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14 Jul, 2020

Parasha Masei

Números 33:1-36:13

Haftara: Jeremías 2:2-28; 3:4.

Fuentes y palmeras: judíos y gentiles y su rol en la redención.

En esta semana arribamos a la última parashá del libro de Bamidbar, generalmente esta parashá es leída junto a la parashá Mattot. En un año judío que tiene doble mes de Adar, es leída individualmente. En ella leemos un recuento de las jornadas de los hijos de Israel, instrucciones sobre la entrada a la tierra y los limites, las ciudades que se darían a los levitas, ciudades de refugio y la reglamentación sobre el matrimonio de mujeres herederas de tierra, como las hijas de Zelofehad.

Dentro del recuento de las salidas, algunas estaciones de los hijos de Israel son recordadas con comentarios breves de Moisés, mientras que otras son simplemente mencionadas. Una de estas estaciones es Elim, tal como está escrito:

“Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí.” (Números 33:9).

En Elim había doce fuentes de agua (‘Enot Mayim) y setenta palmeras (Temarim). Frecuentemente se entiende que esto es una alusión a las doce tribus de Israel y las setenta naciones. Como hemos mencionado anteriormente, en el judaísmo decir “setenta naciones” es equivalente a “toda la humanidad”; esto debido a que en Génesis 10 se contabilizan a 70 naciones sin contar a Shem y Heber, ancestros de Israel.

El cuadro descrito en Elim provee una hermosa analogía del ideal de El Eterno para Israel y las naciones: Israel es la nación escogida para traer al mundo su palabra y al Mesías. Espiritualmente, las doce tribus de Israel son doce fuentes de aguas que traen al mundo entero lo necesario como un canal de bendición. Las naciones se benefician de la nación sacerdotal y obtienen ricas bendiciones de Israel.

Esto no es nuevo, desde el inicio El Eterno dijo a Abraham: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:2-3).

El Eterno dice que haría de Abraham “una gran nación” (Israel) y que en él, serían benditas todas las familias de la tierra (la humanidad). Este fue el ideal de El Eterno en los albores de este mundo y algo trascendental a la hora de comprender su programa redentor. En síntesis, Israel es la nación sacerdotal para bendecir al mundo, su elección no es la exclusión del mundo, sino el medio para bendecir al mundo.

Esto ha sido a menudo mal interpretado por muchas personas, la distinción sana y sin discriminación entre judíos y gentiles es objeto de confusión desde el primer siglo hasta este mismo día. Podemos identificar por lo menos tres etapas de creencias erróneas en torno a esta división puesta por El Eterno:

1.      Nomismo de pacto.

En el siglo primero existía una creencia errónea en muchos judíos, la erudición moderna (E. P Sanders por ejemplo) lo ha llamado “Nomismo de pacto”. ¿Qué es esto? Es la creencia de salvación por ser judío o convertirse en judío. Es decir, Israel es el pueblo de pacto, para tener parte en el mundo venidero basta con ser del pueblo y tener una adherencia mínima a los mandamientos para asegurar permanecer en el. Si alguien no es judío, entonces debe de proceder a circuncidarse, esto es, convertirse legalmente en judío y entrar al pueblo de pacto y permanecer ahí.

Esto explica el porqué de las palabras de Juan el Bautista: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” (Mateo 3:7-9).

Esto también explica porque muchos creyentes en Yeshúa insistían en circuncidar a los hermanos gentiles que se adherían al movimiento de Yeshúa. La circuncisión en este contexto significa conversión al judaísmo. De esto leemos que muchos enseñaban: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.” (Hechos 15:1). Para ellos ser judío y mantenerse dentro del pueblo de pacto por adherencia modesta a los mandamientos, equivalía a un destino eterno favorable. En otras palabras, Nomismo de pacto es como decir: “no puedes ser salvo si no eres judío”.

Esto explica porque Pablo luchó incansablemente para erradicar esta teología nociva del movimiento de Yeshúa. Pablo claramente percibía que la voluntad del Eterno no es que todos fueran judíos, las profecías de la era Mesiánica hablan de un Israel restaurado, con el Mesías reinando en Jerusalén, el tabernáculo caído de la casa de David siendo levantado en el reinado Mesiánico y gentiles viniendo a Jerusalén y aprendiendo del Mesías. Decenas de profecías de la era Mesiánica incluyen a Israel y las naciones. Si todo el mundo se convierte al judaísmo, perdiendo su nacionalidad y pasando a ser parte de Israel, ¡no habría más naciones!

Pablo entendió esto, al igual que Jacobo en Hechos 15 y luchó por el derecho de los creyentes gentiles a permanecer siendo gentiles. Al grupo de gentiles que abandonan la idolatría, viven según las leyes universales de la Torá y adoran al Dios de Israel, se les llama en la teología judía “Temerosos de Dios” (Yire Elohim), este título es conocido desde antaño y también mencionado por Pablo (Ver Salmo 135: 19-20, Salmo 118:1-4, Hechos 13: 16).

  1. P Sanders en su libro Paul and Palestinian Judaism presenta evidencia sobre la existencia de “Nomismo de pacto” en los primeros siglos, y como Pablo no estaba de acuerdo con esto.

En síntesis la creencia errónea del primer siglo, ahora conocida como “Nomismo de pacto” empañaba y hasta borraba la diferencia entre judío y gentil, al decirle al gentil que debía hacerse judío.

2.      Teología del reemplazo o “Supersesionismo”.

Después del error de la primera parte del siglo, otra creencia errónea y peligrosa surgió ahora del lado gentil. Ignacio y Justino Mártir fueron los dos principales promotores de esta visión. La teología del reemplazo, conocida también como “Superssesionism” entre los anglosajones, es la creencia que indica que Dios ha desechado al pueblo judío y lo ha reemplazado con la iglesia. El pueblo judío no tiene más derechos de pacto con El Eterno y ahora deben convertirse en cristianos para ser parte del pueblo de Dios. La mayoría de formas de esta teología también niegan el derecho del pueblo judío a la tierra de Israel.

Los libros de los padres de la iglesia están empapados de esta manera de pensar en su gran mayoría. La forma más ruda y violenta de esta, se encuentra quizás en los escritos de Crisóstomo, llamando al pueblo judío “los asesinos de Dios” y diciendo “Dios odia a los judíos y yo también los odio”.

La teología del reemplazo aún subsiste sutilmente en círculos protestantes y católicos. En la edad media, una “prueba” de conversión para un judío que había pasado a ser cristiano, era comer cerdo u otra cosa que significaba una clara violación de la Tora. Con esto, la iglesia presentaba a cada judío converso como un trofeo y como símbolo de su superioridad sobre el pueblo de Israel.

La teología del reemplazo socava y elimina la diferencia entre judío y gentil, al decirle al judío que debe de volverse gentil para ser aceptado por Dios. A esto se le ha llamado “Galatanismo inverso” ya que promueve lo contrario de los oponentes de Pablo en Galacia: El judío debe de hacerse gentil para ser aceptado por Dios.

3.      “Una  Sola ley” (One law theology)

La teología “Una sola ley” es una creencia muy popular entre círculos de gentiles mesiánicos. Su auge es reciente relativamente hablando; la mayoría de adherentes a esta teología son gentiles mesiánicos que previamente formaban parte del protestantismo clásico pero lo abandonaron en malos términos por sus errores en torno a la Torá y al pueblo judío (ciertos caraítas son una excepción a esta regla, al creer una forma de esta postura).

Esta teología declara que no hay diferencia de aplicación en los mandamientos de Dios. Tanto judíos como gentiles deben de guardar toda la Torá de igual manera, el “cuento” de las siete leyes de Noé, o de mandamientos que aplican únicamente al pueblo judío y no a los gentiles, es concebido como “mito rabínico”.

Esta creencia surge de un énfasis desmedido a ciertos versos de la torá en donde se menciona la frase “una sola ley”; los versos más comunes son Éxodo 12:49 y Números 15:15-16. Veamos esos versos:

“Más si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para El Eterno, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros.”(Exodo 12:48-49).

“Un mismo estatuto tendréis vosotros de la congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el extranjero delante de El Eterno. Una misma ley y un mismo decreto tendréis, vosotros y el extranjero que con vosotros mora.” (Números 15:15-16).

Al examinar el contexto de Exodo 12:48-49 y de Números 15:15-16 nos damos cuenta que ambos hablan de aspectos particulares y específicos y que no buscan ser la generalidad. Exodo nos habla de la celebración de la Pesaj (traducida como “Pascua”) y Números nos habla de las ofrendas traídas al tabernáculo y luego al Templo. Si (y solo si) un extranjero quería participar de dichas cosas, debía de hacerlo con las mismas reglas de un hijo de Israel. Si quería comer la Pesaj, debía de tener el mismo requisito que un hijo de Israel: ser circuncidado; de igual manera, si quería traer una ofrenda, debía hacerlo con las mismas reglas.

El simple hecho que tenga que especificarse que para esas circunstancias, debía haber una sola ley, prueba que para otras no había la misma obligación. Por ejemplo, un no judío no tenía que utilizar tzitzit (borlas) en sus vestidos (Números 15:37-41); tampoco está obligado a poner Mezuza en su casa (Deuteronomio 6:9), ni tampoco estaba obligado a guardar todos los mandamientos de identidad israelita, que cada judío debe hacer. Dichos versos, no pueden usarse para implicar el hecho de una misma obligatoriedad ante la Torá.

En la Torá encontramos leyes para toda la humanidad, leyes adicionales para el pueblo judío, leyes adicionales para levitas, sacerdotes, el sumo sacerdote, el Rey de Israel, etc. Nadie es culpable por transgredir un mandamiento que no es obligante para él, sino para otro grupo (Para más información ver nuestro artículo “¿Una sola ley?”

En círculos mesiánicos que se adhieren a la teología “Una sola ley”, parece haber un mal entendido de identidad en todo su andamiaje. La razón por la que muchos quieren ser reconocidos en el pueblo físico del Eterno (Israel), o quieren ser llamados “judíos”, es porque no entienden que ser gentil también incluye un rol profético asombroso.

Al haber descubierto la rica savia del olivo, Israel y la hermosura de la torá, el creyente de origen gentil puede pensar que no hay un llamado profético para alguien de las naciones, a no ser que se haga judío por lo menos en la práctica. Al considerar tantas profecías de restauración de Israel, el fin del exilio, la reunificación de los exiliados, el reino de Israel, la vuelta de las tribus a su tierra, el creyente gentil se siente fuertemente impactado y sea como sea, debe de buscar compartir ese destino.

Lo que a menudo no es enseñado entre estos círculos es una verdad muy importante: Hay un rol profético de Elohim para el judío, y también hay un rol profético para un no judío. Ambos son importantes en el plan del Eterno, ambos tienen un llamado, ambos tienen que cumplir un propósito permaneciendo siendo lo que son. El creyente gentil atraído por las raíces hebreas de su fe, debe de saber que incluso ¡hay profecías del plan de El Eterno que solo un no judío puede cumplir!

¿Cuáles son estas profecías? Echemos un vistazo a una de ellas:

“Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de El Eterno tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.” (Isaías 55:3-5).

Al inicio de la profecía, El Eterno habla a Israel diciendo que hará un “pacto eterno” (alusión al “nuevo pacto” hecho con Israel en Jeremías 31:31). Luego dice que el Mesías, poéticamente llamado “David”, sería puesto como testigo a los pueblos y Maestro a las naciones. Gente que no conoció de El Eterno, de Israel y de Jerusalén, correrán a aprender los caminos de El Eterno para su vida.

¿Quién puede ser el cumplimiento de esta profecía sino un no judío? Gente que no conoció, será atraída a El Eterno por su Mesías, quien sería el “Maestro de las naciones”. El Mesías vendrá a restaurar a Israel y también a ser luz de las naciones y Maestro de las mismas. AMBAS COSAS SON CIERTAS.

En segundo lugar, un no judío creyente en Yeshúa, es el más capacitado para influir en su propia cultura y hacer que el reino de los cielos sea establecido en todo su esplendor. En tercer lugar, un gentil creyente debe de ser el máximo baluarte contra el antisemitismo en su país (Un judío no podría, porque se puede decir: ¡Claro es judío, como no se va a defender!).

Un gentil creyente es el cumplimiento de un cumulo de profecías. En Hechos 15, Jacobo ve como Amos profetizó que el tabernáculo caído de David estaba siendo levantado en Yeshúa El Mesías. Esto es acompañado por gentiles que invocan el nombre del Eterno (Hechos 15: 14-18). Si Yeshúa es el Mesías, se debe esperar que se cumpla esto; entorpecer esto, es poner un tropiezo al reino de los cielos. Pablo lo sabía, Jacobo lo sabía, Pedro lo sabía ¡Lástima que muchos no parecen saberlo!

Tan es así, que Pablo nos dice cual era la regla general que él daba a judíos y gentiles:

“Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las congregaciones: ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? No quite las marcas. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide.” (1 Corintios 7:17-18).

Esto era lo que Pablo estableció en todas las congregaciones, cada uno debe permanecer en el estado en el que fue llamado. El judío “no debe de borrar las marcas de la circuncisión”, esto es, debe de seguir siendo judío observando toda la Torá, incluyendo los mandamientos de señal de pacto que son los distintivos de todo hijo de Israel, y que lo diferencian de las naciones (esto ha sido obscurecido por la traducción “Quédese circunciso”). El no judío no debe de convertirse en judío. Cada uno permanece en el estado en el que fue llamado.

Esto no quiere decir que el judío es superior o vale más delante de Dios. En el cuerpo del Mesías hay distinción entre judíos y gentiles, hombre y mujer, pero no hay discriminación. Unidad e igualdad no es similar-idad.

Esto tampoco quiere decir, que no hay posibilidad de conversión al judaísmo en el cuerpo del Mesías. La regla general de Pablo y del judaísmo en sí, puede tener excepciones en donde un gentil puede convertirse en judío. Sin embargo esta es la excepción a la norma, y no la norma misma. El solo hecho de que únicamente encontramos una excepción en todos los escritos apostólicos debe de hacernos ver la clara norma general y la rareza de la excepción (Si consideramos que Timoteo no era “tan gentil que digamos”, pues su madre era judía, la excepción es más marcada. Ver Hechos 16:1-4).

