesa; hoy en día, en cada nación y pueblo hay creyentes en el Dios de Israel y tienen la misma fe de Abraham: creemos y adoramos al único Dios verdadero, el creador de los cielos y la tierra.

    Abraham es nuestro padre por la fe que hemos depositado en el sacrificio vicario de Yeshúa. Pablo declara que Abraham no solamente es padre de los de la circuncisión (el pueblo judío), sino también padre de “los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia.” (Romanos 4:11 RV95) y sigue diciendo:

“Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Yeshúa, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Ibíd. 4:23-25 RV95)

     La fe que tuvo Abraham no solamente era en la promesa que recibiría un hijo y de ese hijo una descendencia tan grande como las estrellas de los cielos y la arena del mar, sino que también “su fe le fue contada por justicia” (Bereshit 15:6; Romanos 4.22). ¿Cuál es la fe que nos justifica delante de Dios? Según lo que acabamos de leer, seria creer:

“en aquel que levantó de los muertos a Yeshúa,  Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos 4:25)

    Las escrituras dicen que hemos sido justificados por fe: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios.” (Ibíd. 5:1). Un escritor protestante lo ejemplifica así “Nuestra paz con Dios no es como la que se hace ente dos naciones que antes habían estado en guerra, sino como aquella que se hace entre un rey y sus súbditos rebeldes y culpables. Si nuestros corazones llegan por fin a descansar, es porque Dios, en contra de quien pecamos, ha sido plenamente satisfecho en la cruz.” (6)

   La paz que ahora experimentamos ha sido gracias al sacrificio de Yeshúa quien se entregó por amor a nosotros, él nunca pecó; el no merecía morir. Nosotros nos habíamos revelado en contra de nuestro creador, habíamos pecado en contra de Él y merecíamos la muerte, pues escrito está: “La paga del pecado es muerte” – pero bendito sea el nombre de nuestro buen Dios y padre que habita en las alturas, porque el versículo no termina con esa condena funesta, sino que finaliza con esperanza y con lo que hemos recibido por fe, como sigue diciendo la Escritura – “Pero la dadiva de Dios es vida eterna en el Mesías Yeshúa, Señor nuestro”  (7).   

Notas:

  1. Midrash HaGadol 18:1
  2. Rashí, Comentario a la Parashá Vayerá
  3. Babá Metsia 87ª
  4. Rashí, comentario de Bereshit 17:5
  5. Shabat 105ª
  6. William R. Newell, Romanos versículo por versículo, Pág. 133
  7. Romanos 6:23

31 Oct, 2018

Yitzjak Lichtenstein: Judío ortodoxo, talmudista y creyente en Yeshúa hasta la muerte.

La idea común en nuestro mundo concerniente al pueblo judío es simplemente: “Los judíos no creen en Jesús”, más que diferenciar al pueblo judío por el Shabbat o por la torah, la distinción más rápida, fuerte e inmediata es la no creencia en Jesús.

Al mismo tiempo, ser cristiano es reconocer la mesianidad de Jesús y su rol suficiente en la salvación eterna. De ahí que, en la opinión popular no se puede creer en Yeshua (Jesús) sin ser cristiano y no se puede creer en él sin dejar de ser judío. ¿Será posible creer en Yeshua (Jesús) sin ser cristiano y siendo judío? Dos palabras nos dan la respuesta: Isaac Lichtenstein.Isaac Lichtenstein nació el 9 de Abril de 1825, un séptimo día de panes sin levadura en Nikolsburg en una familia judía ortodoxa, en 1850 se convirtió en un rabino de distrito en Tapiószele, Hungría. Era un celoso rabino ortodoxo amado por su congregación. El Rabino tuvo su primer encuentro con el nuevo testamento cuando un maestro judío le acercó una biblia con el Nuevo testamento incluido. Lichtenstein lo reprendió y le quitó el libro confinándolo por aproximadamente treinta años a la esquina de su librera.

En 1882 un escándalo tocó profundamente a la comunidad judía en Hungría. Una niña de 14 años desapareció de su villa en Tiszaeszlar, días antes de Pesaj. Un rumor comenzó a circular: “Los judíos la secuestraron, la mataron ritualmente y usaron su sangre para comer matzah”. Además de ser uno de los rumores más ridículos de la historia, era un mito común en esas épocas.

Una gran campaña antisemita estalló contra los judíos en Hungría, en el parlamento se hablaba de expulsarlos a todos. Incluso un niño judío de 5 años fue sobornado y obligado a declarar sobre el asesinato de la niña. Los cristianos que guardaban antisemitismo en su corazón destaparon lo peor de su interior.

El cargo se debilitó cuando un rio exhibió el cuerpo de Ester (la niña de 14 años que había desaparecido) sin señales de violencia. Lichtenstein había sido víctima de antisemitismo en su niñez cuando un hombre golpeó a su padre por no hacerle espacio para pasar; además de eso fue víctima de pedradas en más de una vez al dejar la sinagoga. El escándalo de Tiszaeszlar parecía ser la confirmación del odio y antisemitismo de Jesús y los cristianos. Lichtenstein diría en un libro:

“¿Qué impresión puede un judío formarse de una religión cuyos confesores sostienen tal decadente sospecha?” (Two letters. Citado de “The everlasting Jew”, Jordan Levy y Daniel Lancaster, ffoz, 800-775-4807, www.ffoz.org, pág. 11. Traducción libre).

La verdad salió a la luz y el caso fue cerrado como muerte natural. Algo que llamó profundamente la atención de Lichtenstein fue la tenaz defensa, que algunos cristianos hicieron de los judíos. El erudito Franz Delitzsch por ejemplo, citando el nuevo testamento, llamaba a un cambio de actitud hacia los judíos.

Lichtenstein profundamente impactado, decidió averiguar por si mismo ¿Quién era el verdadero Jesús? El Rabí Húngaro tomó el mismo nuevo testamento que había decomisado hace más de treinta años y su vida jamás fue la misma. Hasta el día de hoy recordamos sus impresiones al leer los registros apostólicos: “Buscaba espinas y encontré rosas; descubrí perlas en lugar de guijarros, en lugar de odio amor, en lugar de venganza perdón” (judaism and Cristianity. Citada de “The everlasting Jew”, Jordan Levy y Daniel Lancaster, ffoz, 800-775-4807, www.ffoz.org, pág. 13. Traducción libre).

Poco tiempo después, Lichtenstein privadamente hizo inmersión en nombre de Yeshua él solo. Desde ahí se consideró discípulo del gran rabí galileo.

A pesar de mantener su creencia oculta, en un Shabbat Lichtenstein menciona la frase “sepulcros blanqueados” y finalmente anuncia públicamente su fe en Yeshua. El escándalo estalló por esa declaración.

Nuestro buen Rabino es llamado a Budapest y se presenta ante un Bet Din, los integrantes son: Rabbi Samuel Kohn, Rabí Meyer Kayserling Y Rabí Samuel L’w Brill. Los tres al unisonó le decían ¡Retráctate! Lichtenstein respondía: “Caballeros, con mucho gusto me retractaré si me convencen que estoy equivocado”. Kohn respondió: “No es cuestión de convencimiento, sino todo lo que debes hacer es retractarte”.

Lichtenstein no se retractó y al ver que no podían doblegarlo, Kohn le sugirió bautizarse y unirse a una iglesia y declararse cristiano. Lichtenstein le respondió: “No tengo intención de unirme a ninguna iglesia”, el había encontrado en Yeshua “El verdadero judaísmo” y no la razón para abandonar a su pueblo

Toda su vida rechazó el bautismo cristiano y murió como judío ortodoxo, nadie le quito su puesto de rabino, su gente lo siguió amando y renunció a su oficio de rabino por su avanzada edad y su salud; sin embargo siguió manteniendo su titulo con la comunidad aunque ya no era su encargado.

El papa oyó de él y le envió su representante ofreciéndole grandes cosas, él rehusó esta y todas las demás ofertas de unirse al cristianismo y dejar de ser judío, él dijo: “Me mantendré en mi nación, amo a Cristo y creo en el Nuevo Testamento; pero no me uniré a la cristiandad. Así como el profeta Jeremías, después de la destrucción del templo, a pesar de las generosas ofertas de Nabucodonosor y el capitán de su ejército, escogió en su lugar mantenerse y lamentar entre las ruinas de la santa ciudad y con el despreciado remanente de sus hermanos” (Ibíd., pág. 24).

Nuestro incansable Rabí enfrentó valientemente toda la persecución por su fe y su familia (su esposa e hijos) vinieron a creer en Yeshua también. El murió en 1908 en un Hoshana Raba, su tumba está en el cementerio judío de Budapest. Su inscripción dice: “Aquí yace y también se levantará, nuestro maestro el rabí Yitzjak Lichtenstein (pueda su recuerdo ser bendito) que dejó este mundo en el día de Hoshana Raba y fue enterrado en Simjat Torah 5669”.

Lichtenstein no conoció en sus días ninguna congregación de judíos creyentes en Yeshua, él se sentiría muy feliz al ver el rápido crecimiento del movimiento que él impulsó. Todos los judíos creyentes en Yeshua, recuerdan al célebre y sabio Rabí Lichtenstein.

Hay ciertas cosas que debemos destacar sobre Él, las cuales son grandes enseñanzas para todo el cuerpo del Mesías.

  1. Su positivo concepto de los registros apostólicosA menudo escucho en círculos mesiánicos que cuentan con teologías superficiales, frases que tienden a socavar la confiabilidad de los registros apostólicos (conocidos como Nuevo testamento). El hecho que la critica textual e histórica ha revelado que hay fragmentos pequeños que son añadidos tardíos que no formaban parte de los manuscritos originales, ha creado una fobia en estos círculos. Algunos tienden a ver con menosprecio a dichos escritos y los ven con una confiabilidad reservada. Por otro lado, están los anti-misioneros que indican que ningún judío que lea el “Nuevo testamento” por si solo encontrará judaísmo. Lichtenstein es un testimonio de la ingenuidad de ambas cosas, él siendo un rabino leyó los escritos apostólicos sin la influencia cristiana antisemita que lo rodeaba e hizo la siguiente descripción de ellos:“Había pensado que el Nuevo testamento era impuro, una fuente de orgullo, de egoísmo arrogante, de odio, de la peor clase de violencia. Pero mientas lo abría, me sentí particular y maravillosamente. Una repentina gloria, una luz, resplandeció en mi alma. Buscaba espinas y encontré rosas” (Judaism and christianity Citado de “The everlasting Jew”, Jordan Levy y Daniel Lancaster, ffoz, 800-775-4807, www.ffoz.org, pág. 13)
  2. Su noción de que un judío creyente en Yeshua, no debe dejar de ser judíoUn error muy popular entre los judíos que no creen en el mesiazgo de Yeshua, es que todos los judíos creyentes en él y los no judíos que los siguen en el movimiento mesiánico, desean que los judíos dejen de ser judíos y se conviertan a otra religión. Esto es entendible por el pasado, en donde el judío fue sometido a un esfuerzo constante de “des-judaización”. Sin embargo, el miedo es simplemente eso: miedo infundado. A pesar de que algunos judíos tristemente han dejado de practicar la torá que es parte fundamental del pacto ancestral con Dios, esto no significa que sea lo deseado ni la universalidad en el movimiento. Esta no fue la intención ni de Yeshua ni de sus emisarios.Creo que Isaac Lichtenstein no pudo expresar mejor esto. Cuando a él se le dio la opción en múltiples oportunidades de bautizarse y unirse al cristianismo y dejar de ser judío, la rechazó siempre. En uno de sus libros él dice:“¿Israel cesará de ser una nación cuando al final reconozcamos en el Mesías a nuestro redentor y Rey? ¿Debemos entonces nosotros ser absorbidos en la cristiandad, y habrá un fin a nuestro pueblo divinamente santificado? ¡De ninguna manera!” (ibíd. 85)

    Lichtenstein entendió perfectamente el mesianismo de Yeshua: El judío debe de seguir siendo judío, debe de observar la torah más celosamente que nunca, el no judío no debe de guardar todo lo que el judío hace, sino los aspectos universales de la Tora. El férreo testimonio del rabí talmudista hasta la muerte, rechazando el bautismo cristiano y quedándose en el seno del judaísmo, es un testigo al mundo del verdadero mensaje de Yeshua para judíos y gentiles.

  3. Su defensa de los jajamim del talmudEn algunos círculos cristianos y mesiánicos se trata a la tradición de Israel legada por los rabinos como “la levadura farisaica”. El concepto negativo se basa en malinterpretaciones del talmud, por la generalización de opiniones particulares y otros errores a la hora de arribar al talmud. Lichtenstein hizo un libro llamado “The talmud on trial” en donde explica algunos pasajes talmúdicos malinterpretados y defiende a la viva tradición de Israel. Su ejemplo es un testimonio de la relación que debe de haber con el talmud en los creyentes en Yeshua, y de lo falso que es el cargo anti misionero que dice que los discípulos de Yeshua buscan destruir el judaísmo.
  4. Su defensa de los “verdaderos cristianos”En nuestros días, hay muchos creyentes criados en iglesias cristianas que se desencantan con el cristianismo por las creencias erróneas que pululan por los aires de las iglesias (teología del reemplazo, antinomianismo, teología de la prosperidad, emocionalismos frenéticos, sentimientos anti-Israel, etc). Estas personas se atraen por el movimiento mesiánico y automáticamente convierten al cristianismo en su blanco de ataques. Absolutamente todo lo que tenga que ver con los cristianos es “pagano”, “cristiano”, “algo de roma” y quien sabe cuántas cosas más.Aunque es cierto que el cristianismo tiene fallas históricas que recientemente se empiezan a corregir, tampoco es cierto que sea un sistema totalmente corrompido por el error. Muchos cristianos son creyentes en Dios, con una sinceridad y santidad muy altas. No es sano que se arremeta tan intensamente contra un movimiento que ha sido usado por El Eterno para diseminar su palabra en el mundo. ¿Hay muchos cristianos hipócritas? Pues sí, virtualmente en cada movimiento humano hay personas que no viven por el estándar que dicen vivir. Sin embargo, también están los que no son hipócritas, los que representan lo mejor del cristianismo y que son personas sinceras con las que se puede dialogar en un ambiente serio y de respeto.Lichtenstein entendió perfectamente que el cristianismo tenía ciertas cosas malas y que en el pasado había hecho muchas cosas malas. Al mismo tiempo entendió que había personas entre los no judíos que estaban en el cristianismo, en donde el amor, la bondad y la santidad eran innegables. En los días de Lichtenstein habían judíos ateos y no por ello el condenaría al sistema llamado judaísmo por individuos que no daban el ancho. El compara a esos judíos “de nombre solamente” con los cristianos que son únicamente “de nombre”.