Finalmente, esto tampoco implica que un gentil está excluido de la mayoría de aspectos de la Torá. A pesar de que un gentil creyente está obligado a los mandamientos universales (No matar, no idolatría, no comer sangre, no robar, etc.) esto no significa que está excluido de guardar más, si es su deseo y si se hace correctamente.

Más aun, Rab Yehiel Tsvi Lichtenstein ha argumentado que cuando Jacobo da los 4 mandamientos en Hechos 15, lo hace con la presuposición que los creyentes gentiles debían guardar los mandamientos de un gentil que vive dentro de Israel (Ger Toshav). Un no judío que residía en Israel debía guardar mas mandamientos que un gentil que no vivía en Israel. Para más información se puede escuchar nuestra serie de dos audios sobre el tema:

Hechos 15-Una nueva mirada Pte 1

Hechos 15-Una nueva mirada Pte 2

Finalmente, autoridades como Shelomo Bar Ron y Chaim Kanievsky, establecen que un no judío puede guardar incluso algunos mandamientos que son únicamente obligantes para el judío (tefilin, Tzitzit, Mezuza) si es su decisión, siempre y cuando se haga correctamente evitando dar la idea de que son judíos (Por ejemplo, poniendo Mezuza dentro de su casa y no afuera).

Conclusión.

Tanto judíos como gentiles tenemos un papel importante y trascendental en el programa de redención de El Eterno. El pueblo judío debe seguir cumpliendo con toda la Torá y con la halaja en el sentido estricto del concepto y los creyentes gentiles, deben de andar en justicia ordenadamente.  No hay espacio para los sentimientos de inferioridad o superioridad cuando entendemos esto.

Como bien lo expresara la judía creyente en Yeshúa, Jordan Levy: “los gentiles tienen una igual porción y llamado con los judíos para reparar el mundo y traer el reino de Dios” (Messiah Journal 112, “The Crowning jewels of the Nations”, Jordan Gale Levy, First Fruits of Zion, 800.775.4807, www.ffoz.org. Traducción libre).

Que El Eterno haga que más y más personas entiendan el llamado divino para sus vidas, sepamos construir Shalom, y hagamos que su Ungido Yeshúa de Nazaret se aproxime.

¡Amen Ken Yehi Ratzon!

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

13 Jul, 2020

Parasha Mattot

Números 30:2-32:32

Haftara: Jeremías 1:1-2:3

Autoridad patriarcal vs Machismo.

Esta parashá cuenta con básicamente tres puntos principales: Las leyes de los votos y juramentos, la guerra contra Midian y la petición de tierra por las 2 tribus y media. Generalmente se lee junto con la parashá Masei, a excepción del año que tiene doble Adar.

Esta parashá contiene temas que son propensos a ser malinterpretados o confundidos con males modernos, dando como resultado culpabilidad por asociación en algunas ocasiones, o incluso, socavación de principios bíblicos importantes para nuestra época. Uno de estos casos es la suposición de “machismo”  en la Torá.

Es común oír muchas nociones erróneas sobre la biblia y el judaísmo en torno a la mujer. Dichas críticas vienen de grupos feministas en su mayoría, de algunas mujeres creyentes con una visión bastante liberal y superficial de la escritura y de hombres quienes pretenden justificar su estilo de vida en las páginas sagradas.  Un recuento de los versos “seudo-machistas” de la biblia está más allá de los alcances de este estudio, pero nos enfocaremos en uno en esta ocasión: La autoridad patriarcal expresada en las leyes de los votos.

La Torá dice lo siguiente en esta parashá:

“Mas la mujer, cuando hiciere voto a El Eterno, y se ligare con obligación en casa de su padre, en su juventud; si su padre oyere su voto, y la obligación con que ligó su alma, y su padre callare a ello, todos los votos de ella serán firmes, y toda obligación con que hubiere ligado su alma, firme será. Mas si su padre le vedare el día que oyere todos sus votos y sus obligaciones con que ella hubiere ligado su alma, no serán firmes; y El Eterno la perdonará, por cuanto su padre se lo vedó.” (Números 30:3-5).

“Pero si fuere casada e hiciere votos, o pronunciare de sus labios cosa con que obligue su alma; si su marido lo oyere, y cuando lo oyere callare a ello, los votos de ella serán firmes, y la obligación con que ligó su alma, firme será. Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo que pronunció de sus labios con que ligó su alma, será nulo” (30:6-8)

Una cosa es clara al leer estos versos: El padre o el marido tiene autoridad sobre la mujer de anular promesas. Esto es inconcebible a mentes posmodernistas que considerarían tal cosa machista o parte del “patriarcado” (termino odiado por feministas). Al fin de cuentas ¿Qué derecho tiene “un hombre” para anular promesas, votos, juramentos que una mujer haga? ¿Podía una mujer anular un voto a un hombre? ¿No es esto una clara falta de igualdad?

Es aquí donde tenemos un problema cultural y contextual a la hora de arribar a la biblia. El problema estriba en una diferenciación esencial: La diferencia entre el patriarcado bíblico y el machismo moderno. Pareciera que estamos hablando de la misma cosa y que es meramente un juego de palabras, pero estas dos cosas no podrían ser más diferentes.

El postmodernismo nos enseñó dos cosas totalmente erróneas en torno a la relación entre sexos: En primer lugar machismo, y su respuesta desesperada igualmente errónea, el feminismo. Ambas son hinchazones de hombría y femineidad. Lo que esta hinchado parece grande pero no está sano.

En una esquina tenemos al típico macho con su cigarro Marlboro, diciendo que puede tener las mujeres que quiere, que puede hacer con su sueldo lo que se le dé la gana y que él manda en la casa. Si a esto le añadimos violencia hacia su cónyuge, el cuadro es el peor imaginable. En la otra esquina, la mujer que dice que ambos somos iguales, ella no deja que ningún hombre la “pisotee”. Pensar que un hombre ha sido capacitado por Dios para ciertas actividades de manera especial, es inconcebible.

La biblia es ajena a ambas ideas: Desde la cosmovisión bíblica tanto hombre como mujer valen lo mismo delante del Eterno, la mujer fue creada por causa del hombre (1 Corintios 11:9), y el hombre proviene de la mujer (1 Corintios 11:12). Ambos tenemos capacidades especiales para realizar tareas de manera más fácil (algo obvio hasta por naturaleza y fisionomía) y el ideal de El Eterno está en complementarnos en amor y fidelidad, no en negar nuestras obvias diferencias.

La biblia repite una y otra vez la idea de que la cabeza del hogar es el hombre, tal como está escrito:

“porque el marido es cabeza de la mujer, así como El Mesías es cabeza de la congregación” (Efesios 5:23).

“Pero quiero que sepáis que el Mesías es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza del Mesías.” (1 Corintios 11:3).

Al mismo tiempo, la biblia no tiene cabida para el machista puesto que ser cabeza de familia tiene mandamientos muy específicos en la Torá y en el judaísmo. En primer lugar, un hombre tiene que proveer para su casa, debe de proveer para su mujer vestido, alimento y cumplir su deber conyugal con ella.  Estas son las cosas que los escritos apostólicos mencionan sobre el tema:

“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también el Mesías a la congregación,” (Efesios 5:28-29).

“Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.” (Colosenses 3:19)

“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7).

Estos versos enseñan los siguientes mandatos para un marido:

  1. Amar a su mujer (obviamente serle fiel y tratarla con cariño y estima).
  2. Sustentar a su mujer
  3. Cuidar a su mujer
  4. No ser áspero con su mujer.
  5. Dar honor a la mujer
  6. Tratarla como vaso frágil
  7. Si esto no se hace: ¡Dios podría no escuchar las oraciones del hombre!

La visión bíblica no concibe a un marido violento, irresponsable, ebrio, pedante, simple, holgazán ni nada por el estilo. Decir que la biblia es machista es hablar con ignorancia o con falsedad de la cosmovisión de la misma. En síntesis, el machismo es rudeza, maltrato e irresponsabilidad; el patriarcado bíblico es autoridad, amor y responsabilidad ¡No podrían ser más diferentes!

Es curioso incluso saber que el judaísmo tiene en gran estima a la mujer. La mujer por ser más sensible es más propensa a responder positivamente a temas de espiritualidad. El hombre judío tiene más mandamientos que la mujer, no porque sea más sino porque según los sabios necesita más.

Al comparar la torá y el resto de la escritura con los códigos legales antiguos, notamos una notable innovación y elevación en torno a la mujer. La mujer puede casarse según su deseo y no por obligación (Génesis 24:57-58, Números 36:6) mientras que en otras sociedades tal innovación era muy difícil.

Otra de las cosas en donde la Torá es increíblemente superior en torno a la mujer, es que quita el poder absoluto del hombre casi universal en sociedades antiguas. Por ejemplo, en esta parashá vemos como el hombre únicamente podía anular un voto el día en que lo oía, su poder es reducido y debe de utilizarse únicamente si el voto o juramento podría provocar a la postre un daño en su esposa; haciendo esto, tenía el poder para proteger a su esposa.

A parte de esto, el texto de la Torá pareciera indicar otra novedad. En esta parashá es la única vez en toda la Torá en donde Moshe se dirige a “los príncipes de las tribus de los hijos de Israel” (30:1). Muchos rabinos se han preguntado porque dirigirse a los príncipes de las tribus para las leyes de los votos y ni siquiera ordenarles que trasladen dichas leyes a sus respectivas familias tribales.

Una opinión muy acertada indica que el objetivo de Moshé, era que los cabezas de las tribus fueran velantes de la aplicación correcta de estas leyes para evitar problemas conyugales entre el hombre y su mujer o problemas familiares entre el padre y su hija. Al haber la posibilidad de problemas familiares por desacuerdos en promesas, votos o juramentos, Moshé quiso comunicar las leyes a las cabezas tribales para que ellos estuvieran equipados para administrar justicia y llevar paz a la familia. Esto reduciría aun más el papel autónomo del hombre quien estaba plenamente sujeto a la ley y a los príncipes tribales. Esto enseña que para que el ideal de la familia bíblica sea funcional, deben existir autoridades espirituales y civiles para velar y no permitir abusos o cosas no deseadas.

¿A qué mujer no le gustaría un hombre que tenga como propósito amarla, respetarla, proveer para ella, cuidarla y darle honra? Es debido a esto que en el pueblo judío, una mujer casada es sinónimo de bendición. El problema entró cuando el hombre en la sociedad empezó a abusar de esa autoridad dada por el Eterno y todo se corrompió. El feminismo de hoy en día es un problema igual o peor ya que esta totalmente desconectado de la razón y tiene todo el potencial de ser utilizado por agendas oscuras que buscan destruir la familia.

Todo creyente que va a formar una familia debe de saber que su esposa no será un juego y no es algo accesorio en su vida. En el momento en el que se casa adquiere responsabilidades de por vida delante de Dios y de los hombres. El deberá esforzarse por proveer a su ayuda idónea, hacerla feliz, amarla y ser varonilmente la cabeza de ese hogar con amor y respeto.

En el sentido místico o espiritual, El Mesías es llamado “el esposo de la congregación” en muchos lugares. Esto es para acentuar que él es la cabeza espiritual y ética de todos sus discípulos y para dar una idea del inmenso amor que tiene por nosotros al preocuparse de nuestras necesidades y nutrir nuestra alma con vida eterna a través de su sacrificio. Esta alusión espiritual sería imposible si dejara de ser cierto que el hombre es la cabeza del hogar, designado para cuidar de él y hacer feliz a su esposa e hijos.

¡Que El Eterno mande prontamente al Mesías, el esposo espiritual de la congregación!

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

07 Jul, 2020

Parasha Pinjas

Números 25:10-30:1

Haftará: 1 Reyes 18:46-19:21

La cabeza de la congregación.

En la parashá Pinjas leemos como El Eterno dice a Moisés que su muerte está cerca y que será reunido a su pueblo. Moisés intercede ante él solicitando un hombre que sea su sucesor y que tenga las características espirituales para poder ser un buen pastor del pueblo. El Eterno responde diciendo que Él ya tiene dicho hombre.

Leemos en la Torá: “Entonces respondió Moisés a El Eterno, diciendo: Ponga El Eterno, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de El Eterno no sea como ovejas sin pastor. Y El Eterno dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él;” (Números 27:15-18).

El Eterno explica a Moisés que Yehoshúa Ben Nun (Josue hijo de Nun) era el hombre indicado, él era el hombre en donde había “espíritu” y que podría salir y entrar delante de la congregación. El Eterno instruye a Moisés acerca de una imposición de manos para transferirle la autoridad, majestad (Hod) y el cargo a Josué frente a toda la congregación.

Josué estaría sobre la congregación y sería la cabeza de Israel, el pueblo físico de El Eterno, la luz de las naciones y nación de pacto sacerdotal.

La palabra congregación es la palabra para traducir dos palabras en hebreo: Edá y Kahal. Ambas palabras han sido traducidas como “congregación” y como “asamblea”. En griego, una palabra comúnmente usada para traducirlas es “Ekklesia”, de donde obtenemos nuestra palabra para “Iglesia”.

Podemos ver esto claramente en los escritos apostólicos donde leemos lo siguiente:

“Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación (Gr. Ekklesia) en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos;” (Hechos 7:38).

Fácilmente el verso pudo haberse traducido como “Iglesia” en las versiones castellanas pues es la misma palabra que encontramos en muchos otros lugares en donde si encontramos la traducción “iglesia” en los escritos apostólicos (Efesios 5:23, 32, 1 Corintios 10:32). La razón por la que no se tradujo así en Hechos 7:38 es por una agenda teológica muy marcada: Al traducirla como “Iglesia” se estaría aceptando la relación entre Israel (La “Iglesia” con la que estuvo Moisés) y la congregación de gentiles creyentes en Yeshúa, tal relación no es bien vista en la mayoría de círculos del cristianismo histórico.