    El rab dice: “Pero les digo sobre la autoridad del pleno sentido del Nuevo testamento, que los cristianos que no aman a cada uno, aquellos cuyos corazones no palpitan el amor y hermandad por su prójimo, sin importar su clase o raza, que son vengativos o hacen mal de cualquier clase, son cristianos en nombre solamente” (ibíd. 84)

    Lichtenstein recuerda a sus hermanos judíos los orfanatos, instituciones benéficas sin ningún lucro, hospitales con fines sociales, obras de beneficencia, etc. Todo el bien que ha sido hecho por esos cristianos que en realidad viven la parte ética de la torah y de la enseñanza de Yeshua. El pregunta ¿De dónde salió esto? ¿De dónde salió esto en el mundo gentil?, esto no se conocía en la Grecia ni en la Roma previa a Yeshua. El legado positivo de Yeshua en el mundo gentil es innegable. Cada vez que un cristiano hace algo mal, no es porque Yeshua lo mandó, es porque él no es consistente con su Maestro. La ética, la moral, las altas enseñanzas de Yeshua han tenido un impacto en el cristianismo que no se puede ignorar.

    Lichtenstein tenía claro que el cristianismo no es para judíos, el judío debe de seguir observando el estilo de vida de la torah y la comunidad de Israel. Sin embargo, si consideraba que el cristianismo (una vez purificado de los errores históricos) podría ser un movimiento sano entre los no judíos.

    Nuestra misión no es sepultar al cristianismo, sino ensenar a todo creyente no judío, a cumplir nuestro rol juntamente con Israel en compañerismo y no en rivalidad, en complemento y no en reemplazo, en amor y no en odio, en confianza y no recelo.

Conclusión

La vida del rabí Yitzjak Lichtenstein es un ejemplo de múltiples cosas: entrega, coraje, sinceridad, fidelidad a la Torah y a Israel, el amor a Yeshua, mente equilibrada, bondad, auto sacrificio. Sería bueno que en cada Hoshana Raba (el séptimo día de la fiesta de Sukot) todos los creyentes judíos y no judíos recordaran un momento a aquel gran hombre, pionero incansable de la fe en Yeshua dentro del judaísmo. Aquel que hizo posible que hoy haya un movimiento que lo respeta y sigue con más fuerza que nunca.

Gracias a El Eterno nos regocijamos en Hoshana Raba junto al rabí Húngaro que sacó “aguas con alegría de las fuentes de Yeshua (salvación)” (Isaías 12:3)

Con bendición
Isaac Bonilla

21 Sep, 2020

Parasha Haazinu

Devarim (Deuteronomio) 32:1-52

Haftara: Oseas 14:2-10, Joel 2:15-27, Miqueas 7:18-20.

“Alegraos gentiles con su pueblo”.
Hemos arribado a la penúltima parasha del ciclo anual de la Torah. La parasha de esta semana consiste únicamente de un capitulo, pero ¡Vaya que capitulo! En un capitulo leemos un cantico profético con contenido escatológico que describe la historia de Israel, desde la entrada a la tierra prometida hasta la era Mesianica; sin duda alguna una parasha muy interesante y con mucho que estudiar.

La porción de la Torah de esta semana es Ha’azinu, en ella encontramos el cantico que lleva el mismo nombre y que se conoce como “El cantico de Moshe”. El cantico contiene un alabanza al Eterno (1-5), una descripción del cuidado del Eterno por Israel (6-14), la apostasía del pueblo (15-18), el castigo del Eterno en los exilios sufridos por el pueblo judío (19-26), una advertencia a las naciones para entender que el castigo del Israel vino por su Dios, y no por la fuerza de sus enemigos (27-35), el final del castigo de Israel y su redención final (36-43). Como dijimos ¡Toda la historia de Israel en 43 versos!

En este artículo trataremos sobre el último de los versos del cantico. Este verso es muy importante puesto que se habla de la relación que hay entre judíos y gentiles y como esto debe de ser expresado entre los creyentes en Yeshua. En los últimos años, con el descubrimiento del contexto judío de la fe en Yeshua, ha habido mucha confusión con la relación entre judíos y gentiles creyentes. En otros lugares hemos hablado sobre esto y se pueden consultar nuestros estudios en la sección de “Bene Noaj”.

En la Torah leemos: “Harninu Goim ‘amo” (Devarim 32:43), que puede traducirse como “cantad gentiles con su pueblo” o “cantad naciones a su pueblo”. Pablo cita este pasaje traduciéndolo como: “Alegraos gentiles con su pueblo” (Romanos 15:11). A pesar de que este pasaje puede parecer redundante en los escritos apostólicos, posee una importancia invaluable a la hora de comprender el plan del Eterno para Israel y el mundo, y como debe de ser la relación entre judíos y gentiles, su llamado delante del Eterno y su responsabilidad ante sus mandamientos.

En este estudio responderemos dos preguntas ¿A quienes se refiere Pablo cuando dice “gentiles”? ¿A judíos asimilados o a personas que no descienden de Abraham, esto es no judíos? La otra pregunta es ¿Son los gentiles creyentes en Yeshua “El pueblo del Eterno”?

En nuestros días hemos visto nacer un movimiento muy curioso entre discípulos no judíos creyentes en Yeshua. Los nombres de estos círculos pueden ser “efrainitas”, “teología de las dos casas”, “raíces hebreas”, etc. En su gran mayoría, hay algo que se enseña con respecto a los gentiles creyentes en Yeshua: “Todos o la inmensa mayoría de gentiles creyentes en Yeshua y que sienten amor por la Torah o Israel, son en realidad descendientes de las diez tribus perdidas o incluso judíos asimilados”.

Las maneras de convencer a alguien de su “judeidad” o de su “linaje Israelita” son diversas. Una de ellas es decir: “¿Al escuchar el himno de Israel o ver un Shofar, no sientes algo muy poderoso dentro de ti? ¿Sientes un apego muy especial al lenguaje hebreo y te sientes como si ya lo conocías? ¡Entonces eres Israel! ¡Debes volver a casa y recuperar tu herencia perdida!”. Otra forma es simplemente enseñar que todos los interesados en la Torah deben ser descendientes de Abraham, puesto que ¿A quién más le importaría la Torah?

Acompañado con este razonamiento, se enfatiza el hecho que muchos “desconocen”, aquello que se ha mantenido oculto, en el peor de los casos, “malintencionadamente”: esto es, que diez tribus de Israel fueron expatriadas por los asirios en el año 722 AEC. La mayoría de descendientes de estas tribus (o incluso todos) somos los que en este momento estamos volviendo a “casa”, estamos recuperando lo que nos pertenece, esto es la Torah y el derecho a ser llamados “Israel” o “Efraín”.

Para sellar el argumento se enseña, que los gentiles a quienes Pablo predicó, no son en absoluto “gentiles”, sino “gentilizados”, esto es, Israelitas que se habían vuelto gentiles en práctica y olvidado su linaje adrede o sin intención. Muchas veces se suele citar un par de textos de los escritos apostólicos para “probar” esta realidad.

¿En realidad cuando Pablo o Pedro dijeron “gentiles” lo que querían decir era “Israelitas gentilizados”? tanto Pablo como Pedro, dejaron claro que cuando decían gentiles ellos quisieron decir gentiles, esto es “no Israelitas”. Cuando Pedro fue donde Cornelio, un centurión romano, jamás se refirió a él como “Israelita perdido” o “Efrainita”, sino como “extranjero”. Cuando contó la conversión de Cornelio y su casa a sus compatriotas, estos dijeron: “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18). El pasaje es claro y afirma que Cornelio era un gentil, no un Israelita gentilizado.

Pablo deja clara que está hablando de gentiles, esto es personas que no descienden de Abraham, no Israelitas, no judíos, o como queramos llamarle en Romanos 15, tal como está escrito:

“Pues os digo, que Yeshua El Mesías vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, Y magnificadle todos los pueblos. Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isaí, Y el que se levantará a regir los gentiles; Los gentiles esperarán en él.” (Romanos 15: 8-12)

Inequívocamente Pablo habla de gentiles en el sentido estricto de la palabra en este lugar, demostrando que Yeshua vino para cumplir las promesas hechas al pueblo judío, y para que las naciones se gocen en Dios por su misericordia. El pasaje no puede referirse a “efrainitas” o “Israelitas gentilizados” puesto que contiene citas del Tanak que claramente se refieren a gentiles.

Por ejemplo, Pablo cita el verso de Deuteronomio 32:43 que mencionamos al principio. Cuando Moshe dijo: “Alegraos gentiles con su pueblo”, claramente no estaba hablando de diez tribus israelitas perdidas, ya que con él estaban presente las doce tribus de Israel. Los gentiles o “goim” a los que Moisés (y por consecuencia Pablo) se refiere son personas que no son descendientes de Abraham.

Además Pablo menciona el salmo 117, un claro cantico invitando a las naciones a Alabar al Eterno, diciendo: “Alabad al Eterno todos los gentiles, magnificadle todos los pueblos” (Salmo 117:1). Las palabras de David citadas por Pablo cuando dice: “Por tanto yo te confesaré entre las naciones” (Salmo 18:49) hablan claramente de gentiles, puesto que en los días de David, aun no había acontecido la expatriación de las diez tribus del reino del norte de Israel.

Este pasaje es suficiente para entender que cuando los apóstoles decían “gentiles” querían decir “gentiles”. El Eterno comunicó a través de los escritos apostólicos cual era su llamado para los creyentes gentiles, los mandamientos de la Torah que aplicaban a ellos, y como debía de ser su relación con el pueblo judío.

¿Qué podemos decir de las aseveraciones de identidad “Efrainita” comunes en nuestro tiempo? Es totalmente falso decir que una atracción al Eterno o a la Torah implique necesariamenteascendencia Israelita. El centurión de Lucas 7:1-10 amaba al pueblo judío, incluso había construido una sinagoga (¡Aún sigo por conocer a un “Efrainita” que edifique una para el pueblo judío!) y para nada era un descendiente de Israel. La base para que obtuviera su milagro no fue “tal vez tiene sangre Israelita”, sino su temor del Eterno, expresado en la construcción de un lugar de culto para él, y sobre todo su increíble fe.

Salomón claramente indica que cuando los extranjeros oyeran de su gran nombre, vendrían a adorar al templo, tal como está escrito:

“Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.” (1 Reyes 8:41-43)

En los días de Salomón, las doce tribus de Israel estaban unidas y gozaban de paz y seguridad. El menciona explícitamente que un extranjero “que no es de tu pueblo Israel” podría sentirse atraído al Eterno y al templo cuando oyera de su gran poder. Ciertamente dicha atracción no implica ascendencia Israelita en lo absoluto.

En la era Mesianica, se nos dice que muchos pueblos tendrán esta misma atracción hacia el templo, la Torah y El Eterno. Isaías lo dice claramente en el capítulo 2 de su libro donde leemos:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.” (Isaías 2:2).

Puedes llorar oyendo un Shofar, puedes llorar cantando el himno de Israel (Hatikva), puedes tener un gran amor al pueblo judío, una gran atracción a estudiar la Torah, ninguna de esas cosas te hace un Israelita o un judío. Basar tu identidad en un sentimiento ambiguo, especulativo y nada concluyente es muy peligroso y nada sabio.

En segundo lugar, aunque es verdad que Sargón hizo una deportación de Israelitas norteños en el 722 AEC, lo que pocos saben es que el impacto de esta expatriación no fue ni total, ni tampoco irreversible. La arqueología nos ofrece las palabras de Sargón al respecto de lo acontecido con las diez tribus:

“Los habitantes de Samerina, que se pusieron de acuerdo con un Rey [hostil a] mi, para no soportar servidumbre ni traer tributo a Asiria e hicieron batalla. Pelee contra ellos con el poder de los grandes dioses, mis señores. Conté como despojo 27,280 gentes, juntos con sus carros, y dioses, en los que confiaban” (“Twelve Gates, Where do the Nations enter?”, pág. 25, Boaz Michael, First Fruits of Zion, 800.775.4807, www.ffoz.org.)

Los eruditos estiman que la población del reino del norte era de más o menos 400,00 habitantes. Siendo esto así, muchas personas quedaron en la tierra como lo relata más adelante el libro de Reyes. Incluso varios de ellos, acudieron al llamado de Ezequías para celebrar la Pesaj (2 Crónicas 30:5-18). Esto demuestra una buena cantidad de Israelitas norteños que aún vivían en Samaria y procuraron ser fieles a la Torah, muchos de ellos se asimilaron no entre los gentiles, sino entre Juda y Benjamín. Muchos de ellos volvieron con Zorobabel de Babilonia (que había heredado el imperio Asirio ya caído) cuando Ciro hizo volver a los judíos de ahí.

A pesar de esto, los profetas siguieron viendo a las Israelitas norteños que habían partido hacia el exilio, como “perdidos”, “expatriados” y se profetiza su retorno final en los días del Mesías. ¿No debería de ser una justificación del movimiento Efrainita? No en lo absoluto, será El mesías en persona, el que haga esa reunificación, no un sentimentalismo vago. Boaz Michael no lo pudo expresar cuando dice: “El evento escatológico, sin embargo, es cumplido por el Mesías, no por un sentimiento estomacal que uno es un Israelita, por especulación infructuosa de un ancestro” (ibíd. 29). Si alguien es descendiente de las diez tribus perdidas, eso será revelado únicamente por el Mesías mismo en su manifestación, no mediante un sentimiento ambiguo. Mientras eso llega, si alguien no es nacido de padres judíos, o no ha hecho conversión legal al judaísmo, es parte de las naciones.

La segunda pregunta por contestar es: ¿Son los gentiles creyentes en Yeshua el pueblo de Dios? En el sentido físico, nacional, terrenal el pueblo judío es el único pueblo del Eterno. El Eterno escogió al pueblo judío para ser una nación especial, para ser el canal de bendición al mundo, revelar su palabra y traer al Mesías al mundo.

Ahora, desde un punto de vista celestial, cada gentil que se ha vuelto de su idolatría y ha encontrado arrepentimiento y perdón de pecados en Yeshua, está espiritualmente injertado a Israel, él es parte del pueblo celestial o espiritual del Eterno de entre las naciones y disfruta de las bendiciones espirituales prometidas a Israel, por el nombre del Mesías.

(Para mayor comprensión de la relación entre judíos creyentes y gentiles creyentes, recomendamos leer nuestro comentario a la parasha Pinjas .

En la era Mesianica, cuando el Mesías haga su aparición para hacer justicia por su pueblo, vindicar a Israel, defender a su tierra de los enemigos que la tendrán rodeada, todas las naciones que no hayan subido contra Jerusalén verán al Ungido del Eterno. Estas naciones subirán a celebrar la fiesta de los tabernáculos (Zacarías 14:16) y vendrán al monte del Eterno con alegría y cantico, aprenderán los mandamientos de la Torah que aplican a ellos y habrá gozo, paz y justicia en toda la tierra. Cuando Moshe vio proféticamente eso exclamó: “Cantad naciones con su pueblo”.