La parte de la teología que estudia la relación o la no relación entre Israel y la “Iglesia” se conoce como “Eclesiología”. En la mayoría de círculos cristianos se enseña que Israel y la iglesia son dos entes completamente diferentes y sin relación alguna. En el mejor de los casos hay una pequeña relación entre ambos grupos pero mayoritariamente los tratos de Dios con un grupo no afectan al otro y viceversa.

Esta es una área de mucha controversia y de muchísima confusión, al mismo tiempo es de gran importancia pues trata de cuestiones de identidad dentro del cuerpo del Mesías. Según la concepción que tengamos de nosotros mismos, procederemos a actuar tarde o temprano. Como dijera el proverbista: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Proverbios 23:7).

La mayor parte de la confusión se debe a malinterpretar ciertas verdades encontradas en los escritos apostólicos. Por ejemplo, desde el final del primer siglo y el inicio del segundo siglo, los creyentes no judíos comenzaron a moverse lejos del pueblo judío desarrollando la teología del reemplazo, conocida también como “supersesionismo” en el mundo anglosajón.

Justino Mártir, Ignacio de Antioquía y otros empezaron rápidamente a enseñar que Israel era un pueblo que ya no tenía un pacto vigente con Dios, a menos que individualmente fueran convertidos al cristianismo. La iglesia paso a ser el “Israel espiritual”, mientras que el pueblo judío era el “Israel carnal” o simplemente “Los judíos”.

Es bueno aclarar que no todos los creyentes no judíos en el Mesías unánimemente creían esto. Tenemos evidencia hasta tan tarde como el siglo VI de creyentes gentiles guardando fiestas judías y otras cosas en compañía de sus hermanos judíos (Para mayor información sobre esto ver nuestro estudio sobre las festividades y los creyentes gentiles de los primeros siglos en http://mikdashmeat.com/2018/10/29/las-festividades-y-los-creyentes-gentiles-de-los-primeros-siglos/). Sin embargo, con el paso del tiempo, dicha creencia fue siendo más y más normativa dentro del cristianismo.

Por otro lado, en círculos de raíces hebreas y otros grupos que se identifican como “Mesiánicos” ha ocurrido lo contrario: Muchos leyendo la clara relación que hay entre el pueblo judío y los creyentes no judíos, han afirmado que ahora todos son parte de Israel y tienen igual responsabilidad ante la Torá.

Varios argumentos son esgrimidos por esta causa: “¿Acaso no la “Iglesia” es Israel?”, “No hay tal cosa como Israel y la Iglesia, pues ambas son la misma cosa”, “Si Rab. Shaul dice que los creyentes gentiles han sido injertados en Israel, ¿Cómo no van a guardar las mismas leyes del pueblo en que han sido injertados?”

Claramente al decir esto, un cristiano promedio sabrá que El Eterno dio mandamientos específicos al pueblo judío como nación sacerdotal y nación de pacto, y que nunca vio como obligantes para las demás naciones. La más mínima lectura de las cartas de Shaul de Tarso (Pablo) deja clara la distinción (aunque no discriminación) entre la responsabilidad de judíos y gentiles ante El Eterno y su Torá.

¿Cómo hemos de entender todo esto? ¿Qué es lo que la escritura nos dice sobre esto? ¿Cuál debe de ser una “Eclesiología” sana del movimiento de judíos y no judíos creyentes en Yeshúa y que sostiene la vigencia de los mandamientos de la Torá? ¿Es Israel la iglesia? ¿Es la iglesia una parte de Israel? Es nuestra intención responder estas importantes preguntas en el estudio de la parashá.

Antes de comenzar a definir este importante tópico debemos de sentar dos cosas básicas que la escritura confirma más allá de toda duda:

  1. El pueblo judío sigue siendo el pueblo de El Eterno. El Eterno no ha acabado su trato con el pueblo judío incluso a pesar de la no aceptación actual de la mesianidad de Yeshúa (Romanos 11:1-2, Jeremías 31:35-37).
  2. En ningún lugar de los escritos apostólicos, Pablo, ni ningún otro apóstol llama a un creyente gentil: “Israelita”, “hijos de Jacob”, “Hijos de Israel”, ni “judío”. La mención de ser “Hijos de Abraham” según la promesa, alude claramente a la promesa hecha a Abraham de que en su simiente serían bendecidas todas las familias de la tierra. Es decir, claramente “Hijos de Abraham” es un término espiritual para referirse a los gentiles que se han acercado al Dios de Israel por medio de la simiente singular de Abraham, Yeshúa El Mesías.

Al considerar estas dos verdades de la escritura, la concepción tradicional de círculos del cristianismo en torno a Israel, es claramente deficiente. El pueblo judío sigue siendo el pueblo de pacto, el pueblo físico de El Eterno. Cada miembro del pueblo judío por haber nacido judío de padres judíos, disfruta de las bendiciones del pacto de Sinaí (Crecer en la cultura bíblica, pertenecer al pueblo transmisor de la escritura, formarse dentro de una comunidad en santidad, y tener a El Eterno como “su Dios y el de sus padres”). Es por esto que en un sentido, todo el pueblo judío es “La congregación (Iglesia) de Dios”.

Ahora, claramente hay versos en los escritos apostólicos que aparentemente desafían esta postura. El más claro de ellos es quizás 1 Corintios 10:32, donde está escrito:

“No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia (congregación) de Dios;”

Este verso pareciera indicar que hay tres grupos: El pueblo judío, las naciones o los gentiles, y la congregación de Dios. Si esto es así, Pablo está diciendo que el pueblo judío no es equivalente a la congregación de Dios (ya que hay judíos que actualmente no son parte de la “congregación de Dios” en ese verso). ¿Cómo podemos entender este texto a la luz de lo que hemos venido hablando?

La respuesta es la siguiente: En el sentido físico, el pueblo judío es la congregación de Dios, cada judío ya sea por nacimiento o por conversión legal al judaísmo, forma parte del pueblo de Dios terrenalmente hablando. En el sentido celestial y milenial, la congregación de Dios, está formada por todos los creyentes en Yeshúa, tanto judíos como gentiles.

En 1 Corintios 10, Pablo menciona:

“Mirad á Israel según la carne: los que comen de los sacrificios ¿no son partícipes con el altar?” (1 Corintios 10:18).

Pablo claramente hace una distinción entre la comunidad de Corinto y lo que él llama “Israel acorde a la carne”. Carne en este contexto no es sinónimo de pecado, o instinto al mal, simplemente es una manera de decir: “Israel físicamente hablando”. Al decir “Israel según la carne” el estaba aludiendo claramente al pueblo judío, del cual él era parte.

Desde el punto de vista físico, el pueblo de El Eterno es la nación de pacto, Israel, esto es, el pueblo judío. Si nos limitamos a considerar una perspectiva terrenal, el pueblo judío es la congregación de Dios.

Sin embargo, es preciso añadir que en un sentido diferente, Pablo habla en 1 Corintios 10:32 de una congregación que incluye a los creyentes gentiles en Yeshúa, esta es la congregación celestial de El Eterno, formada por judíos y no judíos creyentes en Yeshúa.

Pablo tuvo que ejemplificar mucho la relación espiritual que un creyente gentil tiene con Israel. Por un lado, un creyente gentil no es “judío”, ni “Israelita”, ni “Judío espiritual”; por otro lado, él sabía que El Eterno los había acercado a Él por la sangre del Mesías, disfrutaban de ciertas bendiciones espirituales al igual que Israel, y que eran pueblo del Eterno de entre las naciones.

Por un lado, en el sentido físico y legal, un creyente gentil no es Israel; por otro lado, el tiene una gran relación con Israel, El Dios de Israel, El Mesías de Israel, la Ley de Israel, y las bendiciones de Israel. ¿Cómo expresar o ejemplificar esta situación de No-ser-parte-de pero al mismo tiempo disfrutar-cosas-similares-y-estar-relacionado-con? Pablo recurrió a dos ejemplos.

El primero es hecho en el famoso pasaje de Romanos 11 donde Pablo describe una hermosa analogía para ayudar a entender este punto. Israel es un Olivo, un símil muy utilizado por los profetas, la rica savia son las bendiciones espirituales del pueblo del Eterno. Los creyentes gentiles son “ramas injertadas” a este olivo. No son parte natural del Olivo (Pablo le llamará “Contra naturaleza”) pero a la misma vez participan con el olivo. Pablo escribe:

“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado entre ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,” (Romanos 11:17)

“Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?” (Romanos 11:24).

Es aquí donde vemos que en el sentido celestial la congregación del Eterno o la congregación Mesiánica, Israel de Dios, o como queramos llamarle, está formada por judíos creyentes en Yeshúa (ramas naturales no desgajadas) y gentiles creyentes en Yeshúa (ramas injertadas). A este pueblo celestial del Eterno, Pablo le llamaría: “Israel de Dios” (Gálatas 6:16). “Israel espiritual” podría ser usado; sin embargo, las tristes connotaciones históricas de ese título lo hace digno de evitar.

Es bueno recordar que la analogía del olivo es eso, una analogía. Derivar de ahí que los gentiles ahora son judíos y son hijos de Israel, es suponer más de lo que Pablo trató. La analogía trata de explicar como un no judío puede obtener las bendiciones espirituales de Israel: Hay una conexión espiritual y celestial con El Eterno por medio del Mesías, El Rey de Israel.

El segundo ejemplo al que Pablo recurre es al de la “Ciudadanía (politeia) de Israel”. En los días de Pablo, había ciertas ciudades que eran elevadas por Cesar y todo nacido ahí gozaba de “ciudadanía (politeia) romana”, también dicha ciudadanía podía conseguirse por otros medios como ser un liberto de Cesar o uno de sus descendientes. Dicha ciudadanía significaba un gran cumulo de beneficios en la sociedad del primer siglo. El Rey de Roma, concedía esta ciudadanía y el portador de ciudadanía romana poseía un estatus especial con todo y no ser Romano.

Leemos por ejemplo que Pablo era judío de nacimiento (Es decir un “no-romano”) pero tenía ciudadanía romana, tal como está escrito:

“Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado? Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano. Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano? El dijo: Sí.  Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento. Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado.” (Hechos 22:25-29).

“Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.” (Hechos 22:3).

Pablo no era Romano, pero tenía ciudadanía romana. El preservaba su identidad como judío pero el Rey de Roma le había otorgado beneficios y una relación con Roma. Es en este contexto que Pablo dice a los efesios:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,” (Efesios 2:19)

Yeshúa el Rey de Israel, ha dado ciudadanía en el Israel milenial a todos los creyentes en su nombre y que han recibido perdón de pecados en su nombre. Así como Pablo mantenía su identidad judía mientras tenía ciudadanía romana, los creyentes de origen gentil se mantienen como miembros de las naciones, pero con una conexión espiritual con Israel por medio de su Rey, el mismo que traerá el Israel Mesiánico, la Jerusalén restaurada.

Daniel Lancaster acertadamente dice sobre esta relación: “El reino de Israel será el poder imperial sobre todos los gentiles. Pablo veía a los gentiles creyentes en el Mesías como ciudadanos de ese futuro reino de Israel. A pesar de que no eran judíos, ellos obtenían ciudadanía en el Israel de Reino, de igual manera en que los sujetos al imperio romano (como él mismo) podían obtener ciudadanía romana”. (“Grafted in”, pág. 5, Daniel Lancaster, First Fruits of Zion, 800.775.4807, www.ffoz.org.)

Obviamente dicha ciudadanía es válida en el sentido celestial, espiritual y milenial. ¡No quiere decir que todo creyente gentil puede reclamar ciudadanía Israelí a Benyamin Netanyahu o judeidad a un Posek Halaja (Alto juez de Israel)! Tampoco significa que El Eterno espera que todos los gentiles creyentes se conviertan en judíos, sino que le sirvan como gentiles temerosos de Dios, amándole y guardando los mandamientos que aplican a ellos.

Con estos dos ejemplos, Pablo establece la relación existente entre Israel y los gentiles creyentes en Yeshúa. Por un lado, en el sentido físico los creyentes gentiles no son parte de Israel. Por otro lado, en el sentido de Reino, celestial, los creyentes en Yeshúa tienen una fuerte conexión con Israel, disfrutan de las bendiciones por medio del Mesías, y son conciudadanos con sus hermanos judíos del Israel Milenial.

Desde un punto de vista físico y terrenal, El pueblo judío es la congregación de Dios. Desde el punto de vista celestial, los creyentes gentiles forman parte de la congregación Mesiánica de El Eterno y disfrutan de bendiciones espirituales y anticipos del reino de los cielos al lado de sus hermanos judíos creyentes en Yeshúa.

Esto no quiere decir que un creyente gentil sea menos que un creyente judío. La distinción no es discriminación, tanto judíos como gentiles, poseemos un llamado de El Eterno, un cumplimiento profético en su plan, mandamientos en su ley que aplican a cada uno de nosotros, el amor de Elohim y su Mesías. Un creyente gentil debe afirmar su identidad en el Mesías y no correr en pos de falsas identidades que no tienen sustento serio en la escritura y en el plan profético de El Eterno.

Así como Yehoshúa Ben Nun era el hombre sobre la congregación, Yeshúa de Nazaret es la cabeza de la congregación Mesiánica. El es la cabeza y nosotros somos espiritualmente hablando  el cuerpo del Mesías. En numerosas ocasiones el Mesías es llamado “Cabeza de la congregación”.

Leemos por ejemplo:

“y él es la cabeza del cuerpo que es la congregación, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;” (Colosenses 1:18)

“porque el marido es cabeza de la mujer, así como El Mesías es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.” (Efesios 5:23)

El es nuestro Rey, nuestro guía y la cabeza de nuestra congregación. Por su sangre hemos sido hechos “reyes y sacerdotes” y hemos obtenido perdón de pecados y la certeza de la vida eterna.