Los creyentes en Yeshua, tanto judíos como gentiles, tenemos una gran responsabilidad para adelantar esos días y traer más personas al reino del Eterno y a tener una verdadera relación con él.

Que esto sea pronto y en nuestros días

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

08 Sep, 2020

Parasha Vayelej

Devarim (Deuteronomio) 31:1-30

Haftará: Oseas 14:2-10, Miqueas 7:18-20, Joel 2:15-27

Hakhel: Reunidos ante el Rey.

     La parashá de este shabbat es la más corta de todo el ciclo de torá. Con únicamente 30 versículos, la parashá Vayelej es la más corta de todo el ciclo anual de lecturas que el pueblo judío sigue. Sin embargo, podemos aprender grandes lecciones a pesar de su modesto tamaño.

Como se ha mencionado, el libro de Deuteronomio sigue el patrón de un pacto antiguo entre un Rey y un pueblo vasallo. La similitud es demasiado equivalente para atribuirlo a la casualidad, y es de hecho, una de las evidencias internas sobre la antig¨edad del libro. En la antigüedad, cuando un Rey poderoso se convertía en el Señor de una nación, se solía concertar un pacto con cierto formato establecido. El siguiente desglose es a grandes rasgos lo que dicho pacto contenía:

Preámbulo.
Prologo de la historia entre el Rey y la nación.
Estipulaciones generales.
Estipulaciones específicas.
Sanciones (bendiciones y maldiciones).
Recapitulación.
Instrucciones para garantizar la continuidad del pacto.

Cuando vemos el patrón, es inescapable ver como el libro de Devarim está constituido siguiendo este estándar de pacto antiguo. En esta parashá llegamos al final de este formato: cuidados para garantizar la continuidad del pacto. En la parashá Veyelej, Moshé da instrucciones de cómo hacer para que las generaciones venideras, que no oyeron ni vieron la voz de Dios ni los truenos de Sinaí, continúen conocedores del pacto y de sus exigencias.

Leemos en la torá:

“Y les mandó Moisés, diciendo: Al fin de cada siete años, en el año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos, cuando viniere todo Israel a presentarse delante de El Eterno tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a El Eterno vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a El Eterno vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella.” (Devarim [Deuteronomio] 31:10-13)

Moshé instituye aquí el mandamiento conocido como “hakhel”, la reunión de todo Israel en el año de Shemitá en la fiesta de los tabernáculos. Hombres, mujeres, niños y extranjeros estarían ahí y oirían la palabra del Eterno para que aprendieran a temer al Eterno su Dios. Al estar en compañía de todo Israel y oyendo la palabra de Hashem, ellos experimentarían una especie de repetición de lo que pasó en el monte Sinaí. El pacto sería renovado, por así decirlo cada siete años.

La idea de Moshé es: “No basta si tus padres recibieron la torá en el monte Sinaí, tú debes hacer tuya la revelación de Hashem, ven y escucha lo que él dice para tu vida”. Cada Israelita tendría la oportunidad de tener una experiencia colectiva y de mucha bendición para su vida espiritual.

La tradición judía interpretó que este mandamiento debía de ser cumplido, en la historia posterior de Israel, por el Rey mismo. El Rey, la figura con la posición más elevada y que haría congregar al pueblo, sería el designado para leer la palabra de Hashem.

En el siglo primero, muchos tuvieron una experiencia increíble: ellos oían en las sinagogas al gran Rabino de Nazaret, Yeshua nuestro Mesías y Salvador. ¿Te imaginas lo que debió haber sido esa increíble exposición? Muchas veces he pensado que daría cualquier cosa por tener una máquina del tiempo, y poder ir a ver el discurso de nuestro Maestro en el camino a Emaús. He presenciado a grandes predicadores, grandes expositores de la palabra en el cuerpo del Mesías y el impacto espiritual ha sido muy grande para mi vida, ¡Cuánto más oír al Maestro en quien moraba toda la plenitud de la divinidad!

Muchos tuvieron esta oportunidad y quedaban atónitos. Los alguaciles dijeron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46). Su presencia, su unción, sus palabras estaban tan cargadas de poder de lo alto, que hacía que fuera una experiencia sorprendente. Incluso Pilato, un ser vil y cruel como sabemos por los escritos de Filón y Flavio Josefo, se sintió cautivado por la personalidad apacible, mansa y a la misma vez imponente de nuestro Señor.

¿Te imaginas tener este privilegio? Tengo buenas noticias para ti, todo esto que se presenció en el siglo primero es meramente un anticipo de la gran experiencia que todos nosotrostendremos en el milenio, en el reino Mesiánico. En la era mesiánica, el Mesías, coronado de gloria y esplendor, sentado en el trono de David, conducirá el mandamiento de Hakhel y nos llenaremos de dicha. ¡Baruj Hashem!

Tan solo imagínalo: Miles y miles de personas en Jerusalén alabando al Eterno, dando gracias por los grandes días que han llegado, cada quien mora debajo de su vid y debajo de su higuera como dicen los profetas (Miqueas 4:4, Zacarías 3:10). Hay paz mundial y comitivas de todas las naciones han subido a celebrar la fiesta de los tabernáculos (Zacarías 14:16), el enemigo está atado por lo que las tentaciones han sido minimizadas. El enfoque de cada criatura es conocer a Dios.

Una gran multitud se reúne en el templo de Jerusalén e incluso afuera del mismo. De repente ves una gran cantidad de sacerdotes y levitas cantando y alabando al Eterno. Ellos dicen: “Agradezcan al Eterno porque es bueno”, todos contestamos: “¡Porque su bondad es para siempre!” Gran regocijo hay en medio de canticos y acciones de gracias.

A continuación, el rey de Israel con marcas en sus manos aparece. El danza un poco como David su padre y se une al gozo de todo Israel y las naciones del mundo que han llegado a adorar a Hashem y a escuchar su palabra. El Rey toma el rollo de la torá y dice: “Baruj ata Adonay Elohenu Melej HaOlam asher bajar banu mikol ha’amim venatan lanu et Torató. Baruj ata Adonay noten haTorá”. El más grande Amen de toda la historia es escuchado por todos.

El Rey comienza a disertar cosas increíbles, palabras llenas de gracia y verdad, cosas que han estado ocultas desde la fundación del mundo. En él se cumple lo que los rabinos dijeron: “la torá que la persona aprende en este mundo es vana comparada a la torá del Mesías” (Midrash Kohelet Rabá 11:7). En el Rey de Israel se cumple también la tan famosa profecía: “porque de Sión saldrá la torá y de Jerusalén la palabra del Eterno” (Isaías 2:3).

Esto será lo que pasará cuando el Rey de reyes, señor de señores, fiel y verdadero, la raíz de David regrese a este tierra, ¿Cuánto anhelas estos días? ¿Cuánto anhelas que el mundo sea restaurado y que El Eterno mande a su Mesías? Si lo anhelas, puedes ayudar en el programa de redención del mundo para que todo se dé. Más que estar esperando al Mesías, él nos está esperando a nosotros.

¡Que el reino del Eterno venga pronto y su majestad llene toda la tierra!

Shabbat Shalom!

 

07 Sep, 2020

Parasha Nitzavim

Devarim (Deuteronomio) 29:10 – 30:20

Haftara: Isaías 61:10-63:9

Circuncisión nacional del corazón
La parasha de este shabat se encuentra entre las más cortas de todo el ciclo de la Torah. “Nitzavim” es tan pequeña que es leída la mayoría de los años junto a la parasha Vayelej que es aún más pequeña y comprende únicamente los 30 versos del capítulo 31 de Devarim (Deuteronomio). Sin embargo, no exageramos al decir que la parasha Nitzavim es una de las más importantes de toda la Torah.

El tema principal de la parasha puede resumirse en dos palabras: Teshuvah (arrepentimiento)  nacional. Como hemos mencionado en otros lugares, el arrepentimiento es uno de los temas principales de las escrituras, lo hallamos en la Torah de Moisés, virtualmente no existe un tan solo profeta que no contenga el tema de volverse a Hashem y arrepentirnos del mal hecho y empezar a caminar rectamente delante de él haciendo el bien.

La palabra “Teshuva” viene de “shub” que significa “volver”. La palabra implica cambio de mente, cambio de comportamiento y cambio total de la voluntad. Muchas veces es enseñado que la palabra para “arrepentimiento” en los escritos apostólicos es el griego “Metanae” que significa “Cambio de mente”. En algunas ocasiones se enseña que el arrepentimiento predicado por Yeshua y sus apóstoles, es cambiar de mente y perspectiva y creer en Yeshua como salvador y nada más. Dado que Nuestro maestro no habló griego, sabemos que palabra utilizó cuando en el principio de su ministerio dijo: “Arrepentíos porque el Reino de los cielos esta a las puertas”. El hablaba arameo y hebreo y en su mentalidad judía, el arrepentimiento es más que cambio de mente, incluye cambio de voluntad y de conducta.

El arrepentimiento es tan importante que es la base de la “buena nueva” del Reino predicada tanto por Juan el Bautista como por nuestro Maestro. En una frase el evangelio es: “Arrepentíos porque el Reino de los cielos se ha acercado”. Yeshua dijo que sus discípulos debían de predicar “arrepentimiento y perdón de pecados en su nombre en todas las naciones comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47). El arrepentimiento es considerado por el escritor de la carta a los hebreos como el principio elemental más básico de la enseñanza del Mesías (Hebreos 6:1-2). ¡Ciertamente el arrepentimiento debe de ser importante al tener un lugar tan vasto en la escritura!

En el siglo primero, Yeshua predicó la necesidad del arrepentimiento en Israel, él sabía que si el pueblo se arrepentía nacionalmente hablando, es decir, con un número considerablemente alto de hijos de Israel, la era Mesiánica sería instaurada en breve. En pocas palabras, el intervalo entre su muerte y resurrección y su segunda venida sería consumado en esa generación. Si había arrepentimiento, los discípulos no acabarían de recorrer las ciudades de Israel cuando el hijo del hombre sería revelado con poder (Mateo 10:23). El lloró sobre Jerusalén diciendo que si hubiese habido arrepentimiento la reunión de los exiliados y la era Mesiánica habrían llegado pero la nación no quiso (Mateo 23:37-39).

Yeshua sabía que la final redención nacional de Israel debía de ser precedida por arrepentimiento nacional. Es por eso que su mensaje en un inicio no fue: “Crean en mi y tendrán vida eterna cuando mueran”, sino “arrepentíos porque el Reinado de los cielos esta a las puertas”. Ahora, sería bueno preguntarnos ¿De dónde sacaron Yeshua y Juan El Bautista, que la redención nacional debía de ser precedida del arrepentimiento nacional del pueblo judío? Muy probablemente de esta parasha puesto que es uno de los lugares más claros para sacar esa idea.

Los primeros seis versos del capítulo 30 de Deuteronomio, tienen una importancia vital para entender la redención final. Todos los sabios judíos están de acuerdo en que es una profecía sobre la redención final, la reunión de los exiliados, la regeneración y arrepentimiento nacional y la era Mesiánica ¡Vaya seis versos con tantos temas escatológicos juntos! No estamos exagerando cuando decimos que los demás profetas expanden el tema del exilio y redención final de estos 6 versos de la Torah.

Leemos en la Torah:
“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado El Eterno tu Dios, y te convirtieres a El Eterno tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces El Eterno hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Eterno tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá El Eterno tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver El Eterno tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. Y circuncidará El Eterno tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a El Eterno tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deuteronomio 30:1-6)

La redención nacional de Israel, la era Mesiánica, está claramente condicionada a una vuelta nacional al Eterno. Como efecto de este arrepentimiento en masa, El Eterno reúne a los hijos de Israel que aún quedan en las naciones, se compadece de Israel, causa una regeneración nacional nunca antes vista en Israel (circuncisión del corazón) y hace que todo Israel ande en los mandamientos del Eterno con todo su corazón y alma.

Maimonides considera tan importantes los versos del capítulo 30 que los usa como una de las máximas pruebas sobre la venida del Mesías en la Torah, él nos dice en su Mishne torah:

“Y el que no cree en él, o el que no espera su venida, niega no solamente los profetas, sino también la Torah y a Moisés nuestro Maestro. Ya que la Torah testifica sobre él [El Mesías] como está escrito [En Deuteronomio 30:3-5]: Entonces El Eterno hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Eterno tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá El Eterno tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver El Eterno tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.” (Mishne Torah, Hiljot Melajim 11:1)

Ezequiel amplia esto en su libro donde está escrito:

“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:24-27).

Las frase “os daré corazón nuevo, quitare el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” es equivalente a la frase “Y circuncidará El Eterno tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia”, ambos textos hablan de un regeneración espiritual a nivel nacional nunca antes vista en Israel, en la era Mesiánica.

Tanto Juan como Yeshua, estaban bien versados en estas palabras y sabían que el arrepentimiento no era un accesorio teológico más, no era una opción, no era algo que jugaría un papel secundario en la redención final, el lugar principal le estaba asignado, y por ello, tuvo el lugar principal en su proclamación de las buenas nuevas del reino del Eterno.

El tema de la redención final, la era Mesiánica, la reunión del pueblo judío son temas tan extensos en los profetas, que es increíble el desconocimiento de estos temas entre muchos creyentes gentiles en Yeshua. Al reducir el evangelio a salvación-personal-y-nada-más esto es ignorado por muchos inconscientemente.

Las escrituras nos dicen que en la era Mesiánica, el pueblo judío alcanzará su potencial espiritual como nunca antes, el Mesías gobernará desde Jerusalén, una era de paz y prosperidad será impuesta, el lobo morará con el cordero, las naciones subirán al monte de Sión para aprender los caminos del Eterno, la tierra será llena del conocimiento del Eterno como las aguas cubren la mar (Isaías 11:5-10). Las buenas nuevas no son únicamente la noticia de nuestra salvación personal, son mucho más que eso, estamos hablando acerca de la redención y la reparación del mundo entero.

La Torah promete una circuncisión del corazón para todo Israel. ¿Qué es la circuncisión de corazón? En un sentido es tener un corazón sensible a la voluntad del Eterno, también puede implicar un poder sobrenatural para poder obedecer al Eterno y andar en sus mandamientos; además, en el sentido final y pleno, es la erradicación permanente del instinto al mal y el pecado en los seres humanos que se dará finalmente en el mundo venidero.