¡Que El Eterno traiga prontamente su reino milenial sobre la tierra y a su Mesías!

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

01 Jul, 2020

Parasha Balak

Bamidbar (Números) 22:2-25:9

Haftara: Mika (Miqueas) 5:6-6:8

 Bilam: Ruaj Hakodesh (Espíritu santo) entre los gentiles

La parasha de esta semana nos habla acerca de las profecías de Bilam. Si hay una parasha en Números que podría competir en belleza poética con cualquier verso o prosa de la antig¨edad, esta sería sin duda la Parasha Balak. La parasha de esta shabbat nos muestra los oráculos de Bilam, el profeta gentil que trataba de decir una maldición por sueldo contra Israel, pero que simplemente no podía ir en contra de la voluntad del Eterno.

La poesía de Bilam y la manera en como anuncia sus oráculos es excepcionalmente exquisita. Alguien ha podido notar que Bilam de hecho tiene quizás la más explícita y hermosa de todas las profecías mesiánicas de la Torah: El anuncio de la estrella de Jacob, el cetro de Israel que gobernará a todos los hijos de Set. ¡Bilam no tiene mucho que envidiarle a Moshe en este sentido dirá alguno!

En esta ocasión hablaremos sobre el papel de Bilam y su persona desde la perspectiva judía y en la literatura rabínica. Esto es muy importante para entender el impacto del pueblo judío y la dadiva de la profecía a la nación sacerdotal, las promesas del reino de los cielos y la inmensa misericordia del Eterno.

Ha habido mucha controversia en torno a Bilam. ¿Qué era? ¿Un profeta o un adivino? Esas dos opciones han estado en debate desde hace algún tiempo y es bueno saber esto antes de comenzar con nuestro estudio.

Por un lado se nos dice que Bilam era un adivino, tal como está escrito:

“También mataron a espada los hijos de Israel a Balaam el adivino, hijo de Beor, entre los demás que mataron.” (Yehoshua [Josue] 13:22).

Sin embargo, la mención de Bilam como adivino es problemática. ¿Cómo es posible que Bilam tuviera revelación de Hashem si era adivino? ¿Acaso un adivino no es asociado a las fuentes ocultas más que al Creador del universo y su revelación pura? El solo hecho de poder consultar a Hashem, hace a Bilam un profeta y no un adivino. Su mención de adivino necesita explicación.

Tanto los apóstoles como los sabios de Israel consideraron que Bilam era un profeta. Leemos por ejemplo en la carta de Shimon Kefa (Pedro) lo siguiente:

“Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.” (2 Pedro 2:15-16).

Claramente Kefa menciona a Bilam como un profeta. Sin embargo, él “dejó el camino recto” y se extravió amando el precio de la iniquidad. Este verso esclarece nuestro entender del caso de Bilam: El inició siendo un profeta de Hashem; sin embargo por haber amado el precio de maldad y por querer usar su don profético con fines de lucro terminó siendo considerado un adivino.

Este también fue el entender de Maimonides, quien escribe en unos de sus libros lo siguiente:

“Debes saber que Bilam igualmente pertenecía a esta clase, cuando era bueno, como está indicado por las palabras ‘Y puso Elohim una palabra en la boca de Bilam’ (Nm. 23:5). Bilam habló por inspiración divina; él por lo tanto dice de sí mismo, ‘el que ha oído las palabras de Dios’ (Números 25:4)” (Maimonides, Guía de los perplejos 2:42,25).

De esta manera podemos entender que ambas ideas no son contradictorias sino complementarias. Debemos de guardarnos de pretender obtener lucro de las cosas de Hashem, ese no es el fin puro que debemos perseguir; aquel que no se dedica a Hashem y al estudio de su palabra por amor a él sino por amor al dinero, es de los discípulos de Bilam, quien pasó de profeta a adivino.

Bilam es visto en la literatura rabínica como un gran profeta, de hecho es visto como el más grande profeta que se ha levantado de entre las naciones, tan grande como Moshe. Leemos que: “No se levantó otro profeta como Moshe en Israel, pero si se levantó tal profeta entre las naciones. El era Bilam” (Sifre Devarim 34:10).

Algunas autoridades rabínicas indican que Hashem dejo de enviar profetas gentiles por causa de lo que Bilam hizo con su don. A pesar de ello, en escritos rabínicos encontramos que en su misericordia, Hashem levantó entre las naciones personas justas con cierto nivel de profecía.

Por ejemplo, leemos en el talmud:

“Siete profetas profetizaron a los gentiles, esto es, Bilam y su padre, Job, Elifaz el Temanita, Bildad el Suhita, Zofar el Naamatita, y Elihu el hijo de Barajel el Buzita” (Baba Batra 15b).

Salvo estas excepciones, la palabra profética se confió a la nación sacerdotal, esto es Israel, quien sería el medio por el cual la palabra de Hashem vendría, tal como se dice en Romanos 3:1:

“¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.”

El pueblo sacerdotal escogido por Hashem, esto es el pueblo judío, sería el encargado de ser el canal de revelación al mundo. El caso de Bilam es una excepción a la regla juntamente con otros profetas según el talmud; de hecho, es visto por autoridades rabínicas como el caso que rompió la regla en gran manera y que llevó a Hashem a no dar ese nivel de profecía a más gentiles.

¿Sería esto para siempre? ¿Estarían los gentiles perpetuamente sin poder tener el espíritu de Hashem y un nivel de profecía por lo menos bajo? ¿La Ruaj Hakodesh sería perpetuamente una dadiva exclusiva del pueblo judío? Como veremos esto cambiaría en los días del Mesías.

Muchos rabinos entendieron que el espíritu de Hashem sería derramado sobre los gentiles en los días del Mesías. El famoso pasaje de Joel 2:28 establece lo siguiente:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.” (Yoel 2:28-29).

La mención de que el espíritu de Hashem sería derramado sobre “toda carne” hizo preguntarse a los rabinos si esto era una referencia a todo judío o a todo ser humano. Una opinión establece que se refiere únicamente al pueblo judío, esta es la opinión de Radak (Rabi David Kimhi); sin embargo otras autoridades establecen que tendría un alcance universal.

Por ejemplo, Abarbanel señala que “Toda la humanidad obtendrá este claro reconocimiento del Todopoderoso, pero solo los hijos de Israel alcanzarán el nivel de profecía” (Rabbi Matis Roberts, Trei Asar, The twelve prophets, 1:172).

En el Midrash Tanna Debe Eliyahu encontramos el siguiente comentario:

“Traigo a los cielos y a la tierra para presenciar que el espíritu santo descansa en un no judío como también en un judío, sobre una mujer como también en un hombre, sobre un siervo como también en una sierva” (Citado de Abelson, The immanence of God in Rabbinical literatura, 277).

Rashi también se une a esta línea de pensamiento exponiendo que la frase “Toda carne” alude a el “corazón de carne” de Ezequiel 36. El indica que el espíritu santo en los días del Mesías estará sobre todos aquellos que sean receptivos al Altísimo. El Mesías será la clave para llevar el espíritu Santo a un nivel universal, El Israelita por excelencia, la semilla de Abraham será aquel por cuya causa, el espíritu de Hashem habite en toda lengua, tribu y nación.

Por causa del Mesías, la salvación y el derramamiento del espíritu de Hashem ha venido como nunca antes, como discípulos del Maestro disfrutamos de un anticipo de la era Mesiánica. Todos los creyentes en Yeshua, que hemos nacido de nuevo, tanto judíos como gentiles, hemos recibido el espíritu santo profetizado en el Tanaj. La escritura lo llama “espíritu de adopción” por causa del sentir de ser hijos que genera en nosotros y también “Espíritu del Mesías” por ser parte del espíritu que habitaba en él. Leemos por ejemplo:

Por causa del Mesías, la salvación y el derramamiento del espíritu de Hashem ha venido como nunca antes, como discípulos del Maestro disfrutamos de un anticipo de la era Mesiánica. Todos los creyentes en Yeshua, que hemos nacido de nuevo, tanto judíos como gentiles, hemos recibido el espíritu santo profetizado en el Tanaj. La escritura lo llama “espíritu de adopción” por causa del sentir de ser hijos que genera en nosotros y también “Espíritu del Mesías” por ser parte del espíritu que habitaba en él. Leemos por ejemplo:

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba!” (Romanos 8:15).

Por causa del Mesías, el espíritu de Hashem mora en cada creyente, es él, Yeshua HaMashiaj, la estrella de Jacob vista por Bilam, por quien hemos sido aceptados eternamente por Hashem. únicamente aguardamos la era Mesiánica en donde la plenitud vendrá y veremos a toda la humanidad siendo iluminada por el conocimiento de Hashem, como las aguas cubren la mar.

¡Que sea prontamente y en nuestros días!

Shabbat Shalom!
Isaac Bonilla

01 Jul, 2020

Parasha Jukat

Números 19:1-22:1

Haftara: Mika (Miqueas) 5:6-6:8

¿Bautismo por los muertos?

La parashá de esta semana es quizás una de las más enigmáticas de todas las que encontramos en el ciclo de la Torá. En ella leemos de algunas cosas que no parecen tan entendibles cuando consideramos la narración con lentes superficiales. ¿Por qué una serpiente de bronce? ¿Por qué el castigo contra Moshé y Aarón es tan severo? ¿Qué significa el estatuto de la vaca roja? ¿Es esto alguna “fórmula mágica” para hacer desaparecer la impureza? ¿En qué sentido el contacto con cadáveres impurificaba? ¿Es pecado estar impuro? ¿Por qué una vaca roja? Todas estas preguntas han sido hechas cuando esta parashá llega a nuestras mesas de estudio y cuando consideramos los escritos de los sabios.

En esta ocasión estudiaremos el tema de la vaca roja, sin duda alguna el más grande mandamiento supra-racional (Más allá de la razón) que encontramos en la Torá. Estudiaremos su contexto, explicaciones dadas por los estudiosos, su relación con el Mesías y la luz que arroja sobre un pasaje a menudo concebido como obscuro en los escritos apostólicos.

Encontramos el estatuto de la vaca roja en Números 19. En síntesis podemos resumir el proceso de la siguiente manera: Una vaca roja perfecta, sobre la cual no hubiera sido puesto yugo, debía de ser inmolada fuera del tabernáculo, su sangre sería esparcida hacia la entrada del tabernáculo y luego sería quemada. Su sangre y todo su contenido eran quemados con madera de cedro, hisopo y escarlata. Las cenizas serían mezcladas con agua. ¿Para qué se haría todo esto? Dichas aguas serían utilizadas para rociar a todo aquel que tuviera contacto con un cadáver y contrajese la mayor de las impurezas rituales: Contacto con un humano muerto o con restos del mismo. La aspersión se haría en el día tercero y en el séptimo por una persona limpia. Al final del proceso y los detalles, el hombre quedaba ceremonial y ritualmente apto para entrar al santuario.

Es bueno aquí recordar que las impurezas de las que hablamos son relevantes especialmente con un templo en pie. Las impurezas son rituales y no morales. No había ningún pecado en impurificarse ritualmente, hay impurificación ceremonial cuando una pareja tiene relaciones íntimas, cuando había un parto, cuando había un flujo genital, etc. No es, ni era un pecado impurificarse; lo que si era una transgresión, era impurificarse y entrar al tabernáculo profanándolo. Sin un tabernáculo o un templo, un buen número de impurificaciones no tienen mayor relevancia ritual para nuestros días.

Sin duda alguna muchas preguntas surgen al respecto al considerar el proceso como un todo y sus detalles. Los jajamim (sabios del pueblo judío) han establecido claramente que el estatuto de la vaca roja pertenece a la categoría de mandamientos “Jukim” (decretos). Este tipo de mandamientos son los preceptos que están más allá de nuestra razón en un 100% y que no pueden ser inferidos por un simple raciocinio lógico (como no matar o no robar, por ejemplo). Sin embargo, podemos tratar de aprender lo que es más evidente del estatuto considerando el contexto y los aportes de estudiosos a este tema.

En su inmensa mayoría (y algunos eruditos dirán que en su totalidad) los conceptos de impureza ritual están relacionados con contacto literal o simbólico con muerte o abandono de vida. Hemos visto en parashot anteriores como el contacto con salida de vida o con muerte, incluso simbólicamente, causaba impureza ritual. En ese mismo contexto, debemos entender el estatuto de la vaca roja: Dentro de la esfera de la impureza ceremonial relevante cuando hay un templo en pie y que conlleva la presencia manifiesta de Hashem en dicho lugar.

La impureza causada por un cadáver es llamada por los jajamim “Padre de padres de impureza”. Es la mayor impureza por su cantidad de días, transmisión y por el proceso necesario para eliminarla. Como hemos visto, la presencia de Hashem que habitaba en el templo tenía una intensidad muy grande. La muerte y sus rastros no tienen lugar en la presencia del Dios vivo; lo inmortal, puro y trascendente no puede morar con lo mortal o impuro. Si el templo/tabernáculo no era expiado siguiendo los procesos de purificación, la presencia de Hashem terminaría por irse.

Para el caso especifico de la impurificación por muerto, podemos descubrir que los componentes de la vaca alazana aluden a vida, incorruptibilidad y preservación. Es decir, la “cura” para la impureza ritual causada por la muerte es precisamente formada por aspectos llenos de vida, literal y simbólicamente.

Leemos por ejemplo en la Torá:

“Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca alazana, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo;” (Números 19:2)

La primer pregunta lógica es: ¿Por qué una vaca roja? La respuesta más plausible es que el color de la vaca alude a la sangre. La sangre es donde la vida, el alma animal, la fuerza de vida que habita tanto en hombres como animales, tal como está escrito:

“Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Levítico 17:11).

A parte de su color, la vaca tenía que tener dos características adicionales: No tener falta y no haber recibido yugo. No tener falta alude a no tener defecto, la muerte es el peor de los males y el principal defecto de nuestro mundo actual. La vida por otro lado es el mejor don. La muerte puede ser asimilada a un yugo que todos debemos de cargar, desde el primer pecado cometido en el mundo. Todos heredamos este yugo y cargamos con nuestra naturaleza mortal, tal como está escrito:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5:12).