Najmanides comenta sobre la circuncisión del corazón que recibirá Israel diciendo:

“En la era Mesiánica, la inclinación natural del hombre será escoger el bien, y el corazón no codiciará lo que es inapropiado… y esto es a lo que se refiere la circuncisión de la cual se habla aquí, debido a que la codicia (y deseos materiales) son como el prepucio del corazón. La circuncisión del corazón es que el corazón no codicie ni desee [lo prohibido]… esto es a lo que se refiere la escritura en Jeremías 31:33 ‘pondré mi Torah en ellos y en sus corazones la escribiré’… Ezequiel dice similarmente: Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. El nuevo corazón se refiere a la nueva naturaleza” (Najmanides sobre Deuteronomio 30:6).

En los escritos apostólicos, Pablo menciona que mientras la regeneración nacional del pueblo judío se concreta, todo judío o gentil creyente en Yeshua puede disfrutar de un anticipo de la circuncisión del corazón. Pablo llama a esto “circuncisión del corazón”, “lavamiento”, “regeneración”. Nuestro Maestro lo llamó “Nuevo nacimiento”. Veamos algunos versos que hablan sobre esto:

“sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.” (Romanos 2:29).

“En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión del Mesías” (Colosenses 2:11).

“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,” (Tito 3:5).

En Romanos 2:29 Pablo indica (Al igual que Moisés en Deuteronomio 10:16) que algo más que la circuncisión de la carne es requerida por Dios para todo judío: El Desea que no solamente su carne sea circuncidad como señal de pacto, sino que desea que su interior sea sensible a él y su espíritu. Esto no quiere decir que Pablo considere la circuncisión en la carne abolida, puesto que el circuncidó a Timoteo (Hechos 16:1-3) y demostró andar conforme a la Torah delante de todos en Jerusalén (Hechos 21:17-25). Lo que está hablando Pablo aquí, es que El Eterno desea en el caso de todo hijo de Israel circuncisión en la carne y también circuncisión de su corazón.

En colosenses y en Tito, Pablo escribe que en nuestra conversión, El Eterno hace algo extraordinario en nuestro interior: El echa el corazón pecaminoso y nos lava regenerándonos por su espíritu. Cuando alguien cree en El Eterno y que su Mesías ha pagado por sus pecados, se arrepiente de todo corazón y le entrega su vida al Eterno, pidiendo que entre en su vida y lo lave, Hashem no se hace esperar.

La biblia indica que un “nuevo nacimiento” ocurre en nosotros, ya no somos los mismos, un cambio interior sobrenatural se comienza a dar en nosotros indescriptiblemente. Todos los que hemos experimentado esto, no podemos alcanzar a definirlo con palabras, es algo más allá del lenguaje.

Cada discípulo de Yeshua, recibe por los meritos de él y por su sangre puesta por expiación y perdón de pecados, un nuevo corazón, una nueva vida, somos una nueva creación, tal como está escrito:

“De modo que si alguno está en el Mesías, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

Desafortunadamente, desde el primer ciclo la mayoría de círculos cristianos han entendido la circuncisión del corazón como antagónica a la circuncisión de la carne. Nada está más lejos de la verdad, precisamente la intención de la circuncisión del corazón es que guardemos los mandamientos del Eterno, en el caso de todo hijo físico de Abraham, esto incluye la circuncisión literal en su cuerpo. Es una total contradicción decir que tenemos la circuncisión del corazón si no tenemos un deseo profundo de guardar los mandamientos de la Torah según Ezequiel 36.

Según la Torah y los profetas, nuestra nueva naturaleza debe de ser la razón que nos lleve a cumplir los mandamientos del Eterno, no a declararlos abolidos o irrelevantes. En el Mesías, tenemos fuerzas renovadas, una porción del espíritu que moraba en él, una ética trazada de cómo vivir la Torah espiritualmente y de contribuir con El Eterno en su plan para reparar el mundo.

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla Castellanos

31 Ago, 2020

Parasha Ki Tavo

Devarim(Deuteronomio) 26:1 – 29:8

Haftará: Isaias 60:1 – 22

Alegrándonos delante del Eterno.

Seguramente la alegría es algo que todos añoramos, algo que deseamos tener en contraposición a la tristeza, y algo que deseamos mantener el mayor tiempo posible. Pero simplemente ¿Cómo podemos mantenernos la mayor parte de nuestro tiempo alegres? ¿Existe algo que puede hacer que nuestro ser interior este a menudo con gozo? La parashá de este shabbat podría llamarse de muchas formas: la parashá de las bendiciones y maldiciones, la parashá de los dos montes, etc. Sin duda alguna, también podríamos llamarla: “La parashá de la alegría”.

La parashá Ki Tavo es pequeña en comparación a otras porciones de la Torá de Deuteronomio y tiene básicamente tres divisiones: primicias y diezmos, maldiciones y bendiciones nacionales por cumplimiento del pacto con El Eterno, y el pacto de Moab con la nueva generación previo a la entrada a la tierra. La lista de maldiciones de esta parashá y todo su cumplimiento en los exilios del pueblo judío, es el tema más popular a la hora de comentar esta parashá. En esta ocasión hablaremos sobre la alegría y el gozo de corazón a la hora de alabar al Eterno.

La parashá comienza prescribiendo el mandamiento de las primicias. Leemos en la Torá:

“Cuando hayas entrado en la tierra que El Eterno tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites, entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que El Eterno tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que El Eterno tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre.” (Deuteronomio 26:1-2)

Al entrar a la tierra y cuando tuvieran su cosecha, los hijos de Israel tendrían que traer las primicias delante del Eterno. Normalmente esto acontecía en el tiempo de Shavuot (Pentecostés) cuando todos los agricultores de Israel traían sus primicias de los frutos la tierra. La manera de identificar las primicias es descrita en la Mishna, la practica era poner un listón en el tronco del primer producto de la tierra que madurara y floreciera (Mishna Bikkurim 3:1), de esta manera el agricultor sabía a ciencia cierta cuál era la primicia de sus frutos.

Seguidamente la Torá relata que cada uno debía de presentarse delante del cohen (sacerdote) que hubiera en sus días y decir: “Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a El Eterno el Dios de nuestros padres; y El Eterno oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y El Eterno nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel. Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh, El Eterno. Y lo dejarás delante de El Eterno tu Dios, y adorarás delante de El Eterno tu Dios.” (Ibid. 26:5-10).

Esta bella declaración debía ser dicha delante del Eterno en el lugar que Él había escogido. Después de la declaración litúrgica, las primicias eran dejadas y entonces se procedía a adorar “delante del Eterno tu Dios”. La declaración contiene un resumen de los humildes inicios de Israel, los peligros que enfrentó, la liberación del Eterno y el cumplimiento de sus promesas.

Inmediatamente después la Torá añade: “Y te alegrarás en todo el bien que El Eterno tu Dios te haya dado a ti y a tu casa” (26:11). Este verso provee el antídoto para estar gozosos continuamente: Alegrarnos en el bien que El Eterno nos ha dado.

Ciertamente no estamos descubriendo la rueda con esta declaración, alegrarnos en el bien de Dios, parece como un viejo cliché teológico quizás no más importante que otros. Superficialmente, no estamos mencionando algo importante y digno de reflexión; sin embargo, lo contario es cierto: La alegría en el bien de Dios es algo sumamente importante.

A menudo los seres humanos somos como pequeños hámsters, nuestro “dueño” es un cruel y déspota manipulador que nos encierra en una pequeña jaula llamada “sociedad” y nos pone en una rueda que se llama “rutina” y nos pone un incentivo delante de nosotros para que corramos siempre en pos de el. Ese dueño generalmente tiene el nombre de “consumismo” o “postmodernismo” y su incentivo es “más cosas” o “más vanagloria”. Y ahí estamos, corriendo en nuestra bonita rueda de ejercicio.

El afán de la vida hace que sea fácil olvidarnos de lo que, si somos, ya tenemos, ya hemos alcanzado, el Dios que tenemos por Padre y nos mantiene enfocados en lo que ¡no somos, no tenemos, no hemos alcanzado, y en lo que Dios, al que llamamos padre, “no nos ha dado”!

Esto nos convierte en esclavos emocionales y mentales de “lo-que-aún-no” y nos distrae o nos hace olvidar el “¡ya-está!”, si esto sigue así sin interrupción alguna, seremos personas generalmente insatisfechos, la “satisfacción” solo durará el momento en donde adquieras algo, ¡para luego pasar a enfocarte en lo que aún no tienes!

¿Qué pasa si un buen día te levantas millonario con esa misma mentalidad y ahora lo que te falta “materialmente” hablando es casi nada? Wow, el vacío será incluso peor: Antes por lo menos tenías una nuez delante de tu rueda materialista de Hámster, ahora ya no hay más por alcanzar, ya está. Si no aprendes a alegrarte en “el bien que El Eterno tu Dios te haya dado” podrías entrar en una gran depresión.

¿Te has preguntado por qué tantos famosos millonarios simplemente están siempre haciendo ridiculeces, arruinando su vida con drogas, tomando antidepresivos y hasta suicidándose? Creo que una canción puede decirnos la respuesta. En el año 2000 Britney Spears sacó una canción llamada “Lucky” (afortunada); en ella se describe a una superestrella que es muy afortunada por todo lo que ha alcanzado pero que es infeliz, muchos críticos consideraron que Spears estaba cantando su experiencia personal; al juzgar por su vida en los siguientes años, parecieran tener razón.

En el coro de la canción se dice: “She’s so lucky, she’s a star But she cries, cries, cries in her lonely heart, thinking If there’s nothing missing in my life Then why do these tears come at night”, traducido esto es: “Ella es tan afortunada, ella es una estrella, pero llora, llora, llora en su corazón solitario, pensando: Si no hay nada que falte en mi vida, entonces ¿por qué vienen estas lágrimas en la noche?

La una vez popular canción expresa la increíble soledad y el sentido de vacío que se genera cuando reducimos al “ser humano” en una “obra humana” o en un conjunto de “bienes para humanos”. Llegar a la cima sin Dios, puede ser peligroso, ya que es vacía, de satisfacción fugaz y sin sentido, es eso lo que han estado ahí descubren.

Fuimos diseñados para algo más, algo más sublime, más infinito, más eterno, es por ello que por más que queramos, no podemos llenar el vacío eterno, invisible y espiritual de nuestra alma con cosas temporales, visibles y materiales.

El famoso matemático Blaise Pascal lo dijo así: “Existe un vacío en el corazón de todos los hombres que no puede ser llenado por ninguna otra cosa creada sino por Dios mismo, el Creador”. Salomón lo dijo filosóficamente: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres… y ha puesto eternidad en el corazón de ellos” (Eclesiastés 3:10-11). Solo Dios puede llenar el vacío del corazón que suspira por lo eterno y lo imperecedero.

Antes de proseguir debemos de hacer una aclaración: en ningún momento estamos endosando el conformismo o diciendo que está mal tener sueños, metas, visiones, luchar por prosperar o mejorarte a ti y a los tuyos. La visión de la biblia no es alabanza del conformismo, sino la búsqueda de mejorar nuestra vida de la mano de Dios, adorándolo, bendiciéndolo y alegrándonos en Él y embarcándonos en su plan de redención del mundo. Es muy distinto ser agradecido por lo que se tiene y esforzarse por lo que falta, a menospreciar lo que tenemos y ser infelices por lo que falta.

Cuando consideramos esto y luego miramos a las sencillas palabras de la Torá: “Y te alegrarás en todo el bien que El Eterno tu Dios te haya dado a ti y a tu casa” podemos aprender una gran lección. ¿Te imaginas lo que pasaría si te dieras un tiempo diario para agradecerle a Dios todo lo que te ha dado? ¿Has imaginado una lista de lo que tienes que agradecerle y estar feliz por ello? ¿Has meditado en todo lo bendecido que ya eres? ¿Has reparado en cómo ha bendecido a los tuyos? Si podemos hacer que el agradecimiento y la alegría por las bendiciones de Dios, estén de continuo en nuestra vista, habremos encontrado la manera más dulce de vida y llenado nuestro vacío interior.

El Salmo 148 poéticamente llama a toda la creación a alabar al Eterno, incluso “el sol”, “la luna”, “las estrellas” deberían alabarlo. ¿Por qué? El salmista dice: “Por qué él mandó y fueron creados” (Salmo 148:5). Tan solo el hecho de haber sido creados es suficiente motivo para alabar al Eterno ¡Cuánto más nosotros que hemos disfrutado del bien del Eterno como seres humanos! Ayer mientras dormiste, sin hacer nada, tu corazón no se detuvo, tus pulmones siguieron respirando y tienes el gran regalo de estar vivo, ¿Acaso no es esto ya una gran bendición?

En esta parashá vemos como alegrarnos delante del Eterno incluso es un mandamiento. El gran Najman de Breslov no erró al decir: “Un gran mandamiento es estar gozosos siempre”. Cuando los peregrinos llegaban a Jerusalén para la fiesta de Shavuot (Pentecostés) tenían la oportunidad de adorar delante del Eterno por todo el bien que había hecho a Israel y a ellos personalmente. Hay buenas razones por las que nosotros deberíamos hacer lo mismo constantemente.

Curiosamente, la parashá retoma el gozo y alegría de corazón un poco después cuando narra las maldiciones que vendrían sobre el pueblo judío por desobedecer y transgredir el pacto con El Eterno. Ahí se nos dice que las maldiciones vendrían: “Por cuanto no serviste a El Eterno tu Dios con alegría y con gozo de corazón” (Devarim [Deuteronomio] 28:47). ¿Puede haber alguna duda sobre la importancia del gozo de corazón por las bendiciones del Eterno?

Esta parashá nos habla poderosamente a todos nosotros: A aquellos que aún no han entregado su vida al Eterno, no se han arrepentido de sus pecados y han recibido la regeneración, el perdón de pecados, ni la redención de su alma por medio de Yeshúa nuestro Mesías. No hay nada más importante en esta vida que estar en paz con El Eterno, arrepentirnos de nuestros pecados y ser redimidos por la sangre que quita toda condenación. La biblia enseña que debemos reconciliarnos con Dios, pedirle que nos limpie con la sangre de su hijo y recibir la dadiva de vida eterna.

El Eterno ha prometido que todos aquellos que se arrepienten de sus pecados, reconocen a su Mesías Yeshúa como el sacrificio por sus pecados, invocándole en oración sincera, reciben vida eterna y perdón de pecados (Juan 3:16, 6:40, Romanos 3:23-24, romanos 10:9, Hechos 16:29-31). Si aún no lo has hecho, te invitamos a que lo hagas y permitas al Eterno justificarte y darte de su amor y crear una relación con Él.

La parashá también tiene una gran lección para aquellos que experimentamos el nuevo nacimiento y hemos recibido la regeneración de nuestras vidas (Juan 3:3, Tito 3:5), la parashá hace que reflexionemos en las siguientes preguntas ¿Qué tanto agradecemos a Dios por todo lo que hace por nosotros? ¿Hemos caído de nuestro primer amor? ¿Es él, el objeto de nuestra “suprema alabanza”? ¿Hemos dejado algunas veces que el afán de la vida nos distraiga y socave nuestra relación con el Eterno? Si esto es así, es un buen momento para volver a donde estábamos, a darnos cuenta de que Papá sigue estando ahí, con su dulce sonrisa esperando nuestra madurez y que podemos ser mejores hijos.

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

24 Ago, 2020

Parasha Ki Tetze

Devarim (Deuteronomio) 21:10-25:19

Haftara: Isaías 54:1-10

Maldecido por Dios es el colgado
En esta semana leemos en la Torah sobre la restricción de dejar más de un día, a alguien que ha sido condenado y ha sido colgado en un madero para servir de escarmiento público. El contexto y significado de este mandato, su uso en los escritos apostólicos, como también la polémica Anti-Yeshua que ha significado desde el primer siglo, hace que sea digno de ser estudiado de manera extensiva. Es nuestra intención hacerlo en esta ocasión.

Antes de cualquier cosa debemos ver el texto en sí mismo y conocer el trasfondo del mandato.

Leemos en la Torah: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que El Eterno tu Dios te da por heredad.” (Devarim [Deuteronomio] 21: 22-23).

Este texto es perfectamente entendible en el contexto histórico de oriente medio de la época de Moshe. Era una costumbre conocida hacer, que cuando una persona cometía un crimen capital, fuera colgado en un madero. ¿Con qué objetivo? Esto era para que sirviera de escarmiento público a las demás personas y que se retrajeran de hacer lo que el condenado a muerte había hecho.

Por ejemplo, si alguien había asesinado a alguien y era condenado a muerte y luego colgado en un madero, se estaba enviando un mensaje poderoso: “Esta es la forma en que acabarán todos los homicidas, sino quieres acabar así, no lo hagas”.

Podemos ver claramente un ejemplo de esto en el libro de Josué donde se nos dice:

“Y al rey de Hai lo colgó de un madero hasta caer la noche; y cuando el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen a la puerta de la ciudad; y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy.” (Yehoshua [Josué] 8:29).

Es importante aclarar, que el condenado era colgado en el madero después de muerto y no antes ni durante su muerte. El hecho de colgarlo era algo que era adicional a su muerte y no tenía que ver con el proceso, el método o el medio de su ejecución.

¿En qué medida la Torah se aparta de las tradiciones de ese tiempo? Un cuerpo podía pasar colgado días enteros sin que fuera bajado. Por el hecho de que la tierra de Israel es una tierra santa, y que en el tabernáculo moraba la presencia manifiesta del Dios vivo y Todopoderoso, no era permitido dejar a un muerto mucho tiempo sin ser sepultado. En el sistema de impuro/puro del tabernáculo y luego del templo, el contacto literal o simbólico con muerte o salida de vida, conlleva impureza ceremonial.

Como hemos explicado en los comentarios a Levítico, si alguien entraba en contacto simbólico o literal con muerte o abandono de vida (cadáver, flujo de sangre, flujo de semen, cuerpo de animal impuro muerto) este adquiría impureza ritual (no confundir con impureza moral o espiritual).

Por su crimen de muerte, su culpabilidad, por servir de escarmiento, se dice que “Maldecido por Dios es el colgado”. ¿En qué sentido lo es? En el sentido de que El Eterno ha traído malos sucesos, mala fama, mal nombre sobre el condenado por lo horrible de su delito.

En los días de Yeshua, los romanos habían llevado un paso más allá lo del madero y el escarmiento. Los romanos no colgaban a las personas después de muertos, sino que las clavaban a un madero y las dejaban morir. A este proceso bestial e inhumano se le conoce como “Crucifixión”. El sufrimiento y el mensaje de escarmiento era aún más crudo y claro, Roma utilizaba mucho esto para reprimir a grupos que buscaban levantarse contra el imperio en Sedición. Miles de galileos fueron crucificados en el siglo primero para dejar claro que aquel que se levantaba contra Roma, pagaría el más alto de los precios. El famoso caso de Espartaco cae en la misma categoría.

La crucifixión era en palabras de Flavio Josefo: “la más miserable de todas las maneras de morir” (Guerras 7.5.4). Cicerón la llamaría “el castigo más cruel y repulsivo de todos”. La crucifixión era la peor de las muertes concebidas incluso entre el mundo pagano, estaba reservada a lo peor de lo peor dentro del imperio romano. Si ser colgado después de muerto era considerado un sinónimo de escarnio y de maldición divina, ¡Cuánto más ser colgado y clavado al madero y morir ahí!

Esto fue un motivo común de tropiezo entre el pueblo judío a la hora de aceptar a Yeshua como Mesías, y aún lo es. “¿El Mesías colgado en un madero? ¿Estás bromeando? La Torah dice que es maldecido por Dios el que es colgado en un madero. ¡Ciertamente el Mesías no debe de ser tan “maldecido” que digamos ya que será el Rey aprobado por Dios!”. Concebir que el Mesías sea un maldecido por Dios, es en el mejor de los casos, problemático desde una cosmovisión judía. Pablo lo sabía y por eso escribió: “Pero nosotros predicamos al Mesías crucificado, para los judíos ciertamente motivo de tropiezo, y para los gentiles locura” (1 Corintios 1:21).

Vemos que a finales del siglo primero e inicios del segundo, aún existía esta objeción inmediata a la fe en Yeshua entre el pueblo judío. Por ejemplo, Trifo el judío (para algunos el Rabi Tarfón del Talmud) en su dialogo con Justino Mártir dice:

“Pero en si el Mesías debería ser tan vergonzosamente crucificado, en eso es que tenemos duda. Porque quien sea que es crucificado es dicho en la ley que es maldecido, así que soy extremadamente incrédulo en este punto. Es bastante claro, por cierto, que las escrituras anuncian que el Mesías tenía que sufrir; pero desearíamos aprender si ustedes pueden probarnos si era por el sufrimiento maldecido en la ley” (Dialogo con trifo 89).

Las palabras de Trifo revelan la cosmovisión convencional judía del primer siglo sobre la crucifixión de Yeshua. ¿Cómo es posible que El Eterno permitiera que el Mesías fuera sometido a la más vil de las muertes? ¿Puede el Ungido de Dios ser maldecido por Dios? Los escritos apostólicos nos proveen esta respuesta: El Eterno permitió esto para que el Mesías tomara la maldición de nuestros pecados sobre él, tal como está escrito:

“El Mesías nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Yeshua El Mesías la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” (Gálatas 3:13-14)

La interpretación popular de este verso, explica que Pablo está diciendo que la Torah era una maldición, y que Yeshua vino a librarnos de esa maldición; por tanto, no tenemos más que preocuparnos por los mandamientos de la Torah, judíos y gentiles por igual. Sin embargo, este no parece ser el sentido, puesto que no se dice que hemos sido redimidos de observar mandamientos de la ley, sino que hemos sido redimidos de la maldición de la ley, esto es nuestra pena por desobedecer los justos y santos mandatos de Dios.

En el contexto de la carta de Gálatas, algunos prosélitos (personas de origen gentil convertidas en judíos siendo adultos y creyentes en Yeshua) explicaban a los gentiles creyentes que debían de convertirse en judíos vía circuncisión y formar parte del pueblo físico del Eterno, esto es Israel, para tener asegurada una entrada en el mundo venidero. Su teología de salvación era: “debes ser parte de Israel para ser salvo y tener una adherencia modesta a los mandamientos. Si no lo haces, no tienes parte en el mundo venidero, o en el mejor de los casos, no estás del lado de la certeza”.

Eruditos como E.P Sanders han definido esta postura como “Nomismo de pacto”, esto es, la creencia en que para tener parte en el mundo venidero se tiene que estar “dentro” para ser aceptado por Dios. Debes de haber nacido judío, o convertirte legalmente por medio de la circuncisión y observar mandamientos en un nivel básico para tener parte en el mundo venidero. En una frase su teología era: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.” (Hechos 15:1).

Pablo responde a estas personas que imaginaban la judeidad como un pasaje directo al paraíso, de manera muy tajante: “Si dependemos de la Torah o de ser judío para ser salvos, tenemos un pequeño lio, la Torah tiene una maldición para todo aquel que no permanece en los mandamientos para hacerlos (Gálatas 3:10) . Más que un ticket de bienvenida, ser judío y guardar el pacto de la Torah es una gran responsabilidad”.

Pablo explica como Hashem en su gran misericordia nos libro de la condenación de la Torah por nuestra desobediencia. El permitió que el Mesías, aquel de quien se dice en Isaías 53 que nunca “hizo maldad ni hubo engaño en su boca” (53:9), cargara no solamente nuestros pecados, sino la infamia, el vituperio, el juicio y la maldición de los mismos ¡Cuan Bueno es nuestro Dios y su misericordia por medio de Yeshua su Mesías!

Ciertamente la noción de que el Mesías pueda ser “maldecido por Dios” es algo pasmoso. Sin embargo, debemos recordar que en la tradición judía se le asignan al Mesías nombres igualmente sorprendentes. Uno de ellos es “Jivra” que significa “Leproso”, asignándole repudio de parte del pueblo judío, sufrimientos que serían tan espeluznantes que se pensaría que está siendo castigado por Dios. De hecho Isaías profetiza que el Mesías sufriría de una manera que daría lugar a pensar que está siendo castigado por Dios porque es un malvado, tal como está escrito:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por llagado (Nagua), por herido de Dios y abatido.” (Isaías 53:4)

El profeta Isaías también describe aflicciones que el Mesías sufriría pero no por que las merezca, sino porque está cargando “el pecado de todos nosotros” para que por su llaga seamos nosotros sanados (Isaías 53:5-6).Además de esto, fuentes judías reconocen que Zacarías 12:10 donde se menciona a “aquel a quien traspasaron” se refiere al Mesías sufriente, o al Mesías Ben Yosef.

De manera que después de considerarlo, un Mesías que tiene una muerte escandalosa y violenta, llena de escarnio por su propio pueblo y cargando los pecados del mundo, no carece de precedentes en la literatura judía ni de base textual en las escrituras. Pablo se dio cuenta de todas estas cosas y por eso dijo: “El Mesías nos libro de la maldición de la Torah, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13).

Si pudiéramos hablar con Trifo y presentar razones por las cuales la muerte del Mesías por crucifixión no contradice la escritura sino que es consistente con la misma, podríamos decir que Isaías habla de una muerte violenta, con mucho dolor y que causa que el pueblo judío piense que el que está siendo castigado, está siendo ajusticiado o “llagado” por Dios. En segundo lugar, Zacarías 12:10 llama al Mesías sufriente “Traspasado” una descripción consistente con un crucificado. En tercer lugar, si el Mesías había de llevar la maldición y juicio de nuestros pecados, no hay otra muerte descrita en la Torah que conlleve maldición, excepto a ser colgado de un madero.

El Eterno ha dado perdón de pecados, redención, salvación, liberación, santificación por medio del único hombre que nunca pecó, pero que fue entregado por amor de nosotros. El mismo dijo que: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:14-16).

Judíos y gentiles por igual, podemos encontrar la certeza del perdón eterno de nuestros pecados, y la experiencia de la regeneración al venir al Eterno amparados en el sacrificio de su Ungido. Todos aquellos que un día lo hicimos, sabemos que tenemos vida nueva, y vida en abundancia. La maldición de Dios fue quitada por el Bendito de Dios y ahora llama a todas sus creaturas a venir a él, arrepentidos de corazón para recibir vida eterna.

Si aún no lo has hecho ¿Qué estás esperando? Los brazos del Eterno y de su Ungido están dirigidos hacia todo aquel que se humilla y se arrepiente de sus pecados. El toca a la puerta y llama, quiere que todos oigamos su voz

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla 

17 Ago, 2020

Parasha Shoftim

Deuteronomio 16:18-21:9

Haftara: Isaías 51:12-52:12

Ni una yud: Salomón y su rollo de Torá

En esta semana estudiamos la porción (parashá) “Shoftim” que significa “jueces”. El libro de Devarim continúa siendo legislativo y prescribiendo a los hijos de Israel leyes varias para diversas situaciones. En la parashá de esta semana encontramos leyes sobre los jueces y alguaciles, sacerdotes y primicias, leyes sobre testigos, como discernir entre un verdadero profeta y uno falso, ciudades de refugio, entre otras.

Entre las leyes que encontramos, quisiéramos considerar esta vez las leyes para el Rey de Israel. En el capítulo 17 de Devarim, la torá legisla ciertos mandatos para el Rey de Israel, tal como está escrito:

“Ciertamente pondrás por rey sobre ti al que El Eterno tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque El Eterno os ha dicho: No volváis nunca por este camino. Ni multiplicará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a El Eterno su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.” (Deuteronomio 17:15-20).

El Eterno manda por medio de Moisés, que el Rey de Israel deberá  cumplir requisitos específicos para evitar que “se eleve su corazón” y crea que él está por encima de la ley del Eterno. Ni siquiera el rey de Israel estaría exento de cumplir los mandamientos de la tora de Moisés, el mismo tendría que escribir un libro de Torá para poder meditar en la ley del Altísimo todos los días de su vida. Dios no tiene hijos con “fuero espiritual”, esto es claro en la parashá de esta semana.

El Mesías de Israel, es en primera instancia el rey de Israel. La palabra “Mashiaj” significa “Ungido” y se utiliza para referirse a sacerdotes, profetas y reyes. La palabra “Mashiaj” también tiene un significado más estricto en la cultura judía y se refiere al último Rey de Israel, el Mesías, el Rey que traerá paz a Israel y al mundo e instaurará la era Mesiánica. Como discípulos de nuestro Maestro, nosotros sabemos que el Mesías ha venido en la persona de Yeshúa de Nazaret, y que prontamente se manifestará por segunda vez a Israel.

En este sentido, las leyes para los reyes de Israel tienen relación con nuestro Maestro Yeshúa El Mesías. El dejó claro que había venido a cumplir la Torá de Moisés, dar un entendimiento óptimo de la misma y corregir errores de interpretación en el conocido “Sermón del monte”. El Rey de Israel debía  meditar en la Torá del Eterno y andar en sus estatutos; nuestro Maestro vivió siempre guardando la torá, al punto de no cometer pecado y poder entregar su vida en expiación eterna por los pecados de Israel y del mundo.

La torá, los mandamientos de nuestro padre Celestial eran su constante delicia y los guardaba como un Tsadik (justo) insuperable. Para evitar que, por su énfasis en los aspectos éticos de la torá, algunos pensaran que estaba aboliendo el resto de los mandamientos, dijo categóricamente en el inicio del sermón del monte lo siguiente:

“No penséis que he venido para abrogar la Torá o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Torá, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (Mateo 5:17-19).