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” (1 Corintios 15:49)

El color, su falta de yugo, su falta de tacha alude a vida e incorrupción. Como podemos notar, las tres características de la vaca alazana aluden a vida, algo que debemos de esperar pues las impurezas tienen que ver con muerte y la purificación tiene que ver con vida.

Si seguimos considerando los detalles del ritual, encontraremos más alusiones a vida e incorruptibilidad. Leemos en la Torá:

“Luego tomará el sacerdote madera de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca.” (19:6).

Los tres elementos que se mencionan tienen que ver con vida y purificación. La madera de Cedro es un elemento que se preserva mucho en el tiempo, dicha madera es considerada como muy duradera y como tal, es una alusión a lo imperecedero. El hisopo es símbolo de purificación, limpieza y conlleva la connotación de preservación de salud y vida. El escarlata tiene el color rojo que alude a la sangre, donde se encuentra la vida (Nefesh). Vemos como nuevamente, encontramos poderosas alusiones a la vida en los detalles de las aguas de la vaca roja. Si añadimos que la vaca roja es el único caso en el que la sangre no se derrama o se esparce, sino que es incluida en la quema del animal, la alusión a contenido de vida, es inequívoca.

Con todo este contenido simbólico, la Torá estaba dando un gran mensaje en todo lo que tenía que ver con las impurezas: La muerte no es ideal y Hashem está en el proceso de terminar con ella, la muerte es el “último enemigo” a ser vencido. Nuestro mundo mortal en el que vivimos no es el ideal, el pecado y la muerte son nuestros verdaderos y máximos enemigos. El finalmente vencerá a la muerte, el lo hará pues es el Elohim de la vida, no de los muertos (Marcos 12:27).

Este mundo era perfecto en un inicio pero el pecado, y su fruto la muerte, estropearon el plan original. Sin embargo, todo el sistema ritual y simbólico de las impurezas y expiaciones del tabernáculo donde el contacto con muerte o abandono de vida, es visto como un problema a ser cubierto, habla poderosamente sobre la intención de Hashem de acabar con la muerte y el pecado para siempre, tal como está escrito:

“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:54-55).

“Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará El Eterno el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque El Eterno lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es El Eterno a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.” (Isaías 25:8-9)

Antes que los profetas y los apóstoles enseñaran la resurrección, la victoria final sobre el pecado y la muerte y todo lo relacionado con ello, Hashem lo había enseñado en su Torá por medio del sistema de purificación del Mishkan. ¡Que Elohim más poderoso y sabio! ¡El finalmente triunfará sobre la muerte y nosotros estaremos ahí para disfrutar de su reino!

Para nosotros como discípulos de Nuestro Maestro, la realidad es aún más clara y certera: Nosotros sabemos que El Eterno no solamente derrotará a la muerte sino que dicha victoria ha comenzado ya. Yeshua El Mesías, el primogénito de entre los muertos, fue levantado de la tumba al tercer día sin ver corrupción (Salmo 16:10) como primicias de la resurrección final, tal como se nos dice:

“Mas ahora El Mesías ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.” (1 Corintios 15:20).

Como vemos en el proceso de la vaca roja, la purificación de la muerte ocurría con rociamientos en dos etapas: Uno al tercer día y otro al séptimo (Números 19:12). La purificación ritual por causa de muerto no era obtenida con una sola aspersión sino en dos etapas. De la misma manera, la purificación total de la muerte, esto es la resurrección, ha seguido un orden de etapas y no ha sido realizada en un solo hecho. El Mashiaj resucitó de los muertos, al tercer día de su muerte, como primogénito de entre los muertos. La humanidad tendrá una resurrección al séptimo milenio desde que el padre de todos pecó y murió, tal como se nos dice:

“Pero cada uno en su debido orden: El Mesías, las primicias; luego los que son del Mesías, en su venida.” (1 Corintios 15:23).

En este sentido, hay una alusión a estas etapas de resurrección en el proceso de aspersión de la vaca roja. Hashem ha comenzado ya la victoria sobre la muerte, la resurrección de los muertos ha irrumpido en nuestro mundo con Yeshua HaMashiaj, nuestro Señor y Salvador.

La resurrección es uno de los pilares de la fe judía, es uno de los 13 principios de fe enumerados por Maimonides puesto que es el que da sentido a toda la existencia actual. El escritor de Hebreos consideró la resurrección de los muertos, una de las doctrinas básicas de la fe (Hebreos 6:1-2).

La resurrección de los muertos tiene un impacto en cada área de nuestra fe y de nuestro actuar. Si hay resurrección y un juicio venidero, nuestra vida tiene un sentido más allá de nosotros, más allá de lo que vemos ahora. Si hay resurrección, cada oportunidad de hacer una obra de benevolencia, cada mandamiento observado con gozo, cada palabra pura, tiene un significado eterno; de igual manera, cada mala acción es algo sumamente lamentable. Si hay resurrección, al final habrá una recompensa para los justos y un merecido para los malvados, la inequidad, la injusticia no existirán para siempre. Si hay una resurrección, entonces no debemos de temer a los que matan solo el cuerpo sino a “aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el gehinom” (Mateo 10:28).

En el judaísmo, la creencia en la resurrección es un axioma. Incluso es reflejada en el cuidado y en la honra que se le da un cadáver. En el judaísmo existe un profundo respeto por un cadáver y se considera un gran mandamiento dar honra a un ser querido que nos deja; todo lo que se hace, se ejecuta para dar honra al difunto. El cuerpo, es tratado con mucho valor pues será unido nuevamente al alma en la resurrección.

Una de las costumbres más emblemáticas consiste en la formación de la “Jevra Kadisha”, que significa “La hermandad santa” o “La sociedad santa”. Esto es un conjunto de personas voluntarias para encargarse de todos los asuntos que tienen que ver con el cuerpo: cuidar de él, encargarse que nunca este solo, leer salmos cerca del féretro, etc.

Al comenzar, los miembros hacen una inmersión simbólica en un Mikve (Tevilá, conocida por su nombre griego “Bautismo”) y proceden con el lavado ritual del cuerpo para luego cubrirla con sus vestiduras para el entierro. Leemos por ejemplo de esta costumbre en el libro de Hechos donde se nos dice:

“Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de haberla lavado, la pusieron en una sala.” (Hechos 9:37).

Al final, los que terminan de cuidar del cuerpo vuelven a hacer Tevilah de purificación simbólica por haber tenido el placer de haber cuidado a alguien y cubrirlo para su resurrección. En tiempos del templo, las cenizas de la vaca roja eran rociadas sobre ellos, puesto que al tener contacto con un muerto, se adquiere impureza ritual.

Todos estos rituales únicamente tienen sentido, si y solo si, habrá un resurrección. Si no hay, y el cuerpo es simplemente el remanente de algo que nunca más será, el ritual es completamente vano. Esto arroja luz sobre uno de los versos de los escritos apostólicos que más ha intrigado a los estudiosos por siglos. Argumentando a favor de la creencia en la resurrección, Pablo dice lo siguiente:

“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?” (1 Corintios 15:29).

Este pasaje ha sido todo un reto para intérpretes bíblicos. La mayoría de veces se ha entendido como si había un grupo que se bautizaba en lugar de otras personas muertas. Los mormones llegan más allá: Ellos indican que Pablo no estaba únicamente relatando dicha práctica, sino también prescribiéndola como válida. Es por eso que ellos hacen bautismos en lugar de personas que no pudieron hacerlo en sus vidas.

Lamentablemente, el verso ha sido malinterpretado por la desconexión con el judaísmo a la que la comunidad gentil creyente en Yeshua fue sometida históricamente. El verso no habla de personas haciendo Tevilah (bautismo) de conversión y fe en Yeshua, en lugar de otras personas; Pablo hace referencia a la purificación ritual hecha por las personas que entraban en contacto con un cadáver luego de cuidarlo y lavarlo. En los días de Pablo, estas personas también debían de ser rociadas con las cenizas de la vaca roja para poder acceder nuevamente al templo, sin impureza ceremonial.

Entonces el verso no habla de inmersiones en representación de un muerto, sino en inmersiones por causa de contacto con un muerto. Lo que Pablo esta argumentando aquí es algo como esto: “Si los muertos no resucitan, ¿Entonces cuál es el sentido de cuidar a los cuerpos tanto y llegar a impurificarse ritualmente por ellos? ¿Qué necesidad hay de hacer inmersión por causa de ellos? Si los muertos no resucitan ¿para qué tanta molestia? Si los muertos no resucitan ¿Por qué está prescrita en la Torá una purificación por contacto? Si la muerte es un estado normal y seguirá siendo así ¿Por qué purificarse de ella? ¿No es esto muestra de que la muerte dejará de ser un día? ¿No es esto muestra de la resurrección?”.

Cuando restauramos el contexto del verso, el significado es obvio para nosotros y cobra bastante sentido. Hashem ha dado todas las pistas en su palabra, el ha dado suficiente evidencia para que estemos seguros de nuestra victoria final sobre la muerte. Dicha victoria se ha logrado ya, por medio de nuestro Señor, la tumba no pudo vencerlo y tampoco nos vencerá eternamente a nosotros.

El Eterno causará que todos sean traídos delante de su Mesías en el día del juicio. El anciano de días ha dado el juicio al “Hijo del hombre” (Daniel 7:9-14). El Eterno juzgará al mundo por medio del varón que ungió, resucitándole de los muertos. ¿Cómo te has preparado para ese juicio? ¿Está tu nombre escrito en el libro de la vida? Debemos de entregar nuestra vida al Eterno por medio de su Mesías y experimentar el nuevo nacimiento, la renovación y regeneración espiritual. En El Mesías, el arrepentimiento y perdón de pecados está asegurado a todos aquellos que crean en él (Juan 3:16, Hechos 10:33, Hechos 16:33, Isaías 53:1-10, Tito 3:5).

En ese día, será muy reconfortante y será lleno de gozo eterno, ver a nuestro Justo Mesías con su mirada aprobando nuestra fidelidad a la palabra de su padre, nuestra fe en su sacrificio, expresándonos con su mirada la ternura del Eterno y su gran amor. El dirá a todos los que en verdad lo hicieron el Señor y Salvador de sus vidas: “Entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

14 Jun, 2020

Parasha Shelaj Leja

Números 13:1-15:41

Haftará: Yehoshua (Josué) 2:1-24

La redención está a las puertas… ¿Queremos entrar?

La parasha Shelaj Leja es quizás una de mis tres parashot favoritas. Todas las parashot son importantísimas para nuestra vida y todas contienen palabra del Eterno para nuestras almas; sin embargo, algunas porciones de la Torá nos atraen de una manera especial por sus tópicos o su poder para impactar nuestras condiciones particulares o cuestiones que al inicio no entendíamos bien y nos dieron una luz admirable.

La parasha Shelaj leja comprende únicamente tres capítulos pero son muchísimas las cosas que podríamos escribir sobre ella. Un comentario completo de la parasha, considerando temas, relaciones en los profetas, los escritos apostólicos y demás, podría tener 100 páginas fácilmente. Los 10 espías, la fe inquebrantable de Josué y Caleb, la obstinación y sus consecuencias y la diferencia con la perseverancia, el mandato de los tzitzit y el sacerdocio de todo Israel, la relación de judíos y gentiles y como la torá aplica a diferentes grupos de manera distinta… hay tantos temas que seguramente algunos añoramos el viejo ciclo trianual de la Torá, cuando arribamos a parashot como Shelaj Leja.

En esta ocasión hablaremos de un tema muy importante, quizás el centro de toda la parashá: El caso de los 10 espías y el decreto del Eterno de retardar la promesa de la herencia de la tierra prometida. La importancia de este suceso es increíble: tiene implicaciones en todo el resto de la Torá, nos enseña grandes cosas a nivel espiritual, provee gran sabiduría a nivel comunitario, y por si fuera poco, nos enseña grandes cosas sobre la redención final, la era mesiánica y el mundo venidero. ¡Todo esto en dos capítulos!

Como todos sabemos, los hijos de Israel habían empezado su recorrido desde Sinai hasta Kadesh, al llegar ahí, Moisés tuvo la idea de mandar 12 espías, uno por tribu, para conocer la tierra anticipadamente. Al Eterno le pareció bien la propuesta y aprobó la petición de Moisés (Deuteronomio 1:22-23, Números 13:1-2).

Leemos en la Torá sobre la misión de los doce espías: “Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país.” (Números 13:17-20).

Como vemos, Moisés pide a los espías una descripción objetiva de lo que vean sobre el pueblo que habita la tierra, y sobre las condiciones de la tierra. Los espías vuelven de la tierra y dan precisamente ese informe:

“Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.” (13:27-29).

Ante esta descripción (Y quizás soportando una gran murmuración del pueblo) Caleb responde lleno de fe y confianza en las promesas del Eterno: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.” (13:30).

Hasta aquí no se nos narra ningún problema, todo va según lo planeado, los espías dan su informe y uno de ellos, con optimismo e inquebrantable fe, dice que podrán tomar la tierra. El verso 31 marca el quiebre de todo esto cuando se nos dice:

“Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura.  También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.” (13:31-33).

Los diez espías que eran príncipes entre los hijos de Israel, no creyeron a la voz de El Eterno y dudaron de sus promesas sobre la tierra prometida. Básicamente sus dos premisas eran ataques a la esencia de las promesas hechas a Abraham, Yitzjak y Ya’akov. Ellos dijeron dos cosas:

  • “La tierra traga a sus moradores” (implicando que no era una buena tierra como El Eterno había dicho).
  • “No podremos subir contra aquel pueblo” (Implicando que El Eterno no era lo suficientemente poderoso para darles esa tierra, anulando así las promesas hechas a los patriarcas).

Esto causó que la congregación perdiera animo ante la situación e incluso hablaran de volver a Egipto designando un capitán (14:1-1). Esta situación hizo que El Eterno diera un juicio inmediato y sumario, ahí leemos:

“En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.” (14:29-34).

El veredicto estaba dado: A pesar de que la tierra prometida estaba a las puertas, los hijos de Israel no pudieron entrar en la tierra. La promesa no sería anulada pero si retardada. La razón había sido su mal proceder y su incredulidad en las buenas promesas de El Eterno.

Esto debe de darnos un gran mensaje a nivel personal: No debemos de dudar de la bondad de El Eterno y sus promesas. Si un pecado es sumamente grave delante de El Eterno, es la incredulidad a su palabra y sus promesas. Los espías y la generación del desierto aprendieron esta lección por las malas. El Eterno dijo:

“¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” (14:11).

Por su incredulidad en la palabra de El Eterno, su buena promesa y por no confiar en su enviado, el pueblo tendría que esperar para entrar a la tierra. De esa generación se dice en el salmo:

“Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.” (Salmo 95:10-11).

Es sumamente importante que confiemos en El Eterno, sin fe es imposible agradar a Elohim (Hebreos 11:6), la fe es uno de los principios básicos de nuestra vida espiritual (Hebreos 6:1-2). La fe es el motor que mueve todo nuestro andamiaje espiritual, sin fe no hay pasión, no hay objeto, no hay convicción. Ciertamente la incredulidad es intolerable ante los ojos del cielo, especialmente a una generación que vio las maravillas del éxodo.

Esta parasha también nos da un mensaje muy poderoso a los lideres que hay entre nosotros: nuestras palabras de desanimo influyen e impactan muchísimo en las personas que están bajo nuestro cargo, todo lo que sucedió con la generación del desierto fue causado por comentarios fuera de lugar, de tono y poco objetivos. Se dice de los diez espías:

“Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país, aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de El Eterno.” (Bamidbar 14:36-37. Enfasis añadido)

El pecado que se menciona en el caso de los príncipes es que hicieron murmurar a la congregación. Si estás en una posición de liderazgo es bueno que te preguntes ¿Has hecho murmurar a tu gente sin sentido o motivo? ¿Has cooperado al Jilul Hashem (profanación del nombre de Dios)? ¿Hemos hecho que otros caigan espiritualmente con nuestras palabras? ¿Estamos conscientes del poder de nuestras palabras en quienes nos siguen? ¿Estamos pastoreando bien al pueblo que El Eterno nos ha confiado?

Nuestras palabras tienen mucha importancia en la gente que esta confiada a nuestro cargo, debemos de siempre hablar como hombres de fe, como líderes que tenemos confianza, como personas que sabemos que hay un nuevo amanecer, esperanza, luz al final del túnel. Ciertamente no estamos hablando de ser obstinados ni tercos, como lo que ocurrió en Horma engañándonos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Lo que estamos diciendo es que la realidad debe de ser percibida por nosotros siempre bajo la óptica del Eterno, la óptica celestial, la cosmovisión del reino de los cielos debe de estar en nosotros. No mintamos, no ocultemos a los gigantes, simplemente describámoslos apropiadamente sabiendo que más poderoso es aquel que nos ha llamado.

El suceso de los espías, la generación del desierto, el retardo de la entrada a la tierra y la incredulidad, tienen un increíble paralelo en el ministerio terrenal de nuestro Santo Maestro Yeshúa El Mesías. A menudo muchos judíos que aún no aceptan sus reclamos mesiánicos preguntan: “¿Cómo puede ser el Mesías?, ¿Acaso se manifestó la era Mesiánica cuando vino?, ¿Hay paz y justicia perdurable como dice Daniel?, ¿El lobo mora con el cordero como dice Isaías?, ¿Israel está libre de sus enemigos? ¡Cómo puede ser ese hombre el Mashiaj!”

Las preguntas tienen toda la lógica del mundo y merecen una respuesta clara y escritural. Aunque el rechazo del Mesías por parte de las autoridades del pueblo judío era algo guardado en el consejo mismo del Eterno, podemos ver un gran paralelo en la historia de la generación del desierto y dar una respuesta desde el punto de vista humano y temporal a las preguntas.

Tanto Juan el Bautista como Yeshúa vinieron predicando un sencillo mensaje: “Arrepentíos porque el reino de los cielos esta a las puertas”. Este era el sencillo mensaje conocido como “la buena nueva del reino” o “El evangelio del reino”. El mensaje consistía en algo como esto: “El reino de los cielos, esto es la era Mesiánica de paz y justicia perdurable esta a las puertas, a punto de hacerse manifestar, el Mesías ha llegado, si como Nación respondemos con Arrepentimiento, la era Mesiánica se manifestará con todo su esplendor”.

Moisés había dicho que un prerrequisito de la era Mesiánica, la redención final, era precisamente el arrepentimiento (Teshuvá), tal como está escrito:

“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado El Eterno tu Dios, y te convirtieres a El Eterno tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces El Eterno hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido El Eterno tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá El Eterno tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver El Eterno tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres. Y circuncidará El Eterno tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a El Eterno tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deuteronomio 30:1-6, énfasis añadido).

Todo el pueblo judío considera hasta el día de hoy el pasaje de Deuteronomio como una descripción de la era mesiánica y el prerrequisito para arribar a ella: Teshuvá nacional, esto es arrepentimiento nacional.

Es por esto por lo que, al inicio el mensaje de Yeshúa no fue: “Crean en mi para recibir perdón de pecados y vida eterna” sino “arrepentíos, el reino de los cielos está a las puertas”. Muchas referencias en los evangelios y los demás escritos apostólicos, parecen indicar lo siguiente: Si Israel como nación, se volvía en Teshuvá, el reino se manifestaría en esos días. Deuteronomio 30 indica que Redención nacional requiere teshuvá nacional.

La pregunta es: ¿Aceptaron las autoridades a Yeshúa como Mashiaj? ¿Esa generación hizo Teshuvá? ¿Hubo un despertar espiritual en esos días para causar que la era Mesiánica se manifestara? La respuesta a todas las preguntas es NO. La era Mesiánica no se manifestó porque Israel no hizo Teshuvá, ciertamente algunos judíos reconocieron el testimonio de Yeshúa, pero nacionalmente fue rechazado, principalmente por las autoridades (Lucas 24:20-21).

Los rabanim incluso dicen que esa generación, en la que el segundo templo fue destruido, fue culpable de “Sinat Hinam”, esto es “Odio gratuito” o “infundado” (Yomá 9b). La generación de Yeshúa no fue digna de recibir la redención final por su incredulidad en la misma manera que la generación del desierto no fue digna de entrar a la tierra.

Yeshúa lamentó mucho que Israel como nación no hiciera Teshuvá, él dijo:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39. Énfasis añadido).

Lo que Yeshúa está diciendo aquí es: “¡Cuánto quise que la redención final viniera pero no quisiste al no hacer Teshuvá! Por tanto el exilio será profundizado y el templo será destruido. La redención final aguardará hasta el día que me digáis: ¡Baruj Haba Beshem Adonay!”.

Un juicio de valor a la misión de Yeshúa sin tener en cuenta que no fue recibido y que su generación no hizo teshuvá, es un poco similar a lo que Datan y Abiram dijeron a Moisés: “Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas” (Números 16:14).

La pregunta para Datan y Abiram sería: ¿Por qué Moisés no los había metido en la tierra en ese momento? ¿Por qué no tenían heredades ni viñas? ¿Era Moisés el que falló? ¿O la incredulidad de la generación? Ciertamente es fácil perder la perspectiva de lo que pasa y culpar al profeta del Eterno, cuando en realidad la falla es de nosotros.

Si la generación del desierto hubiese creído en las buenas nuevas del Eterno a través de Moisés, Caleb y Josué, ellos hubieran podido entrar inmediatamente. La entrada a la tierra era potencial, posible, pero condicionada a su fidelidad. De igual manera, si la generación que vio a Yeshúa hubiese hecho Teshuvá, hubiera reconocido al genuino hijo de David, la era Mesiánica se habría manifestado a esa generación.

La era Mesiánica podía potencialmente manifestarse en esa época. Todo parece indicar que si las autoridades recibían a Yeshúa como Rey, los romanos hubieran crucificado a Yeshúa por declararse Rey de los judíos, habrían perseguido al pueblo judío, la angustia de Ya’akob descrita en Jeremías se habría dado, Tiberio Cesar (¿O Calígula años después?) habría sido el príncipe que había de venir anunciado en Daniel 9:27, etc. Estos detalles habrían sido cumplidos en los días de los apóstoles (De hecho, eso es lo que ellos asumían que habría de pasar).

Podemos especular detalles menos o detalles más, lo que sí es seguro es que el intervalo de tiempo entre la muerte, resurrección del Mesías y su segunda manifestación habría sido en esa generación. Es por esto que Pablo dice que por el rechazo de Israel, vino el mensaje de salvación para los no judíos (Romanos 11:11), si Israel acepta a Yeshúa, las cosas se hubieran desarrollado rápidamente en esa generación sin una proclamación masiva de los emisarios a las naciones.

Claro, desde la perspectiva celestial, El Eterno sabía lo que pasaría de antemano (así como también la salvación para los gentiles, etc.) así como sabía lo que pasaría con los espías incluso antes que Moisés los enviara. Pero desde el punto de vista humano ambos sucesos eran potencialmente lo que conllevaría a la redención.

El concepto de un tiempo potencial para la manifestación de la era mesiánica  y un periodo fijado e inequívoco para su final desarrollo, no es desconocido en el judaísmo. Saadia Gaon nos dice por ejemplo:

“Creemos que D’os estableció dos períodos alternativos respecto a la duración de nuestro exilio, uno se extiende hasta cierto momento mientras hacemos Teshuvá  y el otro está determinado en un momento fijo en el futuro. Cualquiera de estos dos momentos que llegue primero, será el momento de la redención. Si hacemos teshuvá completa entonces el momento fijado de antemano no se tomará en cuenta” (Saadia Gaon, Emunot Vedeot 8:2)

Esto es, si hacemos Teshuvá, la era Mesiánica se manifestará antes; si no hacemos Teshuvá, la era mesiánica se manifestará después en un tiempo que descansa en la voluntad de El Eterno. El paralelismo es claramente acentuado cuando Yeshúa utilizaba la palabra “perversa” constantemente para referirse a su generación, tal como está escrito:

“¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros?” (Mateo 17:17)

“Pero respondiendo El, les dijo: Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta” (Mateo 12:39, versión las Américas).

“y El Eterno dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” (Números 14:11).

“Yo El Eterno he hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán.” (Números 14:35).

La generación del desierto es descrita como perversa tal como la generación de nuestro maestro. Ambas generaciones tuvieron los despliegues de milagros más grandes de la historia bíblica, ambas generaciones no creyeron, son descritas como malas, y pierden la promesa hecha. El cumplimiento no será perdido, será dado a otra generación.

Considerando esto podemos entender con más profundidad a la era mesiánica, su relación con nosotros, y porqué El Eterno no la trajo en la generación de Yeshúa. El profeta Miqueas escribe sobre las dos manifestaciones del Mesías en su libro, ahí leemos:

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel;  y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.” (Miqueas 5:2-3).

El profeta Miqueas describe la siguiente secuencia: 1) El Mesías nace en Bet Lejem 2) El Mesías nos deja (“Pero los dejará”)  y 3) Vendrá  “Hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz”.

En un solo verso podemos encontrar las dos manifestaciones del Mashiaj, lo que separa ambas manifestaciones es el arrepentimiento nacional de Israel, el cual es prerrequisito de la redención  final y descrito como una mujer que da a luz.

El Gaón de Vilna por ejemplo dice:

“A la redención la llamamos la mañana, tal como dice el versículo: “Llegará la mañana [es decir, la redención], y también la noche [para el malvado].” También hay referencias a la redención como un nacimiento, tal como dice el versículo: “Porque Tzión… también ha dado a luz…” Así como la oscuridad más absoluta llega inmediatamente antes del comienzo del día, y la mujer embarazada sufre los mayores dolores justo antes del parto mismo, así también antes de la redención el exilio será más intenso de lo que ha sido durante toda la duración del exilio” (Even Shelema 11:5)

Actualmente estamos en el periodo entre su primera venida y la plena manifestación del reino de los cielos, disfrutamos de ciertos anticipos de la era Mesiánica como la certeza de la redención, la realidad del espíritu del Mesías en nosotros, etc. Mientras estamos en esta etapa debemos de comprometernos a adelantar el programa de El Eterno en la tierra, enseñando sobre el arrepentimiento y perdón de pecados en su nombre, y su camino de justicia para todos. Una enseñanza judía muy popular es que nosotros tenemos el poder de adelantar la venida del Mesías con nuestro arrepentimiento y obras de bondad.

¡Que El Eterno adelante prontamente la venida de nuestro justo Mashiaj!

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

 

08 Jun, 2020

Parasha Beha’alotja

Números 8:1-12:15

Haftará: Zacarías 2:14-4:7

Sepultando la murmuración.

“¿Acaso no tengo derecho a expresar mi opinión?” “¿No tengo derecho para decir lo que pienso?”. Muchas veces nos gusta dar nuestra opinión de las cosas que nos rodean o de las cosas que pasan a nuestro alrededor, incluso de las personas con las que interactuamos. Hemos aprendido a una sociedad muy crítica y sabemos que un poco de reflexión y discernimiento son buenos en todo sentido.

Esto causa en nosotros una sensación de “derecho social” o “derecho legal” a la hora de expresar nuestra opinión. Es cierto que tenemos el derecho a usar la inteligencia que El Eterno nos dio para hacer juicios; sin embargo, el problema surge cuando nos topamos con uno de los pecados que enciende la ira del Eterno: La murmuración.

En la parasha de esta semana, vemos como los hijos de Israel provocan a ira al Eterno por una actitud de murmuración e hipercriticismo. Tanto el capitulo 11 como el capitulo 12, son algunos ejemplos de esta actitud en el desierto, primero por los hijos de Israel y la gente que subió con ellos, y luego por Miriam y Aarón.