Muy probablemente nuestro Maestro por su espíritu profético vio claramente como en el futuro mucha confusión se daría en torno a su relación con la torá. La rama principal del judaísmo y del cristianismo consideran que él (en otras variantes Pablo) abolió la torá y la consideró obsoleta, algo que tenía que perecer, un odre viejo, etc. Nada podría estar más lejos de la verdad ya que él consideraba a la torá como eternamente obligante. El no pudo ser más explícito, preciso y categórico en Mateo 5:17.

En el lenguaje español estamos familiarizados con la frase “No entendí ni jota”; muy probablemente la frase tiene raíces en la traducción castellana de Mateo 5:17, donde Yeshúa dice que ni “una jota” pasará de la torá. Dicha frase debe de haber sonado en hebreo como “ni una yud pasará de la Torá”. La letra “Yud” es la letra más pequeña del alefbeto hebreo y es casi un pequeño trazo de tinta. La letra más pequeña en el alfabeto griego es la iota así que al traducirse el dicho al griego, se trató de mantener la esencia del dicho.

Lo que nuestro Maestro está diciendo es: “Ni el más mínimo mandamiento de la torá pasará mientras existan estos cielos y esta tierra”, esto es, hasta que venga el Mundo venidero, después del reinado Milenial del Mesías. La torá es la norma de santidad que Dios espera, en ella hay mandamientos para toda la humanidad, y mandamientos especiales obligantes únicamente para el pueblo judío. Dios no ha olvidado su santidad y no ha abandonado su rol de castigar el pecado y galardonar la obediencia a sus mandamientos.

Existe un Midrash (narración homilética judía) que provee información interesante sobre el dicho de Yeshúa en Mateo 5:17. Los rabinos se preguntaban ¿Cómo es que Salomón pudo apartarse tanto del Eterno al final? ¿Acaso no era tan sabio? ¿Acaso no cumplió el mandamiento de escribir un rollo de la torá para sí mismo? ¿Cómo es que ignoró el precepto de “no multiplicar mujeres” de manera tan flagrante? El Midrash contesta con una narración ficticia pero que trata de dar una idea de lo que pasó y enseñar una verdad moral.

Leemos en el Midrash: “Cuando Elohim dio la torá a Israel, El dio tanto mandamientos positivos como negativos, y dio algunos mandamientos para un Rey, como se dice: ‘ni hará volver al pueblo a Egipto para multiplicar caballos para sí mismo, porque El Eterno ha dicho no volváis más por ese camino. Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe’. Pero Salomón se levantó y estudió la razón por la que Dios dio este mandamiento diciendo: ¿Por qué Elohim manda ‘no multiplicará mujeres para sí mismo’? ¿No era para guardar su corazón de desviarse?, Bien, yo multiplicaré esposas y mi corazón no se desviará” (Shemot Raba 6:1).

La lógica de Salomón fue: “El Eterno solamente prohibió multiplicar mujeres para evitar que el corazón se desvié de Él. Si mi corazón no se desvía, puedo tener las mujeres que yo quiera”. Para él, saber la razón detrás del mandamiento, lo capacitaba para no tener que cumplirlo.

Al llegar a esta lógica, el Midrash continúa relatando como Salomón empezó su extravío del Eterno de manera sutil y lenta. Al analizar la torá, y mientras hacía una copia de la misma por el mandato bíblico, Salomón cambió intencionalmente una letra de la torá para hacerla calzar con su nueva “teología”. Salomón cambio la yud de la palabra “Yarbé” (no multiplicará) por una letra “Alef”, haciendo que el texto (Deut. 17:17) leyera: “¡¡¡Yo multiplicaré para sí mismo esposas y su corazón no se desviará!!!”. Al hacer que esta pequeña letra de la torá fuera cambiada, Salomón estaba abrogando un mandamiento, torciéndolo y haciéndolo inaplicable ¡Vaya cambio pequeño!

El Midrash continúa relatando lo siguiente: “En ese momento, la Yud de la palabra yarbé subió a lo alto y se postró delante del Santo Bendito sea, y dijo ‘¡Amo del universo! ¿Acaso no dijiste que jamás ninguna letra sería abolida de la torá? Mira Salomón se ha levantado y ha abolido una. ¿Quién sabe? Hoy él ha abolido una letra, mañana él abolirá otra ¡hasta que toda la Torá sea nulificada!’ El Santo, Bendito sea, respondió, Salomón y mil como él pasarán, pero la más pequeña tilde no será borrada de ti” (Shemot Raba 6:1).

Ciertamente no debemos  creer que esta historia es literalmente cierta (el propósito del Midrash no es ser literal, sino exponer una alegoría o parábola para dar una enseñanza) pero contiene una riqueza increíble. En primer lugar, podemos comprender su punto principal: La desviación de los mandamientos del Eterno generalmente no ocurre abruptamente sino sutilmente. Seguramente Salomón no se levantó un día y dijo: “Ayer todo estaba bien con El Eterno, ¡creo que ofreceré incienso a Astoret hoy!”

Lo que es cierto para Salomón es cierto para todos nosotros: Debemos  cuidarnos de desviar nuestro corazón, incluso mínimamente ya que no sabemos a qué nos arrastrará al final ese pequeño paso al mal camino.

En segundo lugar, el Midrash es curiosamente observado en la realidad teológica de nuestro tiempo. Varios círculos del cristianismo piensan que debido a que ahora entendemos las razones por las que El Eterno ordenó algo, no debemos de considerar el mandamiento para cumplirlo.

Muchos cristianos no conciben como un judío creyente en Yeshúa siga circuncidando a sus hijos varones. “¿Acaso no sabe que la verdadera circuncisión es la del corazón?” Es oído a menudo. Hacer esta pregunta es como decir: “¿Acaso no saben los cristianos que el verdadero bautismo es el del espíritu santo?”. Claro que el judío sabe que la circuncisión en la carne, ordenada por Dios a todo descendiente de Abraham, alude a una mayor circuncisión. Ese tema se conoce desde Moisés quien dijo: “Circuncidad el prepucio de vuestro corazón” (Deuteronomio 10:16).

El entendimiento de un mandamiento no justifica la anulación del mandamiento. De ser así, podría decirse lo mismo del bautismo (en hebreo Tevilá) ¿Acaso no es el bautismo de conversión en nombre de Yeshúa, un símbolo del nuevo nacimiento? ¿Deberíamos de dejar de practicar el rito cuando ya entendemos su significado? ¡De ninguna manera! Todo lo contrario, lo guardaremos mejor por estamos plenamente conscientes de cual debe de ser nuestra motivación y el significado del mismo.

En tercer lugar, es curioso ver como la lógica de la “letra yud” en el Midrash ha sido verificada en ciertos círculos liberales tanto judíos como cristianos. En el Midrash, la letra yud dice que, si Salomón ha empezado borrando una letra, seguirá hasta anular toda la torá. Cuando consideramos las bodas de personas del mismo sexo aprobadas por círculos liberales del cristianismo y de judaísmo reformista, nos damos cuenta de la realidad del Midrash. Todo verdadero creyente en El Eterno debe guardarse de comenzar a desviarse en un aspecto puesto que no sabemos a qué nos llevará después.

Finalmente, el Midrash nos provee una extraordinaria fuente de contexto sobre el dicho de Yeshúa. Es muy probable que la historia fuera conocida en los días de Yeshúa y que él mismo estuviera aludiendo al Midrash en su forma primitiva. A diferencia de Salomón hijo de David, Yeshúa Ben David no ha venido a abolir ni siquiera una yud de la Torá, todo lo contrario, Él ha venido a cumplirla. Al considerar el midrash, el punto de Yeshúa es visto con una intensidad desconocida hasta el momento.

Nuestro maestro dejó claro que los mandamientos de la Torá seguían siendo obligantes. Todos los primeros discípulos judíos de Yeshúa siguieron guardando la Torá y considerándose parte del pueblo judío. Esto incluso ha sido admitido por un Rabino Ortodoxo (No creyente en Yeshúa) moderno en los términos más categóricos. Leemos por ejemplo:

“Los primeros alumnos de Jesús tampoco tenían intención de abandonar las leyes de la Torá; (Hechos 6:13-14, Hechos 21:20-24) Irónicamente, las enseñanzas que el libro del Nuevo Testamento de los Hechos categoriza como un ‘informe falso’ en relación con las enseñanzas de los seguidores de Jesús, es ahora la doctrina oficial del cristianismo. Los primeros seguidores de Jesús no creían que después de que Jesús llegó, las leyes de la Torá ya no eran vinculantes. Por el contrario, su pregunta era si incluso seguidores no israelitas de Jesús tienen que mantener todas las leyes de Moisés.” (Rab Yosef Eliyah en http://torájudaism.org/index.php/articles/41-islam/56-why-do-jews-reject-jesus-as-messiah. Traducción libre).

Nuestro Maestro fue fiel a la torá hasta su muerte. Por su expiación de pecados hemos recibido la purificación espiritual y hemos recibido el espíritu de El Eterno que ha inscrito la Torá en nuestros corazones. Somos un rollo de Torá escrito por el Mesías de Israel y debemos  andar como corresponde a nuestro llamado.

¡Que El Eterno haga que su Ungido se aproxime para que la torá fluya desde Tsion como nunca antes!

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

12 Ago, 2020

Parasha Ree

Deuteronomio 11:26- 16:17

Haftara: Isaías 54:1-55:5

En un abrir y cerrar de ojos.

La parashá Re’e contiene la transición de la exhortación a la obediencia al Eterno hecha por Moisés, y la introducción a una serie de leyes de diversos tipos. En el capítulo 12, Devarim se torna legislativo y deja por un momento de ser el relato de las exhortaciones, amonestaciones y exclamaciones de Moisés.

En la parashá encontramos leyes sobre el lugar que El Eterno escogería para poner su nombre en la tierra de Kenaan, leyes sobre falsos profetas que anuncian al pueblo servir a otros dioses y dejar la Torá, una repetición de las leyes dietéticas, el año de la remisión y una repetición sobre las fiestas de peregrinaje, donde tres veces al año, cada varón judío debe de presentarse delante de El Eterno (Deuteronomio 16:16).

En esta ocasión hablaremos sobre el recuerdo de la Pesaj hecha por Moisés en el capítulo 16 de Devarim (Deuteronomio). Moisés repite las tres fiestas de peregrinaje en vista de que el pueblo está a punto de entrar a la tierra prometida, con el objetivo de recordar a los hijos de Israel, que tendrán que aparecer delante de El Eterno en el lugar que el escogiere. Cuando estaban en el desierto tenían que simplemente ir al tabernáculo de reunión; sin embargo, al entrar a la tierra, deberán ir a la tribu y a la ciudad escogida por El Eterno.

Hablando con respecto a la pesaj (pascua), leemos en la Torá lo siguiente:

“No comerás con ella pan con levadura; siete días comerás con ella pan sin levadura, pan de aflicción, porque aprisa saliste de tierra de Egipto; para que todos los días de tu vida te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto.” (Deuteronomio 16:3).

Moisés recuerda a los hijos de Israel no comer pan con levadura pues habían salido a prisa de Egipto. Debemos de recordar que una de las razones para comer pan sin levadura con la Pesaj, fue que la salida de Egipto fue tan rápida que no dejó tiempo ni para leudar la masa, tal como está escrito:

“Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto, pues no había leudado, porque al echarlos fuera los egipcios, no habían tenido tiempo ni para prepararse comida.” (Exodo 12:39)

La salida de Egipto fue a prisa, sin esperar ni un segundo más, cuando la hora de la redención llegó, nadie podía detenerlo. La salida nacional de Israel, corresponde a la salvación personal de cada discípulo de Yeshúa, somos sacados “a prisa” de la condenación del pecado, y del mundo y la cultura del pecado. Debemos de salir a prisa y no procurar volver nunca más.

Un curioso comentario en Mejilta (recopilación de Midrashim) provee una fuente excepcional de enseñanza. En Mejilta se dice que El Eterno adelantó la hora de la salida de Egipto debido a que cuando la redención llega él no la retarda ni tan siquiera “un abrir y cerrar de ojos”. La frase “un abrir y cerrar de ojos” significa que algo ocurre instantáneamente y es encontrada en otros lugares. Por ejemplo leemos que el arrepentimiento toma efecto “en un abrir y cerrar de ojos” (Pesikta Rabbati 163b).

Existe un acontecimiento que Yeshúa llamó “el nuevo nacimiento” en su encuentro con Nicodemo (Juan 3:1-15). El hablaba de una transformación radical de vida, un hecho que marca el rumbo espiritual de una persona para siempre, así como el arrepentimiento y la salida de Egipto fueron cuestiones de “un abrir y cerrar de ojos”, la regeneración espiritual de todos los creyentes en Yeshúa ocurre en el instante en donde rendimos nuestra vida al Eterno, nos arrepentimos de nuestros pecados y reconocemos a Yeshúa el ungido, como El Señor de nuestras vidas y la fuente de perdón de pecados en su sacrificio.

El nuevo nacimiento es un “acto” que sucede una vez en la vida y no un “proceso” que se tarda toda la vida. La regeneración que nos convierte en hijos de Elohim es un acto, la santificación y nuestro crecimiento espiritual es un proceso que dura toda la vida (Filipenses 1:6).

Lo que Yeshúa llamó nuevo nacimiento es la regeneración que sucede en cada creyente, es una transformación que brinda paz mental, seguridad espiritual y pureza moral; cada verdadero creyente en Yeshúa experimenta esto ocasionado por el espíritu santo prometido por El Eterno. Es una experiencia sobrenatural que es causada por El Eterno a todos aquellos que le rinden su vida. Rab Shaul escribe de esto cuando dice:

“Pero cuando se manifestó la bondad de Di-s nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Yeshúa El Mesías nuestro Salvador,” (Tito 3:4-6)

Los profetas anunciaron que en el reino mesiánico, Israel nacionalmente disfrutaría de perdón de pecados (Jeremías 31:34), se tendría la circuncisión de corazón (Deuteronomio 30:6) y una renovación espiritual pasaría, por obra del espíritu de Elohim en los corazones de los hijos de Israel (Ezequiel 36:26-28). Cada creyente en Yeshúa, judío y gentil por igual, disfruta de una experiencia personal y de un anticipo de la era Mesiánica. ¡Bendito sea El Eterno por su liberación!