Leemos en la Torá:

“Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de El Eterno; y lo oyó El Eterno, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de El Eterno, y consumió uno de los extremos del campamento.” (Números 11:1).

El inicio del capítulo 11 es una queja y murmuración ante El Eterno, en el transcurso del capítulo vemos como la murmuración sigue haciendo que Moisés considere en sobremanera gravoso, llevar al pueblo. El pueblo se queja del Mana y de las cosas que comían “De balde” en Egipto. Moisés intercede y expone su causa ante El Eterno, diciendo que él solo no podrá con semejante carga y El Eterno elige a setenta varones de entre los hijos de Israel y promete que los hijos de Israel tendrán carne, hasta que saliera por “sus narices”.

El Eterno es tardo para la ira y grande en misericordia, si hay un pecado que hace acelerar su juicio y su ira, este es la murmuración. En cada murmuración o queja, hay un gramo de ateísmo y de negación de la existencia del Eterno; es como decir que Él no ha hecho bien las cosas y que seguramente si nosotros estuviéramos “a cargo” del universo, las cosas serían mejor.

Vemos en el caso de Kibrot Hataava, que la murmura es algo que El Eterno aborrece. La murmuración es una forma de “Lashon Hara”, o maledicencia. Al hacerla, estamos ejercitando nuestra falta de fe, nuestra falta de confianza en El Eterno, nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra codicia, nuestros más bajos instintos en un solo momento. Este es un pecado del que tenemos de cuidarnos.

Pablo escribe:

“Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.” (1 Corintios 10:6)

Y también:

“Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;” (Filipenses 2:14-15)

Según el Rab Shaúl (Pablo), no tenemos que hacer nada con murmuraciones o contiendas. Una cosa es dar un consejo, una exhortación con un espíritu manso como hizo Yitro con Moisés (Exodo 18) y otra cosa es, vivirme quejando de la situación con un espíritu soberbio, egoísta y altivo. Es esto lo que la Torá prohíbe.

Muchas veces en la vida, somos propensos a enfocarnos en lo que nos hace falta. Pareciera que las cosas son valiosas si no las tenemos, y pierden su valor cuando las tenemos, la chica o el chico con el que nos casamos, era tan perfecta(o) cuando no estábamos juntos en un mismo techo. El carro se devalúa más rápido en mi mente que financieramente. Estamos viviendo una vida sin saciedad y sin un espíritu afable y agradecido. El materialismo de nuestro siglo está presto a recordarnos lo que nos hace falta, lo que no tenemos y a “demostrarnos” que tan poca cosa es lo que El Eterno nos ha dado.

La cura para la codicia es el agradecimiento, la cura para la murmuración es el amor. Cuando estamos agradecidos siempre con lo que tenemos, lo que falta es únicamente lo que al momento no tenemos, no es aquello que debemos tener para ser felices o mejores. Este agradecimiento tiende a degradarse con una de las palabras más temibles por la sociedad del siglo XXI: La rutina.

El mapa mental que tenemos de la palabra rutina es increíblemente fuerte. La etimología de rutina es del francés “routine”, que viene de “ruta”. Nuestra concepción de la palabra viene de la idea de recorrer el mismo camino o ruta, repetidamente. Así pues, si vamos al trabajo de 8:00 a 5:00 y de 7:00 a 8:00 a hacer ejercicios, esa es la “rutina” de la vida.

Hay un problema con hacer de la “rutina” algo esencialmente malo: Siempre habrán cosas que son rutinarias porque somos personas de costumbre o de instintos. ¿Por qué ponemos en la mesa el plato principal en frente y la bebida a la izquierda o a la derecha? ¿Por qué nos ponemos siempre el pantalón primero y luego la camisa o viceversa? Además ¿Cuántas cosas no hubiesen sido aprendidas sin una consistente serie de ejecuciones? Es aquí donde nuestra concepción de la “rutina” comienza a cambiar.

Ciertamente la innovación es algo grandioso, no estamos abogando por un estilo de vida monótono, herméticamente sellado al cambio, o a lo nuevo. Simplemente estamos retando la cosmovisión convencional que indica que la rutina es en sí misma aburrida o tediosa.

Muchas veces incluso extrañamos la “vieja rutina” y nos enojamos por esta “nueva rutina”, mostrando que en realidad lo malo no es que existan actividades o sucesos repetitivos, lo malo es que simplemente hemos decidido enfocarnos en lo malo y en lo que hace falta. Los hijos de Israel habían olvidado lo positivo de la “rutina” del mana, y lo negativo de su “vieja rutina” de comer “en balde” pero en amarga esclavitud.

Ellos dijeron: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos;  y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.” (11:5-6).

El reto y el significado de la vida plena es precisamente ese: Vivir intensamente agradecidos con lo que tenemos, encontrar la forma de experimentar cada vez la dulzura y la belleza de los momentos, incluso los repetitivos. Enfocarnos en lo que tenemos y luchar por algo que haga falta con conformidad pero no con conformismo. Debemos de vivir agradecidos por lo que tenemos, y luchando por lo que hace falta, en lugar de, quejándonos de lo que tenemos, y murmurando o renegando por lo que nos hace falta.

Daniel Lancaster no lo pudo expresar mejor cuando dijo: “Todos los días de nuestra vida están llenos de cosas buenas y cosas malas. Todo ser humano tiene características positivas y características negativas. Si nos concentramos en las cosas malas que cada día contiene y las características negativas que cada persona posee, nos pasaremos toda nuestra vida en un mundo feo donde todo sale mal todo el tiempo y todos los que conocemos son muy deficientes. Con nuestros espíritus críticos y lenguas en realidad podemos arruinar nuestras vidas.”  (Weekly E-drash, Malcontents, Daniel Lancaster, First Fruits of Zion, 800.775.4807, www.ffoz.org.)

Tenemos que empezar a vivir llenos de agradecimiento por aquel mana que tenemos, y no llorar amargamente y con altivez por las codornices que nos faltan. Debemos agradecer por nuestros líderes espirituales y ayudarles, más que cuestionar maliciosamente sus decisiones o equivocaciones en nuestro entender.

Nuestro Maestro Yeshúa nos enseñó a vivir plenamente agradecidos con El Eterno. Si El Eterno provee para los cuervos y para los lirios del campo (Lucas 12:24-27) ¿Cuánto más para nosotros? El afán, el stress o las murmuraciones de cada día, disminuyen naturalmente cuando vivimos teniendo en cuenta, al Padre Eterno y Bueno que está en las alturas velando por nosotros.

No murmuremos y hagamos todas las cosas con un espíritu puro, renovemos nuestra visión de la vida, plenamente conscientes de su poder, su gracia y su amor para con nosotros. Nuestra vida y la de las personas que nos rodean, serán muchísimo mejor, y nuestro padre dirá desde el cielo: “Bien hecho, entra en mi bendición, pues has sepultado la codicia y maledicencia”.

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!                                                                                                            

Isaac Bonilla

26 May, 2020

Shavuot: la época de la entrega de nuestra torah

“En esta época fue cuando El Eterno hizo un pacto con Israel y todo el pueblo oyó la voz del Dios Eterno”

 

Dentro de la torá encontramos que El Eterno dio a Israel, fiestas y temporadas para el regocijo para que todo el pueblo celebrara en su presencia. Tambien el extranjero debía de ser parte de tiempos tan especiales, como lo declara Deuteronomio 16.

 

Dentro de las fiestas que están estipuladas por El Eterno en el libro de Levítico 23, están las fiestas a las cuales conocemos como shalosh regalim (Fiestas de peregrinación) y dentro de estas esta Shavuot, como está escrito:

“Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante El Eterno tu Dios, en el lugar elegido por él: en la fiesta de los ázimos (Matzot), en la fiesta de las Semanas (Shavuot), y en la fiesta de las Tiendas (Sukot). Nadie se presentará ante Adonay con las manos vacías.” (Deuteronomio 16:16)

A esta fiesta se le conoce por diferentes nombres, a saber:

  • Jag Hakatsir (Fiesta de la siega): Es en Shavuot cuando se recoge la cosecha de trigo, se horneaban dos tortas del nuevo fruto y se llevaba al templo. Además la torah llama así a Shavuot, como está escrito: “También guardarás la fiesta de la Siega, de las primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en el campo; y la fiesta de la Recolección al término del año, al recoger del campo los frutos de tu trabajo.” (Exodo 23:16)
  • Jag Habikurim (fiesta de las primicias): Este nombre lo recibe porque en la época de recolección del trigo, se comenzaba a llevar las primicias del campo, como lo menciona la torah: “El día de las primicias, cuando ofrezcáis al Eterno oblación de frutos nuevos en vuestra fiesta de las Semanas, tendréis reunión sagrada; no haréis ningún trabajo servil.” (Números 28:26)

Además de estos nombres con los cuales la torá llama a esta festividad, dentro de la tradición de Israel, esta fiesta es conocida también como:

  • Atseret (la fiesta de la conclusión)
    Los sabios de Israel llamaban a Shavuot, “Atseret” que significa “Conclusión” porque ellos dedujeron que Shavuot es la conclusión de un ciclo que inició en Pesaj. Por esta razón se le llama “Atseret shel pesaj”, es decir, la sesión de clausura de la festividad de pesaj (Pesajim 42b).
  • Zeman matan torateinu (la época de la entrega de nuestra torah)
    En la época de Siván (el tercer mes del calendario judío), relata la torah que los hijos de Israel llegaron al monte Sinaí y fue allí donde Hashem dejó oir su voz(Shemot [Exodo] 19:1). Como Shavuot siempre cae en el tercer mes del calendario judío (50 días después de la fiesta de panes sin levadura) se le llamo “La época de la entrega de la torah”.

    Este es el tópico que nos ocupará en este estudio, ¿Es Shavuot la entrega de la torah o fue en la época de shavuot cuando se entrego la torah? ¿Fue el 6 de Siván cuando El Eterno entregó la torah a Israel? ¿O fue en la época de Shavuot cuando El Eterno entregó las Azeret hadebarim (diez mandamientos)? ¿O acaso fue Shavuot cuando Moises ascendió al monte, para estar ahí 40 días y 40 noches? Estas preguntas serán nuestro punto de partida para este interesante estudio.

  • Matan torah (la entrega de la torah)
    En la Torah no hallamos la afirmación explicita que nos diga algo como: “la tora fue dada en Shavuot” o “recordad que yo hable con ustedes en el monte Sinaí en la fiesta de las semanas”. A diferencia del primer día de panes sin levadura, al cual la Torah señala claramente como el día de la salida de Egipto, con Shavuot no tenemos tal enunciado.

    En la tradición judía, se habla de Shavuot como la época en la que la Torah se dio; incluso algunos llegan a decir que en ese preciso día, El Eterno habló desde el monte Sinaí, dictando las “Azeret hadebarim” traducidas comúnmente como “los diez mandamientos”.

    La tora nunca dice que en Shavuot la tora fue entregada y únicamente nos informa que los hijos de Israel llegaron al monte Sinaí en el día primero del tercer mes. Si Moshe dijo al pueblo que se preparan para “el tercer día”, lo más lógico es pensar que las diez palabras fueron escuchadas el día 3 de Siván. ¿Qué dice la tradición al respecto?

El talmud nos dice:

“Enseñaron nuestros Rabinos: El día sexto del mes le fueron entregados al Pueblo de Israel los diez mandamientos. Rabí Iosei dijo: El día séptimo de ese (mes). Dijo Rav: Todos concuerdan con que en el comienzo del mes llegaron al desierto de Sinaí. Esta escrito aquí “en este día vinieron al desierto de Sinaí” (Exodo 19:1) y está escrito allí “este mes será para ustedes el comienzo de los meses” (Exodo 12:2). Como allí se refiere al comienzo de mes, también aquí se refiere al comienzo del mes. Todos concuerdan que en Shabat fue entregada la Tora al pueblo de Israel. Está escrito aquí: “recuerda el día de Shabat para consagrarlo” (Exodo 20:8), y está escrito allí: “y dijo Moshe al pueblo: recuerda este día” (Exodo 13:3) Como allí se refiere a ese mismo día aquí también se refiere a ese mismo día. Se diferencian en cuando comienza el mes. Rabí Iosei opina: En el domingo empezó el mes, ese día no dijeron nada por el cansancio que tenían del camino. El lunes les dijo: “ustedes serán para mí una nación de sacerdotes” (Exodo 19:6), el martes les dijo el precepto de estar separados, el miércoles se separaron. Los Rabinos opinan: El lunes empezó el mes y no se dijo nada por el cansancio del camino. El martes: “ustedes serán para mí”, el miércoles: el precepto de la separación, jueves se separaron. Una braita dice: “y santificaron el día de hoy y mañana” (Exodo 19:10) – Esto le dificulta a Rabí Iosei Pero Rabí Iosei para sostener su argumento dice: Un día agrego Moshe según su entender. Como está escrito en la Braita: Tres cosas hizo Moshe a su entender y el Santo Bendito El concordó con él: agrego un día, se separó de la mujer, y rompió las tablas.” (Shabat 86b)

Además de este texto talmúdico, también encontramos otro donde rabí Akiva es el que responde al argumento de rabí Yosei, así reza el talmud:

¿En qué se diferencian Rabí Iosei HaGlili y Rabí Akiva? En la controversia de los Tanaim. Está escrito en una Braita: El día sexto del mes le fue entregada la Tora a Israel, Rabí Iosei dijo: El día séptimo de ese (mes). Para el que dice que es en el sexto, el día sexto fue entregada, y en el séptimo subió, como está escrito: “y llamó a Moshe en el día séptimo” (Exodo 24:16). Para el que dice que fue en el día séptimo, en el día séptimo fue entregada y en el día séptimo subió. Rabí Iosei HaGlili lo explica como el primer Tana, que dice que en el día sexto fue entregada la Tora y esto ocurrió luego de la entrega de los diez mandamientos “y reposó la gloria de Dios sobre el monte Sinaí y lo cubrió la nube durante seis días”, a Moshe (lo cubrió que estaba allí). “y llamó a Moshe en el día séptimo”, para recibir el resto de la Tora. Si piensas que: “y reposó la gloria de Dios”, desde el comienzo del mes, “y lo cubrió la nube”, al monte, “y llamó a Moshe en el día séptimo”, para recibir los diez mandamientos, seguramente había recibido la Tora en el día sexto así como la nube había partido en el día sexto. Rabí Akiva lo explica como Rabí Iosei: en el día séptimo del mes le fue entregada la Tora a Israel. El siguiente razonamiento es acorde con la postura de Rabí Akiva: El 17 de Tamuz fueron rotas las tablas. Si sumamos 24 días del mes de Siván y 16 días del mes de Tamuz completan los 40 días que estuvo Moshe en el monte, y el día 17 de Tamuz bajó y rompió las tablas. Pero este razonamiento se le dificulta a Rabí Iosei HaGlili que dijo: seis días de separación, y cuarenta en el monte y si fuera así ¡hasta el veintitrés de Tamuz no se rompieron las tablas! (y no es así lo que nos dice la tradición). Rabí Iosei HaGlili nos diría: Los cuarenta días son un número que incluye los seis días de separación.(Yoma 4b).

En el típico estilo de los rabanim, estudiando todas las diferentes aristas de un tema, el talmud nos dice muchas cosas sobre la discusión concerniente a la entrega de la Torah, la tradición no tiene un consenso definitivo y nos traslada las opiniones que son valiosísimas. Sin duda alguna, podemos darnos cuenta que las diferentes especulaciones con respecto a lo que ocurrió la primera fecha de Shavuot, son eso, especulaciones. Debemos de preguntarnos ¿Qué pasó en la fecha que correspondía a Shavuot en aquel año? Tenemos las siguientes opciones:

1. Las diez palabras fueron habladas por El Eterno desde el monte Sinaí.
2. Se realizó el pacto con el pueblo, cuando Moshe roció con la sangre del pacto al pueblo (Exodo 24:8).
3. Moshe subió al monte para recibir las tablas de la ley (Shemot 24:12-15).

¿Qué SI sabemos y que NO sabemos al 100%?

Shavuot, la fiesta de las semanas, siempre cae en el tercer mes. No cabe ninguna duda, que en los primeros días del tercer mes, aconteció algo grande dentro de la historia de Israel. No cabe ninguna duda sobre la entrega de la Torah en el tercer mes, no hay duda que todo el pueblo oyó al Eterno hablar desde el monte Sinaí, en el tercer mes. Es por eso que Shavuot es llamado “la época de la entrega de la Torah”. Si bien podemos dudar si en el día específico de Shavuot paso este o aquel evento, no hay duda que en Shavuot, recordamos aquel grandioso tercer mes donde la revelación nacional colectiva fue dada a los hijos de Israel.

La tora nos dice:
“En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí Y Moisés subió a Dios; y Adonay lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (éxodo 19:1-6)

Podemos concluir diciendo que, en una época como esta, el tercer mes del año judío, hace 3,500 años atrás, El Eterno habló al pueblo de Israel y los tomó como su heredad de entre todas las naciones y los apartó para su nombre. Fue en esta época, en el tercer mes después de la salida de Egipto, cuando Hashem pronunció delante de los antiguos las“Diez palabras” que serían el inicio de un revelación eterna que hasta el día de hoy guardamos y y atesoramos. En este mes, Israel recibió palabras de vida para toda la humanidad.

Shalom Alejem!

Francisco Hidalgo

 
 

24 May, 2020

Parasha Nasó

Números 4:21-7:89

Haftara: Shoftim (Jueces) 13:2-5

Nazir: El sumo sacerdote de entre el pueblo

La segunda parashá del libro de Bamidbar, nos habla de múltiples cosas como por ejemplo, el censo de Gersonitas y Meraritas, la pureza del tabernáculo y el campamento de Israel, las leyes de restitución, el caso de la mujer sospechosa de adulterio, el voto de Nazareo (Nazir), la bendición sacerdotal y las ofrendas de los príncipes de las tribus.

A simple vista todos los temas no tienen mucho que ver entre sí por la diversidad de contextos; sin embargo, los jajamim nos informan de conexiones no tan evidentes entre ellos. Por ejemplo, se dice que algo que causaba la sospecha de adulterio era una mujer que tomaba vino de más y se le veía con otro hombre. A pesar de que no llegara al adulterio, estaba haciendo algo bueno que parecía malo y con fuerte tendencia a la malinterpretación. Según los jajamim, si alguien veía el proceso de la mujer Sota (Números 5:11-31) y consideraba fríamente el impacto de ese exceso de vino, podría considerar tomar un voto de Nazareo (mismo que incluye una prohibición de vino).

Aquí y allá los jajamim encuentran conexiones entre uno y otro tema que nos dejan grandes lecciones para nuestra vida. Las leyes de la parashá Naso, no son la excepción ya que contienen verdades eternas para nuestra vida. A pesar de que diversas leyes no pueden cumplirse al no tener el templo de Jerusalén en pie, podemos aprender de los principios de la Torá.

Uno de los temas más interesantes de esta parashá es el voto de Nazareo, en hebreo Nazir (No confundir con “Nazareno” que significa que alguien es originario de Nazaret o discípulo judío de Yeshúa de Nazaret). Muchos detalles del voto lo hacen muy interesante y su significado espiritual lo hace un tema necesario para nuestra vida.

La palabra hebrea “Nazir” significa literalmente “Consagrado”, el Nazir tomaba un voto especial de santidad simbólica y adicional al Eterno para serle completamente apartado y servirle. Leemos en la Torá sobre estas restricciones:

“Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo, para dedicarse a El Eterno, se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas. Todo el tiempo de su Nazareato, de todo lo que se hace de la vid, desde los granillos hasta el hollejo, no comerá. Todo el tiempo del voto de su Nazareato no pasará navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a El Eterno, será santo; dejará crecer su cabello. Todo el tiempo que se aparte para El Eterno, no se acercará a persona muerta. ” (Números 6:2-6)

La Torá explica que un voto de pureza y de consagración estaba disponible a todo hijo de Israel; el mismo consistía en apartarse de cuestiones comunes tales como celebraciones o fiestas con vino, e incluso de hasta las uvas mismas. Además el Nazir, hombre o mujer, no debía pasar navaja sobre su cabeza como señal de consagración. El no pasar navaja sobre su cabeza era simbólicamente equivalente a decir “Este hombre o esta mujer esta tan consagrado a Dios que no tiene ni siquiera tiempo para su belleza personal, está totalmente imbuido en servirme”.

A parte de esto, la cabellera larga también representaría una especie de turbante natural  que simbolizaba que el Nazareo era similar a un sumo sacerdote entre el pueblo. Si bien es cierto, no tenía obligaciones de sacrificios ni podía usurpar el lugar de un hijo de Aaron, en cierto sentido el Nazir era como un Cohen (sacerdote).

Incluso la Torá le adjudica ciertas obligaciones similares a las del sumo sacerdote en términos muy equivalentes a este. Podemos observar esto en el texto que habla sobre las obligaciones rituales del Nazir en torno a contacto con cadáveres, y el texto del Cohen Gadol (Sumo sacerdote). Ahí leemos:

“Todo el tiempo que se aparte para El Eterno, no se acercará a persona muerta. Ni aun por su padre ni por su madre, ni por su hermano ni por su hermana, podrá contaminarse cuando mueran; porque la consagración de su Dios tiene sobre su cabeza. Todo el tiempo de su nazareato, será santo para El Eterno.” (Números 6:7-8)

“Ni entrará donde haya alguna persona muerta; ni por su padre ni por su madre se contaminará. Ni saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su Dios; porque la consagración por el aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo El Eterno.” (Levítico 21:11-12).

Como podemos observar, existe una gran similitud gramatical y de términos en los versos que hablan sobre el Nazir y el Cohen gadol. Esto es para subrayar que, en cierto sentido, el Nazir debería de ser una persona respetada en virtud de su apartamiento a Dios. Sobre él o ella recaerían mandamientos de pureza ritual o ceremonial similares a los de un sacerdote; eso lo hacía digno de respeto. El profeta Amos, en su libro, menciona que los nazareos estaban supuestos a ser respetados juntamente a los profetas (Amos 2:11-12)

Cuando los días de su Nazareato se cumplían, el Nazir debía ofrecer un holocausto, una ofrenda de paz y una ofrenda de purificación (Jatah) y hacer que sus cabellos fueron puestos juntamente con la ofrenda de paz. El mensaje era que su consagración subía en olor grato delante de Hashem.

El mensaje del voto de Nazareo era evidente: No importa si no eres una autoridad establecida por no tener un linaje sacerdotal, no importa si no eres un juez de la nación, no importa si no eres el Rey. El Eterno te valora y puedes apartarte a Él y tener más intimidad en su presencia. Si quieres puedes dedicarte de una manera especial a servirle y darte un tiempo de intenso escudriñamiento y reflexión espiritual. Si bien es cierto, no usurparas a las autoridades establecidas, podrás ser un consagrado especial a Él y subirás en olor grato a su presencia, ¡Bendito sea su nombre!

Quizás los nazareos más famosos en la historia de Israel son Samuel y Sansón. Ambos tuvieron la tarea de juzgar a Israel y fueron Nazareos al Eterno. Dentro de los escritos apostólicos también vemos como el voto de Nazareo era considerado en alta estima por los discípulos de nuestro Maestro Yeshúa.

Rab. Shaúl de Tarso (Pablo), por ejemplo, fue un Nazareo como nos lo cuenta el libro de Hechos 18: 18 y 21:24-25. En la última ocasión no solamente se nos dice que era un Nazareo, se nos comenta que pagó los gastos de otros jóvenes judíos creyentes que cumplirían su voto de Nazareo. Los gastos de todos los sacrificios no eran para nada algo para tomarse a la ligera. El libro de Números nos dice lo que se tenía que ofrecer por persona:

“y ofrecerá su ofrenda a El Eterno, un cordero de un año sin tacha en holocausto, y una cordera de un año sin defecto en expiación, y un carnero sin defecto por ofrenda de paz. Además, un canastillo de tortas sin levadura, de flor de harina amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, y su ofrenda y sus libaciones. Y el sacerdote lo ofrecerá delante de El Eterno, y hará su expiación y su holocausto;” (Números 6:14-16).

Considerando que eran cuatro jóvenes, los gastos de aquel voto debieron haber sido considerables. El voto de Nazareo que Pablo y los jóvenes cumplieron aquel día, es una de las máximas pruebas a favor de la continuidad de la Torá, como norma de santidad entre los primeros discípulos judíos de Yeshúa nuestro Mesías. Para nada Jacobo, Pablo, Pedro o Juan, consideraban la Torá obsoleta o abolida después del Mesías.

Es más, Jacobo en aquella oportunidad exhortó a Pablo a quitar toda duda sobre su observancia de la ley diciendo: “Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la Torá.” (Hechos 21:23-24).

Juan el Bautista parece haber sido Nazareo según se nos describe en pasajes como Lucas 1:15 donde se nos dice: “porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.”

Parece ser que incluso el voto de Nazareo era considerado altamente loable por el líder del movimiento de los apóstoles, después de Yeshúa: Jacobo el hermano del Señor. Según se nos dice en una antigua tradición, Ya’akov Hatsadik, el hermano de Yeshúa nuestro Señor, fue un Nazareo que invertía muchas horas de su tiempo orando en el templo de Jerusalén por el perdón del pueblo.

Eusebio nos dice citando a Hegesipus: “Jacobo no bebía vino ni licor y no comía carne, ninguna navaja vino cerca de su cabeza” (Eusebio, Historia Eclesiástica 2.23.4). Claramente la descripción de Eusebio es la de un voto de Nazareo incluso con algunas normas auto impuestas por Jacobo, como no comer carne.

La consagración al Eterno era algo prioritario para los discípulos de Yeshúa nuestro Mesías, al ser celosos por la ley, el camino más lógico para expresar ese deseo de consagración adicional era el voto de Nazareo. Es por esto que era muy popular entre ellos.

Incluso algunos sugieren que Yeshúa tomó un voto de Nazareo al final de su vida cuando dijo:

“Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mateo 26:29).

Según la Mishna, esta declaración contaba como una proclamación de Voto de Nazir (Mishna Nazir 2:2). Daniel Lancaster acertadamente apunta que para un voto de Nazir, se necesitaba decir algo como “Seré un Nazir como Sansón” o “Me abstendré del vino y jugo de uvas” y poner un límite de tiempo. Daniel Lancaster nos dice: “De acuerdo a los estándares de la Mishnah, las palabras de Yeshúa “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid” constituye un voto de Nazareo legal” (Torá Club v.2, Parashát Naso, Daniel Lancaster, First Fruits of Zion, 800.775.4807, www.ffoz.org.).

Esto podría ser la razón por la que Yeshúa no quiso beber el vino mezclado con mirra que se le brindó antes de su muerte (Marcos 15:23).Si esto es cierto, podríamos añadir una razón más a la popularidad del voto de Nazir entre los primeros discípulos: Imitación de Yeshúa en su voto final.

El voto de Nazir debe de dejar un gran mensaje para nuestra vida. ¿Estamos consagrados realmente a él? ¿Creemos que la falta de un rol de liderazgo es impedimento para una genuina participación de su plan redentor? ¿Qué parte estamos teniendo en rectificar al mundo y ser un estándar de justicia? ¿Qué tanto estamos buscando la santidad y andando en ella?

Cada uno de nosotros puede ser un Cohen moral y espiritual, a pesar de no tener linaje de Aaron o un nombramiento en una comunidad. Si decidimos apartarnos a El Eterno y consagrar nuestra vida a él, el hará que nuestra relación con Él sea íntima y muy satisfactoria.

¡Que El Eterno nos consagre a él para servirle y ser “Santos para El Eterno”!

שבת  שלום

¡Shabbat Shalom!

Isaac Bonilla

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