La escritura de hecho habla de la liberación del pecado y sus efectos en etapas: en tiempo pasado, presente y futuro. De acuerdo a los escritos apostólicos, fuimos liberados (salvados) de la condenación del pecado (Romanos 8:1, 2 Corintios 5:21, Colosenses 2:14, Tito 3:5), somos salvados del poder del pecado por el espíritu de Elohim que mora en nosotros (2 Timoteo 1:7, Romanos 8:14), esto nos capacita para resistir la tentación y poder vencer al pecado por la fuerza que viene del cielo. Finalmente, también se nos habla que seremos salvados de la presencia del pecado, en la resurrección, la cual es la redención de nuestros cuerpos (Romanos 8:23, Romanos 5:9). La salvación del pecado y sus efectos es pasada, presente y futura.

Es importante diferenciar entre el nuevo nacimiento que acontece en cada hijo de Dios, en Yeshúa, y el “nuevo crecimiento”, el cual es un proceso de santificación y madurez espiritual que dura toda nuestra vida. El primero es un acto, el segundo es un proceso.

El Eterno ha derramado su gracia en Yeshúa nuestro Mesías, a todo aquel que viene a Él por medio del ungido, el Cohen Gadol celestial según el orden de Melquisedec, El Eterno ha prometido perdón de pecados y certeza de salvación en su nombre (Isaías 53:3-8, 59:20, Juan 3:16, 6:40, Romanos 10:9, Hechos 13:39). Para los sedientos de perdón y vida, las aguas de la salvación han sido derramadas a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén con arrepentimiento y perdón de pecados en su nombre (Lucas 24:46-47).

Así como el inicio de la redención de nuestra vida ocurre instantáneamente, “en una abrir y cerrar de ojos”, la resurrección ocurrirá también instantáneamente tal como se nos dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

¡Que la redención final venga prontamente y en nuestros días!

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

03 Ago, 2020

Parasha Ekev

Devarim (Deuteronomio) 7:12-11:25

Haftara: Yeshayahu (Isaías) 49:14-51:3

No solo de pan vivirá el hombre, sino del hacedor del pan.
La tercera parasha del libro de Devarim tiene por nombre “Ekev” que se traduce como “como consecuencia” o “por causa de”. La palabra “Ekev” es muy similar a la palabra “akev” que quiere decir “talón”; esto ha dado pie a muchas parábolas y alusiones que podemos encontrar en los midrashim.

La parasha narra consecuencias de la bendición nacional que vendría al pueblo si vivían a la altura de las expectativas espirituales de pacto. Contiene fuertes exhortaciones de Moshe contra la “auto-justicia” y cualquier sentimiento de merecer la tierra prometida, haciendo un pequeño recuento de cómo el pueblo se reveló contra Hashem desde la salida de Egipto y como estaban vivos por la misericordia de Hashem, las promesas a los patriarcas y la intercesión de Moshe.

Finalmente la parasha concluye con el “Vehaya Im Shamoa” que es la segunda porción de la oración del Shema en la liturgia judía. Dicho verso es básicamente una paráfrasis de alcances colectivos del primer párrafo del Shema (Deuteronomio 6:4-9). Añade bendiciones nacionales que caerían sobre el pueblo por causa de tener fidelidad de pacto.

Una de las frases más famosas encontradas en la parasha es la que se registra en el recuento de los 40 años hecho por Moshe, tal como está escrito:

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de El Eterno vivirá el hombre.” (Devarim [Deuteronomio] 8:3).

¿Qué es lo que quiso decir Moshe con “No solo de pan vivirá el hombre”? Si tomamos un literalismo extremo y desprendido del contexto histórico, ¡Nadie vive únicamente de comer pan! Además ¿acaso el mana no era pan también? ¿Por qué contrastar el mana, que es pan, para enseñar que no solo de “pan” vivirá el hombre?

Debemos de entender que en la cultura judía “pan” equivale a decir “comida” o “alimento”, esto es claramente evidenciado en el libro de Samuel donde se nos dice:

“Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.” (1 Samuel 14:24).

“Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.” (1 Samuel 14:28).

Claramente pan y alimento se consideran sinónimos y términos intercambiables en la narrativa de Samuel. Esto debido a que es un hebraísmo muy conocido decir “pan” para referirse a la comida en general.

En vista de este dato, podríamos parafrasear lo dicho por Moshe como: “No solo de comida vivirá el hombre”. Esto explica en parte el porqué de la frase dicha por él, pero nos deja una pregunta esencial: El mana no volverá a bajar de nuevo ¿Qué es lo que Moshe esperaba que el pueblo supiera o entendiera entonces? En otras palabras, si el mana ya no cae ¿acaso no es cierto que el hombre SI vive de pan, puesto que ya no hay mana del cielo?

A pesar de que ya no hay mana en el sentido portentoso y literal de la palabra, existe un mana que sigue existiendo y es lo que Moshe quería que el pueblo judío entendiera para siempre. Este mana es la provisión sobrenatural del Eterno.

Todo lo que vino a ser, existe por la palabra del Eterno. Hashem creó el mundo a través de su palabra, El es el creador de todo lo que existe. El sustenta todas las cosas por el poder de su palabra y en su mano “esta el poder para fortalecer todo lo que existe” (1 Crónicas 29:12).

Muchas veces la cultura post-modernista, materialista y consumista que nos rodea nos lleva al sutil engaño de que vivimos por nuestros trabajos, nuestras capacidades, nuestro intelecto, nuestra fuerza, nuestros medios, etc. Esta parasha nos recuerda de que no dependemos de nuestro trabajo, sino de aquel que nos da trabajo; no dependemos de la comida, sino del creador de la comida. Eso es lo que significa que “no solo de pan vivirá el hombre”; a pesar de tener circunstancias adversas y de aparente estrechez, todo creyente tiene asegurado que: “Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Yeshua El Mesías.” (Filipenses 4:19).

En Hashem nuestra provisión está asegurada, el tiene cuidado de nosotros y como dijo Shimón Kefa, podemos echar en él toda nuestra ansiedad (1 Pedro 5:7). Cuando entendemos que nuestra vida está guardada en la buena voluntad del Eterno, nuestro afán o stress, por el mañana y por nuestras necesidades disminuye.

El Salmo 147 dice: “El da a la bestia su mantenimiento, a las crías del cuervo que dan voces” (147:9). Versos después dice: “Adonay se complace en los que le temen, en aquellos que esperan en su bondad… El da en tu territorio la paz; te hará saciar con lo mejor del trigo” (147:11, 14).

Es curioso ver como en primer lugar, el salmista dice que Adonay da comida a animales que nos parecen tan repulsivos como los cuervos. ¡Hashem está preocupado por lo que comerá el cuervo el día de hoy! Inmediatamente el salmista dice que él sacia a su pueblo con lo mejor del trigo. Al establecer este orden es como si estuviera diciendo “Si El Eterno está preocupado por lo que comerán el cuervo y su familia ¿Cuánto más estará preocupado por lo que comeremos tú y yo el día de hoy?”.

Es muy probable que este salmo estuviera en la mente de nuestro Maestro cuando hizo una Drasha (exposición o enseñanza) excepcional sobre el tema de la provisión. Leemos que él dijo:

“Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?” (Lucas 12:22-24).

Hashem vela por nosotros, podemos contar con él en momentos de estrechez, en momentos de crisis, en momentos de angustia. El solo está esperando a que reaccionemos positivamente y busquemos refugio en él. El no abandona a los que le temen y escuchará nuestro clamor.

El desorden de prioridades con los que el postmodernismo nos rodea debe de ser retado seriamente. La prioridad número uno de todo creyente es servir a Hashem, lo demás vendrá por añadidura, tal como está escrito:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33)

¡Que El Eterno nos haga entender que vivimos por el creador y no por la creación!

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

27 Jul, 2020

Parasha VaEtjanan

Devarim (Deuteronomio) 3:23-7:11

Haftara: Yeshayahu (Isaías) 40:1-26

Shema Israel: La cultura del oír.
La parasha de esta semana comprende muchos tópicos importantes, encontrándose quizás entra las parashot más importantes ética, moral y teológicamente hablando. La parasha Vaetjanan siempre es leída en el shabbat posterior a Tisha Be’av, conocido como “Shabbat Najamu”. El shabbat toma su nombre de la Haftara (sección de los profetas) del profeta Isaías que comienza con la palabra “Najamu” (“Consolaos”).

Sin lugar a duda podemos fácilmente imaginar el contenido más importante de esta parasha para el pueblo judío: El Shema Israel. El Shema Israel es una parte trascendental en el judaísmo, el judío crece y muere diciendo la famosa declaración que se encuentra en Deuteronomio 6:4 donde se dice: “Shema Israel Adonay Elohenu Adonay ejad” que traducido es “Escucha Israel El Eterno nuestro Dios, El Eterno uno es”.

Es tanto lo que podemos comentar sobre el Shema que este estudio se centrará solo en los aspectos fundamentales del famoso verso del quinto libro de la Torah. Como dijimos, el verso del Shema Israel se encuentra en Devarim 6:4, el verso es parte de una de las oraciones más importantes del judaísmo. Cada judío observante recita el Shema por lo menos dos veces al día en conjunto con otros versos de la Torah. Devarim 6:4-9, 11:13-21 y Bamidbar 15:37-41, son los tres versos recitados en la oración de la mañana y en la noche, cumpliendo así el mandamiento de:

“hablaras de ellas cuando estés sentado en tu casa, cuando andes de camino, al acostarte y al levantarte” (Devarim [Deuteronomio] 6:7).

El carácter corto y categórico del Shema hizo que se convirtiera en el grito monoteísta del pueblo judío. Soportando los embates de la asimilación a culturas y creencias ajenas a la fe judía, el pueblo siempre respondía con “Oye Israel El Señor nuestro Elohim, El Señor es uno”.Miles de mártires judíos, quienes se negaban a abandonar la fe en la edad media y convertirse a la adoración gentil, murieron quemados diciendo estas mismas palabras. Sin duda alguna, el Shema Israel está arraigada al pueblo judío como ninguna otra oración.

Esto hizo que el pueblo comenzara a ver en el Shema, la declaración teológica de la fe judía y el monoteísmo. El Shema rápidamente se convirtió en una especie de credo judío básico, no importa si eres un erudito de Torah, un judío estudioso de Torah promedio, o un completo extraño al mundo de la Torah; lo más fácil de recordar y lo más importante que tienes que saber es: Oye Israel, El Eterno nuestro Dios, El Eterno es uno.

Algunas personas piensan que la máxima declaración monoteísta en la Torah radica en el Shema Israel; sin embargo, debemos de preguntarnos: Cuando Moshe lo dijo ¿tenía el objetivo de ser una declaración de creencia o un mandamiento? Reducir el Shema a una declaración de fe o doctrina puede tener sus inconvenientes cuando consideramos las siguientes cosas:

  • Tanto los sabios judíos como Yeshua nuestro Maestro, hablaron del Shema siendo un mandamiento. ¿En qué sentido la declaración del Shema es un mandamiento? ¿Qué acción demanda “Oye Israel El Señor nuestro Dios El Señor es uno”? ¿Acaso no es meramente el Shema algo que hay que creer y no algo que hay que hacer?
  • Versos atrás en la parasha, Moshe ha tocado el punto de la creencia monoteísta en los términos más categóricos posibles diciendo: “Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que El Eterno es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.” (Devarim 4:39). ¿Es el Shema simplemente una manera alterna de decir esto o hay algo más en su naturaleza?

Consideremos esto: El verso de Devarim 4:39 es quizás la máxima declaración monoteísta de la Torah; reparando en varios aspectos de este verso parece ser el más claro verso en toda la Torah sobre la creencia en un solo Dios. ¿Estamos exagerando al decir esto? ¿Podemos dar evidencia de la Torah y la tradición judía sobre nuestra aseveración? Analicemos algunas cosas sobre este verso:

  • El contexto del verso viene hablando de la revelación del monte Sinai donde todo el pueblo oyó la voz del Eterno pero no vio ninguna figura (4:10-12). Luego habla de cómo El Eterno hizo algo para que siempre creyeran en Moshe y en la Torah: Una revelación colectiva en donde todo el pueblo (y no solo un individuo) oyó su voz en el monte y como él sacó al pueblo de Egipto con brazo poderoso. Después de esto, Moshe dice que todo esto fue para demostrar que no hay otro Dios sino Adonay.
  • El verso comienza haciendo un llamado a creer o a saber esto diciendo: “Sábelo hoy (Veyada’ta Hayom)”. Si hay un verso que Moshe quería que el pueblo creyera, sin duda alguna es este, pues comienza haciendo un llamado a saber eso y llevarlo al corazón.
  • El verso utiliza el nombre “HaElohim” y no solamente “Elohim” para enfatizar que está hablando sin lugar a dudas del Eterno. Otras creaturas en la escritura son llamadas Elohim (Moshe, los jueces de Israel, los ángeles) pero al utilizar el enfático “HaElohim”, se evita cualquier tipo de ambigüedad.
  • El verso es claro en decir que no hay otro “HaElohim” ni en los cielos ni en la tierra, haciendo completamente infinita su esfera de alcance.
  • Cada vez que en una sinagoga se ora y se recita el “Alenu” (oración final de cada servicio) se dice: “El es nuestro Dios; no hay otro más. Verdad es nuestro Rey, y no hay nada fuera de Él, tal como está escrito en la Torá: Sabe hoy y llévalo a tu corazón que El Eterno es Dios, arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay nadie más”. Si en todos los libros de oración del mundo, en el Alenu se usa este verso como la prueba definitiva del monoteísmo, es debido a que los sabios entendieron que este verso proveía una declaración insuperable de la creencia judía.

Como vemos hay buenas razones para pensar que el verso más claro, explicito y excepcional a la hora de declarar el monoteísmo de la fe judía es Devarim 4:39 y no el Shema Israel. Esto no quiere decir que El Shema no tenga connotaciones claras de Monoteísmo o que no tiene nada que informarnos sobre el tema; simplemente debemos darnos cuenta que si ese es su único objetivo, habría un verso aún más claro en capítulos anteriores.

Si el objetivoprimario del Shema no es ser la máxima declaración de Monoteísmo ¿entonces cual es? Antes de contestar esta pregunta, es necesario recordar que la grandeza del Shema radica en que es más que un verso de creencia, es un verso de acción y el MAS GRANDE MANDAMIENTO.Comentando esta realidad, una nota de la biblia judía de estudio (Jewish Study Bible) nos dice:

“Lectores modernos consideran el Shema como una afirmación de monoteísmo, un punto vista que es anacrónico. En el contexto de la antigua religión israelita, sirvió como una proclamación pública de lealtad exclusiva a Hashem como el único Señor de Israel.” (Adele Berlin and Marc Zvi Brettler, eds., The Jewish Study Bible [New York: Oxford U. Press, 2004], 380).

Esta declaración es asombrosa viniendo de una biblia judía de estudio y a la vez muy iluminadora. En síntesis declara que la intención primordial de Moshe a la hora de decir el Shema, no fue dar un credo, o una aseveración de monoteísmo; su objetivo principal fue recalcar la exclusiva lealtad, fidelidad y obediencia del pueblo judío a Hashem.

Esto tiene todo el sentido del mundo cuando vemos lo que sigue al Shema Israel: “Y amarás a El Eterno tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (Devarim [Deuteronomio] 6:5).

En otras palabras lo que Moshe está diciendo en el Shema no es: “Hijos de Israel crean que El Eterno es uno” (algo que ya había dicho en Devarim 4:39), sino algo muchísimo más poderoso:

“Hijos de Israel, oigan atentamente: Puesto que El Eterno nuestro Dios es uno, nuestra fidelidad entera está únicamente dirigida hacia ÉL, debemos amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. En vista de que no tenemos otro Dios, todo nuestro ser debe de estar unificado en servirle. No tenemos dos dioses o dos señores de manera que tengamos conflicto de decisión o de amor. ¡Tenemos un solo Dios y nuestra fidelidad y obediencia están cien por ciento hacia él!”

¿Ahora si es un mandamiento verdad? Cuando percibimos la intención primaria del Shema vemos como todo encaja perfectamente. Cada vez que cierres tus ojos para decir El Shema al levantarte, después del Alenu, antes de acostarte, recuerda que El Eterno espera muchísimo más que una mera creencia intelectual, el espera completa obediencia y fidelidad.

Es debido a esto que nuestro Maestro no titubeó al decir que El Shema es el mandamiento más grande de todos, no hay esfera de nuestra vida que no sea afectada por el Shema Israel, no hay deseo que no sea afectado, no hay pasión que no sea afectada, no hay pensamiento que no sea afectado, no hay ilusión que no sea afectada. El Shema nos dice hacia quien debe de estar toda nuestra fidelidad en momentos de tentación, duda o dilema moral.

Es por esto que nuestro Santo Maestro dijo:

“Yeshua le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” (Marcos 12:29-31).

El Shema tiene un mensaje claro para nuestras vidas. En cada momento de dilema moral o de tentación debemos de oír que tenemos un solo Dios y que hacia ÉL es nuestra fidelidad. Al amarlo con todo el corazón, el alma y nuestras fuerzas, estaremos capacitados para obedecerlo y cumplir todos sus mandatos según nuestras fuerzas con el poder del espíritu que se nos ha dado.

Es por esto que el Shema comienza diciendo: “Escucha” y no “Observa”. Muchas veces nuestros ojos pueden engañarnos, muchas veces la percepción que recibimos del mundo puede hacernos dudar de la buena voluntad del Eterno, de su deseo para nuestras vidas, de sus leyes y de sus decretos. Esto fue precisamente lo que aconteció a los espías, al ver la altura de los anaceos y las ciudades amuralladas, su fe decayó totalmente destinando a la generación del éxodo, a perecer en el desierto.

La fe viene por el oír la palabra del Eterno (Romanos 10:14). Es por esto que el enviado de Yeshua a los gentiles, Shaul de tarso, escribió:

“porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).

Cada vez que esto sucede debemos de acordarnos de una sola palabra: Shema. Escuchemos atentamente la voz del Eterno, su Torah, su palabra, sus promesas, sus mandamientos, su suave suspiro en nuestro oído, su voluntad que se revela a nosotros.

El Rab Jonathan Sacks lo describió quizás insuperablemente cuando dijo:

“La mayoría de las civilizaciones han sido culturas del ojo. El judaísmo, con su creencia en el Dios invisible que trasciende el universo, y su prohibición contra las representaciones visuales de Dios, es supremamente una civilización de la oreja. Los patriarcas y los profetas no vieron a Dios; ellos lo escucharon. Por lo tanto, el verbo clave en el judaísmo es Shema, “escucha”. Para darle fuerza dramática a la idea de que Dios es escuchado, no visto, cubrimos nuestros ojos con la mano mientras decimos estas palabras” (The Koren Siddur, with Introduction, Translation, and Commentary by Rabbi Sir Jonathan Sacks [Jerusalem: Koren Publishers, 2009], 471.)

¡Que El Eterno haga que vivamos el gran mandamiento amándole con todo nuestro ser!

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

20 Jul, 2020

Parasha Devarim

Devarim (Deuteronomio) 1:1-3:22                                  Haftará: Isaías 1:1-27

Duras palabras de amor.

En esta semana comenzamos a explorar el último libro de la Torá, cuyo nombre en hebreo es “Devarim” que traducido es “palabras”. La primer parashá posee el mismo nombre y narra una pequeña recapitulación de ciertos sucesos acontecidos en la travesía por el desierto y registrados en los primeros libros de la Torá de Moisés.

Por esta razón, en las traducciones modernas se le llama “Deuteronomio”, que significa “Segunda ley” o “repetición de la ley” (Este nombre es derivado de la versión Septuaginta). En gran medida, el libro de “Devarim” es una repetición comentada y ampliada por Moisés; en el encontramos sucesos acontecidos en Éxodo, levítico y Números así como también, más leyes necesarias para la nueva generación que estaba a punto de entrar a la tierra prometida.

El título en hebreo para el libro también es pertinente desde el punto de vista devocional y espiritual. El libro de Devarim está compuesto en gran medida de consejos, reprensiones y exhortaciones hechas por Moisés a la nueva generación de Israelitas. Moisés da muchas reprensiones recordando el pecado de la generación que salió de Egipto y como El Eterno no se agradó de ellos, sino que dijo: “No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres” (1:35).

En buenas porciones del libro de “Devarim”, Moisés tiene palabras duras para los hijos de Israel, quizás no son las palabras que convencionalmente desearíamos encontrar en la despedida de un gran líder y caudillo; sin embargo Moisés amaba tanto al pueblo de Israel, que estaba dispuesto a ser claro con ellos para evitar que su historia fuera una repetición de la generación que salió de Egipto. Moisés tenía duras palabras de amor, el amor se preocupa por el otro y está dispuesto a palabras no tan cómodas cuando se trata de cuidar, proteger y corregir algo que hará daño.

Sin duda alguna, el suceso más funesto registrado y recordado por Moisés en esta parashá es lo acontecido a los diez espías y el castigo de la generación del desierto por su incredulidad y perversidad. Moisés vuelve a recordarlo para hacer hincapié en no repetir esos mismos errores y hacer que la ira santa y justa del Eterno venga sobre su pueblo otra vez.

En esta misma línea, la Haftará (sección de los profetas) de esta semana es el famoso pasaje de Isaías donde él arremete en una fuerte reprensión contra el pueblo judío y sus gobernantes en el siglo VIII antes de la era común. Las duras palabras de Moisés y de Isaías, buscaban hacer que él pueblo escapara del juicio, tuviera arrepentimiento y confiara en El Eterno, su escudo y su ayuda.

No es coincidencia que en todos los años la parashá Devarim coincida con el shabbat previo a Tisha Be’Av (9 de Av). El día noveno del quinto mes del calendario judío es sin duda alguna el más trágico en el calendario, muchas catástrofes acontecieron al pueblo en ese día. El primer templo fue destruido por los babilonios en el año 586 AEC, el segundo templo fue destruido en el año 70 de nuestra era por los romanos, la fortaleza de Betar cayó en este día, los judíos fueron expulsados en el año 1492 de la tierra de España en un Tisha Be’av, entre otras cosas.

Según la tradición (Mishná Ta’anit 4:6) también el reporte de los diez espías fue dado en un Tisha Be’Av. En este sentido, el primer Tisha Be’Av fue trágico porque se decidió el juicio contra la generación entera por no haber creído en las buenas palabras de El Eterno, sino en el pesimismo y la falta de fe de los 10 espías.

En memoria de todas estas desgracias, y para meditar en nuestros caminos y volvernos del mal, Tisha Be’av es un día de ayuno para todo el pueblo judío. La biblia lo llama: “el ayuno del mes quinto” (Zacarías 8:19).

Cada año en el shabbat previo a Tisha Be’av tenemos la oportunidad de meditar en nuestros caminos, tener una seria inspección, volvernos de nuestro orgullo y malos hábitos, decidir caminar íntegramente delante del cielo, enmendar nuestras veredas torcidas.

Moisés e Isaías nos recuerdan lo que ha pasado cuando no atendemos la voz del cielo, cuando persistimos en nuestra obstinación, cuando oímos claramente lo que debemos hacer pero terminamos haciendo lo que queremos hacer. El Shabbat previo a Tisha Be’av (Shabbat Jazon) es el shabbat de las duras, y a la vez, suaves palabras de amor.

Duras porque nos duele ver cómo nos hemos alejado de lo que debemos ser, duras porque estamos plenamente conscientes del daño causado, duras porque no podemos creer que hicimos cosas que nunca concebimos, nunca planeamos, pero que finalmente realizamos. Al mismo tiempo, son suaves y dulces palabras; nos gustan porque nos quedamos totalmente asombrados de que con todo y lo malo, aún hay esperanza para nosotros, porque no podemos comprender el inefable amor del Eterno que sigue esperando pacientemente que hagamos Teshuvá. Una hora de arrepentimiento en este mundo, dirán los sabios, es más que toda la vida en el mundo venidero (donde ya no podremos tener el mérito de arrepentirnos, pues nuestra naturaleza será reformada).

Como hemos mencionado en la parashá Shelaj leja, la generación del desierto tiene una gran similitud con la generación que vio el ministerio y obras de nuestro Maestro. La generación del desierto es descrita como perversa tal como la generación de nuestro maestro. Ambas generaciones tuvieron los despliegues de milagros más grandes de la historia bíblica, ambas generaciones no creyeron, son descritas como malas, y pierden la promesa hecha. El cumplimiento no será perdido, será dado a otra generación.

Tanto Juan el Bautista como Yeshúa vinieron predicando un sencillo mensaje: “Arrepentíos porque el reino de los cielos (la era mesiánica) esta a las puertas”. Este era el sencillo mensaje conocido como “la buena nueva del reino” o “El evangelio del reino”. El mensaje consistía en algo como esto: “El reino de los cielos, esto es la era Mesiánica de paz y justicia perdurable está a las puertas, a punto de hacerse manifestar, el Mesías ha llegado, si como Nación respondemos con Arrepentimiento, la era Mesiánica se manifestará con todo su esplendor”.

Esta “Buena nueva” fue similar a lo que Moisés dijo a la generación del desierto como está escrito: “Mira, El Eterno tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como el Eterno el Dios de tus padres te ha dicho” (Deuteronomio 1:21).

Sin embargo como sabemos, ambas buenas nuevas del Eterno no fueron creías por ambas generaciones. El resultado fue el mismo: Juicio contra la generación y el retardo del cumplimiento de las promesas del Eterno a otra. En el caso de la generación del desierto, la tierra prometida fue dada a otra generación, en el caso de la generación de nuestro Maestro, fue ni más ni menos que la era Mesiánica la que será dada a otra generación.

Nuestro Maestro sabía que la falta de arrepentimiento nacional de Israel haría inevitable el juicio del Eterno, la vara del juicio y los futuros destructores del templo, no serían esta vez los babilonios, sino alguien mucho peor: El imperio romano. Contemplando proféticamente lo que los romanos harían, el lloró, se lamentó sobre Jerusalén, e incluso en la hora de su muerte llamó a las hijas de Tsion a no llorar por él, sino por lo que los romanos harían a sus hijos. Leemos en los escritos apostólicos lo siguiente:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39).”

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,” (Lucas 19:41-43).

“Pero Yeshúa, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron.” (Lucas 23:28-29).

Si alguien lloró, se lamentó y sintió en su corazón el Tisha Be’av del año 70 por anticipado, este fue nuestro Santo Maestro. El vio como el templo sería destruido, básicamente lo que estaba diciendo fue: “¡Cuánto quise que la redención final viniera pero no quisiste al no hacer Teshuvá! Por tanto, el exilio será profundizado y el Bet HaMikdash será destruido. La redención final aguardará hasta el día que me digáis: ¡Baruj Haba Beshem Adonay!”.

Para Yeshúa la destrucción del templo no era la necesidad teológica de un sistema fallido, era la destrucción de la casa de su padre. El exilio del pueblo judío y que Jerusalén fuera hollada por los gentiles era la más terrible desgracia. Lastimosamente, como dirá el talmud, esa generación fue culpable de “Sinat Hinam”, esto es odio gratuito, y lejos de hacer Teshuvá, esa generación hizo todo lo posible para traer la ira del Eterno.

La respuesta desesperada de los zelotes intentando vencer a los romanos por sus propias fuerzas y sin la aprobación del cielo, es similar a la derrota que la generación del desierto sufrió en Horma (14:39-45). Nuevamente la obstinación siguió a la incredulidad y la falta de arrepentimiento de la generación.

Nuestro Maestro, al igual que Moisés, advirtió que El Eterno no estaría con ellos en esta obstinación, al no haber adoptado el programa del cielo para recibir las promesas del Eterno, la obstinación no era la opción. Yeshúa advirtió claramente que: “Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.”(Lucas 21:20-21).

La historia atestigua que los judíos creyentes en Yeshúa huyeron a Pela cuando vieron la convulsión que llegaba a Jerusalén. Atendiendo a la advertencia de Yeshúa, la mayoría de sus discípulos escapó de la horrible suerte de la obstinación de los zelotes y la destrucción de los romanos.

Lo acontecido en el año 70 es algo tan terrible, que cualquiera que lea lo que Josefo describe en su libro “Guerras de los judíos” se conmoverá grandemente. El estima que más de un millón de judíos murieron en la destrucción del templo, 97,000 fueron vendidos como esclavos para servir en trabajos duros o de entretenimiento en el coliseo. El templo fue destruido hasta la última piedra y los romanos pusieron sus abominaciones en el lugar y sacrificaron a dioses paganos. Más tarde, Adriano llamaría a Jerusalén “Aelia Capitolina”, en honor a sus dioses.

Cuando consideramos a todos los que murieron del hambre en esos días de verano y de calor, podemos entender las palabras de nuestro Maestro cuando dijo: “Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.” (Lucas 23:30).

El hambre, el calor, la sangre en el templo, el sitio de los zelotes, los falsos profetas comprados por los zelotes dando falsas esperanzas de paz, como en el tiempo de Jeremías, la espada, la humillación, el exilio, todo es demasiado horrible para ser verdad… Pero lo fue.

En este Shabbat tenemos el llamado de las duras palabras de Moisés, Isaías y de nuestro Maestro y Redentor Yeshúa El Mesías. Preparémonos para el ayuno meditando en nuestros caminos, lamentando por Sión pues los que se lamentan por Jerusalén, serán consolados juntamente con ella, tal como se dice:

“Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella” (Isaías 66:10)

 

 

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

 

